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  • Contrapaso, de Teresa Valero (2021)

    Contrapaso, de Teresa Valero (2021)

    Argumento.

    Febrero de 1956. El año del Gran Frío. El cadáver de una mujer aparece en el Manzanares. Medio desnuda, cubierto de lesiones, e incluso con un texto impreso en su piel: «Se han puesto la Luna y las pléyades. Es medianoche y yo duermo sola». Franco lleva 20 años en el poder, por lo que las investigaciones de este tipo de crímenes se resuelven de forma rápida y discreta. Si es necesario, con un chivo expiatorio y un castigo ejemplar. Emilio Sanz —militante falangista— y León Lenoir —hijo de un comunista muerto en la Guerra Civil—, periodistas de la sección de sucesos de ‘La Capital’, investigarán el caso. Un caso que todos corren en querer tachar de suicidio para cerrarlo rápido. Este es el arranque de Contrapaso.

    Teresa Valero

    Multitud de temas.

    Hay muchas razones por las que Contrapaso llama la atención. Uno de ellos es la abundancia de temas que aborda. La falta de investigación policial ante crímenes de sangre, los casos de niños robados, la represión de la homosexualidad, las primeras huelgas estudiantiles, la dificultad de ser mujer e ir contracorriente, la eugenesia. Y todo ello en menos de doscientas páginas.

    ¿Y cómo lo consigue? Una de las grandes virtudes de los tebeos es la capacidad de elipsis de la que pueden presumir. Siempre y cuando guionista y dibujante sepan lo que hacen. Aquí, Teresa Valero realiza ambos trabajos y logra sintetizar algunas subtramas en unas pocas viñetas. La gestualidad de los personajes, el movimiento, la acción; incluso los silencios, algo tan difícil de retratar en una imagen estática y que Valero hace de un modo magistral.

    Viñetas de Contrapaso

    Un elemento que resulta fundamental es el uso del color como termómetro de las emociones, recurriendo a tonos más fríos o más cálidos en función de lo que pida la trama. El lector atento descubrirá que esos contrastes no solo reflejan si la intriga transcurre en un interior o un exterior, o si es de día o de noche. Hay mucho más detrás. Buen ejemplo de ello es la elección cromática de las últimas páginas, cuando miles de ‘Contrapasos’ «llueven» por el centro de Madrid.

    Madrid como escenario.

    Teresa Valero realiza un magnífico retrato de la sociedad madrileña de la época. Y lo hace a través de escenarios como la redacción donde trabajan los protagonistas, los cafés abarrotados en los que se reúnen o las calles (algunas reales, algunas ficticias) en las que encontramos homenajes como el de la estación de metro «Pardo Bazán». El Madrid de Valero no tiene nada que envidiar a ninguna de las grandes capitales de Europa, y logra transmitir mediante sus ilustraciones la vanguardia y la actividad frenética que se vivía.

    Una de las viñetas donde se nos muestra Madrid

    Distintos puntos de vista.

    Contrapaso busca reflejar las dos Españas del momento. Para ello, Valero no escoge un bando sino que nos muestra los dos, con personajes complejos que poseen motivaciones y temperamentos diversos. Nada es del todo rojo ni del todo azul. Hay profusión de grises para que comprendamos lo difícil que era sobrevivir en un país tan dividido y donde la sospecha al vecino era la forma habitual de vivir.

    Los dos protagonistas disfrutan de una personalidad arrolladora. Pero resulta imposible no detenerse en tres personajes, más o menos secundarios, en concreto. En primer lugar, Paloma, dibujante e ilustradora en ‘Mujer de verdad’, prima de León. Joven independiente, que se niega a someterse a lo que la sociedad considera que es una mujer decente, a casarse y a tener hijos. En la misma línea, su compañera Magda, más liberada incluso que Paloma, con una sexualidad abierta y a la que le gusta disfrutar de la vida. Y por último, Charo. Una niña de catorce años que acompaña a su padre —médico forense— en su trabajo. Lo más fascinante de Charo es que está inspirada en alguien de carne y hueso: la doctora María Jesús Buitrago, una de las primeras mujeres forenses en España.

    Imagen publicitaria que dibuja Paloma.

    Como podéis ver, hay motivos más que de sobra para que os lancéis a leer esta historia. Y si necesitabais una más, tan solo deciros que habrá al menos una nueva entrega de la serie en la que la autora ya está trabajando. La esperaremos con los brazos bien abiertos.

    Título: Contrapaso.
    Autora: Teresa Valero (guonista y dibujante).
    Editorial: Norma.
    Año de publicación: 2021.
    ISBN: 9788467944587.
    Número de páginas: 152.
    Ficha del libro en Norma: https://www.normaeditorial.com/ficha/comic-europeo/contrapaso-los-hijos-de-los-otros
  • Una joven prometedora – Emerald Fennell (2020)

    Una joven prometedora – Emerald Fennell (2020)

    Argumento

    Una joven prometedora (Promising young woman) arranca con una escena en la que Cassandra (Carey Mullingan) no es capaz de ponerse en pie. Está sola y borracha en los sofás de un bar. Un preocupado Adam Brody se ofrece a llevarla a casa, pero en el taxi cambia de idea y decide poner rumbo a su piso. Una vez allí, por más que Casey le pregunta qué hace, por qué la besa y la desnuda, él sigue sin inmutarse, aprovechando su estado de semiinconsciencia. Hasta que esta cobra lucidez de golpe. En la secuencia siguiente la vemos caminando descalza por la calle —ya de día— comiendo un perrito, y con un brazo lleno de ¿ketchup? ¿sangre?.

    Cassie es la camarera en una cafetería donde todo parece edulcorado menos su carácter: desde el color de las paredes al de los muffins que adornan sus vitrinas. Por las noches se convierte en una sociópata que sale de bar en bar en busca de presas. Simulando que su nivel de alcohol en sangre es mucho más elevado del que en realidad es, nos muestra como el mundo está lleno de caballeros andantes dispuestos a rescatarla. Y de paso, meterse en sus bragas.

    Simbolismos.

    Este tipo de ambigüedades poblarán una película que rompe con la tradición de la historias de venganza gracias a su enfoque feminista. Los códigos de la ficción son algo muy poderoso que habita en nuestro subconsciente, haciendo que sepamos el rumbo que van a tomar. Sin embargo, aquí todo lo que el espectador espera que pase, no pasa.

    Una joven prometedora es una historia tragicómica, con tintes de comedia negra y romántica. La estética y la elección de la banda sonora están escogidas al milímetro. Encontramos una clara inspiración de las películas chick-flick, género con un fuerte predominio del romance orientadas para un público femenino (tonos pastel, vestuario y peinados delicados). Incluso una parte de la narración parece girar en esta dirección, con escenas como la que comparten los protagonistas en una farmacia bailando y cantando al ritmo de Paris Hilton. Sin embargo, el desarrollo de la trama nos lleva por caminos mucho más oscuros —rozando el terror en ocasiones—, contrastando así con la apariencia visual y produciendo así mayor impacto en el espectador.

    Ópera prima.

    Una joven prometedora es la primera película de Emerald Fennell (al frente de la dirección y del guión, e incluso haciendo un cameo como actriz). Eso no implica que sea novata, ya que ha sido la guionista de algunos de los episodios de la serie Killing Eve. Con esta cinta se ha convertido en la primera directora en conseguir cinco nominaciones con su ópera prima, consiguiendo ser premiada por el de Mejor Guión Original. Otro de los nombres que resuenan en los créditos es el de Margot Robbie como productora.

    Con esta historia, Fennell deja muy claro que los géneros y los códigos de la ficción pueden romperse; que deben quebrarse para cambiar el discurso. En un momento en el que el alegato del #NotAllMen resuena con fuerza, Fennell trata de exponer la problemática de la cultura de la violación y cómo toda la sociedad, hombres y mujeres, somos mucho más cómplices de lo que podemos pensar. Porque no hacer nada es posicionarse.

    Final a la altura.

    Uno de los grandes aciertos es el final. La narración se dirige en todo momento hacia un desenlace en el que el espectador está seguro de lo que puede llegar a pasar: se debate entre un desenlace previsible y uno no deseado. Pero una vez más, Fennell nos sorprende y escoge un cierre a la altura de lo que quiere contarnos, tiñendo aún más de tristeza una película que no deja indiferente. Que no os engañen la música comercial y las luces de neón: incluso con sus fallos, merece mucho la pena.

  • Las cinco mujeres, de Hallie Rubenhold (2019)

    Las cinco mujeres, de Hallie Rubenhold (2019)

    La culpa fue de ellas.

    Peter Sutcliffe, el apodado como Destripador de Yorkshire, asesinó a trece mujeres entre 1975 y 1980, y agredió a otras siete. La policía y la prensa centraron su investigación en torno a que era un asesino de prostitutas. El revuelo se produjo cuando apareció su quinta víctima, Jayne MacDonald, una estudiante de clase media. Una chica normal de 16 años, no una prostituta como el resto.

    En noviembre de 2017 el tribunal al cargo del juicio contra José Ángel Prenda Martínez, Alfonso Jesús Cabezuelo Entrena, Antonio Manuel Guerrero Escudero, Jesús Escudero Domínguez y Ángel Boza Florido —más conocido como el Caso de La Manada— aceptó como prueba una publicación en Instagram de la demandante. En dicha imagen podía verse una camiseta vestida por un maniquí con el logo «Hagas lo que hagas, quítate las bragas».

    En 1888, Polly, Annie, Elizabeth, Catherine y Mary Jane fueron asesinadas y evisceradas en las calles del londinense barrio de Whitechapel. Todas ellas fueron asesinadas por la noche, y debido a ello se les colgó la etiqueta de «prostitutas» casi de un modo inmediato.

    Todas estas mujeres han tenido algo en común: se ha puesto en tela de juicio su papel de víctimas. Si eres prostituta, te expones a que te puedan violar o matar. Si te metes en un portal con cinco hombres, te expones a que te puedan violar o matar. Si estás sola por la calle de madrugada, te expones a que te puedan violar o matar. La responsabilidad recae en la víctima, liberando de ese peso a quien comete el crimen. Porque si no hubiese sido por culpa de ellas, ellos no las habrían atacado.

    Whitechapel

    Ser mujer en el Londres victoriano.

    Hallie Rubenhold en el ensayo Las cinco mujeres realiza una investigación exhaustiva para conocer a las víctimas canónicas de Jack el Destripador. Dónde nacieron, cómo fue su entorno familiar, qué se torció en sus vidas para verse en plena calle una noche de 1888.

    Antes incluso de que hubieran pronunciado sus primeras palabras, se las consideraba menos importantes que sus hermanos y eran más una carga para el mundo que sus contrapuntos femeninos con más dinero. Nunca tendrían los ingresos de un hombre; por tanto, su educación era menos importante.

    Página 353.

    Si eras mujer de clase baja en el Londres victoriano tu única opción de vida pasaba por buscar la protección de un hombre. Si no estabas casada, se te consideraba una marginada, defectuosa, lo que se asociaba a una dudosa moralidad y a una sexualidad impura. Si te casabas, debías aceptar ese contrato de por vida, ya que el sueldo que podía llegar a ganar una mujer de forma individual no daba para poder sobrevivir. Si había tenido hijos, la situación empeoraba. Si tu marido te abandonaba (o tú a él), la mejor alternativa era irte a vivir con algún pariente para poder sobrevivir, pero no siempre existía esa posibilidad.

    No era raro ni poco habitual que una mujer se viese sin un techo bajo el que vivir. De nuevo, la mejor opción era buscar la protección de un hombre. En caso contrario, te exponías a la violencia sexual de tus compañeros de albergue o de acera. La concepción y su prevención era responsabilidad de ellas. Los embarazos ilegítimos eran ilegales. Por lo que si tenías un hijo fuera del matrimonio (fuese de una pareja estable o de una violación) podías acabar en la cárcel.

    Un retrato de la sociedad de clase baja.

    Podría poner ejemplos hasta el infinito de lo que nos narra Rubenhold en este libro. Con todas estas situaciones nos ayuda a comprender cómo era ser una persona de escasos, o nulos, recursos en el Londres de la época. Y el agravante que implicaba si encima eras mujer. Obviamente, habría excepciones. Pero cuando las instituciones, las fuerzas del orden y la legislación iban en su contra casi constantemente, resultaba complicado poder salir adelante.

    Puede que la vida que más me haya impactado sea la de Elizabeth, una joven sirviente sueca a la que no le ayudó contraer sífilis. Las humillaciones a las que se la sometió por este motivo resultan impactantes.

    Culpabilización de la víctima.

    Si en pleno siglo XXI se sigue preguntando a las víctimas de violación si se resistieron lo suficiente, qué no ocurriría en el siglo XIX. La situación no tiene por qué ser peor, pero teniendo en cuenta la ausencia de protección y de derechos que las clases menos pudientes sufrían, la cuestión de género no ayudaba a mejorarlo. En cualquier caso, este ensayo señala algo que por fin empieza a cuestionarse: la culpa de la víctima. No importa tu estatus social, tu forma de vestir, las horas a las que transites por la calle. Si te asesinan, la culpa es de tu asesino. Punto.

    La adjudicación de la etiqueta de prostitutas a estas cinco víctimas resta valor a sus vidas de forma automática. No es tan grave que las destripase, que las degollase. Tan solo eran prostitutas. Personas sin valor para la sociedad. Despojos. Con este ensayo se trata no solo de dar visibilidad a ese problema, sino también hacerles justicia a cinco personas cuyo único error fue encontrarse en el lugar en el que alguien decidió acabar con la vida de quien estuviese delante.

    Título: Las cinco mujeres (The Five: The Untold Lives of the Women Killed by Jack the Ripper)
    Autor: Hallie Rubenhold.
    Traductora: Mónica Rubio.
    Editorial: Roca (2020).
    Año de publicación: 2019.
    ISBN: 9788418014949.
    Número de páginas: 432.
    Ficha del libro en la web de Roca: https://www.rocalibros.com/roca-editorial/catalogo/Hallie+Rubenhold/Las+cinco+mujeres

  • El misterio de Gramercy Park, de Anna Katherine Green (1897)

    El misterio de Gramercy Park, de Anna Katherine Green (1897)

    Un cadáver en Gramercy Park

    Una calurosa noche de septiembre Amelia Butterworth escucha como un coche de punto se detiene en la casa de al lado. Sería algo más o menos común si la familia a la que pertenece dicha vivienda no estuviese fuera de viaje. Estamos en Nueva York, en 1895 como bien data la narradora. Este suceso sin importancia será crucial para lo que va a ocurrir a la mañana siguiente. El cadáver de una mujer aparecerá en la mansión, aplastado por un aparador e impidiendo así identificar a la fallecida.

    Ebenezer Gryce será quien se hará cargo de la investigación interrogando a todos los testigos de lo que ha sucedido. Pero Amelia Butterworth, con su inteligencia y su irreverencia, no tardará en sentir que es capaz de ayudar a desentrañar este misterio. Hay determinados elementos en la escena del crimen a los que Gryce no ha prestado toda la atención que se merecen. Y está convencida de que puede incluso superar en astucia a su contrincante.

    El misterio de Gramercy Park es la primera obra en la que hace su aparición el personaje de Amelia Butterworth. No así el de Ebenezer Gryce. En castellano tenemos la primera entrega de su serie, El caso de Leavenworth (Editorial Alberto Santos, 2011) y la décima, Uno de sus hijos (Editorial Dépoca, 2016). A pesar de la importancia de Gryce en esta trama, quien lleva todo el peso de la historia es Amelia Butterworth. Que a su vez nos hará de narradora.

    Vivienda en Gramercy Park, Nueva York

    Amelia Butterworth

    Butterworth es una mujer soltera y solitaria. Inteligente, con una mente analítica y deductiva. A eso hay que sumar su arrogancia, lo que no la convierte en una vecina especialmente simpática. Respecto a otras novelas de detectives aficionados la aportación más destacada de Butterworth es su mirada femenina. Mientras sus equivalentes masculinos no prestan atención a detalles como la vestimenta o las joyas, ella introduce una serie de deducciones muy acertadas.

    No olvidemos que nos encontramos ante casos acontecidos entre las clases altas y adineradas a finales del siglo XIX, una época en el que las normas de sociedad y la etiqueta no podían infringirse sin más. Si eras una mujer de buena familia, no era posible que paseases por las calles sin sombrero, o que no utilizases joyas si ibas vestida de una determinada manera. Puede que a más de uno todo esto le suene anticuado, pero es que estamos ante una novela publicada en 1897. Con todos estos elementos lo que hace es ser un fiel reflejo de un estatus social y de un momento histórico muy concreto.

    La trama del libro es muy interesante y la intriga está desarrollada de un modo magistral. El toma y daca entre Gryce y Butterworth resulta fascinante, y añaden diversión a la historia. Algo que considero como un punto a favor es que los dos investigadores no son precisamente jóvenes. Así, la experiencia y la sabiduría que aportan la edad se muestran aquí como algo favorable.

    Jane Marple y Rachel Innes

    Resulta inevitable pensar en las sucesoras de Butterworth en el género de misterio. Mujeres de avanzada edad, solteras, que no han escogido someter su voluntad a un marido ni a unos hijos. Las primeras que me vienen de forma irremediable a la cabeza son Rachel Innes, protagonista de La escalera de caracol y Jane Marple, uno de los personajes más famosos de Agatha Christie. Investigadoras con una brillante capacidad deductiva y aficionadas a resolver crímenes. Y con un carácter un tanto singular, que no siempre caen bien a todo el mundo. Ejemplos todas ellas de que es posible una literatura de intriga con protagonistas femeninas con una fuerte personalidad y hasta con mal genio.

    Título: El misterio de Gramercy Park (That Affair Next Door)
    Autora: Anna Katherine Green.
    Traductoras: Rosa Sahuquillo Moreno y Susanna González.
    Editorial: Dépoca (2014).
    Año de publicación: 1897.
    ISBN: 9788493897291.
    Número de páginas: 400.
    Ficha del libro en Dépoca: https://www.depoca.es/novedad_el-misterio-de-gramercy-park.html
  • El cuchillo, de Patricia Highsmith (1954)

    El cuchillo, de Patricia Highsmith (1954)

    El asesino de la parada de autobús.

    Melchior Kimmel decide asesinar a su esposa Helen. Una noche, acude al cine a ver ‘Una mujer marcada’ y charla con su amigo Tony de que Helen está de viaje. La jugada no podría haberle salido mejor: acaba de conseguir una coartada. Entra a la sala de cine, y acto seguido sale por otro lado para coger el coche. Conduce hasta la estación terminal de autobuses Cardinal. Espera a que su mujer baje en la parada de descanso, y en una escena que ya deja al lector sin aliento en la página tres, la asesina de forma violenta. Nadie le ha visto, regresa a su casa, y aguarda a que la policía le notifique la noticia.

    Walter Stackhouse ve la noticia del asesinato de Helen Kimmel en el periódico. Lee que ha sido brutalmente apuñalada y golpeada, pero que no le han robado nada. La policía carece de pistas. Recorta la noticia y la guarda como material para sus ensayos. En los siguientes días le da vueltas al asunto, y se le ocurre que podría haber sido el marido. Es factible que haya conducido hasta la terminal de Cardinal y eliminarla allí. Nadie sospecharía de él, porque ¿para qué matarla tan lejos pudiendo hacerlo cualquier día en casa? Y cuanto más lo piensa, más convencido está de que así es como lo ha hecho. Es más, le parece una idea brillante. Tanto, que no puede sacársela de su cabeza. Hasta que un día su mujer Clara se sube a un autobús para ir a visitar a su madre enferma.

    Vivian MAIER – Bus and two women, Los Angeles, ca. 1955

    Binomio Stackhouse – Kimmel

    Este es a grandes rasgos el comienzo de El cuchillo, tercer libro de Patricia Highsmith tras el best-seller Carol de corte romántico. En esta ocasión la escritora estadounidense repite el binomio de Extraños en un tren, pero en un caso de un crimen por imitación. Un copycat. De nuevo donde reside el éxito de la obra es en la idas y venidas dentro de la cabeza de los personajes, en especial de Walter. Cómo me deshago de mi mujer, qué opina la gente de mí, cómo puedo conseguir que crean mi historia.

    La historia es una reflexión sobre la obsesión y la culpa. A pesar de que nos encontramos con un policía decidido a resolver ambos casos, la novela se centra en el comportamiento y las ideas de Walter. Highsmith juega (en esta y en otros libros) con la delgada línea se separa a las personas comunes del crimen. ¿Qué necesitamos para acabar con la vida de alguien? ¿Cuál es la chispa necesaria para que esa idea se introduzca en nuestra mente para no abandonarla jamás?

    Vivian Maier – New York, NY, May 1953

    Para adentrar más aún en la idea de que cualquiera puede cometer a un asesinato nos presenta, como ya hizo en Extraños en un tren, a dos personajes muy distintos. Walter está a punto de abrir su propio bufete de abogados, su mujer es una exitosa agente inmobiliaria, tienen una casa perfecta, con una criada perfecta, un perro perfecto y amigos perfectos. O eso parece en un primer momento. Kimmel, sin embargo, es un inmigrante humilde que hace lo que puede para ganarse el pan con su librería. No lleva una vida acomodada, aunque su bienestar sube un par de puntos desde que asesina a Helen. Dos hombres que poco tienen que ver el uno con el otro más allá de que, por diferentes motivos, no soportan a las mujeres con las que se casaron.

    Me resulta llamativo que para todas estas introspecciones dentro del intelecto del criminal, o presunto criminal, Higshmith siempre escoja una tercera persona para narrarlo. Puede que sea debido a que las primeras siempre son más vacilantes, menos objetivas, y que no quisiera hacer dudar al lector acerca de lo que estaba contando. En cualquier caso, consigue meterte en la mente de sus personajes de tal manera que llegas a vacilar en algún momento de la voz narrativa escogida.

    Vivian Maier – New York City. Woman getting off bus, Nun getting on.

    Reflejo de la vida de Pat

    Creo que no soy la única a la que le apasiona encontrar paralelismos entre la vida de los autores y su obra. En esta novela encontramos un rastro de Ellen Hill, la pareja de Highsmith durante cuatro años desde 1951. Su relación debió ser bastante tormentosa, discutiendo a todas horas. Pero el sexo debía compensar cualquier desavenencia. Ellen opinaba que Pat era la mejor amante del mundo y afirmaba que nunca se había acostado con nadie tan apasionado y experto. Los problemas, no obstante, eran constantes. Hill intentó suicidarse dos veces, y la segunda vez el escenario parecía preparado para llamar la atención de Pat. Fue el momento en el que Highsmith decidió dejarla, algo que encontramos reflejado en esta obra en la relación de Walter y Clara.

    *Me pasé casi toda la lectura preguntándome por la elección de ‘El cuchillo’ como título hasta que se me ocurrió buscar el original: ‘The blunderer’, que viene a ser algo así como ‘El torpe’, ‘El manazas’, un título que tiene mucho más sentido con la historia. Una de esas inexplicables maravillosas decisiones editoriales que nunca entendemos los lectores.

    *Todas las imágenes de esta entrada son de la fotógrafa Vivian Maier (1926-2009). http://www.vivianmaier.com/

    Título: El cuchillo (The blunderer)
    Autora: Patricia Highsmith.
    Traductor: Manuel G. Palacio.
    Editorial: Anagrama (1988).
    Año de publicación: 1954.
    ISBN: 8433931395.
    Número de páginas: 270.
    Ficha del libro en Anagrama: https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/el-cuchillo/9788433931382/PN_138
  • Extraños en un tren, de Patricia Highsmith (1950)

    Extraños en un tren, de Patricia Highsmith (1950)

    Bruno y Guy, Guy y Bruno.

    Bruno y Guy coinciden en un tren. Guy está ensimismado, dándole vueltas a cómo solucionar su matrimonio fallido con Miriam; una mujer que se ha convertido en un verdadero incordio para él. No solo ha dejado claro que no le quiere, sino que además le está engañando con otro hombre. Mientras reflexiona sobre todas estas ideas Bruno se le acerca y, sin saber bien cómo, Guy termina cenando en la suite de Bruno.

    Parece un poco extravagante, demasiado entrometido. No para de preguntarle a Guy por su vida y por su trabajo, hasta que consigue sonsacarle sus problemas con Miriam. Bruno le ofrece una solución, es algo en lo que lleva pensando desde hace mucho tiempo: un crimen perfecto. Quiere deshacerse de su padre, y Miriam es un problema que Guy no sabe cómo sortear. La solución es sencilla: le propone que se intercambien los crímenes. Él asesinará a Miriam por él y Guy se ocupará de su padre. Nadie sabe que se conocen, no podrán vincularles con sus víctimas, y ambos crímenes quedarán sin resolver.

    El viaje en tren finaliza, cada uno regresa a su vida y todo queda en una especie de sueño, de noche extraña digna de ser olvidada. Hasta que un día la madre de Guy le comunica que han asesinado a Miriam. Guy no puede creer que sea cierto. ¿Habrá seguido Bruno con su disparatada idea? Y lo que le preocupa más aún, ¿espera que él asesine a su padre a cambio?

    Imagen de la película "Extraños en un tren" de Alfred Hitchcock de 1951 con Guy y Bruno charlando en el tren.
    Guy y Bruno

    Novela vs Película

    La premisa de Extraños en un tren es más que conocida, en parte gracias a la adaptación a la gran pantalla por parte de Alfred Hitchcock. Un crimen perfecto sin pruebas ni móviles que puedan vincular al criminal con la víctima. Sin embargo, Bruno no contaba con uno de los factores que resultan fundamentales para comprender esta obra: la culpa.

    «A decir verdad, no sentía la menor ansiedad ante la eventualidad de que la Policía le atrapara, nunca la había sentido. Su ansiedad había sido en todo momento algo interior, una lucha consigo mismo tan atormentadora que tal vez hubiese recibido con gusto la intervención de la ley. La ley de la sociedad era benévola comparada con la de la conciencia. Tal vez acudiera a la ley y confesara, pero la confesión le parecía un detalle sin importancia, un simple gesto, incluso una salida fácil, un modo de evitar la verdad. Si la ley le ejecutaba, sería un simple gesto.»

    Extraños en un tren, página 224.

    Si eres de los que han visto la película antes de leer la novela, puede que te sorprendas de todas las diferencias que hay entre una y otra cuando te lances a leer el libro. Ni es el mismo formato, ni por supuesto el mismo ritmo. Lo que en cine necesitas contar en un máximo de 120 minutos, en un texto puedes alargarlo y recrearte sin la más mínima prisa. Por eso la versión en celuloide coge la idea central y poco más.

    El foco.

    La principal diferencia entre ambas es el final. No solo porque en la película es mucho más precipitado, sino porque es muy distinto. Pero no solo hay cambios en cuanto a argumento, sino sobre todo en cuanto a foco. Hitchcock, tal vez bajo la amenaza del Código Hays, tuvo que centrar el foco en un solo personaje. El escogido fue Guy, el héroe de la historia es su versión. Porque la censura en los años 50 lo dejaba bien claro: el bien debía imponerse al mal y no cabían medias tintas o posibles interpretaciones dudosas.

    Highsmith alterna constantemente el foco entre Guy y Bruno. No hay buenos ni malos en su obra, todos son grises con miedos y dudas, y tan pronto podrían ser ángeles como demonios. Este cambio de enfoque le permite a la autora adentrarse en sus mentes y construir individuos con muchos más matices y complejidad. El proceso es lento, ya que otro de los elementos básicos de esta historia es el peso del paso del tiempo. Cada día se asemeja a la cuenta atrás de un condenado a muerte, y todas esas idas y venidas en el razonamiento de los personajes son fundamentales para conseguir una novela asfixiante y con una relación enfermiza entre los protagonistas. Se odian, no quieren saber nada del otro, pero como bien dice el refrán «mantén cerca a tus amigos pero aún más a tus enemigos.»

    Imagen de la película "Extraños en un tren" de Alfred Hitchcock de 1951, con Bruno acechando a Miriam.
    Bruno acechando a Miriam (interpretada por la hija de Alfred Hitchcock)

    La tortuosa relación de Hitchcock y Chandler.

    Una de las curiosidades más destacadas de la adaptación a la gran pantalla fue la escritura del guión. A Hitchcock le gustó la premisa del libro en cuanto lo leyó, pero convertirla a otro formato no fue tarea fácil. La primera versión surgió del mismo director y de Whitfield Cook. Sobre este texto, se le encargó a Raymond Chandler el guión definitivo (tras el éxito de su adaptación de Double Indemnity de James M. Cain), algo que quedó claro que fue una mala idea.

    Tanto Hitchcock como Chandler poseían dos egos desmesurados, y a los dos les gustaba que se hiciesen las cosas a su manera. Hitchcock pretendía que Chandler escribiese el guión que él quería, pero Chandler se negaba a aceptar las órdenes del director porque iban contra su capacidad creativa. En una carta de 1951, Chandler escribe: «un escritor con un toque personal nunca debería trabajar para un director como Hitchcock, porque en una película de Hitchcock no debe haber nada que el mismo Hitchcock no haya podido escribir». Hitchcock pensaba no obstante que el problema era Chandler, incapaz de aceptar sugerencias ni directrices.

    Retratos de Alfred Hitchcock y Raymond Chandler.
    Hitchcock y Chandler

    Cuenta la leyenda que el guión de Chandler acabó casi en la basura, y que fue Czenzi Ormonde quien reescribió el texto desechando gran parte de las ideas del novelista. A pesar de que quien aparezca en letra grande en los títulos de crédito sea él. En los diálogos intervinieron Alma Reville —esposa de Hitchcock— y Barbara Keon. El resultado no terminó de convencer ni al director ni a Highsmith. A él porque consideraba que los diálogos no eran lo suficientemente buenos y que no lograban caracterizar del todo a los personajes. A Highsmith porque cambió en exceso su novela, dejando relegada a un segundo plano la profundidad psicológica de la misma. Eso sí, años después ella acabó admitiendo que siempre le estaría agradecida a Hitchcock por haber decidido adaptar su obra porque el éxito obtenido con ella le permitió poder seguir escribiendo y vivir de ello.

    Título: Extraños en un tren (Strangers on a train)
    Autora: Patricia Highsmith.
    Traductor: Jordi Beltrán.
    Editorial: Anagrama (2015).
    Año de publicación: 1950.
    ISBN: 9788433920157.
    Número de páginas: 356.
    Ficha del libro en la web de Anagrama: 
    https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/extranos-en-un-tren/9788433930279/PN_27
  • Baldías, de Laura Rossi (2012)

    Baldías, de Laura Rossi (2012)

    Lucía cada mañana utiliza el transporte público para acudir a su trabajo en la librería del Tano. Aquel día, al doblar la esquina, ve una pequeña multitud en la calle. Patrulleros, camionetas con los logos de los canales de televisión, periodistas. Y aquel olor a carne quemada que la había dejado revuelta la primera vez. «Otra más, otra más…», repiten los vecinos. Y es que ha aparecido un nuevo cadáver calcinado de una mujer en el baldío.

    Wanda Taddei y las mujeres quemadas en Argentina.

    Una búsqueda rápida en Google puede abrirnos los ojos acerca del tema que trata Baldías y por qué Laura Rossi sintió la necesitad de escribir sobre ello en 2012. En 2010 el caso de Wanda Taddei alcanzó mucha repercusión mediática: su marido el músico Eduardo Vázquez la habría quemado tras una discusión. Viva. Tras rociarla con alcohol. Falleció 11 días después. Este caso abrió los ojos a una realidad que llevaba existiendo desde hacía tiempo, pero en la que nadie se centraba demasiado en aquellos años; la violencia de género. Entre este asesinato en 2010 y 2013 el número de mujeres quemadas por hombres en Argentina ascendía a un total de 132.

    Wanda Taddei y su asesino Eduardo Vázquez

    Estilo de la obra.

    Baldías impacta más por lo que no cuenta que por lo que cuenta. Por lo que deja entrever. En esta novela se nos cuenta cómo empiezan a aparecen una serie de cadáveres de mujeres calcinadas en un descampado. En el primer caso, la prensa pulula por el barrio durante una semana. Durante tres días en el segundo. En el tercero, durante una mañana. Todo apunta que no son de la zona. Nadie las reclama, nadie denuncia su desaparición. Tan solo una de ellas acaba teniendo nombre, apellido y rostro.

    «Estaban tirando cuerpos de mujeres completamente quemadas en un terreno baldío que nunca había sido de nadie, que, de algún modo, era de todos. Siempre el mismo terreno y siempre, a simple vista, la misma manera. No eran del barrio. Nadie las conocía. Nadie las había reclamado.»

    Baldías.

    Baldías es una obra coral narrada desde distintas voces. Algunas de estas voces son las de los propios asesinos de las mujeres abandonadas en el baldío. Rossi realiza un ejercicio brillante a la hora de construir su voz narrativa en cada uno de los fragmentos, una voz que puede sonar a un personaje o a otro, pero que no se contamina de subjetividad. Algo que entraña una dificultad muy elevada, más aún a la hora de tratar un tema tan delicado como el de los feminicidios.

    «Los ojos. Los ojos de la Mavi eran enormes y lo miraban con terror. Ni que él fuera un monstruo. Él solo quería que ella entendiera cómo eran las cosas, que se dejara de joder. Quería asustarla un poco nomás pero el fuego, una vez que prende, no se puede controlar. El fuego encandila, no necesita a nadie. Él casi no había hecho nada. Fue el fuego. Fue ella, se la estaba buscando.»

    «Ella tenía que entender que era su mujer. Y que él no podía dejar que su mujer hiciera cualquier cosa como si él no estuviera.»

    Baldías.
    Laura Rossi

    Cómo hablar de Baldías sin hablar de Baldías.

    Hablar de Baldías sin desvelar ningún elemento fundamental de la trama resulta muy complicado, por eso os hablo más de las periferias que de lo que trata la novela. Es una de esas historias perfectas para desgranar en un club de lectura en el que todos hayan finalizado ya el texto, porque da para un análisis largo de todo lo que cuenta y refleja: la elección de los motivos, de los criminales, de las víctimas y sus distintas formas de ser; la investigación policial y quienes giran en torno a ella, desde la mujer del policía a la sirvienta de la casa; los secundarios que ambientan el lugar donde sucede todo, desde los verduleros al ferretero.

    Baldías fue una de las diez finalistas al Premio Clarín, y este año ha sido reeditada de nuevo porque había quedado relegada en el olvido. Es una historia que está de plena actualidad, y que en 2012 tuvo que causar un impacto brutal. Me consta que se está trabajando en una edición digital pero, mientras eso ocurre, alguna editorial española podría animarse a traerla a este lado del Atlántico.

    Título: Baldías.
    Autora: Laura Rossi.
    Editorial: Brumana.
    FB de la Editorial: https://www.facebook.com/Brumana-Editora-109693893971268/
  • Cuentos criminales, de Laura Méndez de Cuenca (1890-1910)

    Cuentos criminales, de Laura Méndez de Cuenca (1890-1910)

    Buscando los orígenes del género policíaco en lengua española.

    La gota de sangre de Emilia Pardo Bazán (1911) está considerada como una de las obras fundacionales del género policíaco en nuestro país (con todos los matices que el calificativo ‘policíaco’ podría tener por aquel entonces). Sí que existían antecedentes previos con Pedro Antonio de Alarcón y su relato El clavo de 1853; con Benito Pérez Galdós y La incógnita de 1889 (así como sus crónicas de El crimen de la calle Fuencarral o El crimen del cura Galeote); también con ¿Quién disparó? de Joaquín Belda en 1909 (pero este último introducía un tono humorístico que pesa demasiado en la obra).

    No hay una cronología específica porque suele marcarse el comienzo del género en España tras el fin de la dictadura, mucho tiempo después de estos intentos de emular lo que se estaba construyendo en el extranjero. En el resto de países de lengua española ocurre un poco lo mismo, y al igual que aquí tenemos a Pardo Bazán, en México pueden presumir con orgullo de Laura Méndez de Cuenca, una escritora en cuyas historias encontramos una intencionalidad clara de denuncia y de crítica social.

    Laura Méndez de Cuenca (1853-1928)

    Podemos decir que Méndez de Cuenca fue una adelantada a su tiempo y todavía nos quedaríamos cortos. No solo por su enfoque a la hora de construir sus relatos, sino porque consiguió llegar a vivir de la escritura. A los veintiún años fue madre soltera, fruto de su relación con el poeta Manuel Acuña. Ambos, poeta y niño, murieron muy poco después. Unos años más tarde contrajo matrimonio por lo civil con el escritor Agustín Cuenca, pero él falleció poco después también. Todo esto os lo cuento no solo para aportar algunos datos biográficos, sino para que veáis qué tipo de mujer era Méndez de Cuenca: alguien que desafiaba una y otra vez las convenciones de la época.

    Retrato de Laura Méndez de Cuenca muy joven, con el pelo ondulado a la moda de la época, y un vestido con el escote bardot.
    Fotografía de Laura Méndez de Cuenca de joven

    En 1891 decidió marcharse de México con sus dos hijos a San Francisco, sin conocer el idioma siquiera. Allí fundó la Revista Hispano-Americana en 1985. Viajó por Europa como delegada del gobierno mexicano en materia de educación. En 1905 fue presidenta de la Sociedad Protectora de la Mujer, que promovía la igual de derechos y el acceso a la educación de la mujer.

    Toda esta información, y mucha más, podéis encontrarla en el blog https://lauramendezdecuenca.art.blog/, sitio creado por la editorial Libros de la Ballena y que ha servido de base para casi toda la información biográfica que os incluyo aquí.

    Cuentos criminales.

    Los cuentos de Méndez de Cuenca tienen una fuerte influencia de la tradición gótica y del tipo de construcciones que podemos encontrar en Edgar Allan Poe, por ejemplo. ¿Por qué, entonces, esta recopilación y que yo os los traiga hoy aquí? Debido a una clara intencionalidad de denuncia social. La construcción narrativa obviamente no es tan moderna como las novelas que se incluyen en los cánones del género, pero eso no quita para que nos quedemos con la boca abierta ante algunas frases como las siguientes:

    «Volvía a casa borracho y sacudía el polvo a su mujer, sin agregar pretexto para la solfa. Ella se echaba a llorar, en tanto que al hijo, ante tamaña injusticia, se le escapaba el corazón.»

    Cuentos criminales, pág. 55

    «Las pesquisas de los vecinos, las de la autoridad, las del esposo, todas fueron inútiles. Se cansaron de buscar a las dos mujeres en vano. Algunos días después del triste suceso, unos polleros que regresaban de la capital, denunciaron al alcalde dos cuerpos de mujeres a medio comer por los coyotes.»

    Cuentos criminales, pág. 80

    «Ayer una mujer descuartizada flotando en pedazos en la bahía, un crimen cometido para ocultar otro más inicuo y repugnante que coser a un hombre a puñaladas; luego, el doble parricidio cometido por un joven de buena casa, impaciente por heredar a sus viejos padres; después, las dos muchachas ultrajadas y estrangulada en un templo protestante y ahora…»

    Cuentos criminales, pág. 110
    Laura Méndez de Cuenca aproximadamente con treinta años

    Tradición oral

    Si hay algo que ha resonado en mi cabeza durante toda la lectura de estos nueve cuentos es que tenía que haber una tradición oral detrás. Con esto no quiero decir que los relatos no sean de Méndez de Cuenca, ni que sea una recopilación de historias populares, no me entendáis mal. Pero sí que la construcción, la forma de estar contados, me ha recordado a un folclore del estilo a la del ‘Sacamantecas’ o a la del ‘Hombre del Saco’.

    Estamos ante testimonios de lugares pequeños y recónditos. Son tan costumbristas y tan cercanas, que podría escribirse casi a día de hoy en cualquier región de nuestro país. De hecho, resulta doloroso que algunos de los crímenes narrados resuenen tan cercanos, porque significa que las cosas no han cambiado tanto como cabría esperar. Celos, venganza, violencia de género (en un momento que no había sido inventado el término siquiera). No sorprende que existiese ese tipo de maltrato, sino que una autora a principios del siglo XX lo plasmase sobre un papel.

    La edición de Libros de la Ballena.

    Resulta complicado destacar un relato sobre otro, porque todos los aquí recogidos son buenos. Pero reconozco que me impactaron especialmente La Tanda, La venganza y La Venta del Chivo Prieto. En la edición se incluye la fecha de publicación original, algo que me ha llevado a leerlos en el orden en que fueron publicados. Vosotros no lo hagáis: el orden que ha creado la editorial es más coherente. Abre con uno de los más potentes para atraparnos y el cierre escogido es directo como un puñetazo.

    Si os gustan las narraciones con un cierto aire de terror, con toque costumbrista, y con crímenes verídicos como la vida misma, no os podéis perder a Laura Méndez de Cuenca.

    Título: Cuentos criminales
    Autora: Laura Méndez de Cuenca.
    Editorial: Libros de la Ballena (2020)
    Año de publicación: 1890-1910
    ISBN: 9788483447420
    Número de páginas: 176
    Precio: 13,90€
    Ficha del libro en la web de la editorial: http://www.librosdelaballena.com/criminales/
  • Las puertas de hierro, de Margaret Millar (1945)

    Las puertas de hierro, de Margaret Millar (1945)

    Lucille Morrow lleva años sintiendo que vive en una casa que no es la suya y con una familia ajena. En cierto modo es así. Tras la muerte de Mildred, la primera esposa del ginecólogo Andrew Morrow, este contrajo matrimonio con la mejor amiga de su difunta. Sus hijos aceptaron a Lucille, pero en todo momento sintieron que esta llevaba tiempo esperando a poder casarse con él. Tal vez incluso antes del fallecimiento de Mildred. Y, casualidades de la vida, Mildred no falleció de forma natural, sino brutalmente asesinada en medio del bosque.

    «Era posible, en fin, que al cabo de quince años, era así como ella se veía, como una extraña en su casa, que visitaba al marido de otra y a los hijos de otra.»

    Las puertas de hierro, página 12.

    Años después de todos estos sucesos, un mensajero se presenta en la puerta del domicilio de los Morrow con un paquete para Lucille. Insiste en entregárselo en persona, pero las sirvientas se niegan en redondo. Cuando Lucille lo abre a solas en su habitación, emite un grito que congela la sangre de todos los que llegan a escucharlo, y no pasa mucho tiempo hasta que desaparece de su propia casa.

    Foco en la parte central de la novela.

    A grandes rasgos, este es el arranque de Las puertas de hierro de Margaret Millar, la que es para muchos una de sus mejores novelas. La obra se divide en tres partes, y esta que os he resumido es la primera de ellas. Sin duda alguna, donde la historia brilla en la segunda parte. La acción se traslada a una institución mental, y el tono y el ritmo consiguen transmitir cómo es la vida de una persona recluida en uno de estos centros.

    «Pero la señorita Scott se había ido y Cora también. ¿Cómo pudieron irse sin que ella se diera cuenta? Las vigilaba y escuchaba, ¿verdad? ¿Hacía mucho tiempo? ¿Cuánto tiempo estaba sola?

    Las puertas de hierro, página 145.

    «Todos hablaban de ella, pero estaba demasiado cansada para escucharlos. Le pedían que hiciera algo, que moviera las piernas, que activara los brazos, que se levantara. «Ésta es su habitación. Siéntese en la cama. Lamentamos que, sabemos que, queremos que usted, estamos convencidos que nosotros» […] «Es hora de comer, hora de descansar, hora de pasear, hora de visitar al doctor Nathan, hora para ver al doctor Goodrich, hora de cenar.»

    Las puertas de hierro, página 155.
    Imagen de un tratamiento de terapia por electroshock sobre una paciente, en una sala llena de enfermeras y médicos.
    Terapia de electroshock

    Uso de una voz omnisciente.

    Puede que una de las mejores maneras de conseguir este efecto de pérdida de la noción del tiempo, de desvinculación con la realidad, sea escoger una narración en primera persona. Esta elección corre el riesgo de que se cuestione la veracidad de lo que cuenta el narrador, porque todo está contaminado por su visión distorsionada de la realidad (es algo que hace de un modo brillante Elisabeth Sanxay Holding en Nido de arañas). Sin embargo, Millar escoge una tercera persona para toda la novela, a pesar de que en esta segunda parte se disfraza de una falsa primera. El narrador se mete en la cabeza del personaje protagonista y en ocasiones escuchamos sus pensamientos y sentimos que es él mismo quien está contando la historia. Sin embargo, esa desvinculación con un narrador omnisciente consigue darle mayor credibilidad a lo que el personaje siente que está pasando a su alrededor.

    Resulta complejo analizar todo esto sin desvelar quién es ese personaje y por qué ha terminado recluido tras esas puertas de hierro que le protegen del exterior, y al exterior de él.

    El mundo de los sueños.

    La novela da para un análisis pormenorizado de las herramientas que utiliza la autora para crear ambientes opresivos, pero entiendo que este no es el lugar para ello. Sin embargo, no me gustaría dejar pasar la oportunidad de citar este fragmento que cobra todo su significado cuando la trama se resuelve. Un escenario que conocemos por haber aparecido anteriormente se distorsiona a través de los sueños y se torna en orgánico a través de sus transformaciones:

    Mientras se acercaba, las luces se apagaron poco a poco, como el reconocimiento de los ojos de un moribundo, y el porche hizo una mueca como una mandíbula roída por los gusanos. Cuando pasó al lado de una columna, la tocó con la mano y sintió cómo la cal se desconchaba. Dentro de la casa se olía, suspenso en el aire, a moho, como un sentimiento amenazante. Mientras se movía en aquella oscuridad terrenal, supo que había entrado en una tumba. Era terrible entrar en una tumba, pero necesitaba encontrar aquello que había ido a buscar. El libro de la vida, que era el libro de la muerte.

    De repente, la casa se convirtió tan amigable y multiforme como una familia que germinara rápidamente como hongos. Mientras ascendía por las escaleras gibosas, las paredes la pinchaban con obscena expectación, los escalones gemían como el gorjeo malicioso de innumerables criaturas, las cortinas del rellano se hinchaban y se abrían como dedos para pellizcarle las nalgas y acariciarle los muslos. Sacó un cuchillo de la pechera y las cortó, y los dedos seccionados cayeron y se pusieron a bailar a sus pies como niños.»

    Las puertas de hierro, página 180.
    Imagen de Margaret Millar sentada en una silla, en un jardín.
    Margaret Millar

    Instituciones mentales en los años 40.

    Puede que uno de los elementos que más me ha llamado la atención sea la descripción de una institución mental en una novela de 1945. No olvidemos que hasta fecha reciente este tipo de centros eran poco más que cárceles para enfermos mentales. Y el objetivo se centraba mucho más en la reclusión que en la recuperación de los enfermos. Quedaba todavía mucho camino por recorrer en el estudio de la psicología y la psiquiatría, y lo que se pretendía era librar a la sociedad de estos individuos. Por su propia seguridad, y sobre todo, la del resto de la sociedad.

    El enfoque de Millar no está dulcificado. Podemos entrever a través de las descripciones del estado de ánimo de los internos que las horas pasan sin que apenas se den cuenta; tan pronto están junto a una enfermera, como que esta desaparece, lo que nos puede hacer sospechar que están muy medicados o sedados. Es cierto que no se nos muestra la cara más oscura de estas instituciones, porque el foco se pone en uno de los personajes más que en el entorno. Pero al lector atento no se le escaparán algunos detalles que pueden ponernos el vello de punta.

    Como podéis ver, no estamos ante una trama criminal sin más. Las puertas de hierro tiene múltiples capas. Y su uso de la narrativa va mucho más allá de lo que muchos etiquetarían como «una simple novela negra». Es una lástima que una obra tan destacable tan solo pueda leerse tirando de bibliotecas y de librerías de viejo. Pero daremos gracias de tenerla traducida y al menos poder leerla en castellano.

    Título: Las puertas de hierro (The Iron Gates)
    Autora: Margaret Millar.
    Traductor: Francisco Seguí.
    Editorial: Destino (1985)
    Año de publicación: 1945.
    ISBN: 9788423313938.
    Número de páginas: 263.
  • Cuando sale la luna, de Gladys Mitchell (1945)

    Cuando sale la luna, de Gladys Mitchell (1945)

    Argumento

    Simon y Keith Innes tienen por delante varios días de vacaciones para disfrutar en Brentford. Estamos en Pascua, antes de la IIGM, en una pequeña localidad donde su vida consiste en ir a pescar o a recorrer la tienda de antigüedades local. Esta segunda actividad es su hobby favorito: están convencidos de que entre sus objetos encontrarán un tesoro de gran valor. Debido a las fiestas, también planean ir al circo ambulante que se asienta esa semana por allí. Nada parece que vaya a estropear sus planes hasta que, Cuando sale la Luna Llena, una de las equilibristas es asesinada.

    «Es como si hubiera vuelto Jack el Destripador otra vez, o eso me han dicho. No hay duda de que se ha tratado de una venganza.»

    Cuando sale la Luna, página 55.
    Imagen de la localidad de Brentford, donde transcurre "Cuando sale la Luna", con casas de una planta de ladrillo, con la planta baja pintada de verde y la superior con ladrillo visto.
    Brentford

    Simon y Keith no tardan en recordar que esa noche divisaron la silueta de un hombre con un cuchillo muy cerca de donde se cometió el asesinato. No sabrían decir a quién vieron, pero sí están seguros de lo que vieron. No pasarán muchos días antes de que se comenta un nuevo crimen y salte la alarma entre los vecinos. Pese a que la investigación correrá de la mano de Mrs. Bradley, una psicóloga enviada por Scotland Yard, la ayuda de Simon y Keith será imprescindible.

    «Ella odiaba que no tuviéramos madre. Quería ser una madre y una hermana y todo lo demás en el mundo excepto lo que yo quería. Sabía que estaba enamorado de ella, aunque era un secreto, el único secreto, que me cuidaba de compartir con Keith. Creo que él sentía lo mismo, pero a su manera, porque era más pequeño. Ella no significaba tanto para él. Mis ensoñaciones estaban llenas de su presencia. Miles de veces la había rescatado de morir ahogada, de casas en llamas, de tigres y de bandidos, y esos sueños siempre terminaban de la misma forma. Ella se dormía tranquila y segura entre mis brazos.»

    Cuando sale la Luna, página 117.
    Imagen de Gladys Mitchell en blanco y negro a una edad avanzada, vistiendo abrigo de lana y jersey de cuello alto.
    Gladys Mitchell

    Voz narrativa

    Opino que Mitchell consigue algo muy difícil en esta obra. A pesar de esa voz narradora juvenil, el lector no duda en ningún momento de la seriedad de las pesquisas para solucionar la trama. La presencia de Mrs. Brandley ejerce un peso fundamental en la historia. Y aunque la ayuda de nuestros dos protagonistas es básica para aclarar algunos misterios, todos tienen claro quien domina la situación. Simon y Keith fabulan una y otra vez con ser quienes están resolviendo el misterio, pero a las pocas páginas de cada ensoñación reconocen que es Mrs. Brandley quien manda.

    Recursos compositivos

    En Cuando sale la Luna, Mitchell recurre a algo que suelo encontrar mucho más en novelas escritas por autoras que por autores, y es el hecho de demandar el conocimiento exhaustivo de los habitantes de la zona para resolver el crimen. Los vecinos siempre son quienes mejor conocen cada rincón, los chismorreos sobre la gente, el pasado y los secretos de quienes viven y pasan por allí. Hasta saben a ciencia cierta quién sería impensable que cometiese un asesinato y de quién pueden fiarse cuando presenta una coartada dudosa. Las comunidades pequeñas a veces llegan a ser asfixiantes, pero para estas investigaciones tienen sus ventajas. Mitchell sabe que los grandes investigadores de las ciudades sabrán mucho de la psicología general de las personas, pero que no hay nadie como un habitante de la región para conocer los enigmas más oscuros de una comunidad.

    Buscando información sobre la novela, he leído en más de una reseña en inglés que Mitchell era muy dada a utilizar un lenguaje coloquial, con montones de vocablos de la época; muchos localismos, mucho slang. Imagino que traducir algo así debe ser muy complicado y puede ser uno de los motivos de que esta sea la única obra en castellano de la autora. Eso me hace querer leer obras suyas todavía más, y ojalá mi nivel de inglés me permitiese poder adentrarme en sus historias como me gustaría. Mientras tanto, seguiremos esperando que alguna editorial se lance a rescatarla.

    La autora.

    Miss Gladys Maude Winifred Mitchell nació en 1901 en Cowley, Oxford. Vivió durante 82 años, publicó su primera obra en 1929 y su producción se compone de 88 libros. Haced cálculos. Su protagonista estrella fue la Mrs. Bradley que podemos encontrar en esta novela, llegando a aparecer en 66 novelas. Si tuviésemos que destacar un sello personal de su obra serían los sucesos excéntricos. No era una autora convencional, y jugó con los roles del género negro caminando por una fina línea entre la ficción detectivesca clásica y la parodia. En algunas de sus obras encontramos temas como el travestismo, la brujería, lo esotérico, el amor adúltero o el control de la natalidad. Nunca se casó ni tuvo hijos (algo que destaco debido a los años en los que vivió), se declaraba agnóstica convencida y era igualmente seguidora de las teorías del Freud y de la brujería. Una mujer fascinante, diferente para lo que marcaban las convenciones sociales de la época, y con una producción literaria irregular pero, en muchos momentos, brillante.

    Título: Cuando sale la Luna (The rising of the Moon)
    Autora: Gladys Mitchell.
    Traductora: María de los Ángeles Via Rivera.
    Editorial: Nevsky (2012)
    Año de publicación: 1945.
    ISBN: 9788493937928.
    Número de páginas: 320.