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La dama desaparece, de Ethel Lina White (1936)

Iris y sus amigos acaban de pasar sus vacaciones en la montaña de un lugar indeterminado de Europa. La tropa, como ella les llama, abandonan antes que ella el hotel que han invadido durante un mes, e Iris deberá emprender la vuelva a Inglaterra sola en un largo viaje en tren. No conoce el idioma local, y en más de una ocasión eso ha supuesto un ligero contratiempo para ella. Por ello, cuando a bordo del tren que la conduce de vuelta a casa descubre que en su compartimento viaja una institutriz británica, se consuela porque al menos tendrá alguien con quien charlar mientras toma un té con leche.
Camino de la cafetería del tren descubrirá que han emprendido el viaje de vuelta algunos de sus compañeros de hotel en las pasadas semanas. Un par de hermanas, un vicario, su esposa… Finalmente, toma el té con la señorita Froy. Charlan y ella le cuenta que su familia está esperando junto con su perro a que regrese a casa. Conversación banal para pasar el rato y hacer el viaje más ameno. Regresan al compartimento, Iris se queda dormida, y cuando despierta la señorita Froy no está. Pregunta a sus compañeros de viaje, pero no comprenden su idioma. Consulta a un viejo profesor que viaja a bordo del tren, interrogan, investigan, y la señorita Froy parece haberse esfumado de un tren en marcha.
La dama desaparece es una novela de suspense psicológico. Creo que la etiqueta que le ha asignado la editorial de thriller juega en su contra, ya que la acción es reposada y la agitación es más interior que otra cosa. A través de la preocupación de Iris por la señorita Froy entraremos en un juego de preguntas y respuestas, en un debate acerca de la cordura de Iris y en una serie de pesquisas que nos harán dudar de la palabra de nuestra protagonista. ¿Existe la señorita Froy? ¿En serio ha desaparecido? ¿Si lo ha hecho, está en apuros? ¿O el calor y el cansancio del viaje le han jugado una mala pasada a nuestra joven amiga? ¿Ha confundido a la señorita Froy con otra persona vestida del mismo modo?
En vez de encontrarnos con un asesinato lo que tenemos es una desaparición. Aún así, estamos ante un clásico caso de habitación cerrada. Un tren en marcha sin ninguna parada reciente o futura a la vista, una mujer que nadie más que Iris parece haber visto, y la convicción de que algo extraño le ha sucedido, nos tienen en vela las 300 páginas de esta novela. Creo que la trama está perfectamente llevada, manteniendo la intriga en todo momento. En la primera mitad de la novela, contamos tan solo con el testimonio de Iris. Y a partir de la segunda, las declaraciones del resto de pasajeros, algo que nos ayuda a vislumbrar lo que está pasando, incluso llegando a tener más información sobre el caso que la propia Iris.
Como os advertía en la reseña de La escalera de caracol, para los lectores acostumbrados a las novelas vertiginosas de hoy en día en las que la trama prevalece sobre la voluntad narrativa, quizá resulte una novela lenta o con falta de suspense. Creo que es una de esas novelas en las que aporta un importante valor a la hora de juzgarla el hecho de ser conscientes en qué momento se publicó originalmente. Un momento en el que el hardboiled estaba casi recién nacido, el cine negro en pañales y la novela clásica de misterio en su gran momento. Los ritmos eran otros y los tiempos eran otros.
Aunque sé que es algo que puede resultar molesto en la lectura para algunos, a mí me ha encantado el tufillo machista tan propio del momento en el que se escribió. Como en las reseñas anteriores, no puedo dejar de destacar la fortaleza del personaje de Iris, una mujer que se enfrentará a todos los pasajeros de un tren que tratan de dejarla como a una histérica y una cabezota que tan solo trata de tener razón. Creo que es un ejemplo perfecto de la época, cuando una mujer debía acogerse siempre a la protección de un hombre y seguir sus indicaciones en todo momento, dejando incluso de lado sus convicciones. Iris no es para nada así, y pese a que todos están en su contra, no desiste en afirmar que la señorita Froy no ha sido una invención y que deben encontrarla.

Imagen de la adaptación de Alfred Hitchcock La novela cuenta con tres adaptaciones a la pequeña y gran pantalla:
-Como os comentaba en la biografía de Ethel Lina White, esta fue una de las obras que Alfred Hitchcock escogió para llevar a la gran pantalla, en 1938. Añade algunos toques de humor debido a las confusiones idiomáticas, y modifica algunas partes del argumento para adaptarlas a sus necesidades narrativas. Está considerada como una de las mejores de su etapa británica y refleja magníficamente la evolución de Iris que encontramos en la novela desde una jovencita egocéntrica a una mujer madura y responsable. Aún no es el Hitchcock que enamoró al público norteamericano, pero sí que encontramos ya muchos de los elementos que le hicieron pasar a la historia del cine.
-Tras esta, tenemos un remake más que decente en 1979 de la mano de Anthony Page, con Cybill Shepherd (Luz de Luna) en el papel de Iris y Angela Lansbury en el papel de la desaparecida señorita Froy. Ya sabéis que donde pisa Angela Lansbury (más conocida como Jessica Fletcher) se produce un misterio, un asesinato o una desaparición, y aquí no podía ser menos. Más acción con una Shepherd que se pasa la cinta corriendo de un lado al otro del tren.
-Por último, en 2013 encontramos una adaptación para televisión dirigida por Diarmuid Lawrence. No he conseguido ver esta adaptación, pero las calificaciones y las opiniones en Imdb son nefastas. Reconozco que inicialmente me atrajo por estar protagonizada por Tuppence Middleton, a quién descubrí en Dickensian, una actriz que merece la pena ver tan solo por la exquisitez de su acento británico. Pero después de ver las puntuaciones que tiene, creo que no ocurrirá nada si la dejo pasar.
Título: La dama desaparece (The Wheel Spins/The Lady Vanishes) Autor: Ethel Lina White Traductor: Enrique Maldonado Roldán. Editorial: Alba Editorial (2017) Año de publicación: 1936. ISBN: 9788490652794 Páginas: 312. Precio: 19,50€. Ficha del libro en Alba:http://www.albaeditorial.es/php/sl.php?shop.showprod&nt=7455&ref=97884-90652794&fldr=432#.WTcniRPyiu4
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El museo de la muerte, de Ethel Lina White (1935)

Sonia Thompson es una joven periodista con mucho entusiasmo y poca experiencia. En un oscuro y frío Noviembre se instalará en Riverpool, donde acaba de ser contratada en el periódico local. Nada más llegar, recorre el lugar y trata de vislumbrar las posibilidades de Riverpool y de sus gentes. Por ello, acude directa a la decadente y conocida atracción de la localidad: un museo de cera anticuado y con poco interés, que si se mantiene en pie es debido a haberse convertido en el local de citas ilegítimas de sus vecinos. Hay que reconocerles que mal encaminados no van al escoger el lugar, ya que en el caso de que seas descubierto puedes perderte entre los diferentes muñecos de cera, o incluso fingir ser uno de ellos.
Aparte de ser el lugar favorito de los encuentros amorosos de los habitantes de Riverpool, sobre el museo pesa la oscura leyenda de ser un lugar maldito. Al parecer, todos los que han tratado de pasar una noche allí, por diversas causas, no han vuelto a ver la luz del sol. Todos estos ingredientes, hacen del museo un objeto perfecto para que Sonia realice un reportaje y trate de crear de paso una cierta polémica sobre el lugar antes de que se vea obligado a echar el cierre.
Acompañados de Sonia conoceremos Riverpool y a sus habitantes, un elenco de personajes con un montón de confidencias que esconder. «La mitad de la gente de aquí esconde un secreto, y la otra mitad vive procurando averiguarlo». Esta máxima extraída de uno de los diálogos de El museo de la muerte resume el espíritu de una novela plagada de mentiras, engaños, robos, e incluso adicción y tráfico de drogas. Tantos elementos, tantos, que quizá White no ha encontrado la medida justa.

Fotograma de «Los crímenes del museo de cera» (1953). No se trata de una adaptación de esta novela, pero en algunos fragmentos del libro las imágenes de esta película venían una y otra vez a mi cabeza. Reconozco que inicié la lectura de El museo de la muerte con unas enorme expectativas. No sabía gran cosa sobre la novela, pero La escalera de caracol me había dejado tan fascinada que erróneamente creí que sus novelas solo podían ir a más. A pesar de no ser una mala novela, esta no alcanza la genialidad de la otra. Quizá el fallo para mí se ha debido a que se haya centrado tanto en los secretos que ocultan los personajes y no tanto en la trama criminal propiamente dicha. Algo sucede en ese museo, algo hay entre esas cuatro paredes para que nadie sea capaz de sobrevivir a una noche pasada en él, y este aspecto tan solo es explotado en el magnífico capítulo en el que Sonia decidirá comprobar qué sucede en ese lugar pasando la noche voluntariamente en él. Esta parte de la novela sí consigue la tensión narrativa y la intriga de La escalera de caracol, y ojalá la autora hubiese explotado más este particular y no otros a los que decidió otorgarle más peso. Pero, claro, eso es tan solo mi opinión.
Como sucedía en su anterior novela, los personajes femeninos nada tienen de débiles ni de pusilánimes. Es más, la fortaleza y la determinación de Sonia nos regala diálogos con vecinas metomentodos como este:
«—En cuanto a usted, amiguita, ¡cuánto mejor sería que se dedicase a buscar un marido en vez de quitar el empleo a un hombre! Son los hombres quienes deben trabajar para mantener a sus mujeres y a sus hijos.A Sonia le molestó el consejo. Como muchacha recién salida del colegio y lanzada por su propio ímpetu al trabajo social, estaba resuelta a romper con todas las rutinas y era vehemente teorizadora y dogmática intolerante. Por eso dijo:—Quizá soy de las que prefieren bastarse a sí mismas, y esa es una cuestión que a nadie más que a mí incumbe. La mujer casada se halla siempre a merced de un marido, que puede cansarse de ella en cualquier momento. Cuando ella ha perdido la juventud puede abandonarla para irse con una joven. Y, si una nueva ley no arregla las cosas, puede testar antes de morir y dejarla en la calle.»
Si La escalera de caracol resulta complicada de encontrar, esta lo es mucho más todavía. El título original de la novela era Wax (Cera), y con este título sí que hay algún ejemplar más. A pesar de no ser una gran novela, he disfrutado con su lectura y especialmente con la gran personalidad que White creó para Sonia. Una de las dudas que me quedan observando la cronología de la publicación de sus obras (casi todas en años consecutivos) es si sucedió algo en su vida entre 1933 cuando publicó La escalera de caracol y 1935, año de publicación de El museo de la muerte. Me temo que tan solo podría averiguarlo viajando a Gales y removiendo archivos y documentos familiares. O quien sabe, quizá algún experto en el tema esté ya investigando su vida y nos regale una biografía en los próximos años.
Título: El museo de la muerte (Wax) Autor: Ethel Lina White Editorial: Revista Literaria Novelas y Cuentos (1951) Año de publicación: 1935. Páginas: 97.
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La escalera de caracol, de Ethel Lina White (1933)

Helen ha comenzado a trabajar como dama de compañía en La Cúspide, una gran mansión que se erige en la línea divisoria entre Inglaterra y Gales. La ciudad más próxima se encuentra a 22 millas y el pueblo más cercano a 12. Por ello, son pocos los que aceptan de buen grado trabajar en un lugar tan apartado. Helen empieza al servicio del viudo profesor Warren, su hermana Blanche — también viuda — y la vieja madrastra de ambos, Lady Warren, enferma y recluida en la habitación azul desde hace años. A pesar de que inicialmente Helen no debía ocuparse de Lady Warren enseguida se ganará su amistad y su confianza gracias a su dulzura, y se convertirá en la favorita de la dueña de La Cúspide.
En la época que nuestra protagonista se muda a La Cúspide, se están cometiendo una serie de crímenes cuyas víctimas son siempre jóvenes mujeres. El primero fue en una calle, el segundo en un jardín, el tercero en una casa… Parece ser que el asesino cada vez tiene menos miedo y decide adentrarse más en la vida de sus víctimas. Por ello se aconseja a las habitantes de la mansión que no deambulen solas por los caminos y menos aún cuando oscurece. Especialmente la noche en la que transcurre la acción de La escalera de caracol.
En esta historia encontramos también al señor y a la señora Oates, que se hayan al servicio de la familia Warren; a Newton, hijo del profesor; a Simone, esposa de Newton; a Stephen Rice, alumno del profesor; al doctor Parry, que atenderá a Lady Warren y se preocupará de Helen tratando de cuidarla y guiarla; y a miss Baker, la enfermera personal de Lady Warren. Todo este amplio elenco de secundarios compondrán una escena plagada de gente al inicio de la noche de autos, pero que por diversos motivos irán desapareciendo uno por uno . ¿Qué es lo que sucede en La Cúspide esa noche?

Beddgelert, Parque Nacional de Snowdonia, Gwynedd, Gales. La novela no transcurre exactamente en este punto de Gales, pero se parece bastante al escenario que se creó en mi mente. Como os comentaba en la introducción a la vida y la obra de Ethel Lina White, son muchos los que consideran La escalera de caracol como su mejor novela. Este fue un dato que conocí a posteriori de la lectura del libro, convencida cuando lo empecé que la gran novela de la autora sería La dama desaparece por haber sido la escogida por Hitchcock para adaptarla al cine. Mientras escribo esto no he abordado aún La dama desaparece, pero creo que de momento estoy de acuerdo con todos aquellos que afirman que esta novela es excelente.
White consigue a través de una serie de reflexiones de Helen, nuestra protagonista, que dudemos de todo y de todos. No sabemos a ciencia cierta qué está ocurriendo en esa mansión, pero algo raro sucede. Han aconsejado a todo el mundo que nadie salga al exterior esa noche y que no dejen entrar a nadie en ella, mientras una terrible tormenta azota las ramas de los árboles y la lluvia provoca en la casa un montón de ruidos estremecedores. Pasadizos, escaleras, sótanos, bodegas. Montones de rincones recónditos y oscuros donde un asesino podría esconderse. El miedo y las dudas persiguen a Helen, haciendo que el lector las padezca con ella, y que sintamos la angustia de no saber si estamos encerrándonos del mal o con él.
Los diálogos son magníficos, la ambientación es excelente, pero la fuerza considero que radica en los personajes. Cada uno tendrá una personalidad marcada y definida, y por lo que he visto en alguna obra posterior de la autora la creación de personajes femeninos fuertes y con carácter era marca de la casa. Nada de pusilánimes damas en peligro. Señoritas perfectamente capaces de valerse por sí mismas y que optan por ganarse la vida por sus propios medios antes que depender de un marido que las mantenga. Y teniendo en cuenta que estamos en Reino Unido en los años 30, es un punto a favor para la autora.

La escalera de caracol, 1946 Como no podía ser de otra manera, la novela no tiene ni una ni dos adaptaciones al cine, sino tres. La primera de ellas fue estrenada en 1946 como The spiral staircase dirigida por Robert Siodmak con Dorothy McGuire en el papel de Helen. A pesar de unos cambios significativos en el desarrollo de la trama — para empezar, Helen es muda en esta cinta, y no aparecen tantos personajes como en la novela, por lo que la angustia de ver que cada vez queda menos gente es suplida con otros elementos —, he de reconocer que la película es excelente. Soy muy fan de las adaptaciones fieles, pero este es uno de esos claros ejemplos en los que es mejor escoger algunos de los puntos fuertes de la historia para trasladarlos a otro formato. La película funciona a la perfección y aunque la novela creo que mantiene la intriga mucho mejor, es magnífica.
La segunda, de 1975, dirigida por Peter Collinson y con Jacqueline Bisset en el papel de Helen. Más que una nueva adaptación de la novela, es tan solo un remake de la primera adaptación de Robert Siodmak. Y que Jacqueline Bisset me perdone, pero me quedo con la de 1946. Tanto porque la intriga está mejor llevada, como la estética más conseguida. Quizá porque el cine negro en blanco y negro es una de mis debilidades.
La tercera fue una adaptación para la televisión del año 2000, dirigida por James Head y con Nicollette Sheridan en el papel de Helen (una de las malas malísimas de la serie Mujeres desesperadas). Reconozco que con esta ni lo he intentado. Ver quién la protagonizaba me ha tirado por completo para atrás, y su puntuación en Imdb de 5,3 me terminó de convencer.
A pesar de que la novela está descatalogada desde hace años, hay varios ejemplares deambulando todavía por las librerías de viejo y por Iberlibro. Ojalá sea una de esas recuperaciones que estamos viendo en estos últimos meses de la mano de editoriales como dÈpoca, Alba o Siruela, porque es una verdadera lástima que tanto la novela como la autora estén tan olvidadas en nuestro país.
Título: La escalera de caracol (The circular staircase) Autor: Ethel Lina White Traductor: Diego Navarro Editorial: Mateu Editor Año de publicación: 1933. Páginas: 218.
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Ethel Lina White (1876-1944) – Suspense psicológico ‘made in Gales’

Los convencionalismos y las clasificaciones nos hacen asociar el misterio de corte clásico a la novela británica (misterios de habitación cerrada, empleo de venenos, aparición de grandes caserones, personajes de la aristocracia) y la novela más cruda a la tradición norteamericana (bajos fondos, delincuentes de la calle, violencia, tramas ágiles y rápidas). Por supuesto, hubo autores desde ambos lados del charco que se saltaron estos convencionalismos y decidieron optar por el tipo de literatura contraria a la de la zona geográfica desde donde escribieron. Y hubo otros más inteligentes todavía que aunaron ambas tradiciones.
Siempre me han fascinado las novelas de detectives o policías con una cabeza visible que dirige la investigación. Pero sí, me atraen muchísimo más aquellas en las que el autor consigue montar una novela de intriga, con altas dosis de suspense, a través de una trama en la que son los personajes que viven la historia quienes deben resolver el misterio que les asola. Quizá es debido a que se trata de situaciones más cercanas a la vida cotidiana, y por ello la identificación del lector con los personajes puede ser mayor que con un investigador con sombrero y gabardina que recorre las calles de Manhattan en una época que ya no es la nuestra.
Toda esta introducción viene para poneros los dientes muy largos acerca del tipo de autora de la que vengo a hablaros hoy: Ethel Lina White. Si no fuese porque escribió algunas décadas antes que Patricia Highsmith bien podríamos pensar que fue sucesora de la conocida autora norteamericana. Sin embargo, fue una de sus varias y desconocidas precursoras, junto con Elizabeth Sanxay Holding de la que también os he hablado por aquí.
White nació en 1876 en Abergavenny, una localidad galesa situada en la frontera con Inglaterra. Sus inicios como escritora se volcaron más en formato corto y sus tres primeras novelas — The Wish-Bone (1927), Twill Soon Be Dark (1929), The Eternal Journey (1930) — no pertenecían aún al género de misterio. Fue a sus 55 años cuando escribió la primera, Put Out the Light (1931) — también titulada como Sinister Light. Por aquel entonces estaba trabajando en el Ministerio de Pensiones y tomó la decisión de dedicarse por completo a la escritura. Todo un acierto.
A pesar de que ha quedado perdida en el olvido, en su momento llegó a ser tan conocida como sus colegas Agatha Christie o Dorothy L. Sayers. Especialmente desde que el mago del suspense Alfred Hitchcock decidió adaptar en 1938 su novena novela The Wheel Spins (1936) (también titulada como The Lady Vanishes). A pesar de que Hitchcock escogiese The Wheel Spins, son muchos los que opinan que su mejor novela fue Some Must Watch (1933) (también titulada como The Spiral Staircase), historia que fue llevada a la gran pantalla en 1946 por Robert Siodmak, en 1975 por Peter Collinson, en el 2000 por James Head para la televisión, y para radio en 1949 en la emisora Screen Directors Playhouse.
Ethel Lina White falleció en Londres en 1944. Sobre su vida poco más se conoce. Sobre su obra, son muchos los que coinciden en afirmar que su estilo, la elección de sus temáticas, sus ambientaciones, no pertenecen en absoluto a la tradición británica de la Golden Age y que podría decirse que es una heredera de la autora norteamericana Mary Roberts Rinehart. Su especialidad eran las mujeres en peligro, y aunque sus novelas pueden parecer anticuadas vistas por los ojos de un lector actual, creo que siguen manteniendo la intriga de manera brillante hasta el punto final del libro.
Por desgracia, aunque tenemos varias de sus novelas traducidas, son difíciles de encontrar. Afortunadamente, Alba Editorial acaba de rescatar recientemente para su colección de Rara Avis The Wheel Spins con el título de La dama desaparece, y podéis encontrarla en vuestras librerías de referencia.
Listado de relatos de Ethel Lina White:
- #1-The Call of the Tiger. The Strand Magazine (UK). (Septiembre — 1907) / The Strand Magazine (USA) (Octubre — 1907).
- #2-The Ninth Life. The Red Magazine. (Febrero — 1910).
- #3-Diana, the Huntress. The London Magazine. (Septiembre — 1910).
- #4-«Thumbs Down!». The London Magazine. (Diciembre — 1910).
- #5-«Fog-Folk». The London Magazine. (Enero — 1911).
- #6-The Day. The Cornhill Magazine. (Agosto — 1916) / Overland Monthly (Diciembre — 1917) / Argosy (UK). (Noviembre — 1942).
- #7-Flying Leave. Overland Monthly. (Septiembre – 1917).
- #8-Crushed Poppies. Metropolitan Magazine. (Enero – 1921).
- #9-The Seven Years’ Secret. The Grand Magazine. (Noviembre – 1921).
- #10-The Pack. The 20-Story Magazine. (Noviembre – 1922).
- #11-To-Night. Pearson’s Magazine. (Noviembre – 1922).
- #12-Bait for the Beast. Detective Story Magazine. (Febrero – 1924) / Best Detective Magazine. (Mayo — 1933).
- #13-Romance. The Premier Magazine. (Febrero – 1924).
- #14-The Devil Pays. The 20-Story Magazine. (Agosto – 1924).
- #15-Breath on the Glass. Flynn’s. (Febrero – 1925).
- #16-Waking. Holland’s. (Noviembre – 1925).
- #17-Maids of Honor. People’s Home Journal. (Diciembre – 1925).
- #18-The Quick and the Dead. Detective Story Magazine. (Diciembre – 1925) / Best Detective Magazine. (Julio — 1933).
- #19-Pillow. The Canadian Magazine. (Septiembre – 1927).
- #20-Water Running Out. Crime Mysteries. (Octubre – 1927).
- #21-Miss Loveapple’s Luck. People’s Home Journal. (Enero – 1929).
- #22-At Twilight. Pearson’s Magazine. (Enero – 1930) / The Novel Magazine. (Enero — 1935) .
- #23-«Men Don’t Notice Clothes!». The Novel Magazine. (Enero – 1931).
- #24-Rain. The Windsor Magazine. (Abril – 1933).
- #25-Honey. The Novel Magazine. (Enero – 1934) / The Argosy (UK). (Diciembre — 1937).
- #26-An Unlocked Window. The Novel Magazine. (Abril – 1934).
- #27-The Holiday. Britannia and Eve. (Febrero – 1938).
- #28-The Fairy Pot. Illustrated. (Octubre – 1939).
- #29-Cheese. (1941) / Argosy (UK). (Agosto — 1942).
- #30-She Faded Into Air (serial). Detective Story Magazine (Agosto, Septiembre, Octubre — 1941) / Collins Crime Club, Londres. (1941).
- #31-The First Day. Britannia and Eve. (Julio – 1943).
Listado de novelas de Ethel Lina White:
- #1-The Wish-Bone (1927)
- #2-Twill Soon Be Dark (1929)
- #3-The Eternal Journey (1930)
- #4-Put Out the Light (1931) aka Sinister Light
- #5-Fear Stalks the Village (1932)
- #6-Some Must Watch (1933) aka The Spiral Staircase. Traducida como La escalera de caracol.
- #7-Wax (1935). Traducida como El museo de la muerte y Pánico entre cera.
- #8-The First Time He Died (1935)
- #9-The Wheel Spins (1936) aka The Lady Vanishes. Traducida como La dama desaparece.
- #10-The Third Eye (1937)
- #11-The Elephant Never Forgets (1937)
- #12-Step in the Dark (1938)
- #13-While She Sleeps (1940)
- #14-She Faded Into Air (1941)
- #15-Midnight House (1942) aka Her Heart in Her Throat, The Unseen. Traducida como Misterio en la noche y Con el corazón en la boca.
- #16-The Man Who Loved Lions (1943) aka The Man Who Was Not There
- #17-They See in Darkness (1944). Traducida como Ellas ven en la oscuridad.
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Canción dulce, de Leila Slimani (2016)

Myriam ha descubierto las mieles de la maternidad desde que ha traído a Mila al mundo. Le gusta cómo le hace sentir, disfruta del amor de su hija y de esta nueva clase de felicidad desconocida para ella. Tan feliz se siente que decide prolongar la experiencia teniendo otro hijo. Sin embargo, lo que fue un placer solo con Mila, con Adam su vida comienza a ir cuesta arriba. Descuida su aspecto, siempre está cansada, y cuidar y educar a sus dos hijos se convierte en una exigencia más que en un placer. Un buen día se topa con un antiguo compañero de estudios. Ese mismo día él se pone de nuevo en contacto con ella para pedirle que trabaje con él en su bufete de abogados. Myriam encuentra por fin una vía de escape y comprende cuánto necesita una vida que no se componga solo de pañales, mocos, fiebres y papillas.
A pesar de que su marido al principio no comprende este cambio de actitud, finalmente cederá para contratar a una niñera que se llevará casi el total de los ingresos de su esposa. No es fácil con dar con una persona seria, responsable, con experiencia, con buenas referencias, educada, limpia, atenta, cariñosa… y sin embargo una especie de Mary Poppins de carne y hueso llama a su puerta. Es tan perfecta que resulta fácil dejarse llevar, abrirle las puertas de su casa, darle la llave de sus vidas. Pero como bien decía el título de la película de Curtis Hanson La mano que mece la cuna es la mano que domina el mundo y no todo es tan idílico como parecía en un principio.
Este es a grandes rasgos el argumento de Canción dulce. Aunque bien es cierto que en el primer capítulo se nos desvelará parte del destino de nuestros cinco protagonistas he decidido no contar más y que seáis vosotros mismos quienes lo descubráis al adentraros en la novela, ya que Slimani arranca con un brutal golpe de efecto que nos podrá en aviso de lo que sucederá en las páginas que siguen a esas aterradoras cuatro primeras. Os recomiendo por tanto que no leáis demasiado acerca de este libro y os adentréis a ciegas en él.
Como sucede con las grandes novelas, este hilo conductor escogido por Leila Slimani es tan solo una excusa para adentrarse en los más oscuros recovecos del alma humana. Nuestras miserias, nuestros miedos, nuestras ambiciones y nuestro egoísmo. El personaje de Myriam es el arquetipo de la mujer del siglo XXI, ese tipo de mujer que tratan de vendernos como objetivo a cumplir, y que consiste en que somos capaces de hacer todo lo que nos propongamos: podemos ser madres, tener un trabajo que nos satisfaga con una alta competitividad laboral, ser amas de casa, ser esposas, ser amantes, estar en forma y mantenernos hermosas. Sea o no con ayuda. Pero detrás de este objetivo a alcanzar se encuentra la dura realidad en la que si quieres un puesto de responsabilidad en tu trabajo es probable que no llegues a tiempo de acostar cada noche a tus hijos; una realidad en la que el cansancio y el estrés harán que te duermas antes de que tu marido se meta en la cama contigo; un día a día que resultará agotador en gran parte por la autoexigencia de creer que somos capaces de conseguirlo todo, y cualquier signo de flaqueza en contra de ese objetivo será visto síntoma de debilidad, no de humanidad.
Louise, la niñera, es el reverso de la moneda: es la cuidadora perfecta, con grandes dotes culinarias, ordenada y limpia, ahorrativa, cariñosa… pero con una vida personal completamente desestructurada. Ambas son un claro ejemplo de lo que puede sucedernos si tratamos de tenerlo todo: es probable que si nuestra vida laboral es idílica, no lo sea la personal. Y viceversa. Es fundamental alcanzar un equilibrio y no terminar de este modo como ninguna de nuestras dos protagonistas.
Slimani aborda varios temas muy en boga hoy en día: la maternidad, la búsqueda de la propia identidad, el terror que puede conllevar la intimidad. Y el modo de hacerlo es absolutamente impecable. Con un ritmo pausado, mostrando en cada momento tan solo lo que quiere mostrar Slimani ha logrado crear una novela preciosista y delicada, con los tiempos perfectos, con los ritmos adecuados, algo que consigue tanto a través de la historia como de la propia forma de narrar. Frases cortas para cortos capítulos, un uso del lenguaje impecable, un estilo sin artificios innecesarios y un gran dominio de las elipsis hacen de Canción dulce una novela redonda en todos los sentidos.
Como he tenido decepciones mayúsculas en estos pasados meses, quiero destacar la magnífica traducción de Malika Embarek López y el mimo puesto en la edición de Cabaret Voltaire. Sus libros son pequeños por fuera, pero enormes por dentro, sin un solo punto fuera de lugar. Bien editado, bien maquetado, bien corregido. Algo como es un libro sin fallos de ningún tipo, que debería ser lo normal, cada vez es más excepcional. Y por ello es digno de ser reconocido y admirado.
Por si os faltaba algún motivo más para salir corriendo a por este libro, Canción dulce se alzó con el Premio Goncourt 2016. Tres han sido las novelas galardonadas con este premio que he leído a día de hoy (Calle de las tiendas oscuras y Nos vemos allá arriba) y está claro que seleccionan un tipo de novela que va muy acorde a mis gustos. Habrá que buscar más.
Título: Canción dulce (Chanson douce) Autor: Leïla Slimani Traductor: Malika Embarek López. Editorial: Cabaret Voltaire (2017) Año de publicación: 2016. ISBN: 9788494443480 Páginas: 288. Precio: 19,95€. Ficha del libro en Cabaret Voltaire: http://cabaretvoltaire.es/index.php?id=274
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El misterio del grabado, de Elizabeth Daly (1946) #HenryGamadge11

Una tarde de diciembre Henry Gamadge visita a la señorita Paxton en Park Avenue. Las ventanas que miran hacia dicha calle se encuentran ocultas tras persianas cerradas y la casa luce el aspecto que tendría una casa deshabitada. La mansión pertenece a su primo James Ashbury, ella tan solo está allí como cuidadora de la mansión temporalmente encargada de realizar un inventario de sus pertenencias. Y en ese corto período de tiempo le ha surgido un contratiempo que ha hecho que se inquiete, por lo que solicita la ayuda de nuestro detective bibliófilo Henry Gamadge. Al parecer sus parientes tienen una amplia colección de grabados en la casa, y misteriosamente en las últimas horas uno de ello parece haber cambiado de aspecto: ha aparecido sin saber bien cómo una inscripción que no estaba antes.
Julia Paxton no sabe qué pensar, teme que Gamadge opine que todo se debe a la avanzada edad de la mujer que ha convertido un despiste en un misterio. Pero la cabeza de Julia funciona con la precisión de un reloj suizo. Y casualmente el cambio acontecido en el grabado implica que ha perdido gran parte de su valor monetario. Por lo tanto solo queda revisar quién ha visitado a Julia para tratar de desentrañar el misterio. Y la lista es tan corta que se reduce tan solo a una persona, Iris Vance, una medium que ha pasado por la casa unas horas antes del extraño cambio acontecido en el grabado. Como ocurría en Nada podrá salvarme, Daly introduce de nuevo los elementos sobrenaturales en su novela, pero siempre a través de un ejercicio de racionalismo puro y duro. Daly acepta que existan mediums, y sin llegar a condenarlo tampoco lo aprueba.
De nuevo tenemos un misterio con libro-ilustración-grabado que sirven como excusa para arrancar la trama. Y nada menos que un grabado en el que aparece representada Lady Audley. Como bien nos explica Gamadge por si lo desconocemos, existe una novela de misterio de 1862 titulada El secreto de lady Audley de Mary Elizabeth Braddon. Se trata de una obra victoriana, coetánea de las obras de Wilkie Collins o Charles Dickens, que representa el éxito de una escritora en un momento en el que la literatura no estaba destinada a las mujeres. Precioso homenaje de Daly a esta obra, y una forma de que sus lectores quizá descubriesen a Braddon.

Nueva York, años 40 A través de visitas a unos u otros personajes, Gamadge tratará de resolver el misterio hasta que, como viene siendo habitual en la estructura de sus novelas, todo se precipite con la aparición de un cadáver. A pesar de la impresión inicial de que estamos ante un simple accidente, algunos indicios apuntan a que esa muerte ha sido provocada, no fortuita. Y el intento de acabar con la vida de Gamadge hará que este deba tomar más precauciones que nunca.
Sin duda, de las tres novelas que he podido leer de la serie esta es en la que Gamadge corre más riesgos. Es cierto que sigue recurriendo a la ayuda de la policía en cuanto es necesario, pero toma más la iniciativa que en entregas anteriores, lo que hace que veamos a un Gamadge más activo. Aún así, no esperéis encontrar a un investigador pistola en mano que vaya disparando a quien se le ponga por delante. Gamadge es más partidario de buscar pistas y extraer conclusiones. Todo en sus novelas está medido y meditado, nada se deja al azar.
A pesar de que no se trata de novelas en las que Gamadge recorra sus calles (como ocurre por ejemplo con las de Matt Scudder), resulta una maravilla conocer el Nueva York de los años 40 a través de sus obras. Sí, están centradas en una parte muy concreta de Manhattan, concretamente en la zona noreste (Upper East Side), zona de gente adinerada y buena familia. Pero esa mezcla de novela urbana ambientada en una gran ciudad con los ambientes típicos de las novelas británicas y rurales de la Golden Age, crean una combinación perfecta que debió romper con muchos moldes. No olvidemos que esta novela es de 1946, momento en el que el hardboiled reinaba y brillaba en el nuevo continente con autores como Raymond Chandler o James M. Cain, en gran parte influido este éxito del género por la adopción del mismo en el cine.
*Con esta reseña doy por concluida la semana #ElizabethDaly. No desistiré en buscar alguna más de sus novelas en alguna librería de viejo, y cruzo los dedos porque Una dirección equivocada se venda tan bien que Siruela decida apostar de nuevo por esta autora en su colección. Espero que si os animáis a leerla me digáis qué os ha parecido. Yo apostaría porque no os vais a arrepentir.
Título: El misterio del grabado (The Wrong Way Down) Autor: Elizabeth Daly. Traductor: Julio Vacarezza. Editorial: Acme Agency, S. R. (1949) Año de publicación: 1946. Páginas: 188.
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Una dirección equivocada, de Elizabeth Daly (1944) #HenryGamadge7

Hace días que el cartero ha descubierto que alguien está tratando de comunicarse con Henry Gamadge de una manera muy especial. Cuando realiza su reparto en la mansión de los Fenway, ha observado que alguien está arrojando bolitas de papel entre la zona situada entre las escaleras de la entrada y la puerta de servicio. Al desplegar los sobres de papel ha visto el nombre de Gamadge, y se los ha hecho llegar. Los extraños envíos se producen siempre en el reparto de la mañana, y está claro que si alguien ha escogido comunicarse así es porque no le queda otra vía para hacerlo.
Por ello, Gamadge mueve sus hilos para concertar una cita con el señor Fenway con la excusa de querer visitar su fabulosa colección de libros. Nada parece sospechoso: Henry Gamadge no solo es un conocido bibliófilo, sino que ha publicado varios libros sobre estos temas. Blake Fenway le mostrará orgulloso su colección, pero le advertirá que en esa casa tan solo tienen una parte de los volúmenes. Desde hace un tiempo está trayendo sus libros desde Fenbrook, la mansión familiar desde hace generaciones. Aprovechando la visita, le realizará una consulta a Gamadge, ya que lleva varios días preocupado por la desaparición de un grabado de uno de sus libros de vistas. Curiosamente, un grabado de la propia mansión Fenbrook. Nuestro detective se ofrecerá a ayudarle a buscarlo: será la excusa perfecta para poder visitarle y así averiguar quién es la persona que está enviándole esos extraños mensajes.
Si la trama ya parece compleja entre tantos familiares viviendo en la mansión, la enredará aún más cuando Gamadge y uno de sus ayudantes visiten Fenbrook para tratar de averiguar si el grabado desaparecido se extravió al llegar a la ciudad o si es probable que la pérdida aconteciese ya en Fenbrook. Allí conocerán a Hilda, una joven al cargo de la gran biblioteca del caserón y que prácticamente vive recluida, junto con dos criados, en un paraje recóndito para custodiar la extensa colección.
Daly parece no tenerle miedo a nada en sus novelas. Si en Nada podrá salvarme introducía fenómenos paranormales y salía airosa del paso, en Una dirección equivocada tendremos a un personaje con discapacidad intelectual. Y a pesar de la fecha de publicación de la novela, el tratamiento del mismo no hace que nos llevemos las manos a la cabeza: es un miembro más de la familia que sí es tratado con un exceso de protección, pero nunca menospreciando su valor humano. Es cierto que dicho personaje pertenece a una clase social adinerada, pero no olvidemos que en esos mismos años se estaban realizando eutanasias masivas a individuos de la sociedad que por uno u otro motivo no podían valerse por sí mismos (sí, se escogió el término eutanasia para ese tipo de actuaciones, a pesar de que poco tienen que ver con lo que hoy en día entendemos por ello).

Casi puedo imaginarme a Henry Gamadge ahí leyendo y estudiando sus volúmenes. Con estas dos líneas argumentales, las inquietantes notas anónimas y la desaparición del grabado, Gamadge descubrirá que ambos misterios están interconectados y tratará de conocer y tratar por igual con todos los miembros de la familia para hacerse una idea de los motivos que podrían tener para haber sustraído la hoja del libro o para haber enviado una nota de socorro al detective.
Daly, como os contaba en su biografía, era una gran amante de los puzzles y los misterios, y eso se aprecia perfectamente en las descripciones que realiza en sus novelas de las mansiones: dónde está cada habitación, quién ocupa cada una. Introduce desvanes misteriosos, pasillos ocultos, montacargas desconocidos. No puedo evitar sentir fascinación por este tipo de ambientes y viajar a mi infancia con los misterios de Los cinco o de Los siete secretos. No se puede negar que Daly poseía una gran imaginación para este tipo de ambientes, y sobre todo hay que admitir que la construcción de sus tramas es impecable. No hay recovecos ni trucos de chistera. Todo sucede por una razón y se preocupa de dejar claro cada uno de los puntos del misterio que nos plantea.
Aquellos
enfermosmaniáticos de leer las series de detectives en el orden en que fueron escritas o publicadas originalmente, como me ocurre a mí, se alegrarán de saber que aunque esta sea la séptima entrega, es una novela autoconclusiva y que se puede leer sin miedo de necesitar un conocimiento previo de los personajes o del tipo de ambientaciones que construye la autora. A pesar de que soy partidaria de seguir novela a novela a los personajes, es cierto que es una gran novela para adentrarse en el mundo de Henry Gamadge: su conocimiento de la literatura de los volúmenes y ediciones raras, su ambiente familiar, su forma de actuar y afrontar los casos que se le plantean, cómo recurre a las fuerzas de la ley cuando la cosa se le escapa de las manos. Espero y deseo que esta no sea la única entrega que Siruela decide publicar, porque merece mucho la pena.Título: Una dirección equivocada (Arrow pointing nowhere) Autor: Elizabeth Daly. Traductor: Raquel C. Rojas. Editorial: Siruela (2017). Fecha de publicación: 1944. ISBN: 9788416964208. Páginas:232. Precio:19,95€. Ficha del libro en Siruela: http://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=3357&completa=S
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Nada podrá salvarme, de Elizabeth Daly (1943) #HenryGamadge5

Gamadge es un investigador privado afincado en Nueva York. Un buen día se topa en el club con su viejo amigo Sylvanus Hutter, al que hace 15 años que no veía. La mujer de Gamadge está de viaje, y Hutter pretende a toda cosa que vaya a pasar el fin de semana a Underhill y visitar allí a su familia. Y de paso, echarle una mano con un misterio que asola la mansión. Al parecer su tía Florence está siendo acosada por alguna de las personas que la rodean. Hace un tiempo se decidió a escribir una novela. Se la dicta frase por frase a su secretaria Evelyn Wing y esta las transcribe a máquina. En no menos de 4 ocasiones, al retomar el texto al día siguiente en el punto donde Florence y Evelyn lo habían dejado, se ha encontrado con frases desagradables añadidas a la novela que invitan a pensar en que se tratan de una amenaza para la pobre Florence.
Finalmente Henry Gamadge accede a visitar a Florence y a tratar de resolver esta intriga. Nada más leer las frases amenazadoras descubrirá con asombro que se trata de citas literarias que nadie hasta ese punto ha sabido reconocer. Poe, Marlowe, Ford, Herbert. Una especie de juego macabro con el que intimidar a la pobre señora, y de paso poner en evidencia su ignorancia por desconocer el origen de dichas citas. Nuestro protagonista interrogará a los habitantes de la mansión y descubrirá que la clave de toda la intriga se haya en el testamento de Florence. Pero la trama se dispara cuando es hallado un cadáver en la casa.
El planteamiento de Nada podrá salvarme, como podéis ver, no podría ser más clásico: mansión a las afueras, mujer adinerada, herederos con ansia de fortuna. Sin embargo la introducción de las amenazas a través de las citas y el uso de una güija como método para obtener información aportan el toque diferenciador en esta novela. Son dos rasgos que nos dan buena cuenta del carácter de Henry Gamadge: por un lado, su alto conocimiento literario al reconocer esas citas al primer vistazo. Por el otro, su inteligencia al observar esa güija como un elemento más de posible autoconcentración que de comunicación paranormal.

Elizabeth Daly se atrevía con todo en sus novelas, hasta con los elementos paranormales. Al igual que la manera en que Daly perfila a nuestro investigador es exquisita, lo mismo sucede con el resto de personajes que deambulan por la novela: Tim Mason, esposo de Florence con 16 años menos que su mujer y cuerpo de deportista; Susie Burt, una jovencita sin medios que Florence ha acogido bajo su protección; Corinne Hutter, prima de Florence y bibliotecaria de Erasmus; Sally Deeper, mujer separada al frente de una casa de modas; o Glen Percy, un amigo de Susie proveniente del Sur con un potente atractivo.
Resulta curioso observar con los ojos de una lectora del s. XXI a estos personajes. No puedo evitar pensar que las características más superficiales se las llevan los personajes masculinos, o al menos en las descripciones así podemos verlo («musculoso deportista», «anchos hombros», «piel morena», «guapo»). Sin embargo, los personajes femeninos tienen un peso de gran importancia en la trama y son, a excepción de Susie, mujeres independientes económicamente gracias al desempeño de sus respectivos trabajos (bibliotecaria, secretaria, dueña de una casa de modas). Evidentemente no todo en esta novela es modernidad, pero sí resulta llamativo al tratarse de una novela escrita en 1943.
Gamadge se apoyará desde la aparición del primer cadáver en el teniente Windorp, inspector de la Policía de Bethea. Creo que es un gran acierto por parte de Daly actuar así. En primer lugar porque la aparición de la policía será determinante para algunos de los sucesos de la novela y en segundo lugar porque aporta el toque de legalidad que en ocasiones les falta a las novelas de detectives. Gamadge es una persona con gran instinto al que se le da bien resolver misterios, pero que nunca rompe las normas marcadas por la ley. Otro de los aspectos que tienen crucial importancia en la resolución del caso es abordar los interrogatorios teniendo en cuenta cómo podrían acontecer en un juicio real. En este punto no puedo dejar de pensar la influencia que pueda tener el hecho de que Daly fuese hija del Juez de la Corte Suprema de Nueva York. Conoce los métodos legales y los aprovecha para aportar más formalidad al caso.
Existe una cierta confusión acerca de qué posición ocupa esta novela en la lista de la serie Gamadge. En algunos lugares podréis ver que es la sexta de la serie y en otros la quinta. Al parecer, es la quinta según el orden norteamericano (el original, ya que se publicaban allí primero), pero al ser publicada el mismo año que Evidence of things seen, esta última se publicó antes en Reino Unido y de ahí el pequeño caos dentro del orden cronológico. Si nos ceñimos a la publicación norteamericana, esta es la quinta entrega.
Título: Nada podrá salvarme (Nothing can rescue me). Autor: Elizabeth Daly. Traductor: Julio Vacarezza. Editorial: Acme Agency, S. R. (1952) Año de publicación: 1943. Páginas: 189.
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Elizabeth Daly (1878-1967): la creadora del detective bibliófilo

2017 está siendo un buen año para los amantes del misterio clásico. Son varias las editoriales que se suben al carro de rescatar a autores olvidados, pero no por ello merecedores de ese olvido. Este mes Siruela ha traído de nuevo a las mesas de novedades a la escritora Elizabeth Daly, nada más y nada menos que la autora estadounidense predilecta de Agatha Christie. Y aprovechando dicho acontecimiento me he recorrido varias librerías de viejo y he conseguido hacerme con dos novelas más de la autora (3 en realidad, pero Correos ha decidido quedarse con la que me falta). Queda inaugurada la semana Elizabeth Daly.
Elizabeth Teresa Daly nació en la ciudad de Nueva York un 15 de Octubre de 1878. Procedía de una familia adinerada, siendo su padre juez de la Corte Suprema de la ciudad de Nueva York. Su vena artística le vino por parte de tío, Augustin Daly, un reconocido dramaturgo y productor teatral. Debido a su buena posición económica su formación académica pudo ser extensa y en grandes centros: asistió a la escuela en Pensilvania en Miss Baldwin’s School, se licenció en Arte en el Bryn Mawr College en 1901, y obtuvo un master en Arte en la Universidad de Columbia en 1902. Los siguientes 4 años los dedicó a ejercer como tutora de inglés y francés en el Bryn Mawr College. En este último período, siguiendo los pasos de su tío, produjo varias obras teatrales y escribió un libro de poemas conjuntamente con su compañera de estudios Amelia White titulado A Book of Bryn Mawr Verses en 1903.
Y curiosamente, se le pierde el rastro durante décadas. De hecho no publicará su primera novela hasta los años 40, con 62 años. Parece ser que en la década de los 30 intentó en varias ocasiones que publicasen sus obras, pero no tuvo suerte. Será en ese 1940 cuando le publiquen Unexpected Night, la primera entrega de su detective bibliófilo Henry Gamadge. Tras esta, vinieron otras 15 entregas a lo largo de una década. Y en 1951 decidió dejar de escribir. Tan solo publicó una novela más aparte de las dieciséis entregas de Henry Gamadge en 1941, The street has changed. Como remate a su trayectoria, en 1960 recibió el Premio Edgar a toda su trayectoria, el premio negro-criminal más prestigioso a nivel internacional. Falleció en 2 de septiembre de 1967.
Daly era una apasionada de los puzzles, de los juegos, de los libros y del teatro. Su pasión por los libros se refleja en todo el conocimiento que muestra su personaje. Henry Gamadge es un experto en volúmenes antiguos, en primeras ediciones, incluso en Una dirección equivocada confiesa que es un gran desconocedor de la literatura contemporánea, que tan solo lee autores ya consagrados. Así, encontramos a lo largo de sus páginas a Poe, a Marlowe, a Shakespeare, a Byron… Y aunque no en todas las novelas de la serie los libros sean el hilo conductor de la trama, sí que lo son en varios de ellos. Su pasión por los puzzles también se muestra en sus novelas, creando tramas complejas y enrevesadas, en las que nuestro investigador debe utilizar la lógica y las pistas que encuentra para desentrañar los misterios con los que se encuentra. A pesar de su pericia, tan solo se trata de un detective aficionado. Ayuda a amigos por el placer de resolver misterios, y precisamente por ello en el momento que la cosa se pone seria recurre a la policía: cierra con llave la escena del crimen, no deja que nadie toque nada y espera pacientemente a que los agentes de la ley aparezcan y hagan su trabajo.

Nueva York, 1940 En ese sentido rompe un poco con el arquetipo de detective sabelotodo que deja en ridículo a la policía y que es capaz de resolver él solo el caso. Gamadge sí demuestra ir un paso por delante de la policía, pero sabe que hay determinados campos, como puede ser la investigación forense, donde es mejor que sean ellos quienes lleven las riendas del caso. También es consciente de la autoridad que imponen sobre los sospechosos y que ante un posible futuro juicio su palabra tiene poco valor legal. Este particular sospecho que lo introduce Daly como conocedora del sistema judicial debido a la profesión de su padre.
Acerca de las características físicas de Henry Gamadge, parece ser que nació en torno a 1907. Es de estatura media, con ojos verde-grisáceo y unos andares toscos. Es uno de los detectives que mejor hablan de la historia de la literatura de misterio, hasta el punto de llegar a corregir a sus interlocutores cuando opina que no han escogido la palabra más adecuada para lo que quieren decir. Tiene dos asistentes: Harold Bantz y David Malcolm. Está casado con Clara Gamadge, y a lo largo de la serie ambos serán padres de un niño.
Elizabeth Daly nunca se casó ni tuvo descendencia, algo no del todo habitual en el tiempo que le tocó vivir. Es bastante probable que esos años en los que no tenemos noticias de ella se dedicase a escribir y producir obras de teatro junto a su tío y a la protegida de este, Ada Rehan. Quizá lo que más me ha sorprendido de toda su biografía es que, a pesar de que no tuvo hijos sí tuvo numerosos sobrinos, y una de sus sobrinas – Eleanor Boylan – escribió cinco novelas de misterio donde la detective de las mismas era Clara Gamadge, la esposa de nuestro detective, una vez había enviudado. Por desgracia hasta donde yo sé no hay ninguna traducida al castellano, pero debe ser realmente interesante poder observar el enfoque que su sobrina le dio al personaje.
Listado de novelas de la serie de Henry Gamadge (según el orden de USA; según el orden de UK el número 5 y 6 de la lista estarían intercambiados porque allí aparecieron en ese orden):
- #1-Unexpected Night (1940).
- #2-Deadly Nightshade (1940). Traducida como Veneno Silvestre.
- #3-Murders in Volume 2 (1941).
- #4-The House Without the Door (1942).
- #5-Nothing Can Rescue Me (1943). Traducida como Nada podrá salvarme.
- #6-Evidence of Things Seen (1943).
- #7-Arrow Pointing Nowhere (1944) aka Murder Listens In. Traducida como Una dirección equivocada y La pista de papel.
- #8-The Book of the Dead (1944).
- #9-Any Shape or Form (1945).
- #10-Somewhere in the House (1946). Traducida por El cuarto clausurado.
- #11-The Wrong Way Down (1946) aka Shroud For a Lady. Traducida por El misterio del grabado.
- #12-Night Walk (1947).#13-The Book of the Lion (1948). Traducida por El libro del león.
- #14-And Dangerous to Know (1949).
- #15-Death and Letters (1950).
- #16-The Book of the Crime (1951).
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Miasma, de Elisabeth Sanxay Holding (1929)

El doctor Alexander Denninson se encuentra en una situación desesperada. Tiene su consulta en un pequeño pueblo de Shayne y no tiene prácticamente ningún paciente. Es cierto que ya existía otra consulta cuando él decidió abrir la suya. Pero calculó todo con precisión: el número de habitantes, las tasas de natalidad y mortalidad, los porcentajes de enfermedades y accidentes. Pero quizá con lo que no contó es con el hecho de que los humanos somos animales de costumbres y no es tan sencillo cambiar de médico si estás contento con el que te ha tratado durante toda tu vida.
Miremos a su alrededor. Estamos en 1929, justo un momento en el que en EEUU la crisis había arrastrado a toda la población a un estado de miseria y escasez sin precedentes. Este es uno de esos datos que no se aportan en la novela, pero que el lector es capaz de palpar y sentir en la lectura.
Denninson está a punto de colgar el cartel de cerrado en la puerta y admitir que ha fracasado en su sueño cuando recibe la oferta de colaborar con el otro médico del pueblo, el doctor Leatherby. Este dice sentirse un tanto mayor para poder atender a todos los pacientes y el hecho de que se asocie con él dará confianza a los enfermos. Sin embargo algo huele a podrido en Dinamarca. Las condiciones de la oferta parecen inmejorables y Leatherby le ofrece todo tipo de facilidades y comodidades, como la de instalarse en su propia casa para poder estar disponible las 24 horas del día.
A pesar de las sospechas iniciales, Denninson acepta. Recibirá adelantos para poder hacerse con un buen vestuario con el que recibir a sus pacientes, asistirá a comidas copiosas y los primeros días apenas pasa consulta porque Leatherby insiste en hacerlo él mismo. Nada tiene sentido. ¿Para qué necesitaba un ayudante? Si Denninson ya se mostraba reticente a según qué aspectos del trato, que algunas personas del entorno del médico le digan que es mejor que deje el trabajo y observar cosas extrañas, le harán sospechar de todo y de todos los que pasen por la casa del reputado doctor.

Auditorio de una conferencia médica Miasma es la primera novela negra de Elisabeth Sanxay Holding, y se nota. Es cierto que el arranque muestra una prosa un tanto inmadura y que la herencia de la novela de misterio victoriana está presente en la teatralidad de algunos de los diálogos. Sin embargo, Miasma tiene algo. Holding posee un don natural a la hora de generar intriga en el lector. Y no lo hace a través de grandes giros argumentales, sino a través de los diálogos interiores del protagonista y todas las preguntas que se realiza a sí mismo constantemente. Duda de todo, cuestiona cada cosa que ve, y ese tipo de sospechas que él mismo tiene consiguen que el lector también las tenga.
Si os detenéis a pensar un segundo acerca de lo que os he contado de este libro, podréis observar que en ningún momento he escrito la palabra crimen, ni la palabra detective o policía. Con Miasma, Holding escribe una de las primeras, sino la primera, novela psicológica que podríamos englobar en el tan de moda hoy en día Domestic Noir. Tenemos un hilo conductor que incluye algún tipo de intriga o de misterio, y ninguno de los personajes principales son ni criminales como tales, ni fuerzas del orden o de la ley. Y estamos en 1929.
Para situaros, os recordaré que es el año que se publicaron Cosecha roja de Dashiell Hammett, El pequeño César de William Riley Burnett o Un hombre llamado Louis Beretti de Donald Henderson Clarke. Estas tres novelas son muy diferentes a Miasma, podríamos englobarlas sin dudar en el hard-boiled, mientras que esta es más una novela de intriga o de suspense que una novela negra propiamente dicha. Sin embargo, fijaos en qué técnicas tan dispares se utilizaban en aquel momento para lograr enganchar al lector irremediablemente entre sus páginas, y todas ellas funcionaban y fueron precursoras de todo lo que vino tras ellas.
Son muchos los que dicen que Elisabeth Sanxay Holding es la “madre literaria” de Patricia Highsmith, y tras leer esta novela empiezo a comprender por qué. Sus estilos son diferentes y la construcción de personajes de Highsmith era soberbia, pero es cierto que ese componente en el que es más importante lo que sucede dentro de los personajes que fuera lo comparten.
Título: Miasma (Miasma) Autor: Elisabeth Sanxay Holding. Traductor: Miguel Temprano García. Editorial: Lumen (2011) Año de publicación: 1929. ISBN: 9788426419293. Páginas: 197. Descatalogado. Ficha del libro en Lumen: http://www.megustaleer.com/libro/miasma/ES0085714