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Helen McCloy, la mejor escritora estadounidense de detectives (1904-1994)

Helen Worrell Clarkson McCloy, más conocida como Helen McCloy, fue una escritora de misterio estadonidense. Nacida en la ciudad Nueva York, es la creadora del psicólogo detective Dr. Basil Willing, un personaje que afirmaba que todo criminal deja huellas psíquicas que los guantes no pueden ocultar. A pesar de la introducción de las teorías del psicoanálisis en sus deducciones, siempre son las evidencias físicas las que terminan descubriendo al culpable. Fue Nick Fuller quien la denominó como «posiblemente, la mejor escritora estadounidense de novelas de detectives.»

Ciudad de Nueva York Primeros años.
Su padre, William McCloy, era jefe de redacción del New York Evening Sun. La familia de su madre era de origen cuáquero inglés. Fue educada en Friend’s School, dirigida por la comunidad cuáquera de Brooklyn. Desde muy joven apuntó maneras en el mundo de la literatura. Con catorce años vendió un ensayo literario al Boston Transcript, y con quince recibió un cheque del New York Times por unos versos.
En 1923 viajó a Francia para estudiar en la Sorbona, en París. Tras la finalización de sus estudios, trabajó para la Universal News Service de Hearst de 1927 a 1932. Fue crítica de arte para varias revistas, International Studio entre ellas, y colaboradora independiente de London Morning Post y Parnasus. Regresó a Estados Unidos en 1932.

Librería Shakespeare & Co, con Sylvia Beach y Ernest Hemingway en la imagen (1928). Matrimonio y premios.
En 1946 se casó con Davis Dressler, un escritor que firmaba bajo el pseudónimo de Brett Halliday y que había alcanzado cierta reputación con sus novelas protagonizadas por Mike Shayne. Junto con él, McCloy creó la Torquil Publishing Company y una agencia literaria (Halliday y McCloy). Su matrimonio terminó en 1961.
En las décadas de 1950 y 60, McCloy fue coautora de una columna de reseñas para los periódicos de Connecticut. En 1950 se convirtió en la primera mujer en ocupar el cargo de presidenta de Mystery Writers of America. En 1953 recibió un Premio Edgar de esta misma organización por sus críticas. McCloy ayudó a crear en 1971 una sección de Nueva Inglaterra de la Mystery Writers of America en Boston.

Premio Edgar. La beca Helen McCloy/MWA para Escritores de Misterio se fundó para fomentar el talento en la escritura de este género, tanto en ficción como en no ficción. Esta beca sigue vigente a día de hoy. Está dotada con 500$ y una serie de cursos y talleres de redacción.
Basil Willing, psicólogo y detective.
Tras haber leído las obras de Arthur Conan Doyle de joven, en los años treinta comienza a escribir sus propias historias de misterio. En 1938 publicó su primera novela, Dance of Death (La fiesta de la muerte), con Basil Willing como detective del caso. Fueron doce los libros protagonizados por este personaje (y algunos relatos) y escribió quince más fuera de esta serie. Uno de los temas recurrentes en su trayectoria es el del doppelganger o el doble, un recurso muy utilizado para analizar la dualidad de la naturaleza humana, el bien y el mal, el consciente y el subconsciente.

Sigmund Freud, padre del psicoanálisis. El doctor Basil Willing es alto y elegante. Procede de Baltimore, pero su madre es de origen ruso. Willing se interesó por la psiquiatría cuando vio a los soldados conmocionados durante su servicio en la Primera Guerra Mundial. Se licenció en psiquiatría por la Universidad Johns Hopkins y, al igual que McCloy, conoció París y Viena, donde continuó con sus estudios y especializándose en el psicoanálisis freudiano. Si bien comienza la serie siendo un hombre soltero, se casará con una refugiada austriaca —Gisela von Hohenems— en Alias Basil Willing (Los pájaros no cantan) (1951).
Trabaja como asesor en la oficina del fiscal del distrito de Nueva York e imparte clases en la Universidad de Harvard. Está convencido de que el subconsciente deja huellas imposibles de ocultar, y que una observación atenta del comportamiento humano puede desvelar tanta información como las evidencias físicas.
Novelas de la serie de Basil Willing.
- 1938 – Dance of death (La fiesta de la muerte).
- 1940 – The man in the moonlight (Un hombre bajo la Luna).
- 1942 – The deadly truth (La cena de las verdades).
- 1942 – Cue for murder.
- 1942 – Who’s calling.
- 1943 – The Goblin Market.
- 1945 – The one that got away.
- 1950 – Through a glass darkly (Un reflejo velado en el cristal).
- 1951 – Alias Basil Willing (Los pájaros no cantan).
- 1955 – The long body.
- 1956 – Two-thirds os a ghost.
- 1965 – The singing diamonds.
Relatos:
- 1968 – Mister Splitfoot.
- 1980 – Burn this.
- 2003 – The pleasant assassin and other cases of Dr. Basil Willing.
Otras novelas:
- 1943 – Do not disturb.
- 1944 – Panic.
- 1948 – She walks alone (Ella iba sola).
- 1949 – Better off dead.
- 1954 – Unfinished crime.
- 1957 – The slayer and the slain.
- 1963 – Before I die.
- 1967 – The further side of fear.
- 1971 – Question of time.
- 1973 – A change of heart.
- 1974 – The sleepwalker.
- 1975 – Minotaur country.
- 1976 – Cruel as the grave.
- 1977 – The impostor.
- 1979 – The smoking mirror.
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La botella china de lapislázuli, de Mignon G. Eberhart (1931)

Crimen en el Hospital Melady Memorial.
Cuarta entrega de la enfermera e investigadora Sarah Keate. En esta ocasión nos encontramos en el Hospital Melady Memorial. El presidente de la junta de dicho hospital, Peter Melady, va a ser operado por el doctor Harrigan. Y nuestra narradora y protagonista será la encargada de sus cuidados. De manera casual, su hija, Dione Melady, también acaba de ingresar debido a unas quemaduras de sol bastante graves. Y una casualidad más: Ina Harrigan, esposa del doctor Harrigan, también se encuentra ingresada en la misma planta por un accidente de tráfico.
Por todos es sabido la rivalidad entre Peter Melady y el doctor Harrigan. Tal vez por ello, sus familiares no aprueban que se vaya a someter a una cirugía tan importante a manos de alguien que no le quiere bien. Todo se complica cuando el médico decide de forma repentina que va a operar a Melady esa misma noche. Y más aún, al hallar el cadáver del doctor Harrigan en el ascensor minutos más tarde, y al descubrir que Peter Melady parece haberse esfumado.
Atmósfera asfixiante.
La acción de la novela arranca un 7 de Julio. Ni siquiera a las nueve de la noche han refrescado las calles, menos aún los interiores. No corre ni un soplo de aire por los corredores ni por las habitaciones de los enfermos. El calor es húmedo, y hasta las viejas paredes parecen sudorosas. Los pacientes están agotados por el bochorno, las enfermeras de noche no pegan ojo durante el día, los uniformes almidonados resultan asfixiantes. Toda una serie de alusiones a la climatología que traspasan las páginas del libro.
Estamos ante una intriga de espacio cerrado, una trama que se desarrolla en un lugar del que por algún motivo los protagonistas no pueden salir. En este caso, debido a que están convalecientes unos y trabajando otros. Esto supone un añadido a todo lo anterior, y Eberhart consigue que sientas sed —e incluso cierta sensación de agobio. Es uno de los grandes aciertos de esta obra, y logra de este modo que empatices con los personajes, con su irascibilidad y su agotamiento con el paso de los capítulos.

La novela tuvo su adaptación a la gran pantalla en 1937 Sarah Keate, investigadora.
Si en las entregas anteriores de la serie la presencia del policía Lance O’Leary era fundamental durante casi todo el libro, en esta ocasión tan solo aparece en las últimas 30 páginas. Su función aquí será la de escuchar la exposición del caso que Keate le muestra, y ensamblar las piezas que todavía quedaban sueltas y sin conectar. A pesar de que hay un par de elementos que resultan un tanto inverosímiles, considero que no empañan el desarrollo de la historia y la forma en la que está contada.
Uno de los fragmentos que más me han encandilado se produce cerca del final, cuando la acción se precipita y la confusión de Sarah Keate es más que evidente gracias a la maestría de Eberhart. En lugar de escoger narrar cada uno de los sucesos y movimientos, decide incluir una elipsis con la que se presenta de un modo perfecto que un montón de cosas han pasado. Y da buena muestra de que menos es más dentro de una buena novela:
«No recuerdo que abriera la puerta, ni los gritos, ni los rápidos disparos de revólver, ni los policías corriendo, ni el tumulto que debieron producir en el viejo hospital y que casi ahogó la furia de la tormenta.
Recuerdo haber estado sentada en un sillón de mimbre en la habitación que fue de Peter Melady. Tenía el uniforme mojado en el cuello y Ellen echaba agua fría en mi cara como si se hallara dispuesta a ahogarme. Nancy me frotaba las manos sollozando y diciendo:
— ¿Estás herida? ¿Estás herida?
Aparté a Ellen y su agua, intenté tomar aliento, me atraganté y me erguí. En el corredor había luces encendidas, enfermeras de otras alas corrían por ellos, una camilla con una sábana blanca cubriéndola pasó por delante de la puerta y los policías se agrupaban a la puerta del cuarto ropero y a la de otro cuarto vacío al lado del de Dione Melady.
La botella china de lapislázuli, pág. 275.Título desafortunado.
Seguro que más de uno piensa que el título de la novela es lo menos atrayente del mundo para sentir interés por leer este libro. Lo sé, a mí me ocurrió lo mismo. El título original en inglés es From this dark stairway, creo que mucho más acertado e incluso más en la línea del género de misterio.
Como podéis ver en la imagen de más arriba, la novela tuvo su adaptación a la gran pantalla. No puedo daros mi opinión, porque no la he encontrado en ningún sitio para poder verla. Aunque su puntuación de 6,5 en IMDB hace que piense que tal vez no me estoy perdiendo nada.
Título: La botella china de lapislázuli (From this dark stairway) Autora: Mignon E. Eberhart. Traductor: Mª del Carmen Márquez Odriozola. Editorial: Aguilar (1960). El volumen incluye 5 novelas, la tercera de ellas de la que os hablo hoy aquí. Año de publicación: 1931. Número de páginas: De la 529 a la 819.
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Sarah Keate, enfermera y detective

Sarah Keate y Lance O’Leary.
Sarah Keate es una enfermera soltera, de mediana edad, que trabaja en hospitales o en los domicilios particulares de los pacientes. En las cuatro primeras entregas de la serie, Keate colabora mano a mano con Lance O’Leary, un policía que se nos describe así en Mientras dormía el paciente:
Era un joven esbelto, no muy alto, de facciones finas y correctas, cabeza bien formada, frente inteligente, ojos grises, claros y fríos, que veían mucho. Su pelo, castaño claro impecablemente peinado, y vestía elegantemente, siempre a la última moda. Supongo que gastaba en vestir más que ninguno de su profesión. Tenía preferencia por el color gris, y el corbatas y calcetines le gustaba alguna nota rojiza.
Mientras dormía el paciente, pág. 9.Ya en la cuarta entrega, O’Leary aparece tan solo en las últimas 30 páginas, y diría que la novela funciona mejor así. Sobre la descripción de la apariencia de Sarah Keate sabemos menos, ya que es ella misma quien narra las historias en primera persona. La creadora de esta serie es la escritora Mignon G. Eberhart.

Mignon G. Eberhart Lo mejor: la atmósfera.
Las novelas de Keate suelen ser intrigas de habitación cerrada, en el más estricto significado del término, o de espacio cerrado (que toda la trama acontece en un mismo espacio del que no pueden salir por un motivo u otro). Keate se traslada a una mansión donde transcurre toda la intriga en Mientras dormía el paciente (#SarahKeate2) y Lance O’Leary investiga (#SarahKeate3). En la primera, ella acude a trabajar recomendada por O’Leary y, tras suceder un crimen, el detective se presenta para tratar de aclararlo con la colaboración de Keate. En la segunda, una joven solicita la ayuda de O’Leary para tratar de resolver el asesinato de su padre, ocurrido cinco años atrás. Para ello, convoca a todos lo que estaban en la casa la noche del crimen, tratando así de reproducir las circunstancias en las que sucedió.
En La botella china de lapislázuli (#SarahKeate4), Keate acepta el cargo de enfermera superintendente del Hospital Melady Memorial, lugar donde transcurre toda la novela. Peter Melady, presidente de la Junta del Hospital, llega para ser operado por el doctor Harrigan. Y pocas horas después, se descubre el cadáver de Harrigan y que Melady ha desaparecido.
Las intrigas están bien desarrolladas y se mantiene el interés por la resolución hasta el último capítulo. Pero donde de verdad destaca Eberhart es a la hora de crear atmósferas opresivas. Un buen ejemplo de ello es Lance O’Leary investiga. Desde el principio sabemos que uno de los invitados a la mansión tiene que ser el asesino del padre de la protagonista. Sumado a ello, una tormenta de nieve les deja aislados y sin posibilidad de comunicarse con el exterior. Cuando todos se reúnen en el salón o durante las comidas, las miradas de sospecha son las protagonistas. Nadie parece confiar en nadie, y la obligatoriedad de compartir espacio resulta asfixiante. Pocas páginas después del comienzo, alguien es asesinado. Y no solo deben convivir con un homicida, sino también con un cadáver.

Fotograma de While the patient slept (1935) con sus dos protagonistas. En La botella china de lapislázuli, esa atmósfera opresiva se logra a través del calor, del silencio y de la quietud. Elementos que bien empleados pueden ser tan angustiosos como un sonido inesperado o grandes dosis de acción. A medida que avanza la novela, la temperatura va en aumento. Los pacientes se encuentran agotados por el bochorno, las enfermeras del turno de noche no logran dormir durante el día, y todo lo que tocan (paredes, barandillas, sábanas) parece estar húmedo y pegajoso. La historia concluye con una tormenta, que simula a su vez la conclusión del caso y su cierre.
«Pensando sólo en lo extraña que era la desaparición de mi paciente me metí en el ascensor, busqué el botón del tercer piso y lo pulsé. Empezó a descender suave y silenciosamente. El calor era más sofocante en la cerrada caja larga y estrecha; el aire más caliente, pesado y mal ventilado.»
La botella china de lapislázuli, pag. 32.Sarah Keate investigadora.
A pesar de contar con la presencia de Lance O’Leary en algunas de las obras, y de algún que otro policía, ella es quien nos aporta la investigación más exhaustiva. Su papel de enfermera le permite inmiscuirse en conversaciones y estancias que de otro modo tal vez le resultarían inalcanzables. Con el paso de las entregas de la serie, ella va cobrando mayor protagonismo, y O’Leary tan solo es el que une las piezas del puzzle que de manera previa Keate ha ido armando.
Algo que resulta destacable, es que O’Leary agradece de manera constante la inestimable ayuda de Sarah Keate. La considera observadora y meticulosa, y ella siempre parece ser capaz de descubrir información que a él se le escapa por uno u otro motivo. También valora su valía como enfermera, ya que Keate nunca deja de lado sus obligaciones como profesional de la medicina en detrimento de su labor como investigadora. En La botella china de lapislázuli podemos apreciar qué gran recurso es la elección de una enfermera para llevar el caso, ya que anotan minuto a minuto cada paciente que atienden o cada paso que dan.

Enfermeras en los años 30. Todo ello resulta llamativo porque el personaje de O’Leary trata a Keate de igual a igual, de profesional a profesional. Incluso aunque él sea un policía y ella una enfermera. La valora y la respeta. Aunque Keate posee una ocupación como profesional, sigue siendo habitual en la época en la que se escribió que su trabajo como investigadora sea algo secundario y eventual. Un aspecto que refleja bastante bien el panorama social y laboral del momento, ya que la profesión de detective o de policía todavía estaba muy masculinizada.
Notas y escondites.
En las tres novelas que tenemos traducidas al castellano, la presencia de notas manuscritas escondidas en lugares pequeños suelen ser fundamentales a la hora de abordar la intriga. Una figura de jade con forma de elefante, una botellita de lapislázuli, notas dirigidas a los sospechosos, fórmulas magistrales y secretas. Al final cada uno de estos elementos se convierte en el Macguffin de cada una de las novelas.
Misterio clásico en EE.UU.
Puede que uno de los aspectos más llamativos sea descubrir que una escritora estadounidense estaba siguiendo los patrones de las obras clásicas de la Golden Age británica. Por supuesto que no fue la única, pero si un lector leyese a ciegas una de las novelas de Eberhart probablemente no pensaría que habían sido escritas por una autora norteamericana.
Sin embargo, sí que hay un elemento que corresponde más a la tradición estadounidense, y es el tratamiento del suspense. En algunos elementos, podríamos conectar estos libros de una forma rotunda con Elisabeth Sanxay Holding o Patricia Highsmith; escritoras que quizá no estaban preocupadas porque el enigma de la novela fuese impecable, pero sí por conseguir una ambientación asfixiante y opresora.

Fotograma de Mystery House (1938) con sus dos protagonistas. Novelas de la serie Sarah Keate.
- The patient in room 18 (1929).
- While the patient slept (1930) – Mientras dormía el paciente.
- The mystery of Hunting’s End (1930) – Lance O’Leary investiga.
- From this dark stairway (1931) – La botella china de lapislázuli.
- Murder by an aristocrat (1932)
- Wolf in man’s clothing (1942)
- Man missing (1954).
Sarah Keate en la gran pantalla.
La adaptaciones de las novelas de Keate suelen caer en los estereotipos del cine de la época: existe una atracción —o directamente una relación— entre O’Leary y Kate, algo que no ocurre en las novelas; ella suele ser más asustadiza y sumisa, mientras que en las novelas no teme ponerse al frente de los problemas; y en algunas de ellas el apuesto y elegante O’Leary se convierte en un detective con un terrible sentido del humor y un físico menos agraciado que en los libros.
- While the Patient Slept (1935)
- Murder by an Aristocrat (1936)
- The Great Hospital Mystery (1937)
- The Patient in Room 18 (1938)
- Mystery House (1938)
- From This Dark Stairway (1938)
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Un asesino en Butchers Hill, de Laura Lippman (1998)

Keyes Inc, agencia de detectives.
Tess Monaghan por fin ha abierto su propia agencia de detectives. Se ha instalado en Butchers Hill, Baltimore. Si hubiese tenido más dinero, se habría hecho con un sitio mejor en un barrio mejor. En un entorno más bonito, con mejores vistas. Pero de momento, esto es todo lo que puede permitirse. No tarda en recibir la visita de Luther Beale, un hombre negro de avanzada edad más conocido como el Carnicero de Butchers Hill. Ahora tiene sesenta y seis años, y lleva tres meses fuera tras cinco años en prisión, condenado por homicidio sin premeditación por asesinar a un niño.
El encargo que tiene para Monaghan es que localice a los amigos del niño asesinado para tratar de ayudarles. Quiere darles una vida mejor de la que tienen, ofrecerles una especie de beca. Desagraviarlos. El problema surgirá cuando al ser localizados, los jóvenes empiezan a aparecer asesinados.
Por otro lado tenemos a Mary Browne. Quiere contratar a Monaghan para que localice a su hermana desaparecida. Al parecer, se marchó de casa a los dieciocho años, y no ha vuelto a tener contacto con ella desde entonces.
Test de Bechdel.
En 1985 la dibujante Alison Bethdel publicó una tira cómica llamada The Rule con las bases para realizar una prueba a las obras de ficción. Se trata de un procedimiento que, sin tener en cuenta la calidad de dicha obra, evalúa la brecha de género de su contenido. Son tres las premisas que deben cumplirse: deben aparecer al menos dos mujeres durante la obra, los personajes femeninos deben hablar entre sí en algún momento, y la conversación entre los personajes femeninos no debe basarse en un personaje masculino.
Cuando le pasamos este filtro a la ficción negro-criminal resulta abrumador la cantidad de obras que no lo pasan. Como digo más arriba, no se cuestiona en ningún momento la calidad de la obra en sí, pero sí que revela la invisibilidad a la que suele someterse a las mujeres en la ficción.
El motivo por el que os hablo de este test en esta reseña es porque esta novela lo supera con creces. Es cierto que tenemos a una mujer como protagonista, pero no es tan fácil que haya suficientes personajes femeninos secundarios, algo que da buena muestra de la mala salud que tiene el género si lo sometemos a una mirada feminista.

Laura Lippman (Fuente: The Irish Times) Sororidad.
Puede que una de las cosas que más me hayan llamado la atención de esta novela es la enorme sororidad que existe entre los personajes femeninos. Puede parecer una perogrullada en los tiempos actuales, pero estamos ante un libro escrito en 1998. Todavía hoy sigue perpetuándose el estereotipo de que las mujeres somos mezquinas y vengativas entre nosotras. Más aún en un género en el que el papel de la femme fatale ha hecho tanto daño a la hora de representarnos.
Aquí nos encontramos con dos protagonistas que, a pesar de las adversidades, las mentiras y el engaño, acaban convirtiéndose en amigas, superando la barrera de cliente y detective.
Era refrescante estar con una mujer que comía tanto como ella, sin disculpas. Muchas mujeres que conocía parecían intentar privarse, jugaban a una especie de juego incomprensible en el que la ganadora era la persona que pedía la comida menos apetitosa.
Un asesino en Butchers Hill, página 99.Además, la novela rompe una y otra vez con los roles que suelen atribuirse a las mujeres en el género negro, dotándolas de una identidad propia y sin tener que recurrir a la imitación de los roles masculinos. Sigue la estela de autoras como Sue Grafton o Sara Paretsky, con detectives que se alejan del estereotipo creado por Raymond Chandler. Hacen ejercicio, tienen relaciones personales sanas con su entorno, les gusta comer y no tienen un pasado que las atormenta.
La editorial Salamandra Black acaba de publicar Piel quemada de la que os he hablado en El Periódico de Cataluña. Esperemos que sea el principio de una serie de traducciones que nos recuperen a esta brillante escritora que tan de puntillas ha pasado por nuestro país. Por el momento.
Título: Un asesino en Butchers Hill (Butchers Hill). Autora: Laura Lippman. Traductora: Ana María Nieda Calvo. Editorial: La factoría de ideas (2008). Año de publicación: 1998. ISBN: 9788498003895. Número de páginas: 318.
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Private Violence, de Cynthia Hill (2014)

Poco a poco, estamos aprendiendo a observar la violencia doméstica con otra mirada. Durante décadas ha estado muy arraigada la imagen de que una víctima de violencia de género es una persona cubierta de lesiones y marcas que nos permiten ver las agresiones de forma física. Sin embargo, quienes ejercen violencia no siempre llegan a ese punto. Y cuesta percibir las señales de aquello que no puede advertirse a simple vista. Private Violence, un documental para HBO creado y dirigido por Cynthia Hill, nos ayuda a ello.
Marcas físicas y psicológicas.
A través del testimonio de varias mujeres, Hill nos enseña a percibir las secuelas que el maltrato deja en las víctimas. Creo que el éxito de este reportaje reside en el foco, que se sitúa en todo momento en la víctima y no en el criminal. El miedo a ser encontradas, a que las maten, a sentirse sometidas. Porque ahí reside la clave de estas vejaciones: en la anulación de la persona, en su incapacidad de actuar o de tomar las riendas de su propia vida.

Deanna Walters (Fuente: Baltimore Sun) Para ello, Private Violence nos habla de distintas mujeres, pero pone el foco en una en concreto. Deanna Walters fue secuestrada y golpeada por su marido en la cabina de su camión durante días y frente a la hija pequeña de ambos. Podemos ver las fotografías del estado en el que Deanna fue recogida por la policía. Sin embargo, escuchando su historia, podemos detectar que las secuelas físicas no fueron tan condicionantes como las psicológicas.
Negación de la violencia de género.
Son muchos los que, incluso a día de hoy, siguen negando la existencia de este tipo de agresiones. En una reciente encuesta del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), uno de cada cinco jóvenes varones de nuestro país afirmaban que la violencia de género no existe. El doble que hace cuatro años. Teniendo en cuenta que en 2020 se han registrado 150.785 denuncias por esta tipología de abusos, ninguna de ellas falsa, y que 47 mujeres han muerto por esta causa, los datos que arrojan esa encuesta resultan preocupantes.
Son muchos los que siguen sin comprender los motivos de aquellas denunciantes que terminan volviendo al domicilio familiar. Que prefieran tener cerca a su enemigo antes que pasar el resto de sus vidas mirando por encima del hombro. Que escojan ser sometidas a vivir en libertad. Por eso este tipo de testimonios y de iniciativas son tan importantes.

Cynthia Hill (Fuente: North Carolina Arts Council) En más de una ocasión he oído que «ya hay demasiadas novelas que hablan de maltrato». O documentales. O películas. Nunca serán suficientes mientras esto siga ocurriendo. Más aún si algunos consideran que ejercer poder y violencia sobre otro ser humano no solo no es delito, sino que es una práctica normalizada y permitida por la sociedad.
*Podéis ver este documental en Filmin.
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Homo Criminalis, de Paz Velasco de la fuente (2021)

La criminalidad siempre ha ido por delante de la criminología. Si no existiese la delincuencia no sería necesario desarrollar herramientas para combatirla. En los comienzos del siglo XXI hemos podido ver cómo a través de las redes sociales y del ciberespacio han surgido nuevas formas de delinquir y se han actualizado algunas que ya existían, adaptándolas a los nuevos medios.
Obra de divulgación.
En Homo Criminalis la criminóloga Paz Velasco de la Fuente analiza cómo la sociedad actual condiciona la tipología delincuencial. La imitación de determinados tipos de asesinatos (los copycat killers o los copycat mass shotter), la difusión de foros de incels, la pedofilia online. Hay una serie de delitos que parecen haber alcanzado las cotas más elevadas de la historia debido a la dificultad a la hora de combatirlos.
Velasco de la Fuente, a través de un texto riguroso pero no por ello denso, nos presenta todo un abanico de crímenes que se han actualizado o reconvertido en los últimos años. La estructura escogida es perfecta para el lector poco versado en estos temas: un inicio de capítulo con un ejemplo de la tipología criminal, seguido de una explicación clara y sencilla del mismo.
Para ello recurre a esquemas y listas en las que enumera las principales características de la infracción, cuadros explicativos —en muchas ocasiones de elaboración propia— y repetición de los puntos destacados para que podamos retener lo esencial. No se enreda en largas y complicadas explicaciones que puedan deslumbrar (pero también confundir), sino que prima el factor divulgativo. No olvidemos que estamos ante una obra cuya intención es la de acercarse al lector medio. Gracias a ello, es una herramienta perfecta para todos aquellos interesados en el tema, pero sin grandes conocimientos previos.

Paz Velasco de la Fuente en el festival Blacklladolid (fuente: Facebook de la autora) Temas delicados.
A pesar de poseer una estructura que invita a leer y a acercarse al texto, no podemos olvidar que estamos ante un tratado de criminología. En ella se analizan asesinatos en serie, pederastia o parafilias sexuales, entre otros. Sin embargo, Velasco de la Fuente muestra una profesionalidad intachable en sus textos debido al constante respeto a las víctimas. No se recrea en los aspectos más morbosos, y en más de una ocasión se esfuerza por eliminar el romanticismo que rodea al mundo criminal.
Durante décadas, asesinos como Ted Bundy o Charles Manson han tenido verdaderas hordas de fans. Y el halo de misterio que ha rodeado a personajes como Jack el Destripador son de sobra conocidos. Velasco de la Fuente no cae en el error de avivar sus leyendas, sino que los analiza de forma rigurosa y nos los presenta como lo que son: humanos que han acabado con la vida de sus semejantes.
Gracias a Homo Criminalis podréis conocer un poco más de las nuevas tipologías delincuenciales y de criminales que han surgido en las últimas décadas. Y creo que sería más que recomendable que os acercaseis a él todos aquellos que tengáis hijos, ya que puede ayudaros a comprender mejor los riesgos a los que pueden enfrentarse a través de Internet. En cualquier caso, un excelente libro de divulgación para quienes estéis interesados en adentraros en las sombras del ser humano.
Título: Homo Criminalis. El crimen a un cli: los nuevos riesgos de la sociedad actual. Autora: Paz Velasco de la Fuente. Editorial: Ariel. ISBN: 9788434433298. Número de páginas: 496. Ficha del libro en la web de la editorial: https://www.planetadelibros.com/libro-homo-criminalis/327820
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En la oscuridad, de Sara Soler (2019)

Una historia real.
El 13 de julio de 2015 el periodista Antonio Pampliega fue secuestrado por un comando de Al Qaeda. Estaba trabajando en la ciudad siria de Alepo, y su cautiverio se alargó durante 299 días. En 2017 decidió contar su historia en un libro autobiográfico titulado En la oscuridad. En 2019, la dibujante Sara Soler lo convirtió en novela gráfica.

Sara Soler Blanco sobre negro.
El primer impacto que recibimos al abrir las páginas de En la oscuridad, el cómic, es encontrarse con que nos enfrentamos a un blanco sobre negro, un formato en negativo. A lo largo de gran parte de este libro nos encontraremos con hojas con una total ausencia de color y con viñetas en blanco y negro. Al fin y al cabo, Antonio estuvo a oscuras a lo largo de gran parte de su secuestro, por lo que esta elección da el tono idóneo a la narración; cuando nosotros no vemos es porque Antonio no veía.
Otro de los elementos que sorprenden es la falta de uniformidad en las viñetas. No estamos ante un tebeo ordenado en cuadrícula y con un tamaño regular. Una ilustración puede llegar a ocupar una página entera o intercalarse con distintas casillas que se superponen sobre un fondo dibujado. La disposición, el orden y el tamaño van variando, y esto en ningún momento supone un problema para el lector: siempre queda claro qué viñeta va delante y cuál detrás. El sangrado también cumple una función de vital importancia, porque consigue que percibamos de un solo golpe de vista qué relatos tienen más peso que otros.

Un ejemplo de una de las páginas con un orden menos convencional. Crónica desgarradora.
Puede que otro de los contrastes que más impactan es la combinación de un dibujo de corte amable con una crónica desgarradora. No nos hallamos ante una ilustración dura, con trazo fuerte o esquinas angulosas, sino ante un estilo tipo cartoon. En realidad, es algo que le va perfecto a la obra, ya que Pampliega se centró más en el factor humano de su vivencia. Cuánto echaba de menos a sus familiares, llegando a escribirles carta que nunca pudo enviar; el sentimiento de soledad al no compartir espacio con ningún ser humano durante semanas; el miedo a morir y no poder volver a casa.
El lector que no haya leído el libro de Antonio Pampliega (como es mi caso) no sentirá que se pierde parte de la narración. Obviamente, no todo está en esta adaptación, pero el magnífico uso de las elipsis permiten condensar gran parte de la historia en muy pocas páginas.

Páginas de ‘En la oscuridad’ Sorprende descubrir a través de alguna entrevista que la ilustradora Sara Soler tuvo que compatibilizar este trabajo con otros debido a fechas de entrega. Debido a ello, no escogió dibujarlo en orden cronológico, sino saltando de una parte a otra en función del tiempo del que disponía. Algo que da buena cuenta de la calidad del Storyboard que elaboró para no caer en errores como que el protagonista estaba más o menos delgado en unas partes que en otras.
Título: En la oscuridad. Basado en el relato de Antonio Pampliega. Autora: Sara Soler. Editorial: Planeta Cómic. Año de publicación: 2019. ISBN: 9788491737223. Número de páginas:96. Ficha del libro en Planeta Cómic: https://www.planetadelibros.com/libro-en-la-oscuridad-novela-grafica/281037
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Mar de fondo, de Patricia Highsmith (1957)

«Vic no bailaba nunca, pero no por las razones que suelen alegar la mayoría de los hombres que no bailan. No bailaba única y exclusivamente porque a su mujer le gustaba bailar. El argumento que se daba a sí mismo para justificar su actitud era muy endeble y no lograba convencerle ni por un minuto, y sin embargo le pasaba por la cabeza todas las veces que veía bailar a Melinda: se volvía insufriblemente tonta. Convertía el baile en algo cargante.»
Mar de fondo, página 9.Este es el arranque de Mar de fondo. Un inicio que nos da muchas pistas acerca de lo que va a venir detrás de esta descripción inicial. Vic y Melinda son un matrimonio que se tolera. Melinda lleva años completando sus relaciones con terceros. Algo que Vic no solo sabe, sino que debe contemplar desde la barrera. Uno de sus principios más sólidos es que «todo el mundo -incluida una esposa- tenía derecho a hacer lo que quisiera, siempre y cuando no se hiriese a una tercera persona y siempre que cumpliese con sus obligaciones primordiales, que eran, en este caso, las de llevar la casa y cuidar de su hija, cosas que Melinda hacía muy de tarde en tarde.«
Así las cosas, Melinda no solo salta de hombre en hombre y de aventura en aventura, sino que los invita a su casa cuando Vic y su hija están allí. Incluso les convoca para que la acompañen a cualquier fiesta que se tercie en casa de vecinos y amigos. Algo que consigue incomodar repetidas veces a sus amistades, ya que resulta complicado saber cómo afrontar una situación así.
Un buen día, uno de los antiguos amantes de Melinda aparece asesinado en su apartamento. Vic, en tono de broma, comienza a difundir el rumor de que ha sido obra suya. Que harto ya de las humillaciones constantes de Melinda, ha decidido tomar cartas en el asunto. Y algo que empieza como una especie de juego, acaba convirtiéndose en una sospecha que le coloca en una posición mucho más respetable de la que tenía. Es cierto que es Melinda quien engaña a su marido de forma abierta, pero la pasividad de Vic es molesta para su entorno. Y la posibilidad de que haya terminado con la vida de uno de sus amantes le otorga un halo de respetabilidad.

Patricia Highsmith Retrato social
Este sería a grandes rasgos el punto de partida de esta intriga en la que la relaciones humanas, y más en concreto las maritales, son el centro de toda la trama. De una manera magistral, Highsmith se introduce en la psicología de los personajes para regalarnos un retrato extraordinario de la sociedad estadounidense de los años 50. Los diálogos entre Vic y Melinda son uno de los puntos fuertes de la novela. Y algunas escenas en las que logra transmitir el estado de ánimo de los sujetos a través de su modo de comportarse ante sus amistades; son sencillamente inolvidables.
De nuevo, Highsmith escoge el bando del delincuente para ambientar su narración. Poco le importan las investigaciones policiacas o la resolución de un crimen planteada desde el lado de la ley. A ella lo que le interesaba era la mente del criminal, sus motivaciones, sus pulsiones. Todo aquello que puede llevar a un ser humano normal y corriente a terminar con la vida de otro en una circunstancia extrema. Qué resortes se activan, qué mecanismos nos llevan al extremo de cruzar la línea.
Vic se preguntó si incluso en los tiempos primitivos había habido un hombre y una mujer cuya relación fuese más o menos marital que tuviesen un grado semejante de desconfianza mutua.
Mar de fondo, página 261.Identificación con sus personajes.
Quizás lo más interesante de las novelas de Highsmith es su maestría a la hora de buscar complicidad con el lector. Sus personajes poseen tal gradación de grises que resulta imposible no identificarse con alguna de sus facetas. Entendemos al criminal, empatizamos con él y llegamos a aprobar su comportamiento. Algo que, incluso sabiendo que estamos ante una ficción, no deja de incomodar. Nos cuestiona y nos obliga a revisar nuestra escala de valores. Porque en el fondo, de un modo u otro, todos nos hallamos a una vuelta de hoja de poder ser uno de sus protagonistas.
Título: Mar de fondo (Deep water) Autora: Patricia Highsmith. Traductora: Marta Sánchez Martín. Editorial: Anagrama (1988) Año de publicación: 1957. ISBN: 9788433931377. Número de páginas: 270. Ficha del libro en Anagrama: https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/mar-de-fondo/9788433931375/PN_137
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Trifles, de Susan Glaspell (1916)

Un crimen real.
La noche del 1 al 2 de diciembre de 1900 John Hossack fue asesinado en su cama con dos golpes de hacha en su cabeza. Cuatro días después, su mujer Margaret Hossack fue arrestada como sospechosa del crimen. Un jurado compuesto exclusivamente por hombres condenó a Margaret a cadena perpetua y trabajos forzados. Tras dos apelaciones, un nuevo juicio, y varias dudas razonables, Margaret fue puesta en libertad —sin ser declarada ni culpable ni inocente— en abril de 1903. Susan Glaspell, periodista y escritora, cubrió la noticia para Des Moines Daily News. En 1916 la convirtió en una obra de teatro y en 1917 en una novela corta.
Trifles consta de un solo acto que transcurre en la cocina del domicilio de Wright. El argumento gira en torno a la investigación del asesinato de John Wright, que aparece con una soga alrededor del cuello. Minnie Wright, su esposa, asegura que estaba durmiendo cuando todo sucedió y que no se enteró de nada. Pero el fiscal del distrito y el sheriff local no acaban de dar crédito a la historia de la señor Wright. Por ello, se presentan en la casa junto a sus respectivas esposas. Ellos subirán al dormitorio para investigar la escena del crimen y ellas permanecerán en la cocina.

Susan Glaspell Obra policíaca feminista.
Trifles es una obra policíaca feminista que pone de relive el sesgo cognitivo que todos y cada uno de nosotros tenemos como lectores; más concretamente como lectores de género negro-criminal. La crítica y los análisis literarios de estas obras parten siempre de una base y una teorización androcentrista, y todo lo que no se ajuste a ese canon no resulta válido, con independencia de la calidad literaria de dicho texto.
Las historias y los personajes de la literatura de género negro-criminal se han basado en roles masculinos (el detective solitario, alcoholizado y atormentado). Y si un personaje femenino trata de ocupar ese espacio, debe adaptarse a ese rol para que pueda ser aprobado. Al igual que los personajes, las historias siguen el mismo patrón. De este modo, estas ficciones se adecúan a la forma de vida propia de los hombres, invisibilizando las realidades femeninas de determinadas épocas históricas.
Se afirma que la novela negra es la novela social por excelencia, que muestra como ninguna los problemas del momento histórico al que representa. Pero esta enunciación no es del todo cierta. Durante décadas, el entorno urbano ha sido un lugar propio de los hombres, quedando el ámbito doméstico reservado a las mujeres. Y si una mujer ocupaba un espacio público, las connotaciones que recaen sobre ese personaje son más que evidentes. Así las cosas, las ficciones que se han centrado en los espacios femeninos ( en lo privado, en lo doméstico) se han considerado como menores por no ajustarse al canon de novela urbana, de acción transcurrida en las calles.

Espacio doméstico, lugar donde transcurre ‘Trifles’ Lectura crítica con perspectiva feminista.
Pero volvamos a Trifles. A través de una serie de elementos, Glaspell nos pone en situación. Las protagonistas de la obra son denominadas como «mujeres de» (Mrs. Hale y Mrs. Peters), negándoles la entidad que proporciona tener un nombre propio. La que sí es denominada por su nombre de pila será la sospechosa Minnie. Un personaje ausente, condición esta que conecta con la realidad de la época: no tiene voz ni identidad.
La conversación de los hombres de la escena muestra un abierto desprecio por los asuntos que atañen a las mujeres, llegando a referirse a ellos como bagatelas, nimiedades (trifles, en inglés). De ese modo, dejan de lado al instante la cocina —un espacio femenino— para subir al dormitorio.
Una y otra vez, a través de las observaciones que las mujeres realizarán en la cocina, se pondrá de relieve el desconocimiento que los hombres tienen de este espacio, no siendo así capaces de ver las pistas que el comportamiento de Minnie ha dejado: los botes de conservas echados a perder, la colcha que estaba tejiendo y, por encima de todo, una jaula con la puerta rota y un pájaro estrangulado.
La clave de esta historia reside en los silencios, una herramienta muy poderosa en el teatro que la propia Glaspell consiguió trasladar a la narrativa. Las mujeres se niegan a decir en voz alta lo que están seguras de qué ha sucedido, y el lector debe ser quien complete esos silencios.
Necesidad de revisión.
Si queremos defender que la novela negra es la novela social por excelencia debemos abrir un poco nuestra mirada y aceptar que existen una serie de obras que reflejan la otra cara de la moneda. Que debemos revisar nuestras lecturas y cómo las afrontamos. Que la historia le ha otorgado a las mujeres durante décadas el papel de esposas y madres por encima de cualquier otro, y que eso también forma parte de nuestra historia en la literatura.
La denuncia social también se encuentra en un pájaro estrangulado escondido en una caja, en un ama de casa que sufre violencia de género, en la falta de privacidad y de individualidad. Estos discursos deben ser, de una vez, revisados y puestos en el lugar que merecen ocupar.
*Podéis leer la obra de teatro Trifles en el siguiente enlace: https://losdiasmascortos.wordpress.com/2011/11/12/pequeneces
*Podéis leer la novela corta que lo adapta en el volumen de relatos ‘La nueva mujer‘ publicado por la editorial Dos Bigotes, edición a cargo de Gloria Fortún.
*Esta historia cuenta con varias adaptaciones al cine y la televisión. Con el título Jury of the peers se emitió un episodio adaptado por James P. Cavanagh y dirigido por Robert Florey en Alfred Hitchcock Presents. También como Jury of the Peers existe una película dirigida por Sally Heckel de 1980. Y con el título Trifles, Pamela Gaye Walker estrenó una adaptación en 2008.
*Si queréis profundizar en todos los simbolismos que tiene esta obra, os recomiendo la lectura de estos dos artículos, que hay ayudado a la elaboración de este texto:
«Analogía y feminismo en Trifles de Susan Glaspell». Javier Rodríguez Pequeño. Tropelias: Revista de teoría de la literatura y literatura comparada, ISSN 1132-2373, Nº Extra 7, 2020, págs. 1189-1207. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7615005&orden=0&info=link
«La feminización del espacio doméstico en la literatura. La obra Trifles de Susan Glaspell.» Fátima Simón Hernández. Ensayos: Revista de la Facultad de Educación de Albacete, ISSN 0214-4842, ISSN-e 2171-9098, Vol. 30, Nº. 1, 2015 (Ejemplar dedicado a: Investigaciones en Pensamiento Numérico y Algebraico e Historia de las Matemáticas y Educación Matemática.), págs. 161-169. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5163589.pdf
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La desaparición, de Julia Phillips (2019)

Aliona y Sofía, dos hermanas de 11 y 8 años, juegan a la orilla del mar en una tarde de Agosto. Estamos en Kamchatka, en el extremo oriente ruso, una península de origen volcánico bañada por el océano Pacífico. Cuando emprenden el camino de vuelta a casa se encuentran con un hombre que les pide ayuda. Se ha lastimado el tobillo y no puede caminar solo. Le ayudan a llegar hasta su vehículo, y él se ofrece a llevarlas. Es un extraño, no deberían. Pero en bus tardarían media hora, y en coche solo diez minutos. Aliona se anima a tomarlo como una aventura, y acepta su oferta. Antes de que puedan reaccionar, el desconocido se pasa el desvío, le quita el móvil a Aliona cuando decide avisar a su madre, y las dos niñas se ven atrapadas frente a un destino incierto. Así arranca La desaparición de Julia Phillips.

Petropávlovsk Género negro
En 1978, Borges, apasionado y estudioso de las novelas de misterio, afirmó que Edgar Allan Poe en realidad no inventó un género literario. Lo que ideó fue una nueva clase de lector. Libros como La desaparición de Julia Phillips pueden ser leídos en clave noir, pero también pueden ser leídos fuera del género. Este libro es uno de esos claros ejemplos en los que la mirada del lector condiciona las etiquetas con las que podemos encasillar esta novela.
Doce meses, doce capítulos.
A pesar del arranque, en La desaparición no se aborda la búsqueda de Aliona y Sofía. A lo largo de una estructura de doce capítulos titulados como los meses del año, Phillips centrará cada uno en la historia de una mujer. Mujeres residentes en Kamchatka, algunas relacionadas con las niñas, pero otras no. Veremos cómo impacta un suceso así en el imaginario colectivo de una comunidad. Los miedos, la culpabilización de las víctimas, la abundancia de noticias mezcladas con rumorología.
A través de las vivencias de estas mujeres, la autora realiza un análisis sociológico de la zona. La geografía tiene un papel fundamental en el aislamiento que sufren sus habitantes, pero también la política. Y es que la entrada de extranjeros estuvo prohibida a la península de Kamchatka durante cincuenta años, hasta 1990, debido a la presencia de infraestructuras militares secretas.

Julia Phillips Violencia estructural sobre las mujeres.
El motivo por el que yo etiquetaría esta novela en el género no reside tanto en la gestión de la tensión narrativa (que es brillante, a lo largo de toda la obra no puedes dejar de pensar en si el libro terminará sin que sepas qué les ha sucedido a Aliona y Sofía) sino como herramienta de denuncia de las violencias que sufrimos las mujeres. Todas y cada una de las historias están cargadas de indefensión.
La de la madre de las niñas ante la policía, que desoye los testimonios de una testigo y no acaban de creer que fuesen secuestradas. O la de Olia, una adolescente que vive prácticamente sola debido a los viajes de trabajo de su madre. La de Valentina, que sufre una violencia hospitalaria de una crudeza atroz. O la historia de Nadia, que decide huir con su hija y todos parecen estar en contra de esa decisión.
Phillips muestra una y otra vez cómo sus personajes son infantilizados de manera constante. Cómo no se les permite que tomen las riendas de sus propias vidas. Lo difícil que resultan para ellas los cambios de rumbo y la toma de decisiones bajo la atenta mirada y el juicio de la comunidad. Tanto, que incluso sorprende cuando se enfrentan a situaciones en las que obtienen credibilidad y apoyo.

Volcán Plovsky Tolbanich Universalidad desde lo femenino.
La desaparición ha sido finalista del National Book Award y del National Book Critics Circle Award. Debido a la visibilidad que están alcanzando obras como esta, algunos lectores están descubriendo que desde lo femenino también se puede narrar lo universal. Algo que debería ser obvio, pero que hasta no hace tanto ha sido una parcela exclusiva de lo masculino. Solo hay que recurrir a los estudios y a las estadísticas para comprobar que a las escritoras tan solo las leen un 19% de hombres. Mientras que a los escritores los leen un 45% de mujeres. Son muchos los que siguen considerando que las novelas escritas por mujeres están dirigidas solo a público femenino, y que debido a ello son menos válidas. Un pensamiento que creo que va siendo hora de desterrar.
La desaparición es una novela de una calidad narrativa indiscutible. Fuera de argumentos y de géneros. Consigue generar un malestar y un desasosiego en el lector que no desaparece hasta la última página. La gestión de la información, cómo se dosifica en pequeñas píldoras, es magistral. Sin duda, una de las mejores obras publicadas este 2021 en la que el boca—oreja ha sido fundamental para que muchos lectores nos interesemos por ella.
Título: La desaparición (Disappearing Earth) Autora: Julia Phillips. Traductor: Francisco González López. Editorial: Sexto Piso (2021). Año de publicación: 2019. ISBN: 9788418342301 Ficha del libro en Sexto Piso: http://sextopiso.es/esp/item/496/la-desaparicion