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En la sangre, Laura Gomara (2019)

Eva Valverde no lleva una vida que podríamos catalogar como estándar. No se levanta cada mañana para meterse ocho horas (con suerte) en una oficina. No compra su ropa donde la compran la mayoría de mujeres. Tampoco utiliza cremas del Mercadona. Eva Valverde hace años que robó un portátil de una mesa de la biblioteca donde estudiaba, y ese momento marcó un punto de inflexión. Ahora roba carteras, móviles y alguna maleta con aspecto de tener algo de valor dentro.
Eva no roba por necesitad. No roba para llegar a fin de mes o para pagar el alquiler. Vive en el antiguo piso de su abuela y no tiene grandes gastos en su día a día. Sin embargo, invierte enormes cantidades de dinero en artículos de lujo de las mejores marcas para luego revenderlos por internet. Es el inicio de lo que, espera, sea el negocio de su vida. Para ello necesita mucho más de lo que puede ganarse de manera legal. Y está claro que en este país nadie se hace rico trabajando, así esta es su única salida.
Laura Gomara ya demostró en su primera novela Vienen mal dadas que no es una de esas escritoras que se amoldan a los estándares del género. Gomara es una autora valiente, que ha llegado para quedarse y para romper algunas barreras tanto con sus planteamientos como, sobre todo, con su buen hacer a la hora de contar historias.
En esta obra Gomara arriesga, y mucho. Estamos ante un planteamiento y una protagonista que corren el riesgo de ser malinterpretados. Puede que muchos lectores se queden en la imagen superficial de mujer adicta a las marcas de lujo. Sin embargo Eva tiene infinitas capas que el lector debe ir asimilando para poder comprenderla. Estamos ante una joven muy frágil que debido a una enfermedad no sabe bien cuánto tiempo le queda. Es una persona solitaria que no necesita de la ayuda de nadie, pero que sabe rodearse de aquellos que pueden hacer su vida más fácil y que le insuflan fortaleza. Debajo de esa apariencia de mujer fuerte y decidida se encuentra alguien que cree tener muy claros sus objetivos. Pero a medida que avanza la trama se irá dando cuenta de que los pilares en los que ha asentado sus decisiones no son lo más estables.

Laura Gomara Los vínculos con los secundarios que Gomara le otorga a Eva son fundamentales para comprender al personaje. Su relación con Olej, ese tipo de pareja con la que ni está ni deja de estar, y que el hecho de que el tiempo que pasen juntos transcurra dentro de las cuatro paredes de un dormitorio es indicativo de un montón de cosas. Su padre, con total seguridad la persona que más conoce a Eva y mejor la comprende, y que sabe cuándo dar un paso al lado y cuándo darlo al frente. Su madre, con quien mantiene un trato de amor—odio; la razón de su huida del domicilio familiar y de la toma de gran parte de las decisiones importantes de su vida. Sus amigos, ese tipo de amistades que apenas pasan de conocidos y que no conocen en absoluto a la verdadera Eva —sobre todo, porque ella no les permite que la conozcan.
Y el retrato tan profundo y pormenorizado de la sociedad del siglo XXI de este país. Un país con empleos precarios que nos obligan a dejarnos el pellejo en trabajos que no nos satisfacen por cuatro duros. Una sociedad obsesionada con el culto al cuerpo, a la comida sana, pero que sigue fumando y conduciendo a 200 por hora por la carretera. Un mundo machista y retrógrado que sigue pensando que el objetivo de las mujeres es proporcionar placer a los hombres y que nos vestimos, maquillamos o arreglamos en función de ellos. Un sistema inmobiliario que nos obliga a vivir hacinados en pisos de treinta metros cuadrados por los que se nos piden ochocientos euros, y por lo que el gobierno no hace nada al respecto. Una población que mira por encima del hombro a los migrantes, como si el color de nuestra piel y nuestro supuesto estatus social determinase nuestra valía como seres humanos.
«Después me vende la moto de lo importante que será mi trabajo para el legado de los Montsiol y de la red de contactos que me permitirá tejer, de las oportunidades futuras, la constancia y el esfuerzo. Parece olvidar que paso ya de los treinta, que soy mayor para todo este rollo, que mi madre a mi edad había parido una hija y tenía una plaza de por vida en la enseñanza pública, que jamás, por mucho que me esfuerce, podré paga un piso como en el que estamos, que hace tiempo que mi vida debería haber comenzado. «
En la sangre, página 118.En la sangre es una novela atrevida y audaz, mucho más de lo que algunos pensarán leyendo la sinopsis. Pero estamos ante una de esas obras que buscan sacudirle el polvo a la parte más oxidada y anticuada del género de este país. Y lo consigue con nota.
Título: En la sangre. Autor: Laura Gomara. Editorial: Roca Editorial (2019) ISBN: 9788417771171. Páginas: 336. Precio: 18,90€ Ficha del libro en la editorial: http://www.rocalibros.com/roca-editorial/catalogo/Laura+Gomara/En+la+sangre
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Entierre a sus muertos, de Ana Paula Maia (2018)

Edgar Wilson lleva toda su vida dedicándose a oficios relacionados con la muerte. En el pasado trabajó en un matadero. Ahora recoge los cadáveres de los animales que encuentra por la carretera y aledaños. Esos cuerpos irán a parar a una enorme trituradora que los pulveriza. Si son muy grandes, es necesario antes trocearlos para que la máquina no se atasque. Puede haber conejos u ovejas, pero también ganado o incluso caballos.
Edgar Wilson recorre las carreteras con su furgoneta buscando a estos animales, y es lo único que puede cargar y transportar en ella. Hasta el punto de negarse a llevar a un bebé enfermo al hospital, porque podría perder su empleo por ello. Sin embargo, un día se aparta de la carretera guiado por el vuelo en círculos de unos buitres. Eso es una señal clara de que hay un cadáver próximo. Lo que Edgar Wilson no habría esperado jamás es encontrarse con el cuerpo de una mujer ahorcada, con síntomas claros de haber sido asesinada.
La acción está ambientada en el Valle de los Rumiantes, una zona repleta de mataderos y fábricas de hamburguesas. Edwar Wilson es un hombre silencioso al que no le gustan las preguntas. No le gusta hablar, ni que le miren. Pasa sus horas al volante de su furgoneta en busca de animales y esa soledad ha conseguido trasformarle. Que sea distante no implica que carezca de sensibilidad, aunque es cierto que muestra mayor respeto por los muertos que por los vivos.
Desde que empezó a moverse por estas rutas, algunos meses atrás, se acostumbró a no sentir ninguna presencia maligna alrededor, en ningún tramo del camino. En un trabajo como el suyo, en el que está constantemente cerca de la muerte, siempre un paso atrás, lo común es sentir al menos alguna forma de malestar o un estado ligeramente decadente de espíritu. La falta de sensaciones de ese tipo, como ocurre con Edgar, podría pasar en principio por un buen indicio. No percibir la presencia del mal es, para la mayoría de las personas, señal de que todo está bien. Pero para Edgar Wilson es justamente lo contrario. Las fuerzas opuestas, cuando están debidamente dosificadas, mantienen el equilibrio. Por eso es que si el mal está ausente, probablemente el bien también lo esté.
Entierre a sus muertos, página 43.Ana Paula Maia construye con Entierre a sus muertos una historia que gira en torno al concepto más físico de la muerte. La violencia ondea como leitmotiv a lo largo de las páginas del libro, pero más de una manera ambiental que explícita. No es necesario mostrar actos o acciones violentas para que la actitud de los individuos sea conceptualmente violenta. Para ello, nos presenta a una serie de personajes que actúan como trabajadores al servicio de la muerte, personajes que muestran una total indiferencia a la hora de manipular un cuerpo humano sin vida.
Por fortuna, a pesar de la crudeza de lo narrado, Maia nos echa un cable de vez en cuando a través de diálogos que buscan dar ese punto de humanidad que el lector necesita para poder seguir leyendo. Cuando pierdes la esperanza de que alguno de los personajes muestre una pizca de piedad y misericordia, al menos Tomás nos salva con un «Por Dios, ¿son personas?» ofreciéndonos un clavo al que agarrarnos. Y es que la trama alcanza tintes tan espeluznantes que roza los límites del terror.

Ana Paula Maia Ana Paula Maia ha declarado en más de una entrevista que no hay espacio para las mujeres en sus novelas. Que estamos ante un territorio de hombres, y la influencia del cine western norteamericano es muy clara en este aspecto. Sin embargo, discrepo con esa afirmación. En Entierre a sus muertos introduce al personaje de Nete, una compañera que busca a su prima desaparecida, y le pregunta a Edgar Wilson si la ha encontrado cada vez que tiene ocasión. Su voz tan solo es transmitida a través de una radio hasta cerca del final de la obra, y la importancia que cobra dicha prima para hablar de las desapariciones y asesinatos a mujeres resulta muy destacable.
Copio de la web de Eterna Cadencia:
«Ana Paula Maia nació en Nova Iguaçu, Brasil, en 1977. Es escritora y guionista. Entre sus libros se encuentran O habitante das falhas subterrâneas (2003), Entre rinhas de cachorros e porcos abatidos (2009), Carvão animal (2011), De ganados y de hombres (Eterna Cadencia, 2015). Su novela Así en la tierra como debajo de la tierra (Eterna Cadencia, 2017) ganó el Premio São Paulo de Literatura a mejor libro del año. Sus libros han sido publicados en Serbia, Alemania y Francia. Es autora, además, de numerosos cuentos que forman parte de diversas antologías y han sido traducidos al alemán, al croata, al español, al inglés y al italiano. Su novela A guerra dos bastardos (2007) se destacó en Alemania como uno de los mejores policiales extranjeros.»
No sé vosotros, pero al menos yo ya estoy buscando más obras de esta fascinante escritora. Y ojalá se traduzca alguno más.
Titulo: Entierre a sus muertos. Autora: Ana Paula Maia. Traductor: Cristian De Nápoli. Editorial: Eterna Cadencia (2019) Año de publicación: 2018. ISBN: 9789877121643. Páginas: 128. Precio: 12,50€. Ficha del libro en la web de la editorial: https://www.eternacadencia.com.ar/blog/editorial/catalogo/item/entierre-a-sus-muertos.html
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Par accident, de Camille Fontaine (2015)

Amra es una joven argelina que lleva una vida tranquila y sin sobresaltos en el sur de Francia. Vive con su pareja y su hija, trabaja en una lavandería, y apenas hace nada más que trabajar y disfrutar de su familia. Una noche, volviendo a casa en su coche, atropella a un hombre debido a una imprudencia: conducía mientras hablaba por el móvil y apartó la vista de la carretera durante un segundo, lo necesario para no ver que había alguien en su camino.
Es acusada de homicidio involuntario, y mientras espera el juicio pasa sus horas angustiada por haber dejado a un hombre en coma. Poco después, Angélique aparece como testigo del atropello. Afirma que era imposible haberlo evitado, que él casi se tiró bajo las ruedas del coche. Esto lo cambia todo para Amra y no puede ser más feliz. Su culpa se alivia y Angélique empieza a rondar por su vida. Salen a cenar, a bailar, le hace de taxista y su hija la adora. Sin embargo, una noche Angélique le confiesa que en realidad no vio el accidente, que estaba a varios kilómetros de allí cuando sucedió todo.
Par accident es una de esas películas que son difíciles de catalogar. Se encuentra a medio camino entre el el drama social y el thriller de intriga, dependiendo del minuto de metraje en el que nos encontremos. Durante gran parte de la cinta, Fontaine se adentra en la relación de las dos mujeres, cómo Amra se deja llevar por la personalidad arrolladora y despreocupada de Angélique. De manera literal consigue que se suelte la melena cuando a penas se conocen, y cuando poco sabe de ella. Tan solo que es la persona que es probable que la libre de la cárcel. Logra que salga, que baile, que beba, que se olvide por unos minutos de todo, de su vida, como si Angélique le diese la excusa para hacer algo que llevaba deseando desde hacía tiempo.

Émilie Dequenne como Angélique A medida que la historia avanza y descubrimos algunos de los secretos ocultos de Angélique, sospecharemos gracias a Amra que hay algo extraño en todo esto. ¿Por qué alguien declararía que vio un accidente si no es cierto? ¿Qué está ocultando?
La interpretación de ambas actrices resulta, en algunos momentos, irregular. Es cierto que se le notan las costuras en ciertos tramos y que todo podría estar mejor resuelto. Sin embargo creo que merece mucho la pena aunque solo sea por el desenlace final. El sabor de boca que deja es tan satisfactorio que se pueden pasar por alto estas pequeñas imperfecciones.
Tras esta trama envuelta de intriga, Fontaine aprovecha para contarnos una historia sobre inmigración y clases bajas. Amra vive en una caravana en un lugar perdido en medio de la nada, tanto porque no pueden permitirse algo más decente como porque su chico no tiene papeles. Ella tampoco, pero al menos está en trámites de obtenerlos. Por ello, cuanto más lejos se encuentren de las miradas de posibles delatores, mejor que mejor.

Émilie Dequenne y Hafsia Herzi como Angélique y Amra. El trabajo de Amra es bueno, pero duro. Su jefe trata de demostrar lo buen jefe que es. Sin embargo, en una de las escenas iniciales muestra su verdadero rostro: Amra ha alegado que estuvo enferma para faltar al trabajo cuando estuvo arrestada. Su jefe se acerca y le pregunta si se encuentra bien. Le indica que puede descansar si lo necesita, pero que recuerde que si se desmaya sobre una de las máquinas no podrá alegar que ha sido un accidente laboral. Está plagada de pequeños detalles como este, que se muestran de una forma velada, para que solo puedan verlos los espectadores que muestren mayor interés.
Par accident es la primera película de la escenógrafa Camille Fontaine, y tanto la dirección como el guión de esta cinta corren de su mano. En el World Premieres Film Festival se alzó con dos galardones. Está disponible en Filmin, por si alguien se anima a verla. Y dura tan solo 85 minutos. No tenéis excusa.
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Una bala con mi nombre, de Susana Rodríguez Lezaun (2019)

Zoe Bennett trabaja como restauradora en el Museo de Bellas Artes de Boston. Es una mujer solitaria con una baja autoestima que se refugia en su día a día y en el mundo del arte. Apenas se relaciona con nadie, y los recuerdos de una infancia no del todo feliz vuelven a ella cuando se siente sola y perdida. En una fiesta en el museo, un camarero se muestra más amable de lo normal y se interesa por ella. Zoe no puede evitar pensar que todo se trata de una broma: ella tiene cuarenta años y él veintiséis, es muy atractivo y podría hacerse con el número de casi cualquier mujer de esa sala. Sin embargo, en quien se ha fijado es en Zoe, e insiste en que tomen una copa juntos cuando él acabe de trabajar.
Tras la reticencia inicial, Zoe acabará cediendo, y casi sin darse cuenta se ve inmersa en la mejor relación física que ha tenido en su vida. Noah, su amante, no solo es apasionado y atento, sino que también la escucha cuando habla de su vida y sus preocupaciones. Por primera vez en mucho tiempo ella es el centro de atención y de los cuidados de alguien y, a veces, no hace falta nada más para que nuestra felicidad suba varios puntos.
Noah muestra interés por su labor en el museo, y le pide a Zoe que le lleve algún día a ver su lugar de trabajo. Ella se muestra tan apasionada al hablar de él que él quiere saber dónde pasa gran parte del día. Para no tener problemas Zoe le cuela una noche y, sin saber muy bien cómo, la visita acaba con una intensa sesión de sexo en el taller de restauración. Nada demasiado grave si no fuese por las cámaras de vigilancia. Solventado este pequeño problema, horas más tarde descubre que mientras realizaba su pequeña travesura con Noah alguien ha robado en el museo y ha asesinado a uno de los guardias.

Susana Rodríguez Lezaun (fuente: Diario de Navarra) Este es a grandes rasgos en inicio de Una bala con mi nombre, la última novela de Susana Rodríguez Lezaun. Un thriller que busca el giro de guión de manera constante y que lo consigue a través de capítulos cortos. A pesar de un arranque un tanto más moderado, traspasadas las cuarenta primeras páginas el lector no tendrá más remedio que leer hasta el final para conocer cómo termina todo.
Sin duda, lo que destaca por encima de ninguna otra cosa, es la protagonista. Rodríguez Lezaun nos presenta a un personaje cargado de tintas de realidad. Con sus inseguridades, con sus miedos, con sus fortalezas y sus flaquezas. En determinados momentos se vendrá abajo y dudará de todo y de todos, mientras que en otros sacará a flote su fuerza interior para conseguir salir adelante. Algo que se aproxima bastante a lo que podría sucedernos a cualquiera de nosotros en una situación de riesgo extremo.
La acción transcurre en Boston, y cuando avanzas por las páginas de la novela descubres que es un elemento fundamental para que algunos giros de la trama resulten verosímiles. A diferencia de sus libros de la serie del inspector David Vázquez, aquí la acción es más directa y las descripciones son menos abundantes. Eso favorece la lectura, ya que el lector no puede distraerse ni un solo segundo o es probable que se pierda algo. La narración en primera persona también ayuda a que nos metamos en la piel de Zoe y que comprendamos los motivos que la llevan a seguir uno u otro camino.
Como remate, un capítulo inicial cuya trama nos lleva muy cerca del final de la obra. Una escena en la que las vidas de Zoe y Noah corren peligro y en la que desconocemos por completo cómo han llegado a ese lugar. Uno de esos comienzos que consiguen despertar nuestra curiosidad, y que buscan, sin duda, que no dejemos de leer hasta saber cómo hemos llegado ahí.
Título: Una bala con mi nombre. Autora: Susana Rodríguez Lezaun. Editorial: Harper Collins Ibérica. ISBN: 9788491393894. Páginas: 304. Precio: 19,90€. Ficha del libro en la web de la editorial: https://www.harpercollinsiberica.com/harpercollins/suspense/una-bala-con-mi-nombre-detail
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Así nos ven (2019) – miniserie de netflix

La noche del 19 de Abril de 1989 un grupo de jóvenes de Harlem salieron a dar una vuelta por Central Park al anochecer. Intimidaron a una pareja en bicicleta, se rieron de algunos paseantes, y poco más. Cosas de chavales. Esa misma noche y en ese mismo parque, en torno a las 9 — 10 de la noche, una joven fue violada de manera brutal, terminando esta con una serie de secuelas severas tras doce días en coma. La policía arrestó a unos treinta chicos de los que habían salido desde Harlem aquella noche. El cerco se fue estrechando tras varios interrogatorios, y de todo este proceso surgieron los Cinco de Central Park: Kevin Richardson, Antron McCray, Raymond Santana, Yusef Salaam y Korey Wise.
Si no conocéis la historia original, es mejor que entréis a esta serie lo más vírgenes posible. A lo largo de cuatro capítulos, Ava DuVernay (directora, creadora, co-escritora y productora ejecutiva de la serie) tratará de mostrarnos lo que ocurrió a partir de esa noche, cómo evolucionó la investigación y qué sucedió finalmente con los cinco muchachos. Tan solo os anticipo que cuatro de ellos eran menores de 16 años y el quinto había cumplido los 16 unos meses atrás, un dato fundamental a la hora de dimensionar las condenas en un juicio.

Resulta complicado analizar esta miniserie sin destripar ningún elemento fundamental de la historia. Ava DuVernay se ha centrado en el enfoque familiar para mostrar que cuando alguien pasa por un proceso judicial o carcelario, toda la familia pasa por él. No solo por el apoyo que puedan mostrar, sino también porque sufren las consecuencias de manera directa: el veredicto recae sobre todos ellos. Este es el punto en el que la serie alcanza tintes más feministas, siendo fundamental para ello el protagonismo que se le otorga a las madres de los Cinco de Central Park y lo relevante de su presencia a lo largo del proceso que narra esta serie.
Así nos ven es una serie que busca emocionar al espectador, pero no a través de la lágrima fácil, sino mostrando todo lo que en ese proceso se hizo de manera incorrecta. La denuncia al racismo que sobrevoló sobre este caso no se esconde, y la aparición de declaraciones verídicas de Donald Trump en la época tampoco es algo fortuito. Se ha escogido un caso muy famoso en EE.UU. para mostrarlo y analizarlo, pero con la intención de analizar a su vez el presente y ver hacia dónde avanza el mundo si las cosas no cambian a tiempo.

El hecho de saber desde el comienzo que lo que estás viendo es una historia real (ficcionada, eso es cierto, pero eso tan solo significa que la acción dramática se presenta de un modo atractivo para el interés del espectador, no que lo mostrado no sea real) aumenta la crudeza de la historia. A medida que transcurren los episodios la tensión aumenta, y todo ello se remata con el brutal cuarto episodio que muestra una historia paralela pero aislada. Es el capítulo más largo de los cuatro, rondando los 90 minutos, y el más duro de todos ellos (y eso que una parte importante de lo ocurrido no pudo ser rodada debido a su crudeza).
Netflix ofrece como complemento de esta serie un programa especial con Oprah Winfrey en el que la famosa presentadora norteamericana charla con los protagonistas de la serie sobre el proceso de documentación y de rodaje de la serie. Esta miniserie ha sido nominada a la friolera de 16 premios Emmys, entre ellos a mejor guión, mejor dirección o mejor serie (todos ellos en la categoría de miniserie). Personalmente, creo que Jharel Jerome debería llevarse el de mejor actor de miniserie, aunque sus contrincantes son duros de combatir. Veremos qué sorpresas nos depara la entrega de premios.
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Aquí no es Miami, de Fernanda Melchor (2013)

Creo que nadie que oiga nombrar a la ciudad de Veracruz en México piense en un lugar tranquilo y paradisíaco. En realidad sí que lo es, y una rápida búsqueda en Google nos descubrirá Tamiahua, Tecolutla, Costa Esmeralda o San Juan de Ulúa. Playas infinitas, aguas de todos los tonos de azul imaginables, tradición y cultura a raudales. Sin embargo, la palabra que va unida de manera indisoluble a Veracruz es violencia. En este 2019 hemos podido ver noticias en las que se informa de que se han triplicado el número de secuestros, y que el número de muertes violentas contabilizadas al día desde comienzos de 2017 es de cuatro. Encabeza la lista negra como lugar con mayor número de fosas clandestinas y la población civil vive en constante amenaza por el crimen organizado.
Sin embargo, no siempre ha sido así. Hubo un tiempo, los años en los que Fernanda Melchor era una niña, en que la situación no era tan extrema. Aquí no es Miami es un conjunto de relatos basados en crónicas de sucesos reales, narraciones sobre acontecimientos que forman parte ya de los anales de México, pero abordados desde la subjetividad.
Melchor recorre las periferias de esos momentos que forman parte de las vidas de los veracruzanos de hoy en día. Buen ejemplo de ello es Luces en el cielo, donde se nos narra cómo los niños de la ciudad acudían cada viernes para contemplar un avistamiento OVNI programado, mostrando su entusiasmo y su intriga ante algo que no era más que una serie de desembarcos colombianos de droga. El asunto de los alijos es citado de un modo tangencial, pero sí conoceremos las reacciones de los niños gracias a la expectación que una nave extraterrestre podía ofrecer en aquellos años.

Fernanda Melchor No en todos bordea los temas que quiere tratar. Uno de los relatos más largos e impactantes del libro, La casa del estero, cuenta una historia de un exorcismo real paso a paso. Incluso introduce algún momento en el que el lector no puede dejar de sonreír con la ironía de algunas de las situaciones expuestas:
Aquí no es Miami te invita a leer por la peculiaridad de lo narrado, por la violencia latente. Pero por lo que pasas una página tras otra es debido a la poética de su lenguaje. No importa que no estemos ante sucesos ficcionados, que podamos sentir un impacto mayor frente la lectura de esta obra. Melchor se desvincula por completo de lo que podría haber sido una cruda crónica periodística y se centra en la musicalidad de las palabras; rechaza la oportunidad de exponer un texto panfletario en defensa de su tierra para transmitir emoción a través de otros recursos mucho más literarios. Cada una de las crónicas no está exenta de denuncia social, pero escoge una exposición neutra de los hechos para que sea el lector el que se convierta en juez y verdugo.
La sonoridad que desprende cada uno de los párrafos expone la clara diferencia que existe entre una obra periodística y la construcción de una realidad ficcionada. Aún así, aprovecha sus conocimientos en prensa escrita para narrar de una forma breve y concisa. Que nadie confunda la elaboración de un texto bello con la de uno cargado de adjetivos que solo conviertan la lectura en algo farragoso y lento. La simplicidad prima por encima de todo y la búsqueda del término preciso que transmita lo que la autora busca mostrar es una constante a lo largo de los doce relatos.
No contenta con todo esto, Melchor aprovecha la oportunidad de tener a su disposición doce fragmentos para mostrar un ejercicio estilístico diferente en cada uno de ellos. Tenemos narraciones en primera, en segunda y en tercera persona; diálogos que se entremezclan con la voz del narrador; páginas enteras en las que el uso del punto se abandona. Un manual de estilo literario, y en menos de 160 páginas.
Título: Aquí no es Miami. Autora: Fernanda Melchor. Editorial: Literatura Random House (2018) Año de publicación: 2013. ISBN: 9786073160698 Páginas: 160 Precio: 15,90€ Ficha del libro en la web de la editorial: https://www.megustaleer.com/libros/aqu-no-es-miami-mapa-de-las-lenguas/MMX-008598
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Una entre muchas, de Una (2015)

Una entre muchas cuenta cómo la dibujante y narradora Una (británica cuya identidad es un misterio) fue víctima de abusos y violación cuando era menor de edad en 1977. Debido a lo poco relevante que resulta para el mundo un caso aislado —más aún en esos años— entremezcla su historia personal con la del Destripador de Yorkshire, que cometió sus asesinatos entre 1975 y 1980. Con este mecanismo, Una nos muestra cómo esos crímenes cambiaron a la sociedad inglesa hasta las raíces, y cómo el horror se instauró en las mujeres de la zona.

Mientras narra cómo la vergüenza y la culpa se instauraron en ella, nos enseña titulares en los periódicos de la época en los que podemos ver cómo la población apunta con el dedo a las mujeres por los ataques y las violaciones. Al Destripador, en un principio, se le acusó tan solo de asesinar a prostitutas, algo que poco después se demostró que no era cierto. Por ello, la policía y la prensa se dedicaban a advertirlas a ellas de que no caminasen solas por las calles, que evitasen determinadas zonas, determinadas áreas. Porque debían ser ellas las que hiciesen algo al respecto, las que no se vistiesen de forma provocativa, las que no tentasen a los depredadores con su sola presencia. No se trató de evitar los crímenes a través de la reeducación de los potenciales criminales, sino de las víctimas. Algo que por desgracia no ha cambiado demasiado desde entonces.
«Aunque cada una de ellas hubiera ido caminando por la calle en pelota viva, gritando «diez libras a quien toque mi precioso culo» a voz en cuello, eso no habría sido motivo para atacarla, por supuesto.»

Como podéis ver en las fotografías que añado, no estamos ante un cómic al uso. El texto y las ilustraciones se reparten por la página a su antojo, jugando unos con otros y tratando de provocar un efecto gracias a su originalidad. Aunque en algunos lugares introduce un tono de color, predominan el negro sobre blanco o el blanco sobre negro a lo largo de todo el libro. Encontraremos páginas sin palabras en las que la protagonista será perseguida por un lobo, páginas que se intercalan y comparan con la búsqueda del Destripador. A ello hay que sumar las imágenes en las que ilustra la carga que tuvo que llevar durante toda su adolescencia, representado por una joven cargando un pesado saco en soledad. No fue suficiente que sufrir esas experiencias: también tuvo que tratar de superarlas encerrada en sí misma mientras lidiaba con el día a día.

Puede que lo más devastador de esta obra sea el relato en primera persona acerca de cómo se ha enfrentado ella a lo largo de su vida a las secuelas de su trauma. Especialmente los primeros años, ya que no era siquiera consciente de lo que le había sucedido. El sexo no es percibido de la misma forma cuando eres un niño, y ello puede llevar a que ni siquiera sepas lo que te está sucediendo cuando eres víctima de abusos en la infancia. Eso no quita para que se instauren el malestar, las pesadillas y un miedo constante a que una especie de ente vaya a por ti. La narradora refleja a la perfección ese sentimiento de alerta, esa sensación de pánico de la que no puedes librarte en todo el día. Y sin tan siquiera conocer el origen de esa desazón.
*Si queréis saber más tanto sobre este asesino sobre cómo afectó esto a la ciudad donde vivió, os recomiendo la lectura de la tetralogía de Yorkshire de David Peace, compuesta por «1975», «1977», «1980» y «1983».
Título: Una entre muchas. Autor: Una. Traductor: Santiago García. Editorial: Astiberri (2016). Año de publicación: 2015. ISBN: 9788416251414. Páginas: 208. Precio: 19€ Ficha del libro en Astiberri: https://www.astiberri.com/products/una-entre-muchas
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Cometierra, de Dolores Reyes (2019)

Cometierra, de Dolores Reyes, duele. Duele por su reflejo de la realidad argentina, por las mujeres que no vuelven, por la normalización de la violencia.
Cometierra es apenas una niña, una adolescente que puede ver a los desaparecidos cuando come tierra. Por eso, los familiares de aquellos que han dejado de estar acuden a ella con latas y botellas llenas de tierra, con fotografías, con nombres. La casa se llena de esas presencias ausentes. Ella trata de ayudarles, pero no siempre se siente capaz de seguir tragando tierra debido a la crudeza de lo que ve.
La novela arranca con la muerte de su madre y su entierro. Su padre se ha ido, su madre ha muerto y su tía, aunque intenta cuidar de ella y de su hermano Walter, pronto los deja solos. Así, la vida de los dos transcurre entre cervezas, la Play y la música. A veces los amigos entran y salen como si la casa fuera suya. Y poco a poco, entre esas visitas, llegan también aquellos que buscan respuestas porque la policía ha dejado de buscarlas.
«El mundo debía ser más grande de lo que siempre había creído para que pudiera desaparecer tanta gente.»
La historia está narrada en primera persona. Una primera persona demasiado joven para contemplar lo que ve. Por eso busca la normalidad: salir con sus amigos, besarse con los chicos, experimentar. Pero el peso de sus visiones la persigue incluso en sueños, como ocurre con Ana, una de sus antiguas maestras, que le cuenta su final a pesar de que ella no quiera saberlo.
Dolores Reyes construye su historia con un estilo poético, dejando entrever más de lo que dice. Sus repeticiones y metáforas convierten el dolor en imágenes que se quedan.
«Nunca más mamá y yo.»

Dolores Reyes La violencia atraviesa la novela de múltiples formas. Asesinatos, secuestros, palizas, abandono, miseria. Barrios donde la gente desaparece sin que a nadie le importe, donde lo complicado es seguir con vida. Algunos de los que llegan hasta Cometierra lo hacen con la certeza de que solo podrán recuperar un cadáver. Que la muerte por violencia sea algo tan asumido resulta abrumador.
Aunque hay un policía en la historia, Cometierra no es una novela policíaca. No hay una investigación, no hay intriga en el sentido clásico. Pero el duelo, la ausencia y la impunidad hacen que esta historia transite por los márgenes del género negro. Para mí, desde luego, no hace falta más para decir que esta novela lo es. Y mucho.
Es el debut literario de Dolores Reyes y, en cada capítulo, recuerda a la prosa de Selva Almada.
Título: Cometierra. Autora: Dolores Reyes. Editorial: Sigilo. ISBN: 9788494899355. Número de páginas: 176 Precio: 18€ Ficha del libro en la web de la editorial: https://www.sigilo.com.ar/narrativa-argentina/cometierra-dolores-reyes/
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¿Qué es la novela negra?

Si contabilizásemos las definiciones dadas a lo largo de los años sobre qué es la novela negra, la lista sería interminable. Casi en cada festival hay una mesa para discutir sobre qué entra en el género y qué no. Y si hablamos de coloquios para debatir sobre la novela negra escrita por mujeres, la lista sería más larga aún. Los buenos lectores de género negro (o policíaco, o de misterio, o criminal) creen reconocer qué puede meterse en este saco. Sin embargo, las modas y los intereses editoriales han incluido dentro de esta etiqueta libros de los que los expertos afirman una y otra vez que no tienen cabida ahí.
¿A qué se debe esto? Sin tener una respuesta certera, apostaría que se debe a una tradición arraigada en exceso. En el ensayo A quemarropa publicado este mismo año por Àlex Martín Escribà y Jordi Canal Artigas (Editorial Alrevés) se disecciona este concepto. Dividen sin ninguna duda a la novela policíaca de la negra, así como a la de espías, el true crime, el suspense o el thriller. Todos estos subgéneros aparecen, pero remarcando que son otra cosa diferente. Para resolver el entuerto, o retorcerlo aún más, tenemos a Otto Penzler con esta maravillosa definición:
«La categoría de lo noir no difiere mucho de la de lo pornográfico, en el sentido de que ambas resultan virtualmente imposibles de definir, pero todo el mundo cree saber reconocerlas cuando las ve.»
Otto Penzler.En A quemarropa podemos observar que son varios los estudiosos que determinan el período en el que se desarrolló este género y que lo sitúan entre los años 20 y los 50 (el clásico período de entreguerras para un género que surgió como un revulsivo a un momento histórico concreto), y como mucho algunos lo alargan hasta los 70. Y que todo lo que no entra ahí, ya es otra cosa. Se cita a autores como Dashiell Hammett, Raymond Chandler, W. R. Burnett, James M. Cain, Horace McCoy o William Irish. Por si alguien no se ha fijado, todos ellos hombres.
Con posterioridad surgieron algunos subgéneros en los que ya se incluye a escritoras, como Patricia Highsmith dentro del suspense. Pero se les califica de subgéneros. Independientemente del orden de prioridad de unos y otros, hay grandes autoras olvidadas que sí que tendrían cabida dentro del canon. Es habitual que se dejen fueran a Dail Ambler a pesar de que en su momento fue comparada a Raymond Chandler y a Mickey Spillane. También a Craig Rice, tal vez por introducir el humor en sus hardboiled (aunque nadie desprecia a Hammett por haber escrito El hombre delgado).
También se olvidan de Dorothy B. Hughes, que creó como narrador en primera persona a un asesino en serie en 1947 (¿os suena El asesino dentro de mí de Jim Thompson de 1952, del que muchos afirman que fue la primera narración de un asesino serial en primera persona?). Y ni siquiera se suelen acordar de Vera Caspary más allá de su adaptación a la gran pantalla de Laura, considerada como una de las mejores películas de cine negro de la historia.
Si ellas —y muchas otras— han desaparecido de los manuales de referencia, de las colecciones recopilatorias de los grandes títulos, ¿cómo van nuestras autoras actuales a tener referentes? ¿En qué espejo van a mirarse? En el de los escritores. Y precisamente por ello, se les exige parecerse a ellos, adaptarse a un canon que ha sido creado por ellos y para ellos. Y, o siguen las reglas del juego, o se quedan fuera. Al fin y al cabo, lo que no se ve no existe.
¿Por qué nadie cuestiona a Domingo Villar, que construye novelas policíacas en las que lo policíaco queda en un segundo plano? ¿O a Carlos Zanón, que publica Taxi afirmando que no es negra, pero se la incluye en el género de todos modos? Porque poseen calidad más allá de las etiquetas. ¿Significa eso que las escritoras de género no poseen calidad a la hora de componer sus tramas o de crear con un estilo depurado? Desde luego que no, pero sí que se les exige que demuestren su valía el doble que a sus compañeros. No solo demostrar que su trabajo puede catalogarse con la etiqueta de negro, sino también que su calidad está a la altura de la de ellos.
¿Acaso las obras de Claudia Piñerio, Rosa Ribas, Empar Fernández, Selva Almada, Alicia Giménez Bartlett, entre muchas otras, no tienen calidad? Y ya pongo como ejemplos a las que han conseguido un estatus en el que este tipo de asuntos no se cuestionan, pero se sigue cuestionando su valía dentro de los estándares del género. Novela a novela.
Durante siglos el enfoque masculino ha sido considerado como universal, porque tan solo ellos representaban el mundo a través de sus novelas. Cuando las mujeres han tratado de mostrar su mirada en el arte, en la literatura o en el cine, se ha calificado a ese tipo de trabajos como femeninos ( y de una manera despectiva). La mirada del hombre muestra la realidad de una forma tan sesgada y parcial, o tan certera y única, como lo puede hacer una mujer.
No cuestiono la valía de aquellas novelas que se ajustan a los dictados de un género que surgió hace casi cien años y que algunos se empeñan en no dejar evolucionar. Pero sí que cuestiono que solo ese patrón deba ser el válido a la hora de reconocer a una novela como perteneciente al género negro. Porque ni la sociedad, ni quien la habita, tienen demasiado que ver con aquel momento y aquella época. Y quienes escriben ahora tienen poco en común con los padres del género.
Si alguien pensaba encontrar una respuesta al título de esta reflexión, ya lo siento. Mi intención era más bien la de plantear preguntas y exponer un punto de vista que sé que muchos y muchas compartís. El género negro no es un templo infranqueable. Y somos muchos los que creemos que ya va siendo hora de que se permita derribar algunos muros.
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La pared vacía

Punto de partida
Bienvenidos a todos a La pared vacía. Estáis ante un nuevo espacio dedicado a creadoras de ficción y no ficción negro-criminal. Sí, solo a creadoras.
A pesar de que —por suerte— las cosas parecen estar cambiando, a la literatura de género negro le queda muchísimo camino por andar todavía. En este último año he tenido que escuchar todavía a más de uno y de una afirmar que la novela negra escrita por mujeres no posee tanta calidad como la escrita por los hombres. Que si a las mujeres no se les invita tanto a los festivales será porque no merecen tanto como ellos estar ahí. O incluso que a las mujeres ahora se les publica más que a los hombres (algo que se puede comprobar con dar una vuelta por las mesas de novedades de cualquier librería).
Presencia en premios y festivales
Salvo algunas excepciones, son muchos los festivales que siguen invitando a las autoras solo para calzar las mesas y que no resulte tan sangrante que en un porcentaje muy elevado sus invitados son tan solo autores. El tema de los premios da para un artículo a parte, tanto por el número de autoras premiadas como por la presencia de las mismas en las nominaciones.
Que en la lista de nominados de este año al Memorial Silverio Cañada (premio a la mejor primera novela negra de la Semana Negra de Gijón) se encontrase una obra escrita con pseudónimo —y que por lo tanto sea imposible saber si esta era la primera o la décima novela negra de quien la firma— denota la falta de ética y de fondo lector de aquellos que se atrevieron a poner ese libro en la lista.
Del hartazgo de todo eso, nace La pared vacía. Mi única intención con esta web es proporcionar un espacio para visibilizar el trabajo de todas aquellas creadoras a las que aún les cuesta que se les vea más que a sus compañeros. Revisad las críticas y reseñas de casi cualquier web o periódico especializado en este país. Hay gloriosas excepciones en las que encontramos mayor equidad, pero no suele ser habitual. ¿Que se publican menos textos de género escritas por mujeres? Sí, es cierto. ¿Pero creéis con sinceridad que la proporción de lecturas y de espacio dedicado a ellas es equitativo en cuanto a número de publicaciones?

Aileen Wuornos Contenido
Como sé que no es así, me he traído a La pared vacía gran parte de mis reseñas en Leer sin prisa de novelas de género escritas por mujeres. Para empezar con un pequeño archivo con el que daros ideas para futuras lecturas. En ellas se puede ver la evolución de mis selecciones, y cómo unos años el reparto fue más equitativo entre escritores y escritoras, y otros no tanto.
También hay alguna reseña en la que mi enfoque es bastante dudoso, y en las que he puesto en tela de juicio la validez de esas obras dentro del género tan solo por haber sido escritas por una mujer. Yo he sido la primera que me he equivocado en numerosas ocasiones y estoy tratando de reeducarme desde el feminismo para no hacer de menos a una obra en función de quién la firme. Pero cuesta despojarse de toda una vida educada en el machismo.
Secciones y apartados
Desde la página de inicio ya podéis ver algunos de los temas que quiero abordar en este espacio. Aunque grueso del contenido será la literatura, el querer aproximarme a las obras de no ficción me llevó a plantearme otros campos. Las series, los documentales y las películas policíacas están en pleno apogeo, y me gustaría visibilizar también el trabajo de directoras y guionistas en este tipo de soportes. Lo mismo con el cómic. Cuesta citar a guionistas y dibujantes de género que no sean Altarriba, Keko o Juan Díaz Canales, y la dificultad a la hora de encontrar a creadoras de cómic me sirvió como excusa para querer incluirlas aquí también.

Enriqueta Martí Nombre y significado
La pared vacía es una novela de Elisabeth Sanxay Holding en la que la protagonista se plantea la necesidad de un espacio propio como mujer y madre dentro de su propia casa. El noir debería tener cabida para todo tipo de variantes y estilos, pero no siempre parece ser así. Ese título también me evoca la idea de una pared vacía de títulos y reconocimientos, justo lo que le ocurre al género negro-criminal escrito por mujeres en este país. No me centraré tan solo en escritoras nacionales, pero sí trataré de darles prioridad frente a las de fuera.
Mi única intención con esta web es que descubráis nombres que igual desconocíais, o despertaros el interés por alguna obra en particular. No busco dar lecciones ni tratar de convencer a nadie. Cada uno es muy libre de leer lo que le apetezca y cuando le apetezca. Pero si eres de los que se guían de las novedades para escoger lecturas es más que probable que, si no realizas un esfuerzo consciente de leer a más autoras, a fin de año en tu lista estas no ocupen más de un 10% del total.