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  • Evvie, de Vera Caspary (1960)

    Evvie, de Vera Caspary (1960)

    Evvie y Louise comparten piso en Chicago. No es una vivienda convencional, ya que se trata de un antiguo establo rehabilitado, con ventanas en el techo como si se tratase de un invernadero. Un lugar bohemio para una forma de vida singular. Son amigas desde la infancia, y hace tiempo que viven juntas. Estamos en 1928 y Evvie acaba de cumplir 23 años. Es bailarina y artista, posee un enorme círculo de amistades, es apreciada y querida. Y el dinero no tiene más utilidad para ella que la de ser empleado en aquello que quiera o necesite.

    Capítulo a capítulo, Vera Caspary dibujará la vida de Evvie y de Louise. Toda la novela está narrada desde la voz de Louise por lo que, en principio, tan solo conoceremos lo que ella nos cuente. Sin embargo, en algunos momentos será la Louise del futuro la que desvele al lector sucesos que la Louise contemporánea a la narración desconoce. Episodios como que Evvie se haya enamorado, o de quién.

    Flappers en los años 20.

    Rompiendo la estructura tradicional.

    La primera mitad de la obra sirve para presentarnos las experiencias de las dos protagonistas. Cómo se relacionan, sobre qué recapacitan. Qué piensan sobre los vínculos de pareja, sobre el sexo, la amistad o el trabajo. Evvie es presentada como una mujer con una gran libertad en su relación con los hombres. Su lista de amantes es larga, y no tiene inconveniente en salir con más de un hombre a la vez.

    Hasta que un día sus ojos parecen posarse en alguien, y se pasa las horas pensando en ese extraño amante. Louise desconoce la identidad de ese desconocido. Evvie atesora ese secreto a buen recaudo, y aunque en alguna ocasión su amiga ha podido sospechar de uno o de otro, no tiene claro de quién se trata ni de los motivos de su compañera para ocultarlo. Pero esto no supone una traba en su relación, ya que saben respetar la intimidad y el espacio de la otra.

    «Evidentemente, usted no cree que las mujeres pueden guardar secretos, Mr. La Motte, o respetar la intimidad de las otras. Pero usted está equivocado. Las mujeres pueden ser tan leales y maduras como los miembros de su sagrado sexo.»

    Evvie, pag. 184.

    Una vez traspasada la primera mitad, Caspary introduce un corte en la trama. Aparece un acto criminal, y la historia pasa a centrarse en la investigación de dicho crimen. Tenemos a un policía, a una serie de sospechosos, y la búsqueda del arma del delito. Todo parece adaptarse a las reglas del género a partir de este punto. Pero no.

    Una mujer es arrestada en Chicago en los años 20 por su «escandaloso» traje de baño.

    Vera Caspary rompe moldes.

    Apostaría a que los que no hayáis leído aún este libro seríais incapaces de adivinar quién es el culpable. Aunque no puedo analizar en profundidad la elección de la autora sin caer en spoilers, está claro que Evvie es una suerte de burla de la novela negra tradicional. Primero, por la tardanza a la hora de introducir el argumento criminal. Segundo, por el desarrollo de la investigación. Y tercero y más importante, por la elección del condenado.

    Caspary declaró en más de una ocasión que ella no había buscado nunca ser escritora de género negro. Ella era una contadora de historias, y acabó en el género casi por casualidad. No le gustaban los estereotipos del detective ni de la femme fatale. No creía que seguir al milímetro un patrón marcado sirviese para crear una buena novela per se. A Caspary le preocupaba dibujar personajes complejos, con piel y corazón, seres casi de carne y hueso, con una trayectoria personal y un carácter bien perfilado. Por todo ello, Evvie es un bofetón a todos aquellos que trataban de canonizar al genero gracias a una serie de normas, en un momento en que este tipo de libros aún eran de segunda categoría.

    Es probable que sin conocer la trayectoria de la autora, o sin saber nada de sobre ella, alguien que se acerque a esta obra opine que tiene un final insulso y mal desarrollado. Sin embargo, la introducción en el propio texto de explicaciones veladas sobre ese desenlace hacen que veamos claro que no estamos ante una torpeza. Vera Caspary escribió tramas de intriga de brillante complejidad, tanto para la literatura como para el cine. Y no cabe un resbalón en su decimotercer libro.

    Calles de Chicago, años 20.

    La vida de Caspary VS la vida de Louise

    Tras haber leído la autobiografía de la escritora, es inevitable ver paralelismos entre la biografía de Caspary y la de la narradora, Louise. Ambas se han dedicado en su juventud al mundo de la publicidad, y han tenido que soportar la condescendencia y los tratos humillantes por ser mujeres en una profesión tan masculinizada. Ambas tienen un vínculo muy especial con sus madres, en parte debido a la ausencia de sus padres. Las dos han crecido y vivido en el Chicago de la mafia, de la Ley Seca, y de las segregaciones raciales. Las dos muestran anhelos literarios.

    Creo que es inevitable que los autores suelten pedacitos de sí mismos en sus creaciones, en sus personajes, en la forma en la que estos se expresan. No he podido evitar pensar si el amante de Evvie tendrá algo de alguno de los amantes de Caspary o si esa vida social sería parecida a la suya. Es una lástima que haya quedado enterrada en el olvido, no solo por su buen hacer literario, sino como representante de una época de cambios que fue fascinante.

    Título: Evvie.
    Autora: Vera Caspary.
    Traductor: Daniel Iglesias Brickles.
    Editorial: Emecé Editores, S.A. (1962)
    Año de publicación: 1960
    Número de páginas: 325.
  • El marido, de Vera Caspary (1957)

    El marido, de Vera Caspary (1957)

    Jean McVeigh está de viaje por Europa en busca de emociones. Está soltera y tiene una buena fortuna, por lo que en su situación no es extraño ver sola a una mujer viajando. Los días pasados en Londres son largos y aburridos por causa de la lluvia constante, que le impiden recorrer la ciudad como desearía. Quizá por ello, una tarde en su hotel decide tomarse una copa. Esto le lleva a conocer a Stuart, un hombre apuesto que le presta atención por unos minutos. Jean se queda prendada de él nada más conocerle. No tanto por sus virtudes como por el hecho de que por fin alguien se interesase por ella.

    Cuando días después ve a Stuart besuqueándose con otra mujer en el bar del hotel, Jean no puede soportarlo y trata de quitarse la vida. La dirección y los empleados hacen lo posible por ocultar este suceso, ya que el intento de suicidio es un delito y Jean podría acabar con problemas serios. Stuart decide cuidar de ella, y ese tiempo que pasan juntos termina en matrimonio.

    Stuart es un hombre de negocios, o al menos trata de serlo. Necesita dinero para invertir, pero no tiene ni un dolar a su disposición. A lo que sí puede acceder tras su matrimonio es a una situación social que no tenía antes, y la posición económica de Jean le permite poder obtener una serie de contactos y de créditos bancarios suficientes para arrancar algún que otro proyecto.

    American Bar en el Hotel Savoy

    Trasfondo social.

    La narración se centra esta vez más en la figura masculina de la pareja que en la femenina. Jean es presentada como una mujer solitaria que busca la atención constante de Stuart. El poseer una cuenta abundante en el banco a veces es una desventaja, ya que no sabes si quienes se acercan a ti lo hacen por tu dinero o por tu persona. En esta novela se denuncia un contrato social muy extendido en la época como eran los matrimonios de conveniencia. Stuart necesita capital y Jean requiere de compañía. Podría parecer que ambos obtienen beneficio, y que nadie sale perjudicado, pero el problema surge cuando uno de los dos no tiene tan claras las intenciones del otro.

    Como viene siendo habitual en las obras de Vera Caspary, el desarrollo de la trama transcurre lento hasta superada la mitad del libro. Esto puede ser un condicionante para los lectores que quieren emociones fuertes, pero es un plus para aquellos que disfrutamos del camino. El argumento es más complejo de lo que parece en un primer momento, y consigue sorprender en las últimas páginas con un final sorprendente a pesar de que pueda ser esperado.

    La experiencia de Caspary como guionista es palpable en la construcción de diálogos, y se aprecia mejor que en sus primeras novelas. A pesar de que parece no suceder nada durante capítulos enteros, esas conversaciones mantenidas entre los protagonistas dan el tono a la historia. No les conocemos a través de sus actos tanto como por su manera de expresarse. Lo que dicen y lo que no dicen. Algo verdaderamente completo de conseguir, y que Caspary supera con nota.

    Título: El marido (The husband)
    Autora: Vera Caspary.
    Traductora: Adriana Bó.
    Editorial: Emecé Editores (1963)
    Año de publicación: 1957.
    Número de páginas: 239.
  • El falso rostro, de Vera Caspary (1954)

    El falso rostro, de Vera Caspary (1954)

    Nina Redfield no tiene un buen día. Es un jueves lluvioso y tiene su coche desarmado en el garaje. A pesar de que pasa por allí antes de ir al trabajo, el mecánico le comunica que aún no está listo. Corre a tratar de coger el autobús a tiempo y lo consigue, pero este va lleno a reventar. El vehículo circula lento y, en un instante que permanece parado, Nina ve en el interior de un vehículo a Bushie Neal. ¿Será cierto lo que está viendo? Bushie está en búsqueda y captura por la policía, y no puede creer que circule por ahí tan tranquilo. Nina es una mujer responsable y que sabe que debe hacer lo correcto. Por ello, no se lo piensa dos veces y acude a las autoridades a confesarles lo que acaba de ver.

    Hasta aquí todo parecería normal. Sin embargo, una vez puesta la denuncia, la policía le comunica a Nina que gracias a su colaboración puede disponer de los 5.000$ de la recompensa. Nina no entiende nada. ¿Qué recompensa? ¿De qué están hablando? Los periódicos se hacen eco de la noticia y Nina aparece en todas las portadas. Qué duda cabe de que nadie puede creer que hubiese alguien capaz de poner en riesgo su vida si no fuese a cambio de dinero. Al fin y al cabo, que un delincuente y todos sus colaboradores sepan quién es el culpable de esa detención, no te deja en una situación segura.

    La puerta y el teléfono de Nina no dejan de sonar. Todos tienen ideas acerca de qué puede hacer con ese dinero, o quieren saber a qué lo va a destinar. Agobiada por la presión y queriendo demostrar que en realidad solo buscaba hacer justicia, renuncia a los 5.000$. Pero eso solo empeora las cosas: tras ese gesto, todos sospechan que ha sido sobornada con más dinero para confesar todo lo que sabe sobre Bushie. La policía la pone bajo vigilancia y, como se nos indica en la primera frase del libro, Nina desaparece la noche de Halloween.

    Halloween, 1954

    Una novela diferente.

    En El falso rostro Vera Caspary teje una trama de intriga diferente, ya que una vez traspasada la primera mitad aún no tienes demasiado claro qué es lo que está pasando. Consigue mantener el interés del lector por ese arranque en el que desde el inicio sabemos que algo va a sucederle a Nina. Ha desaparecido, nadie sabe si sigue con vida, y nosotros desconocemos los motivos de esa ausencia, si ha sido voluntaria o provocada. Cada ciertos párrafos, Caspary nos recuerda ese suceso para que no lo perdamos de vista, para que mostremos atención a los detalles y, a pesar de ello, el factor sorpresa no se pierde debido al planteamiento de la historia.

    No estamos ante la mejor obra de la autora, aunque desconozco si la traducción (mi edición es argentina de 1955) ha podido tener algo que ver. A pesar de ello, la estructura y las herramientas por las que logra atrapar al lector son más que remarcables. Como no podía ser de otra manera, Nina se suma a la colección de personajes femeninos destacables de Caspary. La protagonista debe enfrentarse a un montón de amenazas y acechadores, y aunque se asusta como podría pasarle a cualquiera, no se amedrenta ni se echa para atrás. Las protagonistas de Caspary siempre son mujeres fuertes e independientes, repletas de valor, que prefieren hacer las cosas por sí mismas antes que pedir ayuda.

    Personajes complejos.

    Diría que la elección de la profesión de la protagonista no es fortuita. Nina es maestra en un colegio, y como tal debe ser un ejemplo de buena conducta. Como contrapunto, Caspary muestra algunas contradicciones en el personaje propias de cualquier ser humano. Realiza un paralelismo gracias a esta desconexión de la persona y a lo que se dedica para mostrar los claroscuros de los delincuentes. Ni todos aquellos que cometen algún crimen tienen por qué ser necesariamente malos sujetos, ni todos aquellos que siguen las normas son buenos.

    Salvatore Ingrassia, James Jacdson y James “One Arm” DeLucca

    Caspary siempre mostró preocupación por crear personajes que traspasasen los arquetipos. Quería construir historias con profundidad, y que aquellos retratos que realizaba a través de sus palabras tuviesen un auténtico calado en el lector. Puede que sus tramas no fuesen perfectas, o que desconcertasen por novedosas. Pero es cierto que como dibujante de seres complejos no tuvo parangón.

    Título: El falso rostro.
    Autora: Vera Caspary.
    Traductora: Raquel H. de Busto.
    Editorial: Emecé Editores (Buenos Aires) (1955)
    Año de publicación: 1954.
    Número de páginas: 206.
    
  • Vera Caspary, una feminista en los años dorados de Hollywood (1899-1987)

    Vera Caspary, una feminista en los años dorados de Hollywood (1899-1987)

    Vera Caspary, escritora de ascendencia judía nacida en Chicago, pudo ver pasar con sus propios ojos casi todo el siglo XX. Vivió la Primera Guerra Mundial, el crack del 29, el Nueva York de Broadway y las salas de jazz y la Segunda Guerra Mundial, entre muchos otros sucesos. Y todo ello desde la mirada de una creadora luchadora y reivindicativa que trató de reflejar a las mujeres de carne y hueso a través de su trabajo.

    13 de Noviembre de 1899

    El día que Vera Caspary llegó a este mundo ni su madre la esperaba. Julia Caspary se había quedado embarazada sobrepasados los 40 años, algo poco común en aquella época. Trató de que un médico le practicase un aborto, pero al negarse decidió no interrumpir el embarazo. La mortandad infantil era elevada, e incluso cabía la posibilidad de perder a la niña en el parto. Vera nació de manera prematura el 13 de Noviembre de 1899, y nadie de la familia y el entorno sabía aún nada. Como consecuencia del frío extremo, no se plantearon llevar al bebé al hospital, y inventaron una incubadora doméstica con un cesto y botellas de agua caliente. Cuando logró salir adelante, su madre, su padre y sus hermanos la mimaron y cuidaron de ella como de un pequeño milagro.

    Creció en las calles de Chicago entre asistencias a la escuela dominical y la envidia por la vida social de sus hermanos. En especial, sentía celos por su hermana Irma. Se llevaban 15 años y para ella era un modelo de belleza y elegancia, con su maquillaje y su ropa interior perfumada. Vera veía que la diversión daba comienzo cuando ella se acostaba. Sin embargo, poco a poco fue viendo las cosas de otra manera. Irma acabó casándose tarde y mal, con un hombre que no la trataba bien. Gracias a ello, Vera comprendió que una bonita apariencia no te garantiza nada, y le ayudó a superar los complejos que cargaba a cuestas desde niña.

    Chicago, 1900

    Otro acontecimiento que marcó su infancia fue que su padre fuese a la quiebra. La economía familiar se vio resentida, tuvieron que mudarse y prescindir del servicio doméstico. A pesar de ello, nunca les faltó un plato de comida en la mesa. Este golpe de realidad le sirvió a Vera para poner en perspectiva qué cosas son en verdad importantes, siempre y cuando tengas lo suficiente para subsistir.

    Paso a la edad adulta.

    En 1917 se graduó. En 1918 EE.UU. llevaba años sufriendo las consecuencias de la guerra y miles de mujeres se habían lanzado al mercado laboral. En aquella época seguía estando mal visto que ellas trabajasen. Eso implicaba que se trataba de una joven con poco dinero, o que debía ayudar en casa, pero para Vera fue una liberación acudir cada día de 8:30 a 17:30 a trabajar. Pronto entendió que poder tomar las riendas de su propia existencia pasaba por la autonomía económica. No depender de nada ni de nadie más que de ella misma.

    Tuvo infinidad de trabajos diferentes, pero con la mirada puesta en la escritura de manera continua. Como taquígrafa, como publicista, o —su principal meta— como reportera. Enviaba su currículum a los periódicos firmando como V. L. Caspary, y respondieron muchas veces a sus solicitudes. Pero cuando comprobaban que era una mujer, nadie la contrataba. Todas las ofertas de reporteros eran siempre para hombres.

    Concurso de mecanografía en Philadelphia (1929)

    En las columnas para mujeres descubrió una oferta a su medida, y consiguió un empleo como publicista en el Chicago Tribune. Fue el primer trabajo en el que sintió discriminación de género: mientras ellas debían entrar a las 8:30, ellos podían llegar a las 9:00 o más tarde. No le importaba tanto cobrar menos que los hombres, pero no soportaba las diferencias en los horarios.

    Había comprado una máquina de escribir, y lo único que pensaba a todas horas era en sentarse frente a ella para crear. Decidió dejar la publicidad. No se veía trabajado en eso toda su vida, le dijo a su jefe. Él le preguntó que a qué quería dedicarse. «Quiero ser escritora —respondió. Una escritora de verdad. Escribir novelas, y obras, y comedias musicales. Y tener una casa en propiedad, y casarme y tener hijos

    Vera Caspary escritora.

    En 1924, tras la muerte de su padre, pasó a ser la cabeza de familia y a ocuparse de su madre. Juntas se fueron a Nueva York, a Greenwich Village. Cuando acabó su primera novela se la envió a la agente Anne Watkins. Esta le dijo que estaba bien escrita pero que era demasiado personal. Cuando terminó su segunda novela (The White Girl, basada en todo lo que vio y aprendió en su pequeño barrio de Manhattan), Anne Watkins le dijo que Century Company había aceptado publicarla. La necesidad de escribir la poseyó. Desde ese momento, fue pasando de un trabajo a otro. Solo aceptaba empleos que le dejasen el suficiente tiempo libre para poder dedicarse a la escritura, que le asegurasen pagar el alquiler y poco más.

    Primera novela de Vera Caspary

    Sin embargo, la crisis del 29 llegó, y tras ella apenas había formas de ganar un sueldo. Por suerte, el crack no golpeó con tanta fuerza al cine gracias a la llegada del color. Hollywood necesitaba guionistas rápidos y efectivos. Vera tenía muy claro que idear y desarrollar 3 textos a la semana era inviable a menos que te plagiases una y otra vez. Cambiaba a los personajes, los escenarios y algún giro, pero poco más. Le funcionó durante una época, pero al final los estudios detectaron su engaño y fue despedida.

    Comunismo.

    En los años 30, como consecuencia de la crisis y de haber conocido el lujo y exceso que caracterizaba Hollywood, se interesó por el partido comunista. Se afilió y permaneció durante dos años y medio. Tal fue su interés por sus doctrinas, que decidió viajar a la Unión Soviética para comprobar si era el infierno que condenaban unos, o el cielo que vendían otros. Cuando a su regreso a EE.UU. Stalin pactó con Hitler, Vera abandonó la asociación desencantada y dolida. Aseguró que no desvelaría los nombres de otros miembros, pero que debía alejarse de ese entorno.

    Creadores del documental ‘Hollywood Ten’ y familiares protestando por la caza de brujas.

    Esta afiliación le costó entrar en la lista negra en la época del Macartismo, acusada de roja y viéndose obligada a confesar que había estado afiliada. Se negó a denunciar a ninguno de los miembros del partido, en parte debido a que habían pasado casi dos décadas desde su pertenencia hasta ese momento. Aunque no sufrió graves consecuencias por parte del gobierno, sí que esto dañó su carrera y perdió varios contratos como guionista por este motivo.

    Laura

    Tras abandonar el comunismo regresó a Hollywood. Aunque no dejaba de repetir que quería ser escritora, no dejaba de trabajar en obras y guiones. Mientras trataba de rematar una obra de teatro, consultó sus dudas con un viejo amigo acerca del argumento y de la estructura. Él le dijo que tenía una gran trama entre manos, que por qué no la convertía en un libro. «Pero es una historia criminal», le dijo ella. A pesar de escribir libretos para cine negro, jamás se había planteado recurrir a este género para una novela. No le gustaba el elemento de engaño que era necesario para sorprender al lector, ni le complacía el arquetipo del detective.

    Su amigo le propuso construir una historia al estilo de las de Wilkie Collins, con la narración contada desde varios puntos de vista y con múltiples voces. Así eliminaba la trampa, mostrando al lector todas las cartas, y podía borrar el protagonismo del detective si quería. Buscaba crear una mayor profundidad en sus personajes de la que el género solía ofrecer, y aspiraba a que su protagonista fuese la víctima de un crimen. Una mujer fuerte, independiente, que no necesitase a nadie, admirada y envidiada.

    Debido a ello, cuando Otto Preminger destrozó este planteamiento para adaptar Laura a la gran pantalla como una simple historia de detectives, Vera entró en cólera. Estaba claro que Preminger no había comprendido ni el libro ni a su protagonista, y así lo demostró él cuando afirmó que no era un personaje importante de la trama. A pesar de ello, la película tuvo un éxito increíble, pero perdiendo por completo la esencia de la obra. Tal vez por eso, Vera empezó a rechazar la escritura de guiones originales para centrarse en las adaptaciones de textos ya escritos.

    Igee.

    Vera nunca se preocupó de casarse ni llevar una vida convencional. Tal vez en la adolescencia, donde el patrón del amor romántico era el único que se enseñaba. Pero tan pronto como empezó a trabajar y a escribir, sus preferencias fueron otras. Eso no quita para que tuviese varios amigos y amantes durante su juventud, pero sin la necesidad de buscar una pareja duradera.

    Igge llegó a ella sobrepasados los 40. Tal vez por ello fue una historia de amor madura y sincera. Pasaron separados casi toda la Segunda Guerra Mundial, debido a que poco después de conocerse él fue llamado a filas. Había nacido en Austria, pero había emigrado a Gran Bretaña en 1932 y fue el país que le reclamó apoyo. Vera cruzó el Atlántico en barco para visitarle en Europa en plena contienda tras trece meses sin verse. En 1946 él pudo regresar a EE.UU. para vivir con ella, y finalmente en 1948 se casaron tras años viviendo juntos. Permanecieron unidos hasta la muerte de él en 1964.

    La vida de una luchadora.

    Resulta imposible resumir la vida de Vera Caspary en tan solo unos párrafos. Todo lo que vivió, todos los lugares que visitó, las personas a las que conoció. Quizá lo más destacable de su autobiografía sea esas ganas de luchar y que en pocos momentos la derrota pudiese con ella. Tal vez tan solo su aparición en la lista negra por comunista fue algo que la hizo flaquear. Peleó por modificaciones en sus guiones, por hacer comprender el trasfondo de sus novelas, por crear personajes femeninos que perdurasen y que mostrasen el momento que le tocó vivir.

    Vera Caspary

    Nunca se sometió a nada ni a nadie. Luchó por defender sus ideas, por trabajar y por hacer un buen trabajo. No le importaron la fama ni el dinero, aunque siempre aprovechó los beneficios obtenidos para cuidar de los suyos mientras estuvieron, y para disfrutar cuando ya no estaban. Cuando Igee falleció regresó a Nueva York, su hogar de adopción, donde había vivido sus mejores años, y siguió escribiendo hasta el fin de sus días.

    Como expone al final de su autobiografía, nunca se arrepintió de haber nacido mujer. Llegó a este mundo en el momento idóneo. Su existencia no habría sido igual si hubiese venido al mundo quince o cincuenta años antes. «Este ha sido El siglo de las Mujeres y me siento afortunada de haber sido parte de esa revolución. […] Quienes vengan después de nosotras pueden encontrar más fácil afirmar su independencia, pero se perderán la gran aventura de haber nacido mujer en este siglo de cambios

    *Este texto está basado en la autobiografía de Vera Caspary «The Secrets of Grown-Ups», publicada en 1979.

  • Bedelia, de Vera Caspary (1944)

    Bedelia, de Vera Caspary (1944)

    Charlie Host y su esposa Bedelia acaban de casarse. Viven en un perfecta casa de campo en Connecticut, con una vida idílica. Bedelia es la compañera ideal: buena ama de llaves, excelente cocinera, amable, cariñosa, atenta anfitriona. No se le puede hacer ni un solo reproche. Hasta que una noche, tras una copiosa cena, Charlie cae enfermo.

    El médico acude a verle, y no tarda demasiado en sospechar de un medicamento que Bedelia le ha administrado. No es una medicina preparada para Charlie, y la recrimina que utilice un compuesto que no ha sido preparado para ese enfermo. Debido a todo ello, contrata a una enfermera a cargo de Charlie. Ella debe ser la única que administre cualquier sustancia a Charlie, desde comida a bebida, pasando por tratamientos para su malestar. Pero la duda ya se ha instalado en la vivienda de los Host,

    Todo esto es probable que a más de uno le suene, ya que ha sido adoptada por varios autores en distintas versiones. La primera obra de ficción donde fue utilizada en origen es El secreto de Lady Audley, de Mary Elizabeth Braddon, y se inspiró en un caso real. A pesar de estar inspirada en crímenes similares, el tratamiento que Caspary le da a la historia es muy diferente.

    Contexto social

    Bedelia es una mujer viuda que decide volver a casarse. A una joven en aquella época no le quedaban muchos más caminos que desposarse y acogerse a la fortuna de su marido. No estaba bien visto que trabajasen (la propia Caspary vivió esa circunstancia en sus propias carnes, cuando decidió ponerse a trabajar en 1918), y a muchas no les quedaba otra salida que recurrir a matrimonios de conveniencia. El sistema social estaba en exceso encorsetado y no era sencillo salirse de la norma. Si se recurría a un trabajo fuera de casa, solía achacarse a la baja economía doméstica, y eso acababa dejando en mal lugar a toda la familia. La realización personal o el disfrute no eran contemplados en una parte de la población que había venido a este mundo tan solo para criar niños y cuidar maridos.

    La novela fue publicada en 1944, y aunque se intuye que está ambientada en unas décadas antes, la situación social en EE.UU. con miles de jóvenes fuera por la IIGM era extrema. Caspary busca denunciar de una manera velada a ese sistema en el que las mujeres tan solo podían trabajar por su país cuando no había nadie más que pudiese hacerlo. Buena prueba de ello fueron las campañas de publicidad de los años 50 y 60 en las que se vendía la vida doméstica como un futuro perfecto para nosotras.

    «Se trata de hacer el retrato de una mujer que está satisfecha de su existencia, porque ha logrado su más fundamental misión: hacer la vida agradable a un hombre.»

    Bedelia, Vera Caspary (Pag. 54).

    Amores enfermizos

    Aunque más de uno encontrará odioso al personaje de Bedelia, considero que Charlie y ella hacen una pareja perfecta. Ambos son igual de interesados. Junto a los personajes de los dos protagonistas rondan una serie de secundarios que sirven como contrapeso para mostrar cómo son en realidad Bedelia y Charlie. Ellen Walker, una vieja amiga de Charlie que lleva enamorada de él toda la vida, es el perfecto contrapunto a este matrimonio.

    Por un lado, presenta una imagen muy diferente de la de Bedelia. Estamos ante una periodista que se gana la vida con su trabajo, pero que anhela a Charlie como esposo. Es consciente que es el tipo de mujer con el que los hombres no quieren casarse. Es demasiado independiente, y que no vuelque toda su energía en hacer la de su marido más agradable, no es lo deseable para muchos. Por otro lado, Michael sabe que ella le idolatra, y aprovecha esa posición para alimentar su autoestima siempre que Ellen está cerca de él. Tal vez porque pensaba que Bedelia se había unido a él solo por amor ciego y devoción es incapaz de aceptar la realidad, ni siquiera cuando la tiene delante.

    El final del libro puede tener muy diversas interpretaciones, pero creo que el guiño de junto a quién se coloca uno de los dos personajes principales en ese final, dice mucho más de lo que podría parecer. Y hasta aquí puedo leer.

    Adaptación a la gran pantalla.

    Como no podía ser de otra forma, toda gran obra de los años 40 tiene su versión en celuloide. Como viene siendo habitual en la vida de Caspary, la profundidad de sus personajes se queda siempre en el papel, y el retrato que se realiza de Bedelia en el cine se acerca más al de una mujer desequilibrada y excesiva. Expresividad extrema, gritos y lloros, hacen de la Bedelia cinematográfica un personaje infantil. Cuesta creer que se trate de una persona fría y calculadora capaz de infringir daño a nadie.

    Bedelia (1946)

    Creo que se ha perdido una gran oportunidad para mostrar ese duelo dialéctico al que somete la escritora a sus dos protagonistas en la parte de la historia que se encuentran solos y atrapados en el caserón por una gran nevada. Uno de los momentos cumbre de la novela que podría resultar tedioso, pero que la maestría de la autora logra que la tensión aumente a cada página, haciendo dudar al lector de cuál será el final de todo eso.

    Título: Bedelia.
    Autora: Vera Caspary.
    Traductor: Vicente Diego Abad.
    Editorial: Emecé Editores (1963)
    Año de publicación: 1944.
    Páginas: 238.

  • Laura, de Vera Caspary (1943)

    Laura, de Vera Caspary (1943)

    Laura Hunt ha sido asesinada. Alguien, una noche calurosa de verano, llama al timbre de su casa y le descerraja un tiro en la cara. Las primeras noticias que tendremos de ella vendrán de la mano de Waldo Lydecker, el primer narrador de la novela. Mark McPherson, el policía que investiga el caso, acude a casa de Waldo para interrogarle sobre Laura, y ya nos da pistas acerca de qué va esta historia:

    «Para solucionar el problema de la muerte de Laura tiene usted que resolver primero el misterio de su vida. Eso no es una tarea sencilla. Ella no tenía ninguna fortuna secreta, ni rubíes ocultos. Pero le advierto, McPherson, que las actividades de los estafadores y contrabandistas parecen sencillas comparadas con las de una mujer moderna»

    Laura, Vera Caspary (página 26)

    La novela se compone de cinco partes con varios narradores y distintos enfoques. Resulta más fácil de comprender esta composición cuando sabes que Laura nació como una obra de teatro. Todos los escenarios son reducidos, hay pocos personajes, y cada parte de la historia se estructura como cada uno de los actos de una obra teatral. Ahí reside parte de su encanto: podemos ver cómo las personas del entorno de Laura la veían, y luego asistir a un autorretrato de su puño y letra.

    A pesar de lo que pueda parecer, lo importante no reside en descubrir quién asesinó a Laura Hunt, sino en averiguar quién era ella. Estamos ante una mujer que sobrepasa los 30 años, que está a punto de casarse. Borrad los prejuicios que acaban de inundar vuestra mente con esta frase. Sí, estoy segura que más de uno y de dos ha asumido que se va a casar porque es demasiado tarde ya para ella —no olvidemos que fue escrita en los años 40.

    Un personaje único en la historia de la novela negra.

    Laura es moderna, con mucho carácter, ha disfrutado de la vida, de su cuerpo y de su sexualidad. No le importa no estar casada para dejarse ver acompañada de hombres. Cuando empieza a salir con Shelby, su futuro prometido, ella gana más que él. Le compra cosas, le cuida, le mima. Le consigue un trabajo para que asciendan sus ingresos, pero aún así ella sigue ganando más. Es una autentica triunfadora. Ella es quien le aporta confianza y seguridad a él. Lo que para aquella época sería el mundo al revés.

    «La libertad significa algo muy distinto para mí, Mark. Quizá lo comprenda. Ser libre era ser dueña de mi persona, conservar todas mis estúpidas e inútiles manías, ser la única señora de mis costumbres. ¿Me explico?

    Laura, Vera Caspary (página 126)

    Desde el comienzo se juega con el concepto idealizado de la figura femenina. Se eleva a tal punto esta imagen, que hasta se presenta la idea romántica de «la mujer muerta». Una muchacha que pasará a la posteridad joven, bella, adorada por todos los que la conocían. Para que su inmortalidad alcance ese toque artístico es necesaria su muerte. Incluso que su final no haya sido natural hace que todo el proceso sea más sublime todavía.

    Este enfoque inicial se va al traste cuando la autora le da voz a la propia Laura. No solo veremos que lo que los demás ven en ella no es cierto por lo que cuenta sino sobre todo por cómo habla de sí misma. Los diálogos en los que ella participa rompen con lo expuesto por los narradores anteriores. Caspary se recrea en los prejuicios, en la construcción social de las mujeres para desmontarla a través de uno de los personajes más poderosos de la historia de la novela negra.

    Adaptación al cine de Otto Preminger

    Laura, de Otto Preminger (1944)

    Por desgracia, no son muchos los que se han acercado al texto de Vera Caspary, y conocen a Laura tan solo por cómo la mostró Otto Preminger en su adaptación cinematográfica. La escritora de Chicago luchó con uñas y dientes ante los cambios introducidos por el director, e intentó mantener cierto control sobre cómo sería representada Laura. Preminger decidió menospreciar a tan poderoso personaje para romantizarlo aún más a través de los ojos de los protagonistas de la cinta: Waldo Lydecker, Mark McPherson y Shelby Carpenter.

    Laura se convierte tan solo en un recipiente de deseo masculino, incluso más allá de la muerte. La voz que Caspary crea de ella desaparece por completo, y toda su fuerza y personalidad se convierten en candor y dulzura en la película. El protagonista se desplaza, y se posa en Waldo Lydecker, dontándole de un carácter que Caspary no le había dado. Se alteran elementos que en pantalla no resultan vitales, pero que en la novela tienen un doble significado que, por desgracia, se pierden.

    A pesar de todo esto, está considerada como una de las grandes películas del cine negro de los años 40. Esto es debido a uno de los golpes de efecto introducidos en el libro, que en pantalla funciona realmente bien. En cuanto a estructura argumental respeta bastante a la obra original, pero pierde su fuerza y su espíritu por completo. La edad de Laura se altera y se escoge a una actriz muy joven, las motivaciones que la llevan a casarse se acercan al ideal de amor romántico, y todos los hombres que la rodean cumplen su función protectora a la perfección. Lo sé, es demasiado pronto para mostrar a una mujer como Laura en la gran pantalla, y la femme fatale ya se había hipersexualizado por aquel entonces. Pero no puedo dejar de imaginar a una Maureen O’Hara, una Joan Crawford, o una Katharine Hepburn interpretando ese papel.

    Título: Laura.
    Autora: Vera Caspary.
    Traductor: M. D. A. de Derisbourg.
    Editorial: Backlist (2011)
    Año de publicación: 1943.
    ISBN: 9788408097280.
    Número de páginas: 280.
    Precio: 18,50€.
    Ficha del libro en la web de la editorial: https://www.planetadelibros.com/libro-laura/48085
  • La chica salvaje, de Delia Owens (2018)

    La chica salvaje, de Delia Owens (2018)

    Un buen día de 1952 la madre de Kya se pone sus zapatos de cocodrilo y se lleva a cuestas su maleta azul. Ha decidido abandonar una vida de miseria y de maltratos, dejando atrás a sus hijos. Poco a poco, los hermanos de Kya irán abandonando la marisma, dejándola sola con su padre. Un padre que no tardará en desaparecer también. De este modo, Kya, apenas una niña, deberá apañárselas sola para salir adelante.

    Los servicios sociales tratarán de escolarizarla, pero tras una jornada de burlas y risas de sus compañeros decide que es mejor esconderse. Nadie conoce la marisma como ella, y siempre que acuden en su busca no logran encontrarla. El único que lo consigue es Tate, uno de los muchachos de la zona, que un día le presta su ayuda para regresar a casa. Desde ese momento establecen un vínculo muy especial, y tan solo Tate conseguirá aproximarse a la Chica Salvaje.

    Este es el ambiente sobre el que Delia Owens nos presenta a Kya y su solitaria vida. Pese a lo difícil que pueda parecer en un primer momento que una niña sea capaz de sobrevivir por sí misma, la autora despliega una serie de recursos que lo hacen verosímil. El desencadenante que hace que os traiga este libro aquí se produce ya en el tercer capítulo. Chase Andrews ha aparecido muerto bajo la torre de vigilancia de la marisma. Esto sucede en 1969, y deberemos avanzar en la lectura para saber qué une a ambas historias.

    Delia Owens

    A pesar de que la intriga acerca de la muerte de Chase puede impulsar al lector a seguir leyendo, lo que te atrapa en realidad es el personaje de Kya. Si tuviese que imaginar cómo se comportaría una persona que no ha tenido apenas contacto con otros seres humanos no sabría bien cómo afrontarlo. Pero está claro de Delia Owens sí ha sabido hacerlo. El amor de Kya por su entorno, su dificultad a la hora de entablar conversación con otras personas, su miedo a confiar en alguien. Página a página la autora consigue que podamos ver a las gaviotas con las que conversa, el barco con el que se mueve de un lugar a otro, o su pelo negro desaliñado.

    Aunque la trama criminal no tiene un peso importante hasta la tercera parte de la novela, sí que resulta fundamental para la historia. En algunos momentos, determinados fragmentos me han transportado al juicio de Matar un ruiseñor de Harper Lee; a esa sala atestada de gente, a esa curiosidad insana de las comunidades pequeñas por saber todo de todos. Porque precisamente de eso va esta obra: de la maldad humana, del maltrato, de la insensibilidad ante la fragilidad del próximo. De los prejuicios frente a lo diferente.

    Pese a que no está narrada en primera persona, el narrador se empapa de la melancolía que transita por las páginas de la novela. La voz que Owens le otorga a Kya es fría y distante, y tan solo cuando habla con la naturaleza y el entorno se muestra como es en realidad. Porque pasa toda su vida tratando de entender a los seres humanos a través del estudio de los animales. Como imaginaréis, eso no la ayuda demasiado.

    La chica salvaje es una lectura que requiere de un poco de paciencia. Las primeras páginas transcurren reposadas y es probable que más de uno sienta la tentación de abandonarla: no lo hagáis. La recompensa será mayúscula si esperáis y os adentráis en Point Beach, en sus aguas y su maleza. Rara vez coincido con la vehemencia de las promos tan exageradas que se hacen a algunos libros. Sin embargo, en este caso reconozco que estoy de acuerdo.

    Título: La chica salvaje (Where the crawdads sing)
    Autora: Delia Owens.
    Traductor: Lorenzo F. Díaz.
    Editorial: Ático de los libros (2019)
    Año de publicación: 2018.
    ISBN: 9788417743376.
    Páginas: 384.
    Precio: 17,90€.
    Ficha del libro en la web de la editorial: http://aticodeloslibros.com/index.php?id_product=172&controller=product
  • Los últimos, de Hanna Jameson (2019)

    Los últimos, de Hanna Jameson (2019)

    ¿Qué pasaría si en medio del Apocalipsis, con el mundo a punto de acabarse, una persona descubriese el cadáver de una niña con claras señales de haber sido asesinada? ¿Es relevante iniciar una investigación cuando millones de personas están muriendo y la vida tal y como la conocemos ha dejado de existir? Esta es la premisa que utiliza Hanna Jameson para la construcción de Los últimos, una novela distópica con tintes de novela de detectives.

    Estamos en L’Hotel Sixième de Suiza. Una serie de personas están de paso para un congreso. El lanzamiento de varias bombas atómicas a lo largo y ancho del planeta convierte este hotel en una especie de refugio. No sabemos bien qué ha ocurrido en el resto del planeta, ya que las comunicaciones y el acceso a Internet se han visto muy reducidos. Tienen acceso a la luz eléctrica pero tratan de racionarla porque no saben cuanto durarán activas la centrales. Algunos huyeron el día de las explosiones, pero muchos otros decidieron quedarse en el hotel a la espera de más noticias. Resulta un lugar ideal, ya que no solo cuenta con decenas de habitaciones, sino con suministros para varios días.

    Mientras algunos de los inquilinos del hotel buscan formas de hacerse con agua potable para el futuro, descubren el cadáver de una niña en uno de los depósitos de agua. Todo parece indicar que no ha terminado ahí debido al caos de los días anteriores, sino que alguien arrojó el cadáver de forma premeditada. Jon Keller, narrador de la novela en primera persona, decide iniciar una investigación movido en parte por la falta de actividades que realizar durante en día, y en parte por la curiosidad de si un asesino se hospeda en el hotel con él.

    Hanna Jameson

    A pesar de este argumento un tanto disparatado, Los últimos es una de esas novelas perfectas para evadirte durante unos cuantos días. La investigación de la muerte de esa niña no ocupa una parte tan importante de la trama como podría parecer en un comienzo, y la autora nos regala una serie de situaciones con las que teorizar acerca del caos y del funcionamiento de una organización social. ¿Quién decide cuál es la condena de un culpable de un delito? ¿Cómo se decide si es o no culpable? ¿Es lógico mantener un orden social cuando desconoces si vivirás mucho más allá de unas semanas? ¿Cómo se escoge al líder y por qué?

    A pesar de que la historia se desinfla un poco con el paso de las páginas, Jameson crea un final que para mi gusto está a la altura de la novela. Tiene algunos altibajos durante el desarrollo de la trama, pero es una de esas historias que se devoran solas, algo muy complicado de lograr. Quizá no tiene grandes artificios narrativos, pero el texto es muy fluido y consigue su objetivo: mantener al lector enganchado a lo largo de sus 400 páginas y que este disfrute.

    Título: Los últimos (The last)
    Autora: Hanna Jameson.
    Traductora: Pilar De La Peña Minguell.
    Año de publicación: 2019.
    Editorial: Serie Negra (RBA).
    ISBN: 9788491872412.
    Páginas: 416.
    Precio: 19€.
    Ficha del libro en la web de la editorial: https://www.serienegra.es/catalogo/los-ultimos_689
  • I am evidence – película documental (HBO)

    I am evidence – película documental (HBO)

    Las víctimas de violación se convierten en sí mismas en parte de la escena de un crimen. Son las depositarias de las evidencias físicas, y como tal deben pasar por un proceso de recolección de pruebas que resulta difícil y doloroso. No solo por lo minucioso del procedimiento, sino también porque es necesario llevarlo a cabo en las horas siguientes a la agresión. Justo lo que cualquiera necesitaría evitar mientras se encuentra en estado de shock.

    Esas evidencias deben ser enviadas a analizar para pasar al expediente del caso, y para formar parte de la base de datos de la policía. De este modo si existe una coincidencia con alguna persona que ya ha sido fichada será posible localizarla. Pero, ¿qué ocurriría si esas pruebas tan solo fuesen almacenadas sin llegar a procesarse? Esto es lo que cuenta I am evidence, una escalofriante película documental sobre la desidia de la policía de los EE.UU.

    Mariska Hargitay, una de las actrices de la serie Ley y Orden, es una de las productoras del documental. Su papel en dicha serie consistía en luchar de manera incansable por la recuperación de las supervivientes de agresiones sexuales, tratando de eliminar el sentimiento de culpa que suele venir asociado a este tipo de situaciones. Debido a ello, Hargitay recibía cartas de víctimas reales en las que le contaban sus experiencias. Estas cartas llevaron a Hargitay a indagar acerca de estos casos y a denunciar la falta de actuación de la policía a través de esta película.

    La historia narrada en I am evidence transcurre sobre todo en Detroit, una de las ciudades con mayor índice de agresiones sexuales del país. Una localidad abrumada por el elevado registro de criminalidad, y que ve cómo la escasez de medios y presupuestos ha terminado con centenares de cajas apiladas con pruebas de violación sin analizar y casos sin investigar.

    Cajas con las pruebas de violación sin procesar

    ¿De qué sirve reunir el coraje y el valor necesarios para poner una denuncia, pasar por todo el proceso en el que te toman declaración y recorren al milímetro tu cuerpo en busca de algún resto de ADN? Para que esas pruebas terminen sin procesar. Ese mínimo de esperanza que te queda cuando vuelves de nuevo a tu vida de que, tal vez, algún día arresten a tu violador y lo lleven a juicio, permanece en una caja esperando a que sea demasiado tarde para que pueda resultar útil.

    A través de las declaraciones de algunas de las afectadas por esta situación, podremos observar cómo el sistema deja de lado a este tipo de víctimas, y como la inactividad policial deja escapar conexiones entre distintos casos que han podido ser cometidos por el mismo criminal. También indaga en cómo es posible salir adelante tras un trauma así, y las diferentes maneras de afrontarlo de cada una de las protagonistas. Del mismo modo, podemos ver cómo el apoyo de la familia y el entorno resulta trascendental para que esas mujeres puedan volver a llevar una vida lo más normal posible.

    Estos documentales no solo sirven para denunciar una situación que de otro modo seguiría sin solucionarse, sino también para sensibilizar al espectador. A día de hoy, sigue cuestionándose a la víctima (en España no hace tanto lo hemos visto con el juicio de La Manada) y aún cuesta confesar que has sufrido una violación, incluso en los entornos más cercanos. Es más: la mayoría de nosotros seguimos sin estar preparados para reaccionar ante una realidad así y no sabemos cómo responder cuando conocemos a alguien que le ha sucedido debido a esa invisibilización a la que sometemos a estos casos.

  • Lo que callan los muertos, de Ana Lena Rivera (2019)

    Lo que callan los muertos, de Ana Lena Rivera (2019)

    Sofía, más conocida como La Impugnada, se ha tirado al patio de su casa desde un sexto piso. Ninguno de los vecinos da crédito a lo que están viviendo, y todos ellos comentan —desconcertados— que se habrían sorprendido menos si hubiese sido su hermana Carmina la que se hubiese precipitado ventana abajo. Uno de esos vecinos es la madre de Gracia. Y Gracia es nuestras protagonista, una investigadora de fraudes a la Seguridad Social que ha regresado a su Oviedo natal después de dejar atrás un pasado tormentoso en Estados Unidos.

    Lo que callan los muertos transcurrirá entre la investigación de uno de esos fraudes y las sospechas de que La Impugnada no ha podido quitarse la vida sin ayuda. Ninguno de los que la conocían le encuentran sentido a este acto, e interrogando a unos y a otros tratarán de esclarecer la verdad de todo lo ocurrido.

    Como podéis imaginar por la profesión de la protagonista, no estamos ante una novela policíaca al uso, ni tan siquiera de detectives. Es cierto que la protagonista es investigadora, pero tan solo de fraudes, y el procedimiento seguido durante la trama es por completo amateur. Este punto puede echar para atrás a algunos lectores acostumbrados a las novelas procedimentales, y atraer a otros que disfrutan de personajes más cercanos y cotidianos.

    Ana Lena Rivera, autora de Lo que callan los muertos.
    Ana Lena Rivera

    Si tuviera que recomendar esta novela lo haría principalmente por dos motivos. En primer lugar, la relación de Gracia con su madre. Una mujer viuda que vuelve a tener a su hija cerca de casa, y a la que recurre en cuanto tiene oportunidad. A pesar de sus desavenencias, la relación de complicidad y confianza que mantienen nutre a esta novela de conversaciones de lo más divertidas, construyendo casi sin querer una duplicidad al más puro estilo de Holmes y Watson. En segundo lugar, el protagonismo y la fuerza de los personajes femeninos. No solo la propia protagonista y su madre, sino también su hermana Bárbara, su amiga Sarah y sobre todas ellas la magnífica Sor Florencia.

    Otro de los puntos fuertes resulta el magnífico retrato de las ciudades de provincias en las que todavía todos los vecinos se conocen y en las que tienes amistades que perduran desde la infancia. Resulta llamativo el empleo de estos elementos para la resolución de las dos tramas que se plantean en el libro, porque no es algo demasiado explotado en el género en nuestro país. Y quién mejor que el vecino que comparte contigo pared y escalera, que te conoce desde que apenas sabías caminar, para saber el tipo de persona que eres.

    Es cierto que hay algunos momentos en que se sospecha que nos encontramos ante una primera novela y que tiene pequeños fallos. Pero si eres de esos lectores que se dejan arrastrar por la inercia del argumento, disfrutarás como un niño. Imprescindible para habitantes y amantes de la ciudad de Oviedo, que la escritora recorre de local en local y de restaurante en restaurante. Quizá pueda resultar un poco pesado ese tour cuando desconoces los lugares más característicos de la ciudad, pero para aquellos que la hemos recorrido decenas de veces resulta un verdadero placer.

    Título: Lo que callan los muertos.
    Autora: Ana Lena Rivera.
    Editorial: Maeva (2019)
    ISBN: 9788417108779.
    Páginas: 312.
    Precio: 19€.
    Ficha del libro en la web de la editorial: https://www.maeva.es/colecciones/maeva-noir/lo-que-callan-los-muertos