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The experiences of Loveday Brooke, Lady Detective, de Catherine Louisa Pirkis (1893)

Loveday Brooke, Lady Detective.
Loveday Brooke es una detective de ficción creada en 1893, protagonista de siete historias cortas. Las seis primeras se publicaron de forma serializada en Ludgate Monthly, de febrero hasta julio de 1893. En marzo de 1894 fueron compiladas y publicadas como libro, y se añadió una séptima historia —Missing!—que se publicó ese mismo mes en Ludgate Monthly.

No fue la única surgida en aquellos años. En la década de los 90 del siglo XIX podemos encontrar una proliferación de publicaciones protagonizadas por lady detectives (unas 12 novelas entre 1890 y 1910). Sin embargo, la obra de Pirkis destaca sobre el resto por una serie de elementos:
- Loveday Brooke es una detective profesional. No se dedica a la investigación de forma amateur (algo que será muy común durante gran parte del siglo XX).
- Brooke no solo recibe un sueldo por su trabajo. A pesar de que encuentra una gran satisfacción en lo que hace y le apasiona, su principal motivación para llevarlo a cabo es que está remunerado.
- Brooke es la única de las mujeres detectives de su época que no está casada. Y no solo eso: no hay indicios de que se plantee el matrimonio como una opción ni se aprecia ningún tipo de interés por los personajes masculinos de las historias que protagoniza.
- Pese a que trabaja por necesidad, no se dedica a la investigación por casualidad ni como un deber de esposa (como algunas otras detectives del momento). Es una vocación escogida, un trabajo que le gusta y que se le da bien.
Un personaje para todos los públicos.
Otro factor que considero relevante es que las historias de Loveday Brooke no aparecieron en una revista destinada a público femenino. Ludgate Monthly se autodenominaba como «revista familiar ilustrada… adecuada para jóvenes y mayores». Sin embargo, a pesar de ser una publicación dirigida a todo tipo de lectores, a finales del siglo XIX los editores se dieron cuenta que existía un nicho de mercado importante entre las lectoras. Y orientaron el contenido de manera premeditada hacia ellas, algo que no había ocurrido con anterioridad.
La nueva mujer.
Loveday Brooke es una perfecta representante de lo vino en llamarse como «la nueva mujer’. Un ideal feminista que trataba de romper con la tradición patriarcal y situarlas así al mismo nivel que los hombres. Su profesión permite que se ponga en contacto con gentes de distintas clases sociales y de diferentes lugares. Viaja de modo constante e investiga por igual a sirvientes que a princesas.

Esto no deja de llamar la atención. En el relato The Redhill Sisterhood, nos encontraremos con Loveday Brooke recorriendo callejones cuando las campanas de la iglesia dan las doce de la noche. Parece querer poner en sobre la mesa los prejuicios que cualquiera en aquellos momentos tendría acerca de una mujer que recorre sola las calles de una ciudad. Porque las mujeres que ocupaban el espacio público solían ir asociadas a un determinado tipo de profesiones de mala reputación. Pirkis demuestra con estos pasajes que todas las personas deberían tener el mismo derecho a transitar por bulevares y avenidas en soledad.
The church clocks were sounding the midnight hour as Loveday made her way through the dark streets to her hotel outside the town. As she passed under the railway arch that ended in the open country road, the echo of not very distant footsteps caught her ear. When she stopped they stopped, when she went on they went on, and she knew that once more she was being followed and watched, although the darkness of the arch prevented her seeing even the shadow of the man who was thus dogging her steps.
The Redhill SisterhoodSin prejuicios.
Un elemento que resulta sorprendente es su ruptura con las corrientes de aquel momento que atribuían tipologías físicas a la criminalidad. A diferencia de sus contemporáneos, Brooke siempre se opone ante la idea de culpar del crimen a los ‘sospechosos habituales’: a los feos, a los pobres, a los extranjeros. En el último relato, Missing!, se puede percibir este detalle con especial claridad. Sus compañeros han tratado de intimidar a una doncella extranjera que se ha negado de manera rotunda a hablar debido a esa hostilidad. Esto hace que la consideren sospechosa, tanto por su extranjería como por su reticencia a dialogar con ellos.
Vida doméstica.

Como os comentaba en el análisis de Trifles, la mujer está asociada al ámbito doméstico. Y hay autoras, como Pirkis, que han sabido sacarle provecho. Esto será un punto a favor para Brooke. Debido a su condición de detective y de mujer no tendrá ningún problema a la hora de disfrazarse e infiltrarse para investigar. La invisibilidad que conllevaban los trabajos desempeñados por ellas la coloca en un lugar privilegiado llegado el momento de escuchar y observar sin ser vista.
Pirkis no desaprovecha la oportunidad de introducir elementos deductivos que casi con total seguridad un hombre pasaría por alto por simple desconocimiento. Por ejemplo, en Drawn Daggers, Brooke sospecha de la pulcritud de la habitación de una dama que afirman que no tiene criada. Eso tan solo puede suponer que quien la ocupa sabe mucho más sobre cómo limpiar y ordenar una estancia que alguien que no se dedica a ello.
The orderliness of that room was something remarkable. Now, there is the orderliness of a lady in the arrangement of her room, and the orderliness of a maid, and the two things, believe me, are widely different. A lady, who has no maid, and who has the gift of orderliness, will put things away when done with, and so leave her room a picture of neatness. I don’t think, however, it would for a moment occur to her to pull things so as to be conveniently ready for her to use the next time she dresses in that room. This would be what a maid, accustomed to arrange a room for her mistress’s use, would do mechanically.
Drawn DaggersClaridad expositiva.
Todos estos elementos necesitan ir acompañados de una calidad narrativa. De otro modo la importancia del fondo se perdería por la forma. Pirkis sabía como construir buenos textos. Abundancia de diálogos para dar agilidad al texto, introducción de pistas a lo largo del texto para buscar complicidad con el lector, protagonistas bien dibujados. Y algo que considero innovador para la época es la presencia de conversaciones entre personajes femeninos gracias a la profusión de ellos. Pasaría sin ningún tipo de problema del test de Bechdel.
*Para la elaboración de este artículo ha sido impagable la información obtenida de:
- Patnaik, P. L., & Kumar, P. A. S. (2017). ‘An Unsuitable Job for a Woman’? : Woman as Writer and Protagonist in Detective Fiction. SMART MOVES JOURNAL IJELLH, 4(4), 14. Retrieved from https://ijellh.com/OJS/index.php/OJS/article/view/1274
- Miller, Elizabeth Carolyn. “Trouble with She-Dicks: Private Eyes and Public Women in ‘The Adventures of Loveday Brooke, Lady Detective.’” Victorian Literature and Culture, vol. 33, no. 1, Cambridge University Press, 2005, pp. 47–65, http://www.jstor.org/stable/25058695.
- Burke, E.. (2016). Exploring the shifting dynamics of female victimhood and vocality in Poe and Pirkis. 17. 43-53.
- Gracia, D. (2020). Back to bodies: female detectives and bodily tools and tells in Victorian detective fiction.
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El poder del perro, de Jane Campion (2021)

Una película del oeste en 1925.
Phil Burbank (Benedict Cumberbatch) es uno de esos hombres que toleran mal los cambios. Le gusta su vida tal y como es, inamovible. Estamos en 1925, en Montana. Él y su hermano George (Jesse Plemons) han continuado viviendo en y del rancho familiar, donde doman caballos y crían ganado. Donde siguen compartiendo habitación en un caserón enorme. El tiempo parece haberse detenido hasta el punto que el único resquicio de modernidad se muestra a través de un coche.

George y Rose ante la inmensidad de las montañas. Todo cambia cuando George se enamora de Rose (Kirsten Dunst), una viuda que vive con su hijo adolescente Peter (Kodi Smit-McPhee). Phil ya llevaba un tiempo un tanto descontento con su relación con George: este ha evolucionado mientras que Phil pretende que sus vidas permanezcan inalterables. Para colmo de males, en Rose tan solo es capaz de ver una cazafortunas que quiere aprovecharse del dinero y la posición de su familia.
Y hasta aquí puedo leer sin desvelar más de lo necesario.
Regreso de Jane Campion.
Jane Campion (guionista de El Piano y de Bright Star —la cual también dirige— entre otras) regresa a las pantallas por todo lo alto con la adaptación de la novela homónima de Thomas Savage, al frente de la dirección y del guión. Se centra en el personaje de Phil para ofrecernos el retrato de un hombre con una masculinidad muy frágil, que en todo momento debe hacer alarde de su capacidad de intimidar hasta aterrorizar a cualquiera que tenga cerca.

Jane Campion El transcurso de la historia es reposado. No tiene prisa en desvelar lo que quiere contarnos. Se recrea en las pequeñas conversaciones, en los impresionantes paisajes de Montana, en un coche solitario que transita entre la inmensidad de las montañas. Consigue transmitir la arrogancia y la soberbia de Phil a través de pequeños gestos, desde su negativa a bañarse hasta su forma de castrar animales. Un mundo de hombres donde no parece haber cabida para Rose ni para las buenas formas de George.
Tradición vs modernidad.
El retrato de Phil y de George refleja la lucha entre la tradición y la modernidad, entre la vida salvaje y la civilización. Lo rudo frente a lo educado. Dos formas de entender el mundo, las dos igual de válidas, pero incapaces de convivir y de fraternizar. George le permite a Phil más de lo que le gustaría, pero todo indica que llegará el momento en que tenga que escoger y que a Phill no le gustará el resultado.

Peter y Phil En resumen, estamos ante una película con una historia conmovedora, pero cuyo mayor logro reside en lo visual. En los gestos de los actores, en la luz, en la fotografía. Y como complemento perfecto una banda sonora (firmada por Jonny Greenwood) que da en el clavo escena a escena, anticipando el drama o la ternura (el momento en que Rose sale corriendo de la casa tratando de alcanzar a los indios, impacta tanto por la imagen como por los violines que la acompañan). Una de esas películas para ver en más de una ocasión y poder así recrearse en los detalles.
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Los buenos hijos, de Rosa Ribas (2021)

Nora, secretos y suicidio.
Si en Un asunto demasiado familiar uno de los ejes de la trama era la desaparición de Nora, una de las hijas de los Hernández, en Los buenos hijos ya la tenemos trabajando para la agencia de detectives de su padre Mateo. Su hermana Amalia es la única que sabe qué ocurrió en los meses que estuvo desaparecida, y ni ella ni Nora parecen dispuestas a desvelar el secreto.
Este será uno de los hilos argumentales, tal vez el que mayor peso tiene en la primera mitad de la novela. En la segunda, el protagonismo se traslada a uno de los casos para los que son contratados. Una adolescente se ha suicidado, y sus padres quieren saber el porqué. Marc, el hijo mediano de los Hernández, será quien se encargue del caso. Y descubrirá un turbio negocio mucho más peligroso de lo que ninguno de ellos pueda imaginar.
Relaciones familiares.
Si nunca habéis leído a Rosa Ribas, pensaréis que os he destripado media novela con lo que os cuento más arriba. Pero si ya conocéis a la autora, sabréis que sus obras no se guían tan solo por el desarrollo de una trama concreta; que están llenas de ramificaciones, de subtramas y de relaciones humanas. Ribas escoge el género porque le sirve para plantear un misterio, una intriga que empuje al lector a seguir leyendo. Pero siempre resultan mucho más interesantes sus bifurcaciones e intersecciones.
En su serie de los Hernández se centra mucho en los nexos familiares, en los secretos, en los roles que se le impone a cada miembro y que tan difíciles resultan de cambiar. Para colmo de males, la madre —Lola— tiene una enfermedad mental. Una afección muy palpable por todos. Pero de la que apenas se habla. Todo en esa casa debe hacerse de puntillas para no alterar a Lola.

Rosa Ribas En esta segunda novela, Ribas nos muestra el peso que implica criarse con una figura parental de estas características. Las implicaciones de que la persona que debe ocuparse de ti se convierta en alguien a tu cargo. De este modo, resulta inevitable planearse lo poco común que es en realidad el modelo familiar que se nos ha vendido como convencional. Porque, en el fondo, lo extraño es el idílico esquema de padre + madre + hijos.
¿No has aprendido nada de tu profesión? Recuerda cuál es la expresión dominante de los clientes cuando reciben los resultados de las investigaciones. No es alegría ni alivio, es dolor. El conocimiento es dolor.
Los buenos hijos, pág. 126Prosa elegante.
Si por algo destacan los libros de Rosa Ribas es por su maravilloso uso del lenguaje. Siempre sabe escoger la palabra precisa para el momento indicado del texto. Sé que es algo que remarco una y otra vez sobre su prosa, pero es cada vez más difícil encontrar obras con un lenguaje cercano a la vez que preciso.
Estamos ante una de esas autoras sobre la que todos deberían resaltar que rompe las barreras de género, que mezcla e innova. Y que sale victoriosa al hacerlo. Sin embargo, es más frecuente escuchar que no es una autora de género per se porque no se ciñe de forma rigurosa a lo que se supone que es género negro. Como si hubiese una especie de molde y no encajar en él fuese motivo de rechazo.
Sea como sea, Los buenos hijos ha aparecido en varias listas de las mejores novelas negras del año 2021 por su calidad literaria indiscutible. Ponedle la etiqueta que queráis, pero no dejéis de leer a una de las mejores escritoras actuales.
Título: Los buenos hijos. Autora: Rosa Ribas. Editorial: Tusquets. Año de publicación: 2021. ISBN: 9788490669457. Número de páginas: 368. Ficha del libro en la web de Tusquets: https://www.planetadelibros.com/libro-los-buenos-hijos/329615
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Fanny Ellsworth, la editora que marcó el cambio de rumbo del género negro

Una pequeña introducción.
Black Mask fue una revista de género pulp fundada en 1920 por H. L. Mercken y George Jean Nathan. El propósito inicial era hacer frente a las pérdidas que les había ocasionado el magazine literario The Smart Set. El primer número de Black Mask ni siquiera estaba dedicado al género negro-criminal. Comenzaron ofreciendo cinco publicaciones en una, tratando de atraer así a una cantidad mayor de lectores. Las temáticas eran aventuras, misterio, detectives, romances e historias de lo oculto. Estos primeros ejemplares contaron con una editora al frente, F. M. Osborne. Osborne siempre apareció en portada solo con sus iniciales buscando proyectar una imagen varonil, ya que la revista iba dirigida más al público masculino.

Portada de la primera Black Mask A pesar de la escasa calidad de los primeros números, Mencken y Nathan recuperaron su inversión inicial de 500 dólares. Tras ocho entregas, vendieron la revista a Elinger Warner y Eugene Crow por 12.500 dólares. A partir de ese momento, Black Mask decidió centrarse en la ficción detectivesca. No será hasta 1923 que surjan los elementos característicos de lo que podríamos denominar como primera ola del hard-boiled: un estilo duro, sin emociones y con una marcada objetividad, cuyo principal representante fue el personaje de El agente de la Continental de Dashiell Hammett, y cuya estela seguiría Raymond Chandler después. Un estilo que buscaba alejarse de manera premeditada del carácter refinado y elegante de las novelas de la Golden Age.
La segunda ola no tardó en aparecer, y fueron Steve Fisher, Max Brand, Frank Gruber y Cornell Woolrich sus principales representantes. Se caracterizaba por una escritura subjetiva, con una psicología más desarrollada y con una mayor presencia de las emociones en los textos. Sin Fisher, Brand, Gruber ni Woolrich esta evolución no habría sido posible. Pero lo que es menos conocido es que esta transformación vino propiciada por un cambio en la dirección de la Black Mask en 1936 cuando Fanny Ellsworth tomó las riendas de su edición.

Carroll John Daly, creador del hard-boiled Top de ventas y caída en desgracia.
Black Mask alcanza su récord de ventas a principios de los años 30. A partir de ese momento su popularidad comienza a decaer debido a que el mercado empieza a saturarse: la proliferación de este tipo de publicaciones consigue matar de éxito al género. En 1936 se decide reducir la paga de los escritores, el editor Joseph Shaw es despedido al protestar por esta medida, y varios autores abandonan el barco con él.
Así es como se encuentra Fanny Ellsworth Black Mask cuando acepta el puesto de editora: con un presupuesto mínimo y en fase terminal. De este modo, hace suya la máxima de que si no quieres los mismos resultados no lleves a cabo las mismas acciones. Y contrata una nueva camada de autores con un material completamente diferente: William Irish (Cornell Woolrich), Frank Gruber, Steve Fisher y Max Brand (Frederik Faust).

Hombre leyendo ‘Inside Detective Magazine’, ca. 1940 (Photo by Kirn Vintage Stock/Corbis via Getty Images) Frank Gruber dijo de Ellsworth que «Era una mujer extremadamente erudita». «Ella sabía lo que quería», «un detective más humanista», un «enfoque más suave y desnudo de emociones» que el de los comienzos de la ficción hard-boiled. Estos escritores eran menos duros, y hacían hincapié en la respuesta emocional del héroe ante una ciudad amenazante, una táctica tomada de las historias de romance y aventura de la época de la Depresión.
Revuelo ante una mujer editora.
El nombramiento de Ellsworth como editora de Black Mask fue un escándalo en la industria. «Una conmoción recorrió el mundo editorial», comentó Frank Gruber. «¡Una mujer al frente de Black Mask!». Sin embargo, como ya hemos visto más arriba, Gruber valoraba el trabajo de Ellsworth. Entre otras cosas porque Ellsworth creía que el tipo de ficción hard-boiled era demasiado limitado y gracias a las historias que seleccionó abrió las puertas a una serie de elementos más apegados a la humanidad de los personajes.
Es digno de mención que se considerase un escándalo que Black Mask tuviese una editora al frente, ya que muchas otras revistas en aquel entonces eran editadas por mujeres. Street & Smith’s Detective Story fue editada en los años 30 por Daisy Bacon, y en los 40 por Ruth Miller. Y ambas firmaban con sus nombres completos en las portadas.

Daisy Bacon, editora de Street & Smith’s Detective Story Últimos intentos de rescate.
Otro de los cambios que introdujo Ellsworth fue el del tipo de cubierta. Buscaba aportar elegancia y glamour, tratando de este modo un mayor impacto visual que captase a más lectores. Por desgracia en 1940 la situación es tan mala que los propietarios deciden vender a su principal competidora, Dime Detective Magazine.
Ellsworth será sustituida por Kenneth White y se produce un retorno a las historias más apegadas al perfil de la primera ola (investigador duro y narraciones violentas). Todo en vano, ya el cambio más sustancial había acontecido en la sociedad y en el mercado editorial. El despegue de las ediciones de bolsillo acabó desterrando a estas revistas y Black Mask dejó de publicarse en julio de 1951.

Portada de 1935 
Portada de la etapa de Fanny Ellsworth Importancia de Fanny Ellsworth.
A pesar de que quienes escribieron las historias que hicieron posible la apertura de miras del hard-boiled fueron Irish, Gruber, Fisher y Brand, también es cierto que hasta la llegada de Ellsworth a Black Mask nadie antes había querido publicarlas.
Conviene remarcar también que este nuevo y oscuro estilo psicológico de la ficción criminal saltó del papel al celuloide, y coincidió con la era clásica del thriller de cine negro. El uso de la fotografía, los encuadres de la cámara y las sombras del cine enriquecieron la narrativa al igual que la prosa obsesiva y onírica potenció los guiones. Steve Fisher y Cornell Woolrich jugaron un papel decisivo en este proceso con la adaptación de alguna de sus novelas: Phantom Lady (Robert Siodmak, 1944), The Mark of the Whistler (William Castle, 1944), Deadline at Dawn (Harold Clurman, 1946), Fear in the Night (Maxwell Shane, 1946), Black Angel (Roy William Neill, 1946) o I Wouldn’t Be in Your Shoes (William Nigh, 1948) entre otras.
*Para la elaboración de este artículo ha sido impagable la información obtenida de:
- https://detnovelcom.wordpress.com/2018/07/27/black-mask-magazine/
- https://thrillingdetective.com/2019/12/12/they-also-served-the-men-and-women-behind-the-mask/
- https://blackmaskmagazine.com/blog/steve-fisher-black-mask-and-the-noir-revolution/
- Hardboiled, de Erin Smith. Publicado por Temple University Press (2000)
- Hard-boiled: An Anthology of American Crime Stories, de Bill Pronzini y Jack Adrian. Publicado por OUP USA (1997)
- Maximum Movies-Pulp Fictions: Film Culture and the Worlds of Samuel Fuller, Mickey Spillane, and Jim Thompson, de Peter Stanfield. Publicado por Rutgers University Press (2011).
- A Concise Companion to American Fiction, 1900 – 1950, de Peter Stoneley y Cindy Weinstein (eds). Publicado por Wiley-Blackwell (2008)
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Robos de leyenda, de Soledad Romero Mariño y Julio Antonio Blasco (2020)

¿Público juvenil o adulto?
Robos de leyenda es un volumen ilustrado en el que se desgranan, capítulo a capítulo, algunos de los mayores atracos de la historia reciente. Desde el robo de la Gioconda hasta el del furgón blindado del Dioni, pasando por el asalto al tren de Glasgow. A pesar de que este libro está orientado a un público juvenil (a partir de 12 años, según la web de la editorial Zahorí), creo que es un artefacto ideal para todo tipo de lectores con ganas de disfrutar y divertirse un buen rato.
Cada capítulo aborda un asalto diferente, y la estructura es muy similar. Una página de periódico nos da información sobre la noticia. A continuación se desgrana la planificación del acto delictivo, cómo este se llevó a cabo, la investigación y las condenas. El texto está compartimentado en bloques cortos y hay apartados en los que se recurre a las enumeraciones para que sea más ágil y comprensible.

Robo al Banco Societé Générale de Niza por parte de Albert Spaggiari y su banda El lenguaje es claro y sencillo, y busca arrancar más de una sonrisa al lector. Las ilustraciones son el complemento idóneo, con mapas que nos sitúan en el lugar del crimen, retratos de los atracadores, o de los desconcertados investigadores. Por si quedase alguna duda de dónde acaba un caso y empieza el siguiente, el color del fondo varía de uno a otro. Y con la variación de los tonos base, también cambian los colores de los recuadros explicativos o de las letras que buscan destacar algo en los títulos.

Robo de la Gioconda por parte de Vincenzo Peruggia Elementos perfectos para público juvenil.
Algo que sí considero que es perfecto para el público juvenil es que en ninguno de los casos abordados hay delitos de sangre: todos los ataques escogidos fueron limpios y sin víctimas mortales. Incluso en algunos de ellos se destaca que los ladrones no buscaban causar daños en pequeños ahorradores, sino tan solo a bancos o a grandes fortunas.
Uno de los extras del libro es que alguno de los robos siguen, a día de hoy, sin resolverse. Quién sabe si algún pequeño lector se lanza a investigar por su cuenta, y consigue dar con una pista que desvele el misterio. Al menos ese aliciente ya lo tienen incorporado.
*Este volumen viene firmado por Soledad Romero Mariño, que está a cargo de los textos, y por Julio Antonio Blasco, que se ha ocupado de las ilustraciones. También hay un buen puñado de creativas detrás de esta obra, como Mar Valls en la edición, Mireia Trius en la edición gráfica o Joana Casals en diseño y maquetación.
Título: Robos de leyenda. Desde el atraco al tren de Glasgow hasta el robo de la Mona Lisa. Textos de: Soledad Romero Mariño. Ilustraciones de: Julio Antonio Blasco. Editorial: Zahorí (2020). ISBN: 9788417374730. Número de páginas: 64. Ficha del libro en la web de la editorial: https://zahorideideas.com/robos-de-leyenda/
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Los pájaros no cantan, de Helen McCloy. #BasilWilling9 (1951)

Un falso doctor Basil Willing.
El doctor Basil Willing acude a un pequeño negocio de su barrio a comprar cigarrillos. Mientras está en el establecimiento, otro cliente entra con mucha prisa, realiza su compra y sale corriendo sin molestarse siquiera en recoger el cambio. Ya fuera del local, Basil ve cómo el extraño hombre para un taxi e pide que le lleve a West Eleventh Street. Debe llegar allí lo más rápido posible, y le solicita al conductor que vaya a recogerle al mismo lugar a las 21:30. Y debe preguntar por el doctor Basil Willing cuando lo haga.
El auténtico Basil no se lo piensa dos veces: coge otro taxi y pide que le lleven a West Eleventh Street. Allí se colará en una cena organizada por un colega psiquiatra, el doctor Zimmer. El ambiente de la reunión es raro, incluso un poco tenso. Basil tan solo conoce a una persona en la fiesta, alguien que puede atestiguar que es el verdadero doctor Willing. Todo se complica cuando minutos después el suplantador fallece y todo indica que ha sido envenenado. Y la única persona capaz de informar de la verdadera identidad de este hombre muere también esa misma noche, del mismo modo que el impostor.
Traducción.
Uno de los motivos por los que me pienso dos veces la lectura de este tipo de novelas suele ser la traducción. No es la primera vez que me encuentro con malas traducciones, con erratas, fallos y con la sospecha de que faltan fragmentos de la obra. Eso es lo que me ha pasado con Los pájaros no cantan. La trama resulta confusa, en algunos puntos incluso atropellada. Y aunque la historia se comprende en su totalidad, hay momentos en los que el lector se encuentra un poco perdido.
Habiendo leído ya varias novelas de la autora, y viendo la calidad de todo lo que he encontrado de ella, sospecho que en este caso los defectos que le achaco provienen más de la versión en español que del libro en sí.

Taxis en la ciudad de Nueva York Estructura de la novela.
Uno de los puntos fuertes de Helen McCloy es que consigue mantener la intriga de algunos de los aspectos de la trama hasta un punto bastante avanzado de la novela. Los investigadores realizan interrogatorios, cada cierto número de capítulos se descubren nuevos datos, pero mantiene al lector a ciegas durante unas cuantas páginas.
Para muchos puede parecer un defecto, sin embargo era una auténtica maestra en la gestión de la información. Si relees alguna de sus obras sabiendo todos los detalles, te darás cuenta de que va regando la historia de pistas para quienes disfrutan de descubrir al culpable antes de se desvele. De este modo, aquellos que gustan de dejarse llevar y disfrutar del suspense, tienen la diversión asegurada.
Medicina, fármacos y eutanasia.
Uno de los temas recurrentes en sus novelas suele ser la medicina. El uso de fármacos para una u otra enfermedad y el peligro a la hora de administrar cantidades erróneas, suelen repetirse a lo largo de su trayectoria. Sin embargo, siempre consigue aportar un punto de novedad en cada una de sus obras. En esta ocasión va un paso más allá, y se aborda la eutanasia como forma digna de terminar con la vida de un paciente terminal. El matiz reside en la legalidad del proceso, y quién debe dictaminar la ejecución de dicho procedimiento.
Conclusión.
Termino la última novela que he encontrado traducida de la serie de Basil Willing con una sensación agridulce. La trama es buena, la resolución del caso me ha parecido atractiva, pero algunas partes las he hallado un tanto atropelladas y carentes de coherencia. Si alguna editorial se anima a recuperarla será interesante comparar impresiones y confirmar si el fallo reside en el texto en sí o en su traducción.
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Un reflejo velado en el cristal, de Helen McCloy. #BasilWilling8 (1950)

Apariciones en Brereton.
Faustina Crayle es una joven profesora de arte en un internado para señoritas. Después de seis semanas trabajando allí, la directora la despide con seis meses de sueldo pagados y con la exigencia de que debe abandonar el lugar de inmediato. La única explicación que consigue arrancarle es que no termina de ajustarse a la esencia del espíritu de Brereton. Confundida y apesadumbrada, Faustina hace las maletas y le da la noticia a la única amiga que ha conseguido hacer durante el tiempo que ha estado allí, Gisela von Hohenems.
Gisela tampoco comprende qué ha ocurrido, a qué es debido el despido de su compañera y le pide ayuda a su pareja, Basil Willing. Basil acudirá a entrevistarse con la directora, y tras sus reticencias iniciales esta acaba confesando los motivos del cese de contrato. Al parecer, son varias las alumnas y trabajadoras que se habían sentido inquietas por la existencia de una presencia cuando Faustina estaba en el centro. Y es que, al parecer, Faustina tiene un doppelgänger. Una doble.
¿Fenómenos sobrenaturales o con base real?
Un reflejo velado en el cristal nos ofrece un planteamiento de tintes sobrenaturales. Parte del encanto de la novela es ese. Y no lo es tanto por el elemento fantástico en sí, sino por la ambientación y la atmósfera que Helen McCloy consigue generar. Las declaraciones de todas aquellas personas que afirman haber visto a Faustina en un lugar y un segundo después en otro al que resulta imposible llegar en ese intervalo de tiempo, son vitales para este propósito. El tono de los diálogos —la interrupción constante de los relatos por miedo a que el oyente no los considere creíbles, los titubeos, las dudas— es admirable.

El caso de Emilie Sagée es uno de los sucesos con base histórica en la que se basa la novela. A su vez, encontramos una serie de disquisiciones acerca de hasta qué punto se puede creer en este tipo de sucesos y dogmas de una lucidez apabullante:
«¿Y si el inconsciente pudiera reunir suficiente energía vital para proyectar una imagen o un reflejo de sí mismo en el aire? Tal vez mediante algún tipo de radiación refractada. Un ente onírico que fuese visible para los demás, así como para el propio durmiente; visible pero no material. Los reflejos en un espejo son visibles, pero no materiales. Igual que el arcoíris o los espejismos. Tan visibles que hasta puede fotografiarse. Pero no se pueden tocar, no tienen tercera dimensión y no emiten sonido alguno. No existen en los términos comunes del espacio-tiempo… Según se mueve el observador, la imagen se mueve con él. De igual modo, nadie ha tocado nunca a este doble ni ha oído que hiciera ningún ruido. Solo se ha visto.»
Un reflejo velado en el crista, pag. 87Ciencia vs supersticiones.
No quiero perder de vista el género en el que está inscrito esta novela. Estamos ante una obra de misterio, por lo tanto el lector se suele enfrentar a este tipo de obras buscando una explicación racional a los sucesos que se narren en ella. No importa que aparezcan elementos de carácter «mágico», siempre y cuando la resolución del caso se mantenga en el plano terrenal.
En las novelas de Helen McCloy ese problema siempre es resuelto de un modo material y tangible. No obstante, uno de los puntos fuertes reside en las idas y venidas, en las conjeturas que los personajes desarrollan acerca de lo que es ciencia y lo que es superstición.
«Una y otra vez hemos visto que la ciencia de una generación se convertía en la mitología de la siguiente.»
Un reflejo velado en el cristal, pág. 165.
Jóvenes estudiantes de los años 50. Se habla de la quema de brujas, las cámaras de tortura y de los actos de fe, pero también de Hiroshima. La Edad Media se llevó a unos cuantos miles de ciudadanos debido a las creencias en el ocultismo, pero en el siglo XX la ciencia (o más bien un mal uso de la misma) también ha terminado con muchas vidas humanas. Los análisis que se llevan a cabo a lo largo de la novela son abrumadores por su sagacidad y su intencionalidad de hacer que el lector que se cuestione algunos de sus principios más férreos.
Cierre del caso.
Puede que las páginas finales sean las que ponen el broche de oro a una novela sublime que te mantiene en vilo de manera constante. Mientras abordaba la lectura pensaba que, incluso con un cierre que no estuviese a la altura, era más que probable que me dejase buen sabor de boca gracias a su desarrollo. Pero el final no solo no decae sino que consigue desenredar cada una de las hebras que han ido retorciéndose a lo largo de la obra. Por supuesto, cada lector es un mundo y puede que no a todos les satisfaga. Pero considero que McCloy concluye la novela por todo lo alto.
*Hace unos días, antes de embarcarme en este viaje lector con Helen McCloy, consulté los diversos manuales de referencia que tengo por casa de género negro. En ninguno de ellos encontré información sobre esta escritora. Un error imperdonable que debe ser reparado, colocando a esta autora en el lugar que se merece dentro de la historia de la ficción criminal.
Título: Un reflejo velado en el cristal (Through a Glass, Darkly). Autora: Helen McCloy. Traductora: Raquel García Rojas. Editorial: Hoja de Lata (2021). Año de publicación: 1950. ISBN: 9788418918049. Número de páginas: 240. Ficha del libro en la web de la editorial: https://www.hojadelata.net/tienda/un-reflejo-velado-en-el-cristal/
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La cena de las verdades, de Helen McCloy. #BasilWilling3 (1941)

La cena de las verdades.
Claudia Bethune ha invitado a varios amigos a pasar el fin de semana en Blessingbourne, High Hampton (Long Island). Es famosa por gastar bromas pesadas en sus encuentros, y en esta ocasión les tiene reservada una sorpresa que se volverá en su contra: ha robado del despacho de su amigo y doctor Roger Slater un tubo de pastillas de escopolamina, una droga más conocida como «suero de la verdad». Vierte el fármaco en los cócteles que sirve antes de la cena e instantes después todos empiezan a decir lo que piensan en realidad. Sin filtros.
Todo quedaría solo en un incidente con enemistades y rencores si no fuese porque Claudia es asesinada esa misma noche.
Alta sociedad y sindicatos.
Helen McCloy suele escoger un hilo principal con el que tejer su trama, pero siempre aparecen tres o cuatro temas secundarios. Esto no solo hace más interesante la lectura de sus historias, sino que las convierte en una herramienta magnífica para conocer las problemáticas de la época.
En esta ocasión, realiza un retrato exhaustivo y detallado sobre la frivolidad de las clases más adineradas. Cómo, salvo gloriosas excepciones, el dinero está por encima de la lealtad y del cariño, y cómo detrás de todo ello hay una existencia plagada de inseguridades y miedos focalizados en las apariencias. La rumorología sobre la vida de Claudia, el robo de una joya o las intenciones ocultas en uno de los matrimonios protagonistas son algunas de las cuestiones que encontramos en La cena de las verdades.

Obreros en huelga Por otro lado, también se nos relata la crónica de una huelga en las Fábricas Textiles Renfrew, de la que Claudia es accionista. Las acciones se están desplomando por las protestas y está siendo noticia día tras día en las portadas de los periódicos.
«Querido Charles: No comprendo una palabra de tu carta. Si los obreros no piden aumento de jornal ni reducción de horas de trabajo, ¿por qué se han declarado en huelga? Tienes que esclarecerlo como sea. ¿No te das cuenta de que las preferentes han bajado veintiún puntos en quince días? Estamos perdiendo dinero y haciéndonos una publicidad detestable.»
La cena de las verdades, pág. 9Investigación sobre la sordera.
Uno de los patrones que podemos encontrar en los libros de Helen McCloy es el de la elección de un leitmotiv que guíe parte de la investigación. En esta ocasión, uno de los protagonistas —y una secundaria también— es sordo. Basil intentará averiguar por todos los medios posibles si la sordera es real o simulada, ya que no eran pocas las estafas que se hacían sobre este particular a las compañías de seguros.
Y es que si el paciente se niega a demostrar si es sordo o no, no queda otra que tratar de ponerle trampas para pillarle en una mentira. Afirmar cuestiones que deberían provocarle un impacto, producir sonidos fuertes cerca de él o ver cómo reacciona a la vibración de la caída de un objeto pesado son algunos de los experimentos que Basil realizará con él.

Trompeta de ángel, planta de donde se extrae la escopolamina Atmósfera de la novela.
McCloy es una brillante perfiladora de personajes y de estancias. En las novelas anteriores ha demostrado su meticulosidad a la hora de introducir descripciones que nos ayudan a construir una imagen mental de los espacios y de los protagonistas. En esta obra va un poco más allá: introduce algunos fragmentos en los que también nos da el tono de la atmósfera de los lugares. Y lo hace de un modo magistral.
«Aquella mañana de soledad, sin otra compañía que el sol, la arena y el mar valían bien el inconveniente de vivir en ‘la cabaña’. Allí no había casetas de bañistas, ni niños chillones intentando cabalgar a lomos de caballos de goma inflada, ni adultos patituertos o estevados, llenos de granos o barrigones, mostrando a todos sus defectos mientras se dedicaban tenazmente a adquirir el bronceado color de moda. No había combinados, ni partidas de poker, ni bares… Tampoco guardas ni cuerdas ni balsas para asirse a ellas en caso de calambre o de cansancio. Pero la inseguridad era un precio barato para pagar la paz y la independencia de una mañana como aquella.
La cena de las verdades, pag. 45.La proximidad del otoño se notaba en la ciudad tanto como en el campo. Los edificios monolíticos se recortaban nítidamente bajo un cielo otoñal, claro, frío y duro como el sulfato de cobre. Las oficinistas habían ya cambiado los zapatitos blancos y los vestidos de seda por las botas de cuero y los trajes de hechura de sastre. Algunos de los hombres llevaban ligeros jerseys de lana. Dentro de unas semanas empezarían nuevas obras en los teatros, caerían las hojas y se convocaría a elecciones.
La cena de las verdades, pág. 65. -
Un hombre bajo la Luna, de Helen McCloy. #BasilWilling2 (1940)

Una novela universitaria.
El inspector Patrick Foyle está leyendo el boletín que le había entregado el rector, sentado en un banco de la Universidad de Yorkville. El césped se extendía hasta el margen del río, el cielo estaba tranquilo y en calma. Su pipa tira a la perfección. Un panorama idílico que le hace pensar que puede ser un buen lugar para que su hijo estudie.
Sin embargo, una hoja de papel llama su atención y se detiene a leerla:
«Tengo el agrado de informarle que ha sido elegido asesino del grupo número uno. Por favor, siga las instrucciones al pie de la letra.
Entrará en Southerland Hall por la puerta del oeste en el momento en que el reloj de la biblioteca dé las ocho de la noche del sábado 4 de mayo. Debe salir del edificio a las nueve menos cuarto. De este modo tendrá tiempo para el asesinato.
Hará el menor ruido posible y se cuidará de no encender ninguna luz para no llamar la atención del sereno. Si no sale del edificio a las nueve menos cuarto, se encontrará en una situación difícil y extraña.
Un hombre bajo la Luna, pág. 5.Acto seguido, Foyle se cruza con Franz Konradi, una de las grandes autoridades sobre factores químicos del cáncer. Un hombre que ha conseguido escapar del campo de concentración de Dachau, y que justo a la hora que se indica en la nota que el inspector encuentra, será hallado muerto. Todo apunta que ha sido un suicido (la pólvora en su mano, la trayectoria del disparo) pero da la casualidad que, debido a que sospechaba que trataban de asesinarle, en su encontronazo con Foyle le juró que si hallaban su cadáver no sería debido a un crimen cometido por iniciativa propia.

Campo de Dachau Ámbito académico.
Un hombre bajo la Luna es una obra de ámbito académico. No solo porque la acción se desarrolle en un campus universitario, y algunos de los principales sospechosos sean profesores, sino también por el tono de la novela. La meticulosidad con la que se desgranan determinados asuntos científicos, como metalurgia, espionaje industrial o ensayos académicos resulta fascinante.
Obviamente, no puedo corroborar que todo lo expuesto tiene una base científica fiable, pero lo que sí me permito asegurar es que la verosimilitud está lograda por completo. La exposición de las teorías o los debates entre los diferentes implicados resultan ágiles y de fácil comprensión al lector profano en estos temas. De nuevo, Helen McCloy demuestra su maestría a la hora de elaborar personajes complejos y con carisma propio. Los diálogos ayudan a ello, y no duda en entretenerse en una conversación detallada si la trama lo requiere. A pesar de ser una novela bastante breve, no tiene prisa: desarrolla en profundidad todo aquello que cree imprescindible para la historia, y lo hace de un modo magistral.
¿Aspectos obsoletos?
Sé que muchos lectores contemporáneos encontrarán aspectos que les hagan pensar que en algunos puntos está obsoleta. Como en La fiesta de la muerte, la presencia de determinadas teorías del psicoanálisis, del sonambulismo o de la epilepsia pueden parecer antiguas y cubiertas por una buena capa de polvo.
Sin embargo, yo lo veo como una maravillosa oportunidad de profundizar en la realidad del momento. Al igual que aquellas novelas en las que lo sobrenatural cobra una importancia que igual hoy en día no se le daría, conocer la medicina psiquiátrica de la época a través de McCloy me está resultando fascinante.

Nueva York en los años 40. Gisela von Hohenems
Aquí hace aparición por vez primera Gisela von Hohenems, una secundaria que tendrá una importancia vital en la serie de Basil Willing. Así que no me resisto a compartir la descripción que se hace de ella:
«Bajo la luz artificial, su piel tenía el color de una perla. Basil había visto esa tonalidad otras veces…, en los rostros de sus pacientes anémicos. La joven parecía contar veintiséis a veintisiete años de edad…; debió ser una niñita de cuatro o cinco meses cuando la Primera Guerra Mundial. Basil había oído hablar sobre la gran cantidad de niños austríacos que enfermaron de anemia durante el bloqueo de Viena.
La muchacha no usaba sombrero. Se había colocado un abrigo de corte deportivo sobre los hombros. Su vestido era de seda blanco, que, después de ceñir su busto y cintura, caía en pliegues suaves hasta los pies. Era la clase de vestido que las mujeres se colocan para cenar en la casa, pero no para una excursión nocturna por senderos poco frecuentados. El borde presentaba manchas de hierba y los tacones de los zapatos estaban sucios de barro.»
Un hombre bajo la Luna, pa.g 40.
Refugiados judíos en Fort Ontario, Nueva York 1944 Ambientación histórica.
Uno de los puntos fuertes para mí ha sido descubrir cómo se hablaba sobre el nazismo y los campos de concentración desde la ficción ya en 1940. Las represiones a los judíos, la emigración de alemanes y austríacos a Estados Unidos, las sospechas de todos contra todos tras esa huída. Existen indicios de que uno de los personajes no sea quien dice ser, que está suplantando la identidad de otra persona. Las argumentaciones arrojadas en este punto acerca de los motivos que podrían llevar a alguien a hacerlo y las teorías sobre espionaje y contraespionaje, son absolutamente fascinantes.
En definitiva, una segunda entrega de la serie que no llega a la calidad de la primera, pero que es más que decente. Con una trama compleja, una disección de los personajes exquisita y una contextualización histórica apasionante.
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Bajo la nieve, de Helen McCloy. #BasilWilling1 (1938)

Un cadáver en la nieve.
La nieve había empezado a caer el martes a la hora del cocktail. Enormes copos cubrieron las calles de la ciudad de Nueva York en pocas horas. La mañana del miércoles, las máquinas quitanieves no daba a basto. Butch y Buddy tienen que recurrir a las palas para cargarla en camiones. La pala de Buddy choca contra algo sólido, pero no es asfalto. Aparta la nieve, y descubre el cuerpo de una mujer joven. Un cadáver que está caliente y cuyo rostro se ha tornado de un color amarillo intenso.
No tardan en encontrar parecido a la joven con Kitty Jocelyn. Pero casi al instante descubren que esa noche ha hecho su debut en sociedad con una fiesta repleta de invitados. Las fotografías del evento no dejan dudas de que no puede ser la misma persona, pero la semejanza es asombrosa.

Helen McCloy Doctor Basil Willing.
La fiesta de la muerte es la primera entrega de una serie de novelas protagonizadas por el médico psiquiatra Basil Willing. Ya en las primeras páginas, este personaje afirma que todos los seres humanos, además de dejar marcas físicas, también dejan un rastro de huellas digitales psíquicas y que estas no pueden ocultarse con guantes. Estamos en 1938, y el psicoanálisis había supuesto toda una revolución en el campo de la psicología y la psiquiatría. Entre algunas de las afirmaciones que planteaban estas teorías tendríamos que el lapsus es un dato erróneo de la conciencia que manifiesta una descarga del inconsciente.
De este modo, los despistes, los olvidos, los errores a la hora de escoger una palabra mientras hablamos, serían un reflejo fiel de nuestro subconsciente y nuestra psique. Los argumentos que aporta el doctor Basil Willing siempre van de la mano de las evidencias físicas y nunca las sustituyen. Gracias a ello, resulta un aporte de lo más interesante para conocer un poco más la influencia que estas doctrinas tuvieron en su momento.

Fiesta de debutantes de los años 30. Fármacos, dinero y fama.
Puede que uno de los elementos que más me han fascinado sea el descubrimiento del 2,4-dinitrofenol. Fue uno de los primeros fármacos que se emplearon en las terapias para bajar de peso. Lo más curioso es cómo descubrieron sus efectos: los trabajadores de las fábricas armamentísticas que estaban en contacto con esta sustancia perdían peso. Fue prohibido en 1938 —año de publicación de este libro— debido a la cantidad de consecuencias adversas que se detectaron, tales como hipertermia tóxica, hepatotoxicidad o formación de cataratas. Uno de los motivos por los que McCloy lo escogió para esta novela es que provocaba un exceso de calor tal que causaba una subida de la temperatura incontrolable.
También me ha resultado fascinante el análisis velado (o no tanto) que se realiza de la alta sociedad. La madrastra de Kitty quiere organizar una fiesta a la altura de lo que la joven necesita para alcanzar una buena posición, y no duda en hipotecar todo lo necesario para conseguirlo. Incluso encontramos una referencia a la crisis de 1929 y las repercusiones que tuvo en determinados grupos sociales. Relacionado con todo esto, también podemos ver alguna afirmación devastadora sobre las mujeres trabajadoras y su dificultad de conseguir un empleo tras la guerra:
«No me gusta en especial este trabajo, no es más que una de las formas en que una mujer sin mayores estudios puede ganarse el pan.»
La fiesta de la muerte, pág. 107.
Anuncio publicitario de las Bile Beans, unas pastillas mágicas que servían para casi todo. Y os dejo otra perla acerca de los usos y abusos de las instituciones mentales como lugares de reclusión contra la voluntad y salud de algunas personas:
«Lo que más desilusiona a los psiquiatras es descubrir cuantos pacientes bondadosos quieren que otros miembros de la familia sean declarados locos.»
La fiesta de la muerte, pág. 51.De igual modo, se aborda el tema de la ética dentro del mundo de la publicidad y cómo no tenían ningún reparo a la hora de representar un producto que luego no estarían dispuestos a utilizar. La responsabilidad como imagen de la marca es algo que hoy tenemos bastante interiorizado, pero está claro que ha existido una evolución en los contratos y la legislación que lo regula.
Construcción de los personajes.
Me ha resultado gracioso (por no utilizar otra palabra menos educada) toparme con una crítica del 23 de Julio de 1938 publicada en el Times Literary Supplement por Maurice Percy Ashley que no comenta que: «… unfortunately the characters are scarcely sufficiently well developed to be exciting, with the exception of Dr. Willing. If Miss McCloy will pay a little more attention to characterisation she may one day attain first-class honours.» Podéis leer su texto completo en el blog The Grandest Game in the world.
Algo que considero que destaca es precisamente la construcción de los personajes. No estamos ante protagonistas planos, sino que cada uno de ellos posee una identidad definida. La agilidad de los diálogos ayuda a ello, consiguiendo que tengan voz propia y que la consecución de sus actos sea algo lógico dentro de la narración. Me consta que no soy la única que lo ve así, porque son varias las reseñas y críticas en las que se señala este particular. Me hace preguntarme si la creación de personajes femeninos que no caen en los estereotipos y clichés será lo que llevó a Maurice Percy Ashley a las conclusiones de su texto.

Medicamentos para adelgazar. Descripciones y ambientación.
Por último, no quiero dejar de remarcar la habilidad de McCloy a la hora de describir espacios y lograr así la ambientación que busca. No se enreda en largas descripciones, y la sutileza de los detalles aporta el tono indicado a lo que creo que quería transmitir.
«Las oficinas de la Industrial Finishing Company recordaban a una catedral: la iluminación era indirecta como si se filtrara por ventanales góticos. Las paredes estaban cubiertas por paneles de roble, las sillas y las mesas eran de estilo jacobino. No se oía ni un susurro en su interior, y los empleados caminaban suavemente sobre espesas alfombras.»
La fiesta de la muerte, pág. 111«El living-room de la casita vecina a la librería estaba amueblado con buen gusto, pero era muy pequeño. El ruido de los automóviles venía por las ventanas, y el olor de cebollas fritas desde el hall. Era un rudo contraste con el espacio y la quietud de la casa de los Jocelyn.»
La fiesta de la muerte, pág. 116.Puede que algunos lectores consideren que ha envejecido mal debido a todo el desarrollo de las teorías sobre el psicoanálisis. Sin embargo, creo que el que sea un producto del momento en el que fue creado y que refleje tan bien determinadas problemáticas sociales la convierten en una novela brillante. El estilo de la autora, su magnífico uso de los diálogos y de la perfilación de sus personajes, hacen de esta obra un clásico indiscutible del género que debería ser recuperado.
*No dejéis de pasar a leer la magnífica reseña de Jose Ignacio Escribano en su blog A crime is Afoot.
Os dejo un enlace a un artículo sobre cómo un pesticida se convirtió en un medicamento para adelgazar, y cómo en fecha reciente ha regresado al mercando de nuevo: https://www.popsci.com/article/science/science-and-history-pesticide-turned-diet-pill/
Título: La fiesta de la muerte (Dance of Death) Autora: Helen McCloy. Traductor: J. Roman. Editorial: Acme Agency S. R. Lda. (1945) Año de publicación: 1938. Número de páginas: 188.