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Tierra vencida, de Ann Pancake (1989-2012)

Las colecciones de relatos suelen ser una forma excelente de acercarse a la prosa de un autor. Más aún si, como esta, surge de manera arbitraria gracias a la recolección de historias creadas en diferentes momentos y para distintos tipos de publicaciones. En Estados Unidos sigue siendo frecuente la publicación de cuentos en revistas literarias y, gracias a estos medios, podemos contar con la creación de volúmenes tan impactantes como este Tierra vencida.

Marion Post Wolcott
Unemployed Coal Miner’s Daughter Carrying Home Can of Kerosene – West Virginia 1938Doce son las historias que contiene este volumen, unas más breves que otras. En origen, algunas fueron publicadas en los años 90 y otras ya en los 2000. Es por ello que este libro se muestra tan representativo de una escritora por completo desconocida en estas latitudes. El estilo de Ann Pancake ha sido comparado con el Steinbeck en parte debido a que sus ficciones se enmarcan en Virginia Occidental, un lugar en el que parece haberse detenido el tiempo y que ha sido considerado como el más triste y pobre de todo EE.UU., según una reciente encuesta. Ya podéis imaginaros el tono y las sensaciones que transmite Pancake.

Marion Post Wolcott
Coal miners child with pipe and gun – West Virginia 1940A pesar de sus diferentes argumentos en los relatos de Tierra vencida encontramos varios nexos de unión. Los narradores de todos ellos se enmarcan en unas edades que rondan la adolescencia —a excepción de Chicos redneck, en el que deja claro que su protagonista acaba de alcanzar la treintena. Sin embargo, año arriba o año abajo, todos ellos tienen una mirada que combina la juventud de su edad con la madurez que proporciona el paraje donde se ambientan las historias. Los Apalaches son un emplazamiento hostil, duro, aislado. Pese a la inocencia que se puede apreciar en algunos puntos, predominan una sensatez y una sabiduría que se alejan mucho de la que pueden tener los adolescentes de otros lugares de su misma edad. La protagonista de Wappatomaka se enfrenta con total naturalidad a las crecidas de los ríos, sabiendo que debe subir a la primera planta de la vivienda todo aquello que no quieren que se eche a perder. La de Hierba alta, convierte a su madre en abuela a los veintisiete, y a su abuela en bisabuela a los cuarenta y dos. Y la de Renacimiento se enfrenta en soledad al parto de su hijo muerto.

Marion Post Wolcott
Mother, Wife and Child of Unemployed Coal Miner – West Virginia 1938Las relaciones paternofiliales, más incluso que las maternofiliales, resultan imprescindibles en el aprendizaje de cada uno de los personajes. La relación con el entorno, con el mundo de las minas de carbón, con el frío de los inviernos —unos de esos fríos que provocan que las personas exuden vapor. Las experiencias y vidas narradas son fruto de la supervivencia y, como se puede ver en A por leña, el desencanto es una constante en sus vidas:
«…entonces supe que, aunque ni ella ni yo éramos felices, al menos ella había aprendido a no hacerle demasiadas preguntas a su decepción».
Otro de los puntos interesantes a nivel estructural es que en algunas de las historias tendrás que llegar casi hasta el final para saber si estamos ante un narrador o una narradora. Y eso es debido a que no tiene la más mínima relevancia. Las experiencias, los sentimientos, las emociones mostradas en este libro son de carácter universal, y esto conlleva una despersonalización total de las voces que difunden esas ideas. Me atrevo incluso a aventurar que la autora juega con los prejuicios del lector a través de diversos comportamientos de sus protagonistas, para que nos demos cuenta de que es nuestra mente la que le asigna una voz u otra, no ella.

Marion Post Wolcott
Child of coal miner, Jere, Scotts Run, West Virginia, 1938Aunque leer una versión traducida siempre juega en contra a la hora de valorar la riqueza del uso del lenguaje, para ello sale en nuestra ayuda el traductor Javier Lucini. Hay que añadir que se puntualiza en la página de créditos que esta traducción no habría sido posible sin la colaboración de Tomás González Cobos y de la propia Ann Pancake. Y es de recibo remarcar que el texto resulta del todo fluido y sin fisuras. A esto me gustaría añadir la calidad de la edición de Dirty Works, con un ejemplar en rústica cosida en la que el color negro de las páginas que titulan los relatos proporcionan un matiz que le da homogeneidad a la obra.
Listado de los relatos de Tierra vencida y sus lugares de publicación originales:
- Sin fantasmas – “Ghostless» – Virginia Quarterly Review 71.2 (Spring 1995): 270-79.
- Renacimiento – “Revival” – Virginia Quarterly Review 76.4 (Autumn 2000): 713-720.
- Jolo – “Jolo” – Mid-American Review 21.1 (Fall 2000): 6-22. // “Jolo” Backcountry: Contemporary Writing in West Virginia. Ed. Irene McKinney, Morgantown, WV: WVU Press, 2002. 209-223.
- Wappatomaka – “Wappatomaka» – Antietam Review 14 (Spring 1994): 11-12.
- Tierra – “Dirt” – The Chariton Review 26.2 (Fall 2000): 21-25.
- Hierba alta – “Tall Grass» – Shenandoah 47.4 (Winter 1997): 30-32.
- Hermana – “Sister» – Wind 22.70 (1992): 54-61. // “Sister» – Best of Wind. Ed. Steven R. Cope and Charlie G. Hughes. Lexington, Kentucky: Wind Publications, 1994: 186-93.
- Carnada – “Bait” – The Southeast Review 21.1 (Spring 2001): 64-80.
- A por leña – “Getting Wood» – Antietam Review 9 (Spring 1989): 17-18.
- Chicos redneck – “Redneck Boys” – Grit Lit: A Rough South Reader. Ed. Tom Franklin and Brian Carpenter, Columbia, SC: The University of South Carolina Press, 2012. 313-321.
- Temporada de cuervos – “Crow Season” – Chattahoochee Review 21.2 (Winter 2001): 93-98.
- Cultivo comercial: 1897 – “Cash Crop: 1897″ – The Massachusetts Review 40.1 (Spring 1999): 11-25.
*Las imágenes que acompañan esta entrada son de Marion Post Wolcott, fotógrafa estadounidense que trabajó para la Farm Security Administration y que documentó durante la Gran Depresión estadounidense situaciones de pobreza y necesidad. De 1938 a 1942, Wolcott viajó por Estados Unidos, y su primer destino fue precisamente West Virginia. Su madre le aconsejó que observase el entorno para entender mejor a las personas que quería fotografiar.
Título: Tierra vencida. Autor: Ann Pancake. Traductor: Javier Lucini. Editorial: Dirty Works. (2019). ISBN: 9788494775079. Páginas: 184. Precio: 22 €. Ficha del libro en Dirty Works: http://www.dirtyworkseditorial.com/ann-pacake
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Cuando es invierno en el mar del Norte, de Leticia Sánchez Ruiz (2019)

El cadáver de un hombre sin identificar es encontrado en una playa cercana a la Isla de Or. Es el suegro de Dora, una de las narradoras de la novela— quien da con él en uno de sus paseos— y la descripción del aspecto del cuerpo deja a toda la familia en estado de shock. No tendrán que pasar muchos días para que Dora vea en la primera página del periódico que se trata de un hombre que estaba desaparecido: Antonio Trigo. A partir de ese momento, Dora se obsesionará con el caso y la pérdida reciente de su empleo como periodista cultural hará que decida indagar por su cuenta.
Por otro lado tenemos a dos policías en la casa de los Larfeuil, en la Isla de Or. Todo parece apuntar a que el cadáver de Antonio Trigo fue arrojado al mar desde esa isla la noche en la que celebraron una especie de fiesta para despedirse del abuelo, al cual acaban de enterrar esa misma mañana.
La narración transcurre con dos voces alternas en primera persona. Por un lado Dora, mujer joven que acaba de separarse de su novio Matías y que ha perdido su trabajo. A través de sus palabras, nos adentraremos en los recovecos de la mente para comprobar hasta qué punto puede alterarnos esa sensación de soledad, de desesperación, de vacío, de nada, que hacen que el reloj se detenga. Por otro lado Guillermo, uno de los miembros de la familia Larfeuil que se verá en la necesidad de sospechar de cada uno de sus compañeros de interrogatorio al modo de los clásicos misterios de habitación cerrada.

Leticia Sánchez Ruiz «Porque eso fue lo que decidí, que el carpintero de Maravillas era un hombre bueno, machadianamente bueno, y lo habían asesinado, le habían arrebatado sus pequeñas cosas tal vez en un segundo, y deseé que en ese segundo al menos no hubiera tenido dolor ni miedo. Lloré pensando en su puntualidad y en su rutina, en su bar de siempre, en su forma de echar el cierre del negocio, en el olor a madera de ese taller, en su mujer poniéndole la cena cuando la radio anunciaba las nueve de la noche, en el poco dinero que llevaba en la cartera, en su indefensión. Lloré por Antonio Trigo y lloré también por mí, porque nadie se apena con fuerza de la desgracia ajena si no es porque de ella algo le toca.»
Las descripciones físicas se aparcan a un lado para centrarse en el análisis de sus almas. El dolor, el abandono, la soledad, todos ellos son únicos y diferentes para cada uno, pero poseen rasgos comunes que identificamos cuando se abordan como consigue hacerlo Sánchez Ruiz. El texto está cargado de simbolismo, y aspectos como que una familia haya vivido en una isla que en el pasado se utilizó para internamiento de personas con problemas mentales dice más de sus personajes que párrafos y párrafos con multitud de detalles.
Título: Cuando es invierno en el mar del Norte.
Autor: Leticia Sánchez Ruiz.
Editorial: Pez de Plata. (2019).
ISBN: 9788494917745.
Páginas: 320.
Precio: 21,90 €.
Ficha del libro en Pez de Plata: https://editorialpezdeplata.com/coleccion-narrativa-pez-de-plata/43-cuando-es-invierno-en-el-mar-del-norte-9788494917745.html -
Sánchez, de Esther García Llovet (2019)

La noche de San Lorenzo bajo una lluvia de estrellas, Nikki y Sánchez recorrerán las calles de Madrid. No el Madrid que estáis pensando. No el Madrid de la Cibeles, de Gran Vía o de Plaza Colón. No. Este Madrid es el del extrarradio, el del otro lado de la M30, el Madrid en el que de verdad pasan las cosas, pero al que a nadie le importa lo que allí suceda. Sitios de paso, y gentes de paso. Nikki y Sánchez estuvieron juntos en un pasado no muy remoto, y la noche en la que transcurre toda la novela se reencuentran. Toda la acción se desarrolla en un coche o al aire libre, todo el movimiento, tanto el personal como el físico, no se encuentra delimitado por cuatro paredes.
La trama, como es habitual en García Llovet, podríamos definirla como extraña. Sánchez necesita dinero para pagar una deudas de juego, y ha tenido la gran idea de venderle un galgo de carreras a una italiana. Un galgo que no tiene. Nikki tratará de ayudarlo a conseguir uno, y ahí entrarán en juego Bertrán y su perro Cromwell.
A pesar del punto disparatado e incluso divertido del planteamiento, el peso de la trama se traslada por completo a la prosa de la escritora. Frases cortas, diálogos que recuerdan a los de un guión de cine, descripciones escasas y medidas. Todo se reduce al estilo, a la forma que García Llovet tiene siempre de narrar, de dar en el clavo a la hora de escoger justo la frase precisa que delimita todo.
«La gente con pasta parece siempre que está por encima de las cosas, pero lo cierto es que está detrás de todas las cosas».
«Qué buenos somos aprovechando las sobras, lo blanco del filete».
«Solo había que entrar a medianoche en el salón con los regalos, saludar con la mano y marcharse, que es lo mejor que saben hacer los Reyes».
A pesar de que la obra se titule Sánchez, la verdadera protagonista es Nikki. Ella es quien nos cuenta todo, cuánto hace que no veía a Sánchez, por qué le ha gustado siempre tanto ese aire de guapo despistado que posee. Sus personajes resultan muy andróginos, y perfectamente podrían intercambiarse para pasar a ser Sánchez una mujer y Nikki un hombre. Se desprende por completo de los estereotipos sociales y crea a personajes que suenan a personas. Es muy probable que exista un Sánchez ludópata en la M30 que esté tratando de participar en una carrera de galgos con un coche lleno de cajas apiladas y envoltorios de Pantera Rosa por el suelo.
Desconozco la manera de trabajar de García Llovet, pero el texto transmite mucho trabajo y mucha reescritura. Tan solo los textos que han sido pulidos y reescritos una y otra vez tienen ese ritmo y esa sonoridad en la que cada cosa se percibe en su sitio. Sanchez tan solo se compone de 130 páginas, algo a lo que esta autora nos tiene acostumbrados ya, y la verdad es que no le hace falta ni una sola página más. En tan breve espacio físico, consigue analizar a todas esas personas que son invisibles para la sociedad, pero que son quienes componen el entramado real de las ciudades. Ellos son quienes en realidad las viven y las recorren. El resto vivimos recluidos entre nuestras cuatro paredes sin saber lo que pasa ahí fuera. No sabemos lo que nos estamos perdiendo.
Título: Sánchez. Autor: Esther García Llovet. Editorial: Anagrama. (2019). ISBN: 9788433940018. Páginas: 136. Precio: 16,90€. Ficha del libro en Anagrama: https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/sanchez/9788433998675/NH_618
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El viento que arrasa, de Selva Almada (2012)

El reverendo Pearson y su hija Leni son dos nómadas que recorren la Argentina en su furgoneta. El azar quiere que se queden tirados en medio de la carretera y que terminen en el taller de Brauer y su hijo Tapioca. Aunque resulte extraño, este podría ser el resumen de toda la acción que transcurre en la novela. El viento que arrasa es una obra en la que la inacción es muy relevante, y sobre todo en la que destaca todo aquello que está fuera de las páginas del libro. Lo que no pasa, lo que no se dice, lo que no se cuenta.
El encuentro casual de estos cuatro personajes le dan a Selva Almada la excusa para analizar los desencuentros que han sucedido en el pasado de ambas familias, familias por completo desestructuradas. En el caso de Pearson y Leni, descubrimos que Pearson abandonó a su mujer. En el caso de Brauer y Tapioca, que fue la madre de Tapioca quien le dejó en brazos de un padre que él no reconoce como tal: Brauer no ha tenido valor para contarle al muchacho que en realidad él es su padre biológico y que debido a ello su madre le dejó con él.
Esto conlleva que Leni viva con un miedo constante a que su padre pueda abandonarla al igual que hizo con su madre. Este miedo desencadena una relación de sumisión en la que el amor paternofilial resulta del todo imposible. Existe miedo, inseguridad, rechazo. Pero no amor. Sumado a esto, hay que tener en cuenta que Leni no solo no tiene raíces, sino que además carece de un lugar a donde regresar. No posee un hogar, un lugar marcado en el mapa con una equis, un columpio en el jardín. Del mismo modo, Tapioca se encuentra en una situación similar. Apenas recuerda a su madre, desconoce si esta estancia con Brauer es temporal o si su futuro estará unido a ese taller.

Selva Almada El viento que arrasa es una obra profundamente teatral. Tan solo disponemos de dos espacios, el taller y todo lo que hay fuera de él. El taller provoca una sensación de claustrofobia, de encerramiento, de cárcel. Debido a ello el movimiento físico de los personajes desaparece, todo se centra en los diálogos, y la atmósfera y la ambientación logradas hacen de esta novela un lugar de retiro. A ello contribuye la prosa, con un poso poético, un ritmo y una musicalidad que empapan cada una de las frases. El texto transmite una honda preocupación por el uso del lenguaje, por la elección de la palabra perfecta respecto a sí misma y al todo.
A pesar de tratarse de una primera novela, estamos ante una obra que muestra una madurez narrativa que encandila al lector. Almada tan solo necesita cuatro páginas para crear una composición de lugar y de personajes que nos introduzca en la historia y no nos suelte ya. Todos aquellos amantes de la novela norteamericana sureña, de autores como Carson McCullers, Eudora Welty, Flannery O’Connor no pueden dejar escapar esta obra. Y que no os engañe que tan solo aparezca una mujer en la obra. Esa es la excusa que la autora esconde para mostrar cómo sobrevivimos las mujeres en un mundo de hombres. Selva Almada es ya una de las voces argentinas más potentes y con mayor proyección.
Título: El viento que arrasa. Autor: Selva Almada. Editorial: Mardulce (2012). ISBN: 9788494286940 Páginas: 168. Precio: 13€. Ficha de prensa del libro en Mardulce: http://www.mardulceeditora.com.ar/ampliar_prensa.php?id=10
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Tuya, de Claudia Piñeiro (2005)

Inés Pereyra es una señora de su casa. Cuida a su marido, le plancha la raya del pantalón, cuida de su hija Lali. Mientras, Ernesto tiene una aventura con Alicia. Inés no sospecha nada hasta que una noche escucha una conversación telefónica en la que descubre el engaño. Alicia se empeña en ver a Ernesto. Ernesto se inventa una excusa para salir de casa a esas horas de la noche. Inés le sigue. Ernesto discute con Alicia, y accidentalmente Alicia muere en un forcejeo fatal. Inés lo ve todo desde la distancia, y decide hacer lo que una buena esposa haría: encubrir a su marido.
Este es solo el arranque de un magnífico policial que solamente necesita de 165 páginas para construir una trama compleja y llena de sorpresas. La narración en primera persona de Inés se alterna con capítulos que presentan pruebas forenses y con otros dialogados en los que descubriremos que Lali, la hija de Inés y Ernesto, es una adolescente embarazada que trata de tomar una decisión.
A pesar de la brevedad de esta novela abruma la cantidad de temas que aborda: la visión distorsionada que muchas parejas tienen de su matrimonio, la mentira y el engaño, las dificultades a la hora de abordar un embarazo por parte de una adolescente. Resulta curioso leer sobre este particular desde la distancia (esta novela es de 2005) conociendo el alto grado de implicación de la autora en la defensa de una ley que proteja a las mujeres del aborto en Argentina, ley que en 2018 se ha tirado para atrás, dejándolas desamparadas bajo una ley de 1921.

Claudia Piñeiro Al contrario de lo que pueda parecer por el argumento, Tuya es una novela narrada con un punto de humor que le aporta el tono perfecto a la trama. Inés es una mujer frívola, que no quiere que su vida acomodada se vea alterada, pero tampoco soporta que su marido se ría de ella. A lo largo de la historia se debate entre ambos sentimientos sin tener muy claro dónde quiere que acabe todo. Está claro que la relación con su marido no es tan buena como le gustaría, y aunque en apariencia está satisfecha, su castillo de arena se desmorona cuando le ve comportarse con otras como le gustaría que lo hiciese con ella.
Si tuviese que destacar un elemento de esta obra serían sin duda los diálogos. No solo por la fluidez que otorgan a la historia, sino por los silencios tan estudiados que introduce en las conversaciones; las sensaciones se cuelan a través de la forma de hablar. A pesar de que la trama de Lali pueda en un principio parecer secundaria, cobra un peso y una fuerza narrativa enormes. Y lo consigue en tan solo en una docena de concisos capítulos.
Tuya es la primera novela de género negro de Claudia Piñeiro, y este arranque no hace más que ponernos los dientes largos sobre lo que ha venido detrás.
Título: Tuya. Autor: Claudia Piñeiro. Editorial: Alfaguara (2005). ISBN: 9789870409878 Páginas: 168. Precio: 16,50€. Ficha del libro en Alianza: https://www.megustaleer.com/libros/tuya/MAR-013988
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El asesino sin rostro, de Michelle McNamara (2018)

La historia de El asesino sin rostro y de Michelle McNamara es una de esas narraciones que te hacen recuperar la fe en la humanidad gracias al trabajo y la perseverancia de algunas personas. Durante años, McNamara trató de reunir todo tipo de pruebas, evidencias, declaraciones y conjeturas acerca del que llamó en su libro como VZE (Violador de la Zona Este). Desde 1974 hasta 1986 este llegó a cometer al menos cincuenta violaciones y diez asesinatos. Hubo muchos indicios acerca del tipo de hombre que era, cuánto medía, cómo era su constitución. Hasta llegó a lograrse un perfil completo de su ADN pero, sin ningún otro con el que poder ser contrastado, su identidad era un absoluto misterio. En 2013 McNamara comenzó a interesarse por el caso, y poco tiempo después se convirtió en una auténtica obsesión para ella. Atesoró más de 3.500 archivos en su ordenador con información de los casos y habló con todo aquel dispuesto a contarle algo de lo visto o vivido en aquella época. Estuvo cerca, muy cerca. Pero en abril de 2016, falleció.
Cuando McNamara murió, El asesino sin rostro no estaba del todo construido como un producto final. Había miles de anotaciones, artículos y partes del libro que sí se habían llegado a redactar como tal. Fueron sus editores y su marido quienes decidieron que todo ese material debía ver la luz, y compusieron lo que hoy en día es este True Crime. Obviamente, la disposición es algo caótica, no hay una correlación perfecta de los sucesos, hay saltos adelante y atrás en el tiempo, y una amalgama de materiales.Pero todo esto consigue convertirlo en un volumen especial y con un formato que resulta perfecto. Cuando eché un vistazo a la estructura de esta obra lo primero que me vino a la mente fue una caja con multitud de fichas, cuadernos, fotos y recortes. Y aunque el texto es continuo, sí que recuerda un poco a esos corchos que hemos visto en series y películas con multitud de material clavado a ellos.

McNamara arranca hablándonos de cómo el cuarto de juegos de su hija se convirtió en su centro de operaciones, cómo los peluches y las pinturas de colores fueron sustituidas por imágenes sangrientas y expedientes policiales. Este tipo de pinceladas son las que consiguen que el lector se identifique con la autora: los espacios domésticos, el empeño por dar con el culpable, las preocupaciones de quienes llevaron los casos al ver que la investigación se alargaba en el tiempo sin resultados. La autora nos explica cómo el VZE sembró el pánico, cómo se modifico la forma de vida de los vecinos de la zona, de qué modo se multiplicaron los cerrojos, que se eliminasen árboles y zonas que favoreciesen que una persona permaneciese escondida, que aflorasen la patrullas vecinales y se multiplicase el insomnio. Y no era para menos: el VZE atacaba a sus víctimas dentro de sus casas, y durante gran parte de su trayectoria criminal obligaba a las parejas a que estuviesen presentes durante la violación.
A pesar de la crudeza de lo narrado, el texto destaca por el profundo respeto que McNamara muestra hacia las víctimas. Cada una de ellas es un caso a escuchar e investigar, no las concibe como un número más de una lista. Expone cada situación, cada pareja, con la importancia y la consideración que merecen. Todos aquellos que no han querido aparecer en el libro con su nombre real aparecen bajo pseudónimo, y no se recrea con los aspectos más morbosos de los casos. Expone, analiza y extrae conclusiones.

Melanie Barbeaux sostiene una foto de dos víctimas del asesino del Golden State Aunque no he leído demasiadas obras de este género, esta tiene algo especial. Quizá sea la cercanía que McNamara exhibe abriéndose al lector y mostrando su obcecación sin paños calientes. Reconoce que no puede dormir, que no puede pensar en otra cosa que en el VZE. Que necesita dar con él, que no soporta que semejante alimaña permanezca libre e impune. El dolor mostrado por los agredidos también le otorga de una humanidad que no he visto en otros True Crime. El equilibro entre profesionalidad y cercanía es perfecto, y consigue que suframos con ella, que sintamos su frustración por no poder cerrar el caso.
Quienes no sepan nada acerca del Asesino del Estado Dorado, como se le llamó posteriormente, que no sigan leyendo, y de este modo este la historia será mucho más especial: en abril de este año 2018 finalmente fue apresado, tan solo dos meses después de la publicación del libro de McNamara en EE.UU. Por desgracia, ella ya no estaba para presenciarlo, pero realmente no importa. La autora siempre dejó muy claro que su único objetivo era ayudar a su identificación, pero que lo menos relevante era quién se colgase las medallas por lograrlo. Soñaba con que el criminal, en algún momento de su vida, oyese a sus espaldas las puertas de una prisión cerrándose tras de sí. Y lo consiguió.
Título: El asesino sin rostro (I'll be gone in the dark). Autor: Michelle McNamara. Traductor: Eduarto Iriarte. Editorial: RBA. (2018). Año de publicación: 2018 ISBN: 9788491871446. Páginas: 384. Precio: 19€. Ficha del libro en RBA: http://www.serienegra.es/catalogo/asesino-sin-rostro_616
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Pájaros de la lluvia, de Clarissa Goenawan (2018)

Ren Ishida acude a Akakawa cuando le notifican que su hermana Keiko ha sido asesinada. Son muy pocas las pistas que la policía tiene sobre el caso, y nada apunta a vaya a ser posible dar con el culpable. Keiko fue encontrada a primera hora de la mañana, apuñada en la calle, tras una noche de intensas lluvias. Lo que en principio parecía una corta visita para recoger los objetos personales de Keiko se convertirá en una estancia de seis meses en una extraña y macabra invasión de la vida de su hermana: Ren terminará sustituyendo a Keiko en su mismo puesto de trabajo como profesor de inglés y se hospedará en la misma habitación en la que su hermana vivía. Dormirá en su cama, guardará sus objetos personales en el mismo armario, ocupará su misma mesa de trabajo, enseñará a sus mismos alumnos. A través de este proceso de sustitución, Ren descubrirá lo poco que sabía acerca de la vida de su hermana, de su forma de ser, de cómo se relacionaba con los demás.
A las pocas páginas de Los pájaros de la lluvia, se pueden ver claramente las influencias japonesas de Goenawan. No solo por la elección del paisaje y de los protagonistas, sino especialmente por la cadencia y el ritmo del texto. Si nadie nos dijese que la autora es de origen indonesio nadie dudaría en ubicar esta obra dentro del universo nipón. Los temas también son propios de este tipo de literatura. Esa manera de afrontar la pérdida de un ser querido, el opresivo tratamiento de la soledad, la forma de encarar el dolor. Para todos estos temas, se escoge al personaje de Ren como estandarte a la hora de confrontarlos, pero Goenawan ubica un extenso elenco de secundarios que pasan por circunstancias parecidas para, así, aportar diversos puntos de vista.
Cuando empecé a leer Pájaros de la lluvia, tras un primer capítulo en el que Ren dialoga con la policía sobre su hermana y sobre el caso, tenía bastante claro que estaba ante una novela negra. Pero no lo tenía tan claro una vez terminado el libro. La trama policial no sirve más que de excusa para abordar una serie de temas que resultan mucho más efectistas cuando la pérdida de un ser querido es debida a una muerte violenta que ante un fallecimiento natural. Las preguntas son más y mucho más complejas, y ese dolor producido por el hecho de saber que alguien a quien querías ha muerto en el asfalto, solo, bajo la lluvia, resulta mucho más impactante.

Clarissa Goenawan Pájaros de la lluvia es una novela acerca de la propia identidad que teoriza acerca de la cantidad de parcelas de nuestro ser que no permitimos que nadie llegue nunca a conocer. Siempre hay una parte de nosotros que permanece oculta y enterrada para los demás, que no mostramos. A veces ni siquiera a aquellos que creen conocernos mejor. Quizá por ello cuando salen a la luz nadie las considera propias de nosotros, porque chocan con la imagen que todo el mundo tiene de ti.
Este es uno de esos libros que no me atrevería a recomendar a la ligera. Yo he disfrutado mucho la lectura, el texto es muy fluido, y aunque tiene algunos fallos atribuibles a tratarse de una primera novela, aprueba con nota. Aquellos que se acerquen creyendo que se enfrentan a una novela policíaca, se sentirán defraudados. Quienes no estén acostumbrados a las pautas de la literatura japonesa, probablemente tampoco disfruten por completo de esta obra. Pero si sois de los que cuando abrís un libro tratáis de hacerlo con la mente limpia y sin prejuicios de ningún tipo, debéis ponerlo en vuestro punto de mira.
Título: Pájaros de la lluvia (Rainbirds). Autor: Clarissa Goenawan Traductor: Susana de la Higuera Glynne-Jones. Editorial: Adn Alianza de Novelas. (2018). Año de publicación: 2018 ISBN: 9788491810858. Páginas: 344. Precio: 18,00€. Ficha del libro en Alianza Editorial: https://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=4724186&id_col=100500&id_subcol=100501
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El adulto, de Gillian Flynn (2014)

El adulto comienza con la narración de una mujer que nos cuenta cómo ha transcurrido su vida hasta el momento presente. Comienza contando que su madre era tan vaga que se dedicaban a mendigar para vivir. Tras esto ella se convirtió en una experta haciendo pajas a sus clientes, y de ahí dio el salto a pitonisa. Este último empleo le lleva a conocer a Susan, una mujer desesperada por saber qué hacer con los extraños sucesos que ocurren en su casa. Y… hasta ahí puedo leer. El adulto es un relato de apenas 60 páginas, y aunque la verdadera genialidad reside en el estilo de la autora, cuanto menos sepáis de la trama más logrará sorprenderos.
Durante toda la lectura vuestra mente viajará hacia lugares conocidos, escenarios que precisamente se citan en el libro como son los de Otra vuelta de tuerca, Rebeca, o La maldición de Hill House. Creo que estas obras dan buenas pistas ante el tipo de obra al que nos enfrentamos y qué clase de atmósfera busca Flynn. Del mismo modo, resulta inevitable que nuestra mente recuerde la casa de la madre de Camille en Heridas Abiertas. Ese tipo de caserones lúgubres, donde a pesar de su magnificencia y su hermosura, se nos ponen los pelos de punta tan solo con pensar en atravesar el umbral.

La narración en primera persona otorga frescura al texto, ya que nuestra protagonista sin nombre tiene una forma muy directa de hablar, sin florituras ni eufemismos, llamando a las cosas por su nombre. La magnífica traducción de Óscar Palmer (nombre asociado a la calidad de los textos) es perfecta y da en el clavo con el tono de la novela. Para muestra, os dejo el arranque:
«No dejé de hacer pajas porque no se me diera bien. Dejé de hacer pajas porque era la que mejor las hacía. Durante tres años, hice las mejores pajas en el área de los tres estados. La clave está en no pensar demasiado. Si empiezas a preocuparte por cuestiones técnicas, si te paras a analizar el ritmo y la presión, pierdes la naturaleza esencial del acto. Tienes que prepararte mentalmente de antemano y luego dejar de pensar, confiar en tu cuerpo y dejar que se haga cargo.»
Debido a tratarse de un relato, no hay espacio ni lugar para rellenos inservibles ni para grandes alardes con cliffhangers o giros de guión enrevesados. A pesar de ello, la autora jugará al despiste una y otra vez, alternando respecto a quién es el sospechoso de la trama, quién es el malo de la historia. Y no saldremos de dudas respecto al desenlace hasta la última frase del relato. Como extra, la edición cuenta con las ilustraciones de Carmen Segovia, un punto extra para convertir este libro en un objeto de coleccionista.
A pesar de cuánto me ha gustado, no he podido evitar quedarme con ganas de más. Tengo en mi estantería sin leer La llamada del Kill Club (o Dark Places), pero me resisto a quedarme sin más obras suyas por leer. Ojalá nos sorprenda pronto con un regreso a las librerías un poquito más extenso.
Título: El adulto (The grownup). Autor: Gillian Flynn. Traductor: Óscar Palmer. Editorial: Reservoir Books. (2018). Año de publicación: 2014 ISBN: 9788417125936. Páginas: 80. Precio: 14,90€. Ficha del libro en Reservoir Books: https://www.megustaleer.com/libros/el-adulto/MES-077222
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La casa de los lamentos, de Helen Garner (2014)

El 4 de septiembre de 2005, Robert Farquharon pasó el Día del Padre con sus tres hijos de diez, siete y dos años. Hacía algunos meses ya que estaba separado de su mujer y aunque la separación había sido dolorosa, no habían sufrido grandes disputas ni peleas a raíz de ella. Ella había comenzado a rehacer su vida con una nueva pareja, y Robert tenía que soportar que ese hombre viviera en su casa, condujese su coche, y acostase cada noche a sus tres hijos, mientras él vivía de manera humilde con su padre. Por eso, cuando al regresar esa noche a casa de su ex-mujer Robert acabó con la vida de sus tres hijos, pocos creyeron en un primer momento que se tratase de un accidente.
Esto que acabo de contaros no es el argumento de una libro, sino un caso real sucedido en 2005. La casa de los lamentos no es una novela, sino la narración por parte de una escritora de todo el proceso judicial de este suceso. A lo largo de sus trescientas páginas se expondrán hechos, hipótesis, teorías y declaraciones de personas del entorno de Robert. El punto de vista escogido por la fiscalía será precisamente el que os he expuesto, que la rabia y la ira de ver a otro hombre ocupando su lugar en su casa llevó a Robert a acabar con la vida de sus hijos como venganza. La defensa se apoyará en las argumentaciones del propio Robert de cómo perdió el conocimiento y acabó con su coche dentro de una balsa de agua.

En el medio de la imagen, Robert Farquharson Hay algo que se debe tener muy presente al abordar una historia de estas características: no es una ficción. No estamos ante fabulaciones ni historias noveladas por un escritor. Son hechos que sucedieron de verdad, en un juicio real, y en la realidad no siempre se llega a conocer ni al verdadero culpable de un asesinato ni sus motivaciones. El lector juega un papel muy importante en la lectura, porque se posiciona ante los hechos y toma partido como juez y verdugo. Lo importante en este tipo de libros no es resolver el caso, sino indagar en el funcionamiento del sistema judicial, ver las herramientas utilizadas en un juicio, y cómo cada palabra pronunciada en esa sala puede jugar un papel fundamental en el destino de una persona.
A pesar de que es inevitable que la autora introduzca una cierta subjetividad en la narración, es un texto frío y carente de sentimiento — en la medida de lo posible — en el mejor de los sentidos. Garner ha tratado en todo momento de exponer lo que vio y escuchó durante el proceso, e introducir solamente los juicios de valor que oyó fuera del juzgado o los que ella misma pronunció, a modo de crónica. Teniendo en cuenta los hechos narrados, resulta admirable que haya sido capaz de mantener neutralidad y de exponer los datos recogidos con entereza y profesionalidad, sin caer en el amarillismo o escogiendo bando en las primeras páginas ya. El libro resulta interesante y su ritmo de desarrollo es bastante ágil, pero siempre partiendo de la base de lo tedioso que puede llegar a resultar un juicio. Hay momentos más lentos y otros en los que la narración se agiliza. Pero os aseguro que merece mucho la pena.
Creo que el visionado de The Staircase en Netflix hace unas semanas ha sido un entrenamiento perfecto para abordar este libro. Quienes estamos acostumbrados a la ficción criminal solemos cerrar las páginas del libro con una cierta satisfacción porque el autor se ha preocupado de casar todas las piezas por nosotros y todo el círculo del caso se cierra. En estos true crime no sucede así. No siempre los casos son tan claros, no se sabe con absoluta certeza cómo ha sucedido todo, y el único que puede resolverlo — el sospechoso — no siempre relata con precisión lo que sucedió. Lo interesante reside en ver cómo funcionan los tribunales, las mentes de los abogados y las decisiones de los jurados. Observar cómo una declaración puede cambiar todo el curso del juicio, cómo un experto puede desbaratar unas pruebas. En este escenario no se busca, como en una investigación criminal, dar con el culpable sino juzgar la culpabilidad o no culpabilidad de un acusado en función de unas pruebas. Sin opinar subjetivamente, sin importar realmente si el acusado cometió o no ese crimen. Y la conclusión que termina extrayendo el lector es que más nos vale que no nos toque sentarnos en esa silla nunca, porque de poco servirá si somos inocentes si las pruebas no aportan al menos una duda razonable.
Título: La casa de los lamentos (This house of Grief). Autor: Helen Garner. Traductor: Alba Ballesta. Editorial: Libros del K.O. (2018). Año de publicación: 2014 ISBN: 9788417451226. Páginas: 302. Precio: 21,90€. Ficha del libro en Versátil: https://www.librosdelko.com/products/la-casa-de-los-lamentos
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Estudio en lila, de Maria Antònia Oliver (1985)

Lonia Guiu es detectiva privada en Barcelona. Sí, detectiva, porque es así como ella misma se define. Recibe dos encargos a la vez. Por un lado, la búsqueda de una muchacha de Mallorca que se ha escapado de casa, y sospechan que ha ido a Barcelona. Por otro, una mujer le solicita que localice a tres hombres que la estafaron en la venta de una obra de arte, y el único dato de todos los que tiene que parece verídico es la matrícula de un coche. Todo lo demás (números de DNI, direcciones, teléfonos) al parecer era falso. A Lonia le huele todo muy raro y sospecha que hay información que su cliente no quiere darle, pero empieza a investigar. Aunque lleva cinco años ya ejerciendo, en esta historia se enfrenta a uno de los retos más importantes de su carrera con un caso complejo en el que descubrirá mucho más de lo que está buscando.
Resulta extraño leer los referentes al revés. Me explico. No hace tanto que he leído por primera vez a Alicia Giménez Bartlett (imperdonable, ya lo sé), y leer a Maria Antònia Oliver es viajar al revés en el tiempo. Sus personajes Lonia y Quim recuerdan a Petra y Fermín. Lonia y Petra son mujeres fuertes y profundamente feministas con un lado vulnerable, con inseguridades y miedos a la hora de abordar sus respectivos casos. No permiten que nadie opine que no pueden ser las que están al cargo del duo, que duden de su capacidad como jefas, como propietarias, como empresarias. Y todo lo que sorprende en las novelas de Petra, lo vemos reflejado en Estudio en Lila con Lonia, personaje en el que Bartlett al parecer se inspiró para el suyo. También vemos las influencias de Oliver en esta obra, no solo por el título (guiño a Estudio en Escarlata de Conan Doyle) sino por la aparición de dos personajes: Carvallo y Arquer, adaptaciones de Pepe Carvalho de Montalbán y Lew Archer de Macdonald.
Reconozco que me asombra ver con qué libertad y naturalidad se habla en esta novela de violaciones, maltratos y acoso sexual, poniendo estos temas sobre la mesa en pleno comienzo de la democracia. Siento que en algunos aspectos hemos retrocedido poco a poco en estos treinta años, ya que a lo largo de mi vida todos estos temas siempre han sido tabúes. Oliver plantea lo habitual que es que una mujer sea violada (incluso dentro del matrimonio), que sea maltratada, o que tenga que verse obligada a recurrir a favores sexuales para obtener determinadas cosas. Lo que más cautiva es el enfoque, la mirada sobre todos esos temas. Cómo en ocasiones no queda más opción que abrirse de piernas, esperar a que pase la tormenta, y seguir adelante con tu vida rezando porque no te ocurra una vez más. Cómo algunos hombres consideran justo que puedan meterse en tu cama si a cambio ellos te han hecho algún pequeño favor. Cómo no pasa nada si violas a una mujer porque, total, denunciar no sirve de nada.
«—Es mi secretario y no mi socio. —¿Así que ella es la que lleva los pantalones aquí?—dijo el cejudo a Quim—.Hay hombres de todas clases.—Alzó mucho las cejas y los ojos se le empequeñecieron de menosprecio. —Efectivamente. Los hay que son más personas que otros—dijo Quim guiñándome un ojo.»

Maria Antònia Oliver «Ese era el mismo oficial que me había hecho la gestión del coche de Antal. Me trató con un exceso de confianza. Me habló en un tono que no se habría atrevido a usar con un hombre de su mismo oficio. Pensé que Mercedes tenía razón. Y que antes de sus sermones yo no prestaba atención a estas diferencias y vivía mucho más tranquila.»
Los secundarios completan todo este escenario, y el personaje de Mercedes es fundamental para comprender el tono de la novela. Mercedes es quien le ha cambiado la mirada a Lonia, la que le ha enseñado que la forma de mirar que nos han inculcado es errónea, y que se puede aprender a mirar de otra manera. A ver cuándo un hombre nos explica las cosas porque somos mujeres y no entendemos. A percibir cuándo nos tratan con menos educación y respeto, porque no es necesario ser tan formal con nosotras. A descubrir que la inmensa mayoría de los piropos esconden detrás un acoso escondido, la intención de inspeccionar el terreno para ver si hay posibilidades de llevarte a la cama. Comprobar en cada interacción a lo largo del día que gran parte de los hombres que nos rodean nos consideran personas de segunda categoría; y lo que es peor, que muchas mujeres aleccionadas a mirar como ellos también lo creen. Que hemos nacido para ser cuidadoras y madres, y que si decides no tener hijos y centrarte en tu carrera profesional eres menos mujer, estás incompleta. Que tu entrepierna es de dominio público, y que debes incluso estar agradecida si solo te violan y no te matan después.
Precisamente por la crudeza de todo lo que Oliver expone, creo que el uso del humor es fundamental para que todo esto sea soportable. Como nos sucede a muchas, escoge tomarse determinadas situaciones con una sonrisa y tirar para adelante. Sería insoportable luchar cada una de las batallas que debemos vivir cada día, y de este modo Lonia suele conseguir lo que se propone, y luego capea las consecuencias de la mejor manera posible. Quizá lo más desolador de leer este tipo de libros escritos en 1985 es comprobar lo poco que han cambiado algunas cosas, aunque haciendo honor a la verdad hay que reconocer que hemos avanzado muchas posiciones. Lo único que nos hace falta es que cada uno de nosotros tengamos una Mercedes que nos guíe y nos señale con el dedo todo aquello que no afrontamos de la forma más correcta. Nunca es tarde para cambiar.
El día que Sergio Vera me comunicó que iba a lanzar esta colección de «Pioneras de la novela negra» no pude sentirme más orgullosa. Hacía buena falta que alguien les quitase el polvo y difundiese de nuevo estas obras de autoras nacionales, y que lamentablemente son del todo desconocidas. Y lo más triste es que se trata de libros que se publicaron originalmente hace solo unos cuarenta años. Gracias, Sergio, por tu iniciativa y tu magnífico trabajo.
Título: Estudio en lila (Estudi en lila). Autor: Maria Antònia Oliver. Traductor: Manuel Quinto. Editorial: Versátil (2018). Año de publicación: 1985 ISBN: 9788417451226. Páginas: 218. Precio: 14,90€. Ficha del libro en Versátil: http://www.ed-versatil.com/fondo/estudio-en-lila/