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  • Nefando, de Mónica Ojeda (2016)

    Nefando, de Mónica Ojeda (2016)

    Intentar encasillar Nefando dentro de una sola sección en una librería es una tarea imposible. Es cierto que lo que a mí me había llegado de esta obra era que podría circunscribirse dentro del género de terror. Sin embargo, el terror —aunque no siempre— suele ir asociado a algún tipo de elemento fantástico o sobrenatural, algo que contribuya a pueda ser más soportable. En el género negro estamos acostumbrados a que el horror sea tangible, a que vaya de la mano de un realismo doloroso. Y creo que ahí es donde encaja Nefando: en un estante en el que el pavor y la materialidad más profunda se mezclan y se funden.

    Podría hablaros de algunos de los temas que se abordan en este libro, daros algunas pinceladas sobre lo que trata de contar, la historia de fondo que sirve como excusa para todo lo demás. Pero creo que no saber nada en absoluto sobre esta obra contribuye a enriquecer la experiencia lectora. Estamos ante una novela tan compleja, con una profundidad narrativa tal, que el argumento se convierte en algo secundario. Y a pesar de ello, sin ese argumento nada tendría sentido. Mónica Ojeda nos enfrenta al horror y a los recodos más oscuros del ser humano, y lo hace de un modo tan directo que abruma. No estamos ante una de esas obras en las que lo que se intuye impacta tanto como lo que se muestra, porque la crudeza surge al obligar al lector a colocarse cara a cara frente al espanto.

    Juega con nosotros, se recrea en el morbo y dosifica la información para que no queramos dejar de leer. No nos juzga por ello, es parte del trato. Sabe que no podremos parar, que querremos mirar de frente al abismo, porque así es la naturaleza humana: curiosa y retorcida. Pero al mismo tiempo necesitaremos apartar la mirada, dejar de leer y tomar aire para que el trayecto sea soportable.

    Monica Ojeda posando reclinada sobre sus brazos
    Mónica Ojeda

    Nefando requiere de paciencia. Es probable que una vez traspasado cierto número de páginas, el lector regrese de nuevo al comienzo pensando que hay algo que se le ha escapado. No sabemos bien qué nos está contando, y tan solo unas declaraciones en forma de entrevistas de algunos de los testigos nos empiezan a dar pistas de qué estamos leyendo. Y cuando todo cobra sentido, desearemos que ese clic en nuestra cabeza nunca se hubiese producido. Cuando ya no hay vuelta atrás, cuando todo explota y estás tan enfangado que no puedes escapar.

    A pesar de todo lo que he dicho, quiero aclarar que en Nefando encontramos una belleza textual de dimensiones colosales; es uno de los motivos por los que el impacto es aún mayor. Entre toda esa crudeza, descubrimos fragmentos en los que reflexiona sobre el uso del lenguaje. Cómo nos construye, cómo podemos escoger hacer de él algo inmutable o algo dúctil.

    «…el lenguaje nos transforma y después ya no volvemos a ser los mismos.»

    «…cuando el lenguaje nos toca, y con él tocamos las cosas nombrándolas, describiéndolas, creemos que lo sabemos todo, que lo aprehendemos todo, y desde ese momento en adelante lo que hay en nuestros ojos es pura soberbia.»

    Nefando, página 66.

    Me encantaría detenerme a analizar los artefactos narrativos del libro, las herramientas que emplea Ojeda, mostraros frases y fragmentos, y recrearme en ellos. Pero siento que os robaría el placer de descubrirlos por vosotros mismos. Nefando no es una novela que recomendaría a la ligera, y sin embargo me encantaría que todos salieseis corriendo a por ella. Creo que regala una experiencia lectora que tarda en despegarse de la piel. Yo ya lo estoy releyendo, y sé que volveré a él en repetidas ocasiones. Y qué alegría encontrar libros así.

    Título: Nefando.
    Autora: Mónica Ojeda.
    Editorial: Candaya.
    Año de publicación: 2016.
    ISBN: 9788415934233.
    Páginas: 208.
    Precio: 16€
    Ficha en la web de la editorial: https://www.candaya.com/libro/nefando/
  • Blood (2018) – Serie de Filmin

    Blood (2018) – Serie de Filmin

    Cat (Caroline Main) siempre ha sido la oveja negra de la familia Hogan. Desde pequeña ha sido acusada de inventarse historias y nunca ha terminado de encajar en la foto familiar. Lleva manteniendo las distancias desde hace años, y cuando su madre Mary (Ingrid Craige) fallece de manera repentina y regresa a casa, nada parece haber cambiado. En el Condado de West Meath el tiempo se ha detenido, será como regresar a la niñez. Allí tendrá que hacerle frente a su padre Jim (Adrian Dunbar), a su hermana mayor Fiona (Graine Keenan) y a su hermano Michael (Diarmuid Noyes).

    Pronto veremos que los secretos y los rencores inundan cada rincón de la casa. Y debido al extraño comportamiento de su padre, Cat no tardará en presentir que está ocultando algo y que, de algún modo, está implicado en la muerte de su madre.

    Imagen de la actriz protagonista de la serie Blood, Caroline Main, bebiendo vino en la barra de un bar.
    Caroline Main como Cat

    Equipo de mujeres al frente.

    Blood tiene al frente como creadora y guionista a Sophie Petzal, y comparte dirección con Lisa Mulcahy y Hannah Quinn. Tal vez sea debido al lugar donde transcurre, tal vez sea por desarrollarse ante una población pequeña y asfixiante, recuerda en algunos momentos a Broadchurch. Casi desde los primeros minutos, la intriga atrapa al espectador, y jugará con él desvelando poco a poco pequeños retazos de información.

    En Blood se recurre a la ya conocida estrategia de poner en entredicho la estabilidad de la protagonista, en parte por ese pasado en el que todos saben de sus buenas artes para tergiversar acontecimientos. Y, a pesar de ser una herramienta usada casi en exceso en otras series, es cierto que aquí se consigue un perfecto equilibrio a través de giros en la trama que darán ese contrapunto de realidad. Nadie se libra de sospechas y podríamos afirmar que, en un momento u otro de la serie, llegamos a presuponer que cada uno de los personajes está escondiendo algo.

    Puede que uno de los factores que más me han gustado de esta serie sea la respetuosa representación de la muerte. En las series de corte criminal es habitual que se frivolice en exceso con los cuerpos que deben ser investigados, como si tan solo se tratasen de una pieza más de la escena del crimen. En Blood asistimos al velatorio, a la preparación de la comida de dicho velatorio, al dolor de la pérdida, al funeral. Se llora a los muertos, se siente su marcha. El factor humano es fundamental para comprender el devenir de esta trama, y eso le aporta un enorme valor.

    Los actores Graine Keenan, Diarmuid Noyes y Caroline Main en un fotograma de la serie, cantando en un entierro.
    Graine Keenan, Diarmuid Noyes y Caroline Main

    Miniserie.

    La serie de compone de tan solo seis capítulos, y no necesita ni uno más para desarrollar toda una red de secretos y mentiras en torno a la familia Hogan. A pesar de contar con el protagonismo de Cat, no será el único punto de vista con el que contemos. Ahí radica el éxito de su desarrollo. A pesar de contar con un grupo más o menos reducido de protagonistas, con el paso de los capítulos irán incorporándose poco a poco secundarios que cobrarán una importancia vital en la historia y harán que esta sea más y más rica en matices.

    No quiero dejar pasar la oportunidad de destacar el papel de Cillian O’Gairbhi como Barry, el mejor amigo de Cat en la infancia. Un personaje atormentado desarrollado de manera excelente por este actor irlandés. Uno de esos secundarios sin los que la trama principal no brillaría tanto.

    Podéis disfrutar de esta serie en Filmin.

  • Desguace americano, de Bonnie Jo Campbell

    Desguace americano, de Bonnie Jo Campbell

    Jerry, junto al camino de entrada a su casa, un buen día consigue vislumbrar una enorme serpiente naranja rayada. Tenía trazos rojos y dorados, pero su piel también emitía destellos verdes y azules. Nunca en toda su vida había visto un animal como ese, y su desesperación por volver a verlo le hace tener que escoger entre continuar su matrimonio o seguir buscando al reptil. Este es solo el hilo conductor de uno de los relatos de Bonnie Jo Campbell en Desguace Americano, un volumen recopilatorio de catorce cuentos con argumentos tan desconcertantes como este.

    ‘Grit Lit’ o ‘Rural Noir’

    A lo que hace Campbell lo llaman Rural Noir. Porque en realidad no estamos ante historias que podríamos denominar puramente negras. Bueno, o igual a algunas de ellas igual sí:

    «SOLUCIÓN Nº3

    Mete al niño en la cuna y siéntate en el sofá del salón hasta que vuelva Connie. Antes de que tenga la oportunidad de mentir sobre dónde ha estado, agárrala del pelo y machácale la cabeza contra la chimenea, que construiste con bloques de granito procedentes de la chimenea vieja de la casa que levantó tu bisabuelo cuando llegó tu familia a este país desde Finlandia; son unos bloques rescatados de los cimientos en medio del bosque. No mires las fotos de la boda en la repisa de la chimenea. No mires la amplia sonrisa de Connie en la boda, o la forma en que inclina la cabeza hacia atrás, como en un éxtasis que no parece en absoluto relacionado con las drogas. No dejes que la sangre te impida dejar de golpearla una última vez para asegurarte de que le has partido el cráneo. Ponle la meta y la bolsa de jeringuillas y agujas ensangrentadas en la mano para que los policías lo encuentren todo cuando lleguen. Les dirás que ha sido un accidente, que estabais discutiendo y la cosa se agravó porque amenazó con inyectar metanfetamina a tu bebé.»

    «Las soluciones al problema de Brian». Desguace Americano. Página 81.

    Pero la tónica habitual no es esta, que nadie se asuste. Bonnie Jo Campbell sabe cómo mirar el mundo que la rodea, y encontrar aquellos elementos con los que construir una buena historia. Desde narrar cómo un Chevrolet embiste a una joven una noche de niebla, a contar cómo una quemadura y una serie de malas decisiones pueden dar con tu vida al traste.

    Personajes fracasados.

    Los personajes de Campbell juegan con desventaja. Siempre. Son perdedores irredentos, seres que no importa las resoluciones que tomen, porque parece que siempre están mal tomadas. Escogerán a un cerdo, y este estará a medio castrar. O decidirán suicidarse con anticongelante, y saldrá mal. No existe una salida, ni un camino correcto. Pero a pesar de todo, muchos de ellos, consiguen seguir adelante del mejor modo posible dadas las circunstancias.

    Fotografía de la escritora estadounidense Bonnie Jo Campbell en actitud triunfadora mostrando la musculatura de sus brazos mientras sonríe con el pelo revuelto.
    Bonnie Jo Campbell

    Los relatos de Campbell destacan por su forma de estar contadas. No tiene tanto valor el argumento en sí, aunque algunos son brillantes. Todo suena a narración oral, a ese tipo de cuentos con moraleja que contaban las abuelas. A esas crónicas que sonaban tan antiguas que parecía que hablaban de un universo que ya no era este.

    Las publicaciones de Dirty Works suenan a la madera vieja de un porche crujiendo bajo las botas. Puedes visualizar una puerta mosquitera, una mecedora y una escopeta apoyada contra la barandilla; oler el humo del tabaco, el sudor añejo de la ropa ajada. Sus elecciones tienen muchos puntos en común, publican libros con ese toque al sur de EE.UU. que tan interiorizado tenemos gracias al cine y a la literatura. Si sois amantes las obras de Carson McCullers ,de Eudora Welty o de Flannery O’Connor, no podéis perderos Desguace americano.

    Os dejo la lista de los relatos que contiene este volumen:

    • La intrusa (The trespasser)
    • El guardés (The yard man)
    • Mundo de gas (World of gas)
    • El inventor, 1972 (The inventor, 1972)
    • Las soluciones al problema de Brian (The solution to brian’s problem)
    • La quemadura (The burn)
    • Reunión familiar (Family reunion)
    • Vida invernal (Winter life)
    • Belle vuelve a casa (Bringing Belle Home)
    • En caída (Falling)
    • El Desguace Americano de King Cole (King Cole’s american salvage)
    • Aviso de tormenta (Storm warning)
    • Carburante para el milenio (Fuel for the millennium) – The Southern Review (Winter 2000)
    • Olor a verraco (Boar Taint)
    Título: Desguace americano (American Salvage) 
    Autora: Bonnie Jo Campbell. 
    Traductor: Tomás Cobos. 
    Editorial: Dirty Works (2018) 
    Año de publicación: 2009. 
    ISBN: 9788494775024 
    Número de páginas: 236. 
    Precio: 22€. 
    Ficha del libro en la web de la editorial: https://www.dirtyworkseditorial.com/bonnie-jo-campbell-desguace-americano

  • The Kitchen, de Ollie Masters, Ming Doyle y Jordie Bellaire.

    The Kitchen, de Ollie Masters, Ming Doyle y Jordie Bellaire.

    Tres mafiosos irlandeses acaban en prisión por su larga carrera delictiva en Hell’s Kitchen (Manhattan). Dejan atrás a sus tres esposas y, Kath, la mujer de uno de ellos, llega a la conclusión de que si quieren sobrevivir no les queda otra que tomar las riendas del negocio. Acude a los locales de los que se ocupaba su marido a por la recaudación, y termina convenciendo a Raven y a Angie de hacer lo mismo. Así arranca The Kitchen.

    Imagen del cómic The Kitchen, en la que Kath dispara al espectador mientras fuma y habla por teléfono.
    Viñeta del cómic The Kitchen

    El problema siempre radica en cómo conseguir que te respeten, más aún cuando eres una mujer en los años 70, y no puedes contar con la protección de tu marido. Así que lo que toca es labrarse una reputación y alzarse con el respeto de aquellos que no se lo tienen. Y para ello, hay que ensuciarse las manos. Pero no es fácil: no todo el mundo sirve para acabar con la vida de alguien y seguir adelante como si nada hubiese ocurrido. Por ello, el cómic está plagado de dudas, de cambios de opinión y de miedos. No todos nacen con alma de gánster y no es sencillo dormir por las noches tras un día en el sindicato del crimen.

    Ming Doyle es quien se ocupa del dibujo en este trabajo a tres bandas y Jordie Bellaire del color. Completa Ollie Masters al guión. Gracias a Bellaire, pasaremos de iluminación artificial en tonos amarillos a noches en verde y marrón. Destacan especialmente una serie de viñetas en rojo y negro que rememoran el pasado turbio de uno de los protagonistas. Un rojo sangre que da buena cuenta de lo que quieren contarnos con ellas. La gestualidad que Doyle consigue imprimir a los personajes es fundamental a la hora de observar la transformación de las tres protagonistas. No habría tenido sentido si lo hubiese planteado de otro modo. La línea del dibujo, el movimiento en las viñetas de acción: Doyle consigue que parezca fácil conseguir todo eso.

    Página de The Kitchen, con alternancia de viñetas en varios colores.
    Página de The Kitchen en la que puede verse el contraste de los colores.

    Durante la lectura de The Kitchen es inevitable que te vengan a la mente escenas y argumentos como los de El Padrino, Uno de los nuestros o Érase una vez en América. Estamos ante una historia de corte clásico, con venganzas y pactos familiares por partes iguales; con cadáveres hechos pedazos, torturas y mafiosos italianos que te reciben frente a un buen plato de pasta. Pero en esta ocasión, son ellas las que toman las riendas.

    Este cómic ha sido adaptado al cine en 2019. Gracias a ello, podemos encontrar los 8 tomos originales que ECC ha tenido la gentileza de publicar en un solo volumen. En las salas de nuestro país no se han decidido a darle una oportunidad. Aunque, si nos fiamos de las críticas y las puntuaciones en plataformas como IMDB no nos estamos perdiendo gran cosa. La película, dirigida y guionizada por Andrea Berloff (basándose en el cómic, se entiende) ha utilizado a un par de actrices cómicas para dos de los papeles protagonistas (Melissa McCarthy y Tiffany Haddish), algo que no ha debido funcionar del todo bien. Aún así, al menos yo, siento curiosidad. Tocará esperar a ver si alguna plataforma digital se anima a dejarnos verla por estos lares.

    Fotografía de la colorista Jordie Bellaire con mirada ausente, con gafas de montura negra.

    Jordie Bellaire

    Selfie de la guionista Ming Doyle con gafas con montura roja y gabardina.

    Ming Doyle

    *Los diálogos de las imágenes están en inglés, porque son las imágenes de mejor calidad que he podido encontrar. Pero el cómic está traducido al castellano.

    Título: The Kitchen. 
    Guionista: Ollie Masters. 
    Dibujante: Ming Doyle. 
    Color: Jordie Bellaire. 
    Editorial: ECC. 
    ISBN: 9788417908447. 
    Número de páginas: 176. 
    Precio: 19,95€. 
    Ficha del libro en la web de la editorial: https://www.ecccomics.com/comic/the-kitchen-6522.aspx
  • Elena sabe, de Claudia Piñeiro

    Elena sabe, de Claudia Piñeiro

    Elena sabe que a su hija Rita la han asesinado. No importa que la encontrasen ahorcada del campanario de la iglesia, que a su vez funcionaba como pararrayos. Sabe que Rita tenía un miedo atroz a los relámpagos de las tormentas, y aquella tarde llovía. Nunca se habría acercado en un día así. Da lo mismo lo que prueben las evidencias: Elena sabe que Rita no se ha suicidado.

    Por ello, no se rinde aunque la investigación se considere cerrada. Acude de manera regular a hablar con el inspector Avellaneda. Él siempre habla con ella. No puede darle la espalda a una mujer que ha perdido a su hija, a su único familiar. A una persona que se ha quedado sola. Repasan la lista de posibles sospechosos, pero ninguno parece tener un motivo. A pesar de todo, Elena no desiste. No importa que apenas pueda caminar, que no sea capaz de sostener erguida su propia cabeza, que babee, o que no consiga levantarse de la silla sin ayuda. El Parkinson devora su cuerpo, pero no su voluntad. Y trata de obtener justicia con toda la entereza que su dolencia le permite.

    Lucha contra el propio cuerpo.

    Elena sabe es una historia de lucha contra el propio cuerpo, una crónica de duelo y desconsuelo. Cada minuto del día, Elena tiene que enfrentarse a esa enfermedad que se ha apropiado de su libertad de movimientos. Los ritmos los marca su medicación, y debe tener presente dónde se encontrará cuando los efectos empiecen a fallar. No obstante, la búsqueda de la verdad de lo que le sucedió a Rita la empuja a salir adelante. A coger taxis para encontrarse con personas que cree que podrán ayudarla. A dar un paso más, metafórica y literalmente, para descubrir quién asesinó a su hija.

    «Tengo Parkinson, dice y le ahorra la pregunta, no sabía, dice Isabel, cuando nos conocimos no tenía, o si tenía no me había dado cuenta, dice Elena, y de camino al sillón que le ofrece Isabel se pregunta por qué dice «tengo» Parkinson si ella no lo tiene, lo último que haría sería tenerlo. Ella lo padece, lo sufre, lo maldice, pero tenerlo no, tener implica voluntad de agarrar algo, de sostener, y ella no, eso sí que no. «

    Elena sabe, página 158.

    La autora recurre a diálogos novelados, a líneas y líneas sin un solo punto, a páginas sin puntos y a parte. El efecto conseguido es el de continuidad, de una cierta prisa y urgencia por contarlo todo. El clímax de la novela llega con una conversación entre Elena y una mujer que conoció hace veinte años, en la que —entre muchos otros temas— Piñeiro nos habla una vez más sobre el aborto (como ya hacía en Tuya) y ese derecho que todas deberíamos poder ejercer. Un tema recurrente en su obra. Y en su vida, ya que es una conocida activista en torno a las protestas en Argentina contra la actual ley del aborto (ley promulgada en 1921 que sigue sin modificarse ni actualizarse a día de hoy).

    «…no sé qué siente una mujer que se hace un aborto pero sí sé lo que siente una mujer que no quiso ser madre y lo fue, ¿sabe qué, Elena?, la culpa de sus pechos vacíos, y el dolor por esa mano que se estira pidiendo la suya y la suya, aunque la tome, no quiere tocarla, siente no saber acunar, ni arropar, ni mecer, ni entibiar, ni acariciar, y la vergüenza de no querer ser madre, porque todos, los que dicen saber, aseguran que una mujer tiene que querer ser madre.»

    Elena sabe, página 174.
    Claudia Piñeiro con un libro de Samanta Schweblin en sus manos
    Claudia Piñeiro

    La enfermedad y la vejez

    Por suerte, en la ficción literaria comienzan a aparecer más protagonistas con edad avanzada. A pesar de que no es tan complicado como puede ocurrir en el cine, en el género negro no hay tantos personajes principales que superen la edad de jubilación. Menos aún si hablamos de protagonistas femeninas. Y todavía menos si hablamos de mujeres enfermas.

    Aún cuesta hablar de cuerpos que sufren dificultades a la hora de levantarse cada mañana, que necesitan purgarse cada cierto tiempo por su dificultad de ir al baño. Cuerpos que huelen a orina de manera constante, a ese aroma a piel madura mezclado con olor a cerrado. Y sin embargo, todos llegaremos a ese lugar, a ese momento. Con mejor o peor suerte. Piñeiro reflexiona en concreto sobre los cuerpos de las mujeres, hasta qué punto somos dueñas de ellos, cuánto podemos decidir y cuánto no. Habla de enfermedad, de dolor, de inconvenientes y del paso lento del día. De la responsabilidad de los hijos de cuidar de los padres, algo para lo que nunca estás lo suficientemente preparado, ya que ese atención va unida a una lenta despedida de aquellos que siempre han cuidado de ti.

    ¿Novela negra?

    Elena sabe es uno de esos textos de los que muchos dudarán sobre cómo calificar. Qué etiqueta ponerle. Por encima de todo, estamos ante buena literatura, sin colores ni marcas. Pero sí, sí que es una obra donde la denuncia social tiene un importante peso en la narración, donde la intriga por la historia de Rita y su supuesto asesinato nos impulsa a seguir leyendo.

    El género negro siempre ha buscado remover a sus lectores, mostrar un relato con un calado más hondo que el que podría parecer de manera superficial y tocar temas delicados. E incluso dolorosos. Piñeiro tiene una forma muy personal de afrontar el género. Y es gracias a ello que consigue llegar a más público; a aquellos que de otro modo se acercarían con recelo a este tipo de obras.

    Título: Elena sabe.
    Autora: Claudia Piñeiro.
    Editorial: Alfaguara (2019).
    Año de publicación: 2005.
    ISBN: 9788420431970.
    Número de páginas: 208.
    Precio: 17,90€.
    Ficha en la web de la editorial: https://www.megustaleer.com/libros/elena-sabe/MUY-000894
  • ¿Quién mató a GarretT Phillips? – True Crime de HBO

    ¿Quién mató a GarretT Phillips? – True Crime de HBO

    El 24 de Julio de 2011 Garrett Phillips de 12 años de edad, fue asesinado en su propia habitación, en su casa de Postdam (Nueva York). Eran alrededor de las 17:00 cuando unos vecinos parecieron escuchar unos golpes y gritos de ayuda. Sin tener del todo claro lo que estaba sucediendo, prefirieron alertar a las autoridades. Poco después, un agente logró entrar en el domicilio y se encontró el cuerpo de Garrett sin vida.

    Pasadas ya las primeras horas el principal sospechoso fue Nick Hillary, el ex novio de la madre de Garrett. Que sea señalado desde un primer momento, siendo de raza negra en una comunidad mayoritariamente blanca, resulta cuanto menos inquietante. Ninguna prueba parecía situarle en la escena del crimen, pero la pareja había tenido sus diferencias en el pasado, en parte debido a que Garrett no aprobaba esa relación.

    Construcción a tiempo real.

    Desde los primeros minutos Liz Garbus, directora y productora de este documental, juega con el factor de que es probable que el espectador no conozca el caso. Por ello, escoge una narración que simula una acción en tiempo real, como si desde que se produjo la llamada de aviso hubiese estado a pie de calle rodando. Esta herramienta, que puede parecer habitual, no lo es tanto en este tipo de exposiciones en las que es frecuente que salten adelante y atrás en la línea temporal para generar interés por lo que viene después.

    De este modo, consigue construir un relato de la manera más objetiva posible (teniendo en cuenta la subjetividad que conlleva lo que decide o no decide contarte) para que sea el espectador el que construya su propia historia. Podemos ver qué vio la policía en la escena del crimen, en los alrededores de la vivienda, y también escuchar los interrogatorios que se produjeron a diferentes testigos o sospechosos.

    Nick Hillary con sus abogados.

    Búsqueda de una cabeza de turco.

    Si habéis visto algún true crime sobre del funcionamiento penal en EE.UU. ya sabréis que es frecuente que se busque a alguien a quien culpar más que al verdadero culpable. Cerrar los casos, conseguir que los familiares de la víctima duerman tranquilos porque ya hay un condenado entre rejas, prima sobre el hecho de lograr hacer justicia de un modo real. No importa tanto el «quién» como un «alguien».

    A los pocos minutos de ¿Quién asesinó a Garrett Phillips? nos daremos cuenta que hay algo que no va bien en el caso, o al menos que hay algo que no nos están contando. No hay suficientes pruebas para incriminar a ningún sospechoso, y las prisas por querer anunciar que han detenido al culpable pesan sobre la investigación y la verificación de datos.

    A pesar del título que le han colocado al documental, este no busca tanto resolver el misterio de este asesinato como establecer una duda razonable acerca de las actuaciones de la policía y del sistema judicial norteamericano. Sus prejuicios, su mala praxis en muchas ocasiones. Para que al menos las injusticias no caigan en el olvido y se visibilicen para tratar de no repetirlas.

  • Carbón Animal, de Ana Paula Maia (2011)

    Carbón Animal, de Ana Paula Maia (2011)

    «Al final solo quedan los dientes. Permiten identificarte. El mejor consejo es conservar los dientes antes que la dignidad, porque la dignidad no va a decir quién eres, o mejor, quién fuiste. Tu trabajo, tu dinero, tu documentación, tu memoria o tus amores, de nada servirán. Cuando el cuerpo se convierte en carbón, los dientes preservan al individuo, su verdadera historia. Los que no poseen dientes no llegan ni a miserables. Se tornan cenizas y pedazos de carbón. Solo eso.»

    Carbón animal, página 9.

    Con esta impactante reflexión abre Ana Paula Maia la historia de Carbón Animal, una novela que gira —como viene siendo habitual en su obra— en torno a la muerte en su aspecto más físico. Para Maia las carcasas que recubren nuestra alma son tan solo eso, un envoltorio que llegada la hora puede arrojarse a la basura sin mayor problema. Sin embargo, sitúa a sus protagonistas ante debates morales al afrontar cómo, cuándo y dónde debemos poner punto y final a nuestros cuerpos una vez que la vida se ha ido ya.

    Tres protagonistas.

    Ernesto Wesley es bombero. Tiene una curiosa enfermedad por la que no puede detectar el dolor físico. No importa que se esté quemando un pie mientras sofoca un fuego: él, sencillamente, no es capaz de sentirlo. Debido a ello es uno de los mejores bomberos del cuerpo, ya que consigue llegar a los pisos más elevados y descubrir las habitaciones donde hay restos humanos calcinados por el olor que desprenden.

    Ronivon es hermano de Ernesto. Es incinerador de cadáveres. Se encarga de gestionar los hornos donde se introducen los cuerpos, y de machacar los restos una vez calcinados para convertirlos en ceniza. Trabaja en uno de los mejores crematorios de la zona, y tiene un enorme respeto por el compromiso hacia los vivos que requiere su labor con los muertos.

    Por último, Edgar Wilson es minero del carbón. Hace más de tres años que no ve la luz del sol, ya que pasa doce horas bajo tierra. A pesar del gran número de compañeros, Edgar sabe que su trabajo es de los más solitarios. Y vive ante la sombra del peligro de derrumbe de la mina o de una posible explosión.

    Los tres protagonistas de esta novela nos muestran distintas formas de vida que se encuentran unidas entre sí por la constante presencia de la muerte sobre ellos. El concepto de futuro dista mucho del que podríamos tener ninguno de nosotros. La violencia que padecen a través de sus miserables existencias no cala dentro de ellos, y todos son personajes resignados —de la mejor forma posible— con la existencia que les ha tocado vivir.

    Narración carente de conflicto.

    A pesar que en un par de momentos sí podríamos decir que existe un conflicto, durante el resto del texto la narración es plana. Que nadie malinterprete este «plana» como ausencia de emoción. Me estoy refiriendo a carente de tensión narrativa, de acción. Maia ha escogido tres profesiones de una dureza extrema. No busca tanto narrar una historia como contar una manera de afrontar la vida; pensando solo en el hoy, sin anhelos de futuro, sin buscar algo mejor.

    «Aunque haya escasez de tantas cosas, los muertos nunca escasean. La muerte no da tregua. Cuanto más difícil es la vida, más muerte genera. La tarea es interminable.»

    Carbón animal, página 72.

    Tan solo algunos sucesos aislados son los que les hacen replantearse si esa será la forma más adecuada de ganarse el pan, de pasar sus vidas. Pero hasta que eso no sucede aceptan su destino como si estuviese escrito de antemano.

    ¿Para todos los públicos?

    Ana Paula Maia es una de esas autoras a las que no me atrevo a recomendar a la ligera. Igual que me sucede con Esther García Llovet o con David Peace. Sus textos son muy crudos, y si no tienes una buena relación con la muerte, en su concepto más físico, es mejor que no te acerques a sus libros. Sin embargo, creo que a pesar de lo descarnado de sus obras, es sano plantarle cara a estos temas. Porque lo único seguro en esta vida, es que todos y cada uno de nosotros vamos a morir.

    Título: Carbón animal (Carvão animal)
    Autora: Ana Paula Maia.
    Traductora: Teresa Matarranz.
    Editorial: Jus (2018)
    Año de publicación: 2011.
    ISBN: 9786079409937
    Número de páginas: 112.
    Precio: 17€.
    
  • Mejores novelas negras escritas por autoras (2019)

    Mejores novelas negras escritas por autoras (2019)

    Esta es mi lista. Es probable que no sean las mejores, debido a que no he leído todo lo publicado este año. Pero son las que más me han calado y las que más he disfrutado. Me ha costado mucho dejar este ranking tan solo en diez, pero hay que poner un límite o esto no tiene sentido. Las tres primeras sí podríamos decir que han sido mi top tres, pero el resto me es imposible ordenarlas por preferencia porque todas ellas me han entusiasmado.

    He confeccionado esta lista sobre novelas que han sido publicadas en 2019, a excepción del bonus track final. No he podido evitar dejar constancia de algunos libros excelentes que han sido publicados en años anteriores y que, por desgracia, yo aún no había llegado a ellos.

    1 – Entierre a sus muertos, de Ana Paula Maia (Eterna Cadencia)

    Este es uno de esos libros que no me atrevería a recomendar a la ligera. Es una obra visceral y con momentos brutales dentro de la narración. Pero es probable que haya sido la lectura que más me ha impactado en este 2019. Y no ha necesitado más de 128 páginas para lograrlo.

    2 – Formas de estar lejos, de Edurne Portela (Galaxia Gutenberg)

    Lo sé: muchos me vais a decir que esta no es una novela negra. Pero qué queréis que os diga, el tratamiento que Portela realiza de la violencia en esta obra es más oscuro que la noche. Le he dado muchas vueltas a meterla en esta lista. No pongo en duda la calidad del texto, que es indudable. Pero como las etiquetas son —en ocasiones— muy relativas, he querido que figure aquí.

    3 – Sánchez, de Esther García Llovet (Anagrama)

    Gracias a Sánchez han sido muchos los que se han acercado (¡por fin!) a la obra de García Llovet. No sé ni cuánto hablé en su día de Mamut, y fue igual que predicar en el desierto. Aún así, queda mucho camino por recorrer porque García Llovet es una de las grandes de las letras de este país. Y hace falta que se la lea (y compre) mucho más.

    4 – En la sangre, de Laura Gomara (Roca Editorial)

    La prueba de fuego, la segunda publicación de Gomara. Y ha aprobado con una nota excelente. En la sangre es arriesgada, que tan pronto te desnuda el alma de su protagonista como te habla de dolores menstruales. Y muchos creeréis que este puede ser un detalle menor, pero a ver cuántos se han atrevido a introducir esto en una novela de género.

    5 – Cuando es invierno en el mar del norte, de Leticia Sánchez Ruíz (Pez de Plata)

    Qué decir de Cuando es invierno… que no haya dicho ya. Lo sé, he sido muy pesada este año con este libro, pero me alegro de haberlo sido porque muchos lectores me han dado las gracias por haberles descubierto esta obra. Dora me ha acompañado durante meses, y he releído multitud de fragmentos para ver si me cegó la pasión inicial o si es buena de verdad. Y lo es. Vaya si lo es.

    6 – Un asunto demasiado familiar, de Rosa Ribas (Tusquets)

    Que nadie se fije en la sexta posición, porque como he dicho más arriba del 4 al 10 todas estas obras son intercambiables en su posición. Esperaba con muchas ganas la nueva novela de Ribas, y más observando el argumento y viendo lo poco convencional que es. Pero es que así son las historias de Ribas: rompedoras y diferentes. Incluso cuando se ha ceñido a las reglas del género las ha transgredido. Que es para lo que se crean las normas.

    7 – Cometierra, de Dolores Reyes (Sigilo)

    Una de las revoluciones de este año. Desde que descubrí que Reyes había pulido esta obra gracias a un taller literario con Selva Almada, supe que me iba a gustar. Una historia dura que trata los feminicidios con excesiva cotidianidad, mostrando la realidad de Argentina, de toda Latinoamérica incluso. Y eso hace que cale todavía más hondo.

    8 – Aquí no es Miami, de Fernanda Melchor (Literatura Random House)

    Lo sé: hago trampas de nuevo porque esto no es una novela, sino una recopilación de relatos. Pero da la casualidad de que todos ellos giran en torno a crónicas reales de la ciudad de procedencia de Melchor, Veracruz. Un mismo tema, un mismo entorno, cuenta como historia unitaria. El libro en realidad es de 2013, pero ha llegado a España en 2019, y es el motivo por el que lo incluyo aquí. Si no habéis leído nada aún de esta escritora mexicana, corred a la librería más cercana.

    9 – Carretera de plata, de Stina Jackson (Serie Negra – RBA)

    Esta ha sido mi reconciliación con los nórdicos. Un ambiente opresivo en espacios abiertos. Una oscuridad en una narración en días de luz sin fin. Cuando consigues jugar así con el lector y conseguir lo que te propones a través de emociones, aunque las descripciones vayan por otro camino, es que algo estás haciendo bien.

    10 – En un lugar solitario, de Dorothy B. Hughes (Gatopardo)

    No podía faltar el acontecimiento editorial del año dentro del género. Que este libro permaneciese inédito en castellano es incomprensible, aunque puede llegar a entenderse leyendo su contenido. Desde luego que en los 50 en este país no encajaba demasiado. Pero ha habido tiempo para publicarla en fechas recientes. Gratitud eterna a Gatopardo por su apuesta.

    Bonus Track

    * El viento que arrasa, de Selva Almada (Mardulce, 2012)

    Aún no me explico por qué he tardado tanto en leer a esta escritora. Me ha fascinado tanto su prosa que me estoy frenando para seguir leyéndola, porque no quiero quedarme sin nada suyo que leer. Hasta ahí ha llegado mi amor por ella.

    * Baldías, de Laura Rossi (Erizo, 2013)

    A veces no soy consciente de la suerte que tengo. Como haber podido leer esta increíble novela que no está publicada en nuestro país. Rossi no podría haber sido más generosa conmigo, y ojalá pudiese hacer algo para que pudiésemos leer Baldías en España, porque es brillante. Os hablé un poquito de ella en este artículo.

    * Siempre será después, de Marisa Silva Schultze (Alfaguara, 2013)

    Si sois apasionados como yo de Formas de estar lejos de Edurne Portela, echadle un vistazo a esta obra. Hasta donde he descubierto solo se puede leer en digital en España. Una de las historias más duras que he leído nunca sobre violencia de género, y para colmo narrada desde los ojos de un niño.

  • Nevada, de Claire Vaye Watkins (2012)

    Nevada, de Claire Vaye Watkins (2012)

    Hay ocasiones en las que los impulsos lectores se dejan guiar por nuestro buen instinto. O el de otros. Cuando descubrí que Malas Tierras iba a publicar este volumen de relatos, me dejé guiar por el criterio de la editorial (y eso que tan solo han publicado cinco libros hasta la fecha). Por ello, lo que correspondía era entrar al libro a ciegas sin conocer el argumento ni a la escritora. Tan solo la imagen de la portada y el título ya me daban pistas sobre el lugar donde se ambientaban estas historias. Una vez leídos los 3 o 4 primeros, me vino a la mente de manera irremediable Ann Pancake, de la que os he hablado en el pasado. Y eso hizo que, a pesar de la juventud de gran parte de los protagonistas, le asignase mucha más edad a la escritora de la que tiene en realidad: Clare Vaye Watkins nació en 1985.

    No digo con esto que no puedas tener una forma de contar o de transmitir que sea madura si tu edad no lo es. Pero es cierto que determinadas vivencias y el paso de los años nos hacen percibir muchos acontecimientos de una manera diferente con 40 que con 20 años. Nevada se compone de diez relatos en los que el desánimo y el desencanto transitan por todos ellos. Y sin embargo, se muestra una entereza y una fortaleza de carácter de los personajes que sorprende en una mirada tan joven.

    «Quién sabe cuándo y por qué ofrecemos las partes de nosotros mismos que ofrecemos.»

    Nevada (Página 55)

    Todo lo que he leído tras terminar este volumen han sido referencias al padre de la autora, a Charles Manson y, del mismo modo, al relato que abre esta recopilación. A pesar de que comparto que es bueno, no creo que sea el mejor de todos ellos. Ni de lejos. Considero que ‘Rondine al nido‘, ‘Pasado Perfecto, Pasado Continuo, Pasado Simple‘ o el enorme ‘Las excavaciones‘ que perdurarán en mi memoria mucho más que ese primero ‘Fantasmas, Cowboys‘. Sobre su progenitor y su historia yo no voy a hablarnos, porque opino que la relevancia del trabajo de Watkins es más que evidente como para atraer vuestra atención con temas personales.

    Claire Vaye Watkins

    Personajes atormentados

    En esta decena de historias cortas, unas más que otras, encontraremos a buscadores de oro en los años 40 del siglo XIX, a jóvenes violadas, a madres primerizas, a escritores de cartas que no saben bien a quién escriben; a muchachos que pierden a un amigo en el desierto, y que mientras este muere de sed y calor, deciden aprovechar la tarjeta de crédito que la embajada les ha proporcionado para ayudarse a pasar el trago. Todos ellos son unos supervivientes, y en ocasiones observan sus desgracias como si lo hiciesen desde fuera de su propio cuerpo.

    «Un montón de chavales conducen hasta aquí en su décimo octavo cumpleaños. Delante de sus amigos tocan el timbre un buen rato y con ganas, borrachos de machismo y de cerveza Miller de las minineveras de los garajes de sus padres. ‘Mirad cómo me hago un hombre’. Con qué rapidez se vuelven niños otra vez cuando entran y ven a las chicas en fila, todo tetitas enderezadas tal y como creen que siempre las han deseado. La mayoría de los chicos fingen que se han perdido y piden indicaciones para volver a Nye o a Las Vegas, como si no hubieran nacido ni vivido cada uno de sus días en un radio de apenas cien kilómetros. Como si no supieran qué era aquel lugar.

    Nevada (Página 76)

    El título original dice mucho de la clase de historias a las que nos enfrentaremos en este libro: Battleborn. Los personajes transitan siempre en una línea que se encuentra al límite del derrumbe, de la rotura. Sin embargo, todos ellos poseen una determinación y un punto de frialdad que les hace poder seguir adelante. En este particular recuerda al espíritu de los westerns clásicos, en los que a pesar de todas las adversidades, los héroes conseguían sacar fuerzas de flaqueza. Un elemento que fue adoptado por el género negro, tornándolo hacia la oscuridad incluso un paso más allá.

    «No existía ningún bálsamo para el espacio que él dejó. De haber existido —si la ciencia hubiese desarrollado un ungüento para la pena del alma o una pastilla para el mal de amores—, no lo habría usado. Yo quería que doliera. Yo quería una angustia catastrófica.

    Nevada (Página 149)

    Nevada es un volumen de relatos que dudo que os deje indiferentes. Si os entregasen los textos de manera aislada, sin deciros que están escritos por una misma pluma, dudo mucho que llegaseis a esa la conclusión. A pesar de que el perfil de sus protagonistas sí es similar, no lo es así su prosa. Watkins posee una voz y un estilo que no residen tanto en su uso de las palabras como en sus ambientaciones. Algo que ya es característico de las historias nacidas en los estados más áridos de EE.UU.

    *No quiero dejar pasar la oportunidad de destacar, una vez más, la extraordinaria traducción de Ce Santiago. Nos tiene demasiado bien acostumbrados a su impecable trabajo.

    Título: Nevada (Battleborn)
    Autora: Claire Vaye Watkins.
    Traductor: Ce Santiago.
    Editorial: Malas Tierras (2019)
    Año de publicación: 2012.
    ISBN: 9788412003031
    Páginas: 272.
    Precio: 19,90€
    Ficha del libro en la web de la editorial: http://www.malastierraseditorial.com/

  • Vera Caspary – guionista de cine negro

    Vera Caspary – guionista de cine negro

    A pesar de que Vera Caspary trabajó toda su vida para convertirse en escritora, su aportación como guionista fue extensa y relevante. Durante años lo consideró como un trabajo alimenticio, y no fue consciente de la huella que podía dejar en la historia del cine. Hay que tener presente también que este era un arte muy joven todavía, y muchos los veían tan solo como un mecanismo de entretenimiento. La propia Caspary siempre le dio más valor a su obra literaria, e incluso a su dramaturgia.

    The night of June 13 (1932)

    Clive Brook y Lisa Lee

    Dirigida por Stephen Roberts, está basada en el relato de Caspary Suburbs. La adaptación vino de la mano de Agnes Brand Leahy, Brian Marlow y William Slavens McNutt. En ella, se nos cuenta la historia de cuatro familias en un barrio de Nueva York. Elna Curry tiene unos celos feroces de su vecina Trudy Morrow. Elna está obsesionada con que su marido ama a Trudy, hasta el punto de quitarse la vida. En la nota de suicidio que encuentra su marido, se acusa a Trudy como culpable de este acto, y para no involucrar a su vecina, John Curry quema el mensaje. Esto le causará serios problemas, ya que se convierte en el principal sospechoso del asesinato de su mujer.

    El juicio que trata de esclarecer la culpabilidad de John se complica una y otra vez, debido a que todos los vecinos del bloque tienen buenas razones para cometer perjurio sobre lo que sucedió la noche del 13 de Junio. Durante dicho juicio, el director introduce largas escenas de cross-cutting de hasta un minuto de duración para mostrar de forma paralela lo que ocurre en el momento presente y lo que sucedió durante la noche del crimen. Una lástima que haya quedado relegada en el olvido, ya que en esta cinta se muestran algunas actuaciones memorables como la de Clive Brook, Frances Dee o Gene Raymond.

    Private Scandal (1934)

    June Brewster

    Dirigida por Ralph Murphy, y basada en la historia In Conference de Vera Caspary. Mr Somers, un magnate de la construcción, tiene problemas económicos muy graves. La única solución que encuentra es la de quitarse la vida y que gracias a su seguro de vida todo pueda solucionarse. Trata de persuadir a su joven asistente para que acuda al lugar donde pretende suicidarse para así ocultar el arma y las marcas de pólvora. De ese modo, el seguro no podrá alegar que se trata de un suicidio. El asistente trata de impedirlo, pero llega demasiado tarde y decide llevar a cabo lo que su jefe le había pedido.

    A medio camino entre una película policíaca y de humor, la policía deberá esclarecer los hechos. Los trabajadores de Somers no se lo pondrán fácil, porque todos parecen haber visto a su jefe vivo tras varias horas después de su muerte. Al parecer todos tienen algo que ocultar, pero no necesariamente relacionado con el presunto asesinato de Somers.

    I’ll love you always (1935)

    Nancy Carrol y George Murphy

    Dirigida por Leo Bulgakov, y basada en una historia de Lawrence Hazard, Vera Caspary y Sidney Buchman se ocupan del guión. A través de la historia de Carl Brent se analiza la situación social y económica de Estados Unidos tras la crisis de 1929. Carl es ingeniero, y le sobra autoestima en cuando a sus capacidades para llegar a lo más alto. Debido a ello, no consigue trabajo: Nueva York está plagado de ingenieros en paro. Afronta la realidad cuando uno de los muchachos que se ocupan de cargar muebles en una mudanza le dice que es ingeniero también y que se ha acostumbrado ya a tener que aceptar ese tipo de empleos.

    A su vez, Nora Clegg deja su exitosa carrera de actriz al casarse con Carl. Hacen lo posible por seguir adelante, y Carl, desesperado, le dice a Nora que ha conseguido un trabajo en Rusia. En lugar de eso, donde acaba nuestro protagonista es en la cárcel por robar el dinero con el que le compra ciertos regalos de despedida a Nora. ¿Cómo mantener la farsa? Escribiendo cartas que un amigo enviará desde Rusia. El drama se completa con el embarazo de Nora, y su silencio para no preocupar a Carl.

    Laura (1944)

    Dana Andrews bajo el retrato de Gene Tierney

    A pesar del descontento de Caspary con la primera adaptación de su novela Laura de la mano de Otto Preminger, hay que reconocer que consiguió un éxito y una visibilidad que no había alcanzado hasta ese momento. La complejidad de su novela fue convertida en una simple película de detectives con un excesivo ensalzamiento de la historia de amor. Sin embargo, el golpe de efecto que Caspary introduce a mitad de la novela funciona muy bien en pantalla, y a pesar de los cambios este elemento no podrán arrebatárselo.

    Laura ha sido asesinada en su propia casa, de un tiro en la cara. Tres personajes girarán a su alrededor para tratar de mostrar al espectador quién era Laura y por qué todos sentían fascinación por ella. Un retrato de la asesinada será el que le otorgue corporeidad a la protagonista durante parte de la película, y la belleza de la joven obsesionará incluso al detective que investiga el caso, y que no llegó a conocerla en persona.

    Bedelia (1946)

    Margaret Lockwood y Ian Hunter

    Dirigida por Lance Comfort, y guionizada por Vera Caspary, Herbert Victor e Isadore Goldsmith. Adapta una novela de la escritora de Chicago, que como viene siendo habitual funciona mucho mejor en papel que en pantalla. La esencia de la novela reside en el juego dialéctico entre Bedelia y su último marido. Parece ser que sus anteriores cónyuges murieron de manera no del todo clara, y hay firmes sospechas de que Bedelia trata de envenenar también a Charlie Carrington.

    Mientras que en la novela se dibujaba a una Bedelia mucho más fría y calculadora, en la película crean un personaje exaltado, con gestos exagerados y gritos constantes. Supongo que la historia del cine no estaba preparada aún para una villana de esas dimensiones.

    Blue Gardenia (1953)

    Anne Baxter y Raymond Burr

    Mi favorita sin ninguna duda. Dirigida por Fritz Lang, basada en una novela corta de Caspary y adaptada por Charles Hoffman. Norah Larkin trabaja como teleoperadora y comparte piso con dos amigas. Estamos en plena II Guerra Mundial, y el novio de Norah está en el frente. El día de su cumpleaños, Norah prepara una cena romántica para tomarla frente al retrato de su novio y su última carta. Pero tras leerla, tan solo quiere salir del piso y olvidar. El destino quiere que coja el teléfono cuando Harry Prebble trata de localizar a una de sus compañeras de piso. Coge su bolso, y sale al encuentro de este hombre por el simple motivo de que no quiere estar sola.

    Cenan, ríen, beben y a la mañana siguiente Norah no tiene claro qué ha sucedido la noche anterior. Hasta que descubre que Harry ha sido asesinado en su piso. ¿Ha sido ella? Ninguna otra explicación tiene sentido, pero no se acuerda de nada. El resto de la película será una combate interno por tratar de recordar lo sucedido, mientras un periodista quiere conseguir la exclusiva a cualquier precio.

    Blue Gardenia no solo brilla por sus tres excelentes protagonistas femeninas, por sus conversaciones, y por lo bien llevada que está la intriga. Anne Baxter hace un papel extraordinario, mostrando una preciosa sonrisa y un rostro dulce cuando lo pide el guión, o un gesto atormentado cuando lucha con su memoria por saber qué ha sucedido. Tiene algunos planos memorables, que la envían directamente a la lista de las grandes películas del género negro. Lástima que haya sido menospreciada y consideraba una obra menor del director.

    Adenda: Les Gils (1957)

    Taina Elg, Kay Kendall, Gene Kelly y Mitzi Gaynor.

    Es cierto, Les Girls no cabe en esta lista. No es una película de género negro, ni de misterio, ni hay un crimen ni nada parecido. Les Girls es un musical (dirigido por George Cukor, basado en una historia de Vera Caspary que fue adaptada por John Patrick). El toque «Caspary» estaría en el planteamiento de la historia: Sybil Wren publica sus memorias años después de que el espectáculo de Les Girls haya terminado ya. En uno de los capítulos, cuenta la historia de dicho espectáculo y cómo una de sus compañeras mantenía una relación con dos hombres y cómo trató de suicidarse. Angèle, la compañera a la que se refiere la historia, demanda a Sybil por difamación. Será necesario acudir a los juzgados londinenses para resolver quién miente en toda esta historia.

    En su autobiografía, Caspary confesaba que había sido el trabajo de estudio más satisfactorio de su carrera. Se divirtió visitando los escenarios, viendo bailar a Gen Kelly, escuchando cantar las canciones de Cole Porter a la actriz Kay Kendall, o observando cómo Cukor dirigía alguna de las escenas que ella había escrito. Comparto su entusiasmo, porque debe ser fascinante poder ver el rodaje de uno de estos grandes musicales, con las escenas de baile, los decorados y la iluminación al servicio de la coreografía. La película es estéticamente impresionante, y la historia no es tan plana como podría parecer en un principio.