La botella china de lapislázuli, de Mignon G. Eberhart (1931)

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Crimen en el Hospital Melady Memorial.

Cuarta entrega de la enfermera e investigadora Sarah Keate. En esta ocasión nos encontramos en el Hospital Melady Memorial. El presidente de la junta de dicho hospital, Peter Melady, va a ser operado por el doctor Harrigan. Y nuestra narradora y protagonista será la encargada de sus cuidados. De manera casual, su hija, Dione Melady, también acaba de ingresar debido a unas quemaduras de sol bastante graves. Y una casualidad más: Ina Harrigan, esposa del doctor Harrigan, también se encuentra ingresada en la misma planta por un accidente de tráfico.

Por todos es sabido la rivalidad entre Peter Melady y el doctor Harrigan. Tal vez por ello, sus familiares no aprueban que se vaya a someter a una cirugía tan importante a manos de alguien que no le quiere bien. Todo se complica cuando el médico decide de forma repentina que va a operar a Melady esa misma noche. Y más aún, al hallar el cadáver del doctor Harrigan en el ascensor minutos más tarde, y al descubrir que Peter Melady parece haberse esfumado.

Atmósfera asfixiante.

La acción de la novela arranca un 7 de Julio. Ni siquiera a las nueve de la noche han refrescado las calles, menos aún los interiores. No corre ni un soplo de aire por los corredores ni por las habitaciones de los enfermos. El calor es húmedo, y hasta las viejas paredes parecen sudorosas. Los pacientes están agotados por el bochorno, las enfermeras de noche no pegan ojo durante el día, los uniformes almidonados resultan asfixiantes. Toda una serie de alusiones a la climatología que traspasan las páginas del libro.

Estamos ante una intriga de espacio cerrado, una trama que se desarrolla en un lugar del que por algún motivo los protagonistas no pueden salir. En este caso, debido a que están convalecientes unos y trabajando otros. Esto supone un añadido a todo lo anterior, y Eberhart consigue que sientas sed —e incluso cierta sensación de agobio. Es uno de los grandes aciertos de esta obra, y logra de este modo que empatices con los personajes, con su irascibilidad y su agotamiento con el paso de los capítulos.

La novela tuvo su adaptación a la gran pantalla en 1937

Sarah Keate, investigadora.

Si en las entregas anteriores de la serie la presencia del policía Lance O’Leary era fundamental durante casi todo el libro, en esta ocasión tan solo aparece en las últimas 30 páginas. Su función aquí será la de escuchar la exposición del caso que Keate le muestra, y ensamblar las piezas que todavía quedaban sueltas y sin conectar. A pesar de que hay un par de elementos que resultan un tanto inverosímiles, considero que no empañan el desarrollo de la historia y la forma en la que está contada.

Uno de los fragmentos que más me han encandilado se produce cerca del final, cuando la acción se precipita y la confusión de Sarah Keate es más que evidente gracias a la maestría de Eberhart. En lugar de escoger narrar cada uno de los sucesos y movimientos, decide incluir una elipsis con la que se presenta de un modo perfecto que un montón de cosas han pasado. Y da buena muestra de que menos es más dentro de una buena novela:

«No recuerdo que abriera la puerta, ni los gritos, ni los rápidos disparos de revólver, ni los policías corriendo, ni el tumulto que debieron producir en el viejo hospital y que casi ahogó la furia de la tormenta.

Recuerdo haber estado sentada en un sillón de mimbre en la habitación que fue de Peter Melady. Tenía el uniforme mojado en el cuello y Ellen echaba agua fría en mi cara como si se hallara dispuesta a ahogarme. Nancy me frotaba las manos sollozando y diciendo:

— ¿Estás herida? ¿Estás herida?

Aparté a Ellen y su agua, intenté tomar aliento, me atraganté y me erguí. En el corredor había luces encendidas, enfermeras de otras alas corrían por ellos, una camilla con una sábana blanca cubriéndola pasó por delante de la puerta y los policías se agrupaban a la puerta del cuarto ropero y a la de otro cuarto vacío al lado del de Dione Melady.

La botella china de lapislázuli, pág. 275.

Título desafortunado.

Seguro que más de uno piensa que el título de la novela es lo menos atrayente del mundo para sentir interés por leer este libro. Lo sé, a mí me ocurrió lo mismo. El título original en inglés es From this dark stairway, creo que mucho más acertado e incluso más en la línea del género de misterio.

Como podéis ver en la imagen de más arriba, la novela tuvo su adaptación a la gran pantalla. No puedo daros mi opinión, porque no la he encontrado en ningún sitio para poder verla. Aunque su puntuación de 6,5 en IMDB hace que piense que tal vez no me estoy perdiendo nada.

Título: La botella china de lapislázuli (From this dark stairway)
Autora: Mignon E. Eberhart.
Traductor: Mª del Carmen Márquez Odriozola.
Editorial: Aguilar (1960). El volumen incluye 5 novelas, la tercera de ellas de la que os hablo hoy aquí.
Año de publicación: 1931.
Número de páginas: De la 529 a la 819.

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