-
Un hombre muerto, Ngaio Marsh (1934)

Hace tiempo ya que descubrí saltando de un autor a otro a esta escritora de nombre impronunciable, pero no ha sido hasta Septiembre que me he lanzado a buscar sus libros para poder leerla. Ngaio Marsh es de origen australiano, pero pasó su vida a caballo entre el Reino Unido y Australia. Edith Ngaio Marsh nació en Nueva Zelanda en 1895 en una fecha indeterminada. No fue hasta cinco años después que la inscribieron en el registro civil y no tenían del todo clara su fecha real de nacimiento. Por eso, lo celebraban el día del nacimiento de Shakespeare.
En 1906 la familia se mudó a Marton Cottage en Cashmere. Estudió pintura en la Escuela de arte Canterbury College antes de unirse a la compañía teatral de Allan Wilkie como actriz, y a la Rosemary Rees Comedy Company. Este interés por el teatro es muy plausible en sus obras, ya que la escenografía se aproxima mucho a la del teatro: la posición de los personajes, su ubicación en la habitación en el momento del crimen, la importancia de los diálogos.
Un hombre muerto es la primera novela de la autora, publicada en 1934. Para que os ubiquéis respecto a lo que se estaba publicando ese año, Dashiell Hammett publica su última novela El hombre delgado, James M. Cain triunfa con El cartero siempre llama dos veces, nace el detective Nero Wolfe de Rex Stout y Agatha Christie publica Asesinato en el Orient Express. Como veis no fue un mal año para el género.
En esta novela tendremos un típico caso de habitación cerrada con un planteamiento un tanto original: un grupo de jóvenes ricos se van de fin de semana a un caserón en la campiña inglesa para jugar a crímenes. Se establecen una serie de pautas, se asigna a un asesino y los demás deberán descubrir al culpable una vez tengan un cadáver. La cosa se complica cuando el cadáver que obtienen es un muerto de verdad. El detective Rory Alleyn acudirá a la casa a interrogar a todos los visitantes y a recopilar todas las pruebas que le sea posible.
Como sucede en este tipo de novelas, las capacidades deductivas de nuestro detective son enormes y logra ver cosas que los demás pasan por encima. Tras desentrañar más de una mentira descubrirá al culpable y resolverá el crimen. Por supuesto, como un buen caballero inglés, con elegancia y educación.
Aunque en muchas ocasiones podamos pensar que leída una novela de este tipo leídas todas, es cierto que el estilo de la autora es único y personal. Está considerada como una de las cuatro damas del crimen, junto a Agatha Christie, Dorothy L. Sayers y Margery Alligham, y eso es debido a algo. Como os decía más arriba, su herencia teatral es bastante acusada, tanto en la escenografía como en los grandes diálogos de la novela. Sin embargo, no sé si es debido a un fallo de la traducción o a un fallo de primera novela, pero hay una importante falta de conexión en ocasiones entre el texto y los diálogos. Tal cual, como si nos encontrásemos ante el guión de una obra teatral, con escasas descripciones y yendo directamente al grano, sin párrafos de conexión entre una escena y otra.
El procedimiento policial que muestra es muy riguroso, con interrogatorios largos y repetidos en el tiempo para tratar de dar con un fallo en el interrogado. Nuestro detective parte siempre de la premisa de que todos tienen algo que ocultar, y siempre se mantendrá alerta respecto a lo que declaren los sospechosos. De este modo, logra crear personajes misteriosos de los que queremos sacar más información y así logra que no decaiga el interés del lector.
Por lo que podido averiguar esta historia dista mucho en calidad a las que vinieron después. Quizá por ello es tan difícil de encontrar y no se ha reeditado ni recuperado. Habrá que seguir leyendo a la autora para descubrir esa genialidad de la que tiene fama. Tengo nada menos que otras 31 novelas para descubrirlo.
*La edición con la que me he hecho es de 1948. No tiene ISBN ni Depósito Legal. A cambio, nos ofrece ilustraciones cada pocas páginas como era habitual en aquellos años. Reconozco que este aspecto para mí siempre es un plus a la hora de adquirirlas.
Título: Un hombre muerto (A Man Lay Dead) Autor: Ngaio Marsh. Editorial: Editorial Molino. Selecciones Biblioteca de Oro (1948) Año de publicación: 1934. Páginas: 159.
-
Cuentas pendientes, de Susana Hernández (2015)

Leer toda la obra de un escritor de golpe es una sensación extraña. Reconozco que es algo que me encanta hacer (siempre y cuando no se trate de un autor con 40 novelas publicadas, claro). En pocos días te zampas el trabajo de una persona de años. Noches sin dormir, correcciones, reescrituras, cambios de guión… Todo ese esfuerzo, esa entrega, resumido en unas pocas horas de lectura. Me deja una sensación un tanto amarga, como si me estuviese saltando las reglas y los ritmos de quien ha creado esas historias.
Por otro lado, me proporciona una sensación de unidad. Especialmente si hablamos de una serie. Paso a paso percibes los cambios, las alteraciones en el estilo, el empleo de expresiones favoritas que se repiten de uno a otro libro, la evolución de los personajes que imaginas también un poco del autor. Tratas de discernir cuánto hay del escritor en su obra, si esa discusión sería real, si se inspiraría en una cena romántica propia para esa que aparece en el libro, si sus miedos son los mismos, si hay algo de sus preocupaciones y anhelos. Es como ir de la mano con el creador de esos personajes, observando paso a paso cómo van creciendo y cómo van cambiando, pero a la vez observando cómo esa identidad tan fuerte que se gestó en la primera novela sigue viva.
Hasta la siguiente entrega, que espero que la haya, me toca esperar por Santana. Y le he cogido cariño. Es curioso que apenas sé cómo es por fuera, pero por dentro sí que nos ha dejado que la conozcamos bien. Santana es una de esas policías que creen en la justicia, que no buscan la venganza personal sino la honradez a la hora de trabajar. Que sea la ley la que ponga las cosas en su sitio. Odia perder cuando se trata de atrapar al culpable, aunque acepta resignada que vale más una victoria a medias que una derrota. Es una de esas personas que no se rinden fácilmente en el trabajo, pero que los miedos y los propios monstruos hacen que en lo personal se le coma el miedo. Es insegura, pero lo compensa con una pasión desmedida por la gente a la que quiere. Es de esas personas de las que si te ganas su amistad será para toda la vida, vayas lo lejos que vayas. De esas que tienen claro que la familia es un concepto muy amplio, y que debes ganarte el derecho a pertenecer a la suya.
En esta entrega Santana no tendrá las cosas fáciles. Hay que reconocer que Susana Hernández no tiene miedo a la hora de escoger determinados temas. Si en la entrega anterior debía enfrentarse al violador del cuchillo, en esta tendrá que plantarle cara a una red de tráfico de menores. Tema peliagudo donde los haya. Sin caer en sensiblerías, logra dar con el equilibrio perfecto entre sensibilidad y profesionalidad. A esto deberá sumar sus problemas familiares, que nunca han sido pocos. Incluso en esta entrega, viviremos los problemas de su pareja Malena en su nueva faceta como fiscal.
Aunque a bote pronto parece que suceden un montón de cosas, y es cierto que la novela tiene mucha acción, Cuentas pendientes también está llena de conversaciones, de cenas, de momentos íntimos. En resumen, del día a día que hace que conozcamos a Rebeca Santana más por lo que expresa que por cómo es descrita. Y desde mi punto de vista ahí reside el encanto del personaje, en esa cotidianidad introducida sin que te des cuenta: en tostadas quemadas por la mañana, en formas de vestir para seducir, en confesiones veladas. En esos pequeños detalles que convierten a la policía en mujer.
La evolución respecto a las entregas anteriores en muy grande. Hay menos aristas y la novela transcurre como la seda. La trama es muy sólida, los personajes están dotados de una gran personalidad y la historia convence. Eso sí, si no os habéis leído la entrega anterior os aviso que esta contiene algún spoiler sobre la resolución de Contra las cuerdas. Pero son perfectamente independientes y autoconclusivas, podéis leerlas de manera aislada sin miedo a perderos.
Susana Hernández nos ha tenido esperando tres años nada menos por esta novela. Para el brutal ritmo editorial de hoy en día es un abismo. Pero las cosas llevan su tiempo, hay que cocer las buenas novelas a fuego lento. Para su público no supone mayor problema porque se lo ha ganado con Rebeca Santana. Y sus seguidores esperaremos el tiempo que sea necesario por más dosis de nuestra rubia policía.
Título: Cuentas pendientes. Autor: Susana Hernández. Editorial: Alrevés (2015) ISBN: 9788416328208. Páginas: 288. Precio: 17€. Ficha del libro en Alrevés: http://www.alreveseditorial.com/fitxallibre.php?i=148
-
Contra las cuerdas, de Susana Hernández (2012)

Rebeca Santana no está pasando su mejor momento. Su vida sentimental pende de un hilo. Ha abandonado la casa de Malena debido a un conflicto laboral-personal con ella y parece que su relación no tiene arreglo. Para colmo, está sufriendo amenazas por parte de alguien que está dispuesto a aterrorizarla a cualquier precio. Su madre ha sufrido un brutal ataque en la cárcel y debe ser hospitalizada. Y como broche final, debe enfrentarse a un caso muy peliagudo: un violador y asesino en serie está sembrando el pánico en Barcelona. El violador del cuchillo, para más referencias.
Para engancharnos desde el minuto uno, la novela arranca con un suceso que acontecerá 14 días después del arranque de la novela. Santana recibe una llamada y parece ser que la siguiente víctima del violador del cuchillo será una persona muy querida para ella. Tendremos que proseguir en la lectura para averiguar quién es esa persona y qué es lo que sucede a lo largo de esos 14 días de su vida.
Con Contra las cuerdas ya os aviso que no os vais a aburrir ni un solo segundo. La novela está repleta de escenas de acción y la intriga está magníficamente administrada para que no quieras soltar el libro hasta llegar a la última página. Y no es fácil. Aunque estemos acostumbrados, por suerte, a leer novelas en las que la intriga te mantiene en vilo página a página, es uno de esos recursos literarios que pueden irse al traste por los detalles más nímios. Sin embargo, no es el caso de esta novela. Los engranajes que la hacen funcionar están perfectamente engrasados y funcionan con la precisión de un reloj suizo.
Como en las novelas anteriores de Susana Hernández, uno de los puntos más fuertes son sus personajes. Es más, gracias a esta novela Rebeca Santana fue elegida en 2012 como mejor personaje femenino por los lectores de LeeMisterio. Si en la primera entrega iba más compartido el protagonismo entre Vázquez y Santana, en esta segunda es Rebeca quien toma las riendas de la novela. Puede que el hecho de que sea un personaje con carácter y fuerte, pero a la vez muy vulnerable cuando se trata de problemas personajes, sea lo que ha generado que tantos y tantos lectores se hayan encandilado de ella. Un personaje con las ideas muy claras y que consigue hacerse querer.
«- No, no lo entiendes, Rebeca. El amor tiene muchas fases. – Eso es lo que decimos cuando entra en la fase de la rutina. Entonces nos engañamos y nos decimos que basta con tenerse cariño, estar a gusto y todas esas milongas que nos hacen sentir un poco menos desgraciados. Amar es cuando te mueres por alguien, cuando tiemblas si te mira, cuando sientes la piel de gallina solo con un roce, cuando se te acelera la respiración al escuchar su voz. Eso es el amor en realidad. Lo demás son sucedáneos con los que a veces nos conformamos.»
Aunque el balance de la novela ha sido muy positivo y la evolución respecto a la anterior, especialmente en cuanto a la trama, es más que evidente, ha habido un par de puntos flojos a mi parecer. En primer lugar, la conexión respecto a la novela anterior. Contra las cuerdas es la segunda entrega de una serie, y aunque los personajes repiten, es cierto que la relación entre algunos de ellos ha variado un poco. Sin entrar en detalles para no haceros ningún spoiler, las amistades de Santana son las mismas en ambas entregas, pero su peso es diferente. Mientras que en la primera había personajes en los que se apoyaba más, en esta segunda ese apoyo lo busca en personas diferentes. Si lees la novela de forma aislada funciona a la perfección, pero en conexión con la primera ese punto me ha resultado un tanto cojo.
En segundo lugar, aunque las escenas de acción me han parecido muy logradas, sí que es cierto que en algún momento he encontrado alguna escena un tanto atropellada. Mucha acción en muy pocas palabras, quedándome la sensación de falta de detalles en alguno de los momentos álgidos de la acción.
A pesar de estos dos pequeños contras, la novela está llena de pros. Una trama impecable, una intriga magníficamente conseguida y unos personajes brillantes que son los que nos hacen querer saber más de ellos y de su evolución. La relación de Santana con su madre, su relación con Malena, el compañerismo surgido con Vázquez, su amistad en la distancia con Rafa Navarro. Pincelada tras pincelada de una vida para que nos hagamos una imagen de conjunto de uno de los personajes literarios más queridos del panorama actual.
Título: Contra las cuerdas. Autor: Susana Hernández. Editorial: Alrevés Editorial (2012) ISBN: 9788415098645. Páginas: 288. Precio: 17€. Ficha del libro en Alrevés: http://www.alreveseditorial.com/fitxallibre.php?i=67
-
Curvas peligrosas, de Susana Hernández (2010)

Hacía mucho, demasiado tiempo, que tenía ganas de leer a Susana Hernández. No solo por el encanto personal de la autora, sino sobre todo por ser una de las pocas voces femeninas en el género policíaco actual. Muchos somos (sí, yo entre ellos) los que en ocasiones atacamos a las novelas de género escritas por mujeres por pecar de demasiado sensibleras. Todo depende de qué metas bajo ese paraguas de lo que es o no es género negro. Hay montones de autoras de nuevo cuño que están escribiendo novelas que se están etiquetando de este modo pero que realmente no son negras. Quizá de misterio, quizá de intriga, pero no negras. Susana Hernández no es de ese tipo de escritoras. Ella es una autora de raza, de esas que al leerlas sabes que estás ante algo bien construido, sólido, con carácter. Por eso a ella sí podemos ponerle la etiqueta sin miedo a equivocarnos.
Es curioso que afirme esto por un lado, y por otro os diga que es una novela en la que prima más la historia de los personajes que la investigación en sí. Santana acaba de salir de la academia y de ser nombrada inspectora. Deberá enfrentarse a casos reales en los cuales aún no sabe bien ni por dónde empezar. Para ayudarla (o para ponerle la zancadilla, según se mire) estará su compañera Vázquez, una mujer muy diferente a ella que estará indignada por el cambio de compañero y que lo pagará con nuestra inspectora. El primer caso al que debe enfrentarse nuestra protagonista será a los asesinatos de dos chicas disminuidas psíquicas, que todo apunta a que están relacionados. Pero por algún motivo, algo no termina de encajar y de verse tan claro. Pista tras pista Santana y Vázquez irán limando asperezas y tratarán de acercar posiciones a la vez que van viendo luz en el caso.
Las vidas de ambas en ese momento son una vorágine de acontecimientos. Rebeca Santana tiene graves problemas de pareja en casa y los amplios horarios en la comisaría no ayudan a limar asperezas. Su pasado no deja de perseguirla, ahora incluso en forma de cámara de televisión, que quiere sacar jugo a unos incómodos y remotos acontecimientos de su vida. La situación de Miriam Vázquez tampoco es mucho mejor: está pasando por un divorcio traumático y su hija Vero tiene una aventura con un hombre mucho mayor y casado con otra mujer. Las tramas personales de Santana y Vázquez son abundantes, más aún que la narración que aborda la resolución del caso. Pero con las dosis justas, con los tiempos medidos, alternando entre una y otra historia y logrando que mantengas el interés en ambos hilos.
Cuando empecé a leer esta novela me prometí una cosa a mí misma: no hablar en la reseña acerca de que Santana es lesbiana y que sus problemas de pareja son con alguien de su mismo sexo. Me parecía superficial e innecesario, porque qué necesitad tenía yo de remarcar algo tan nimio como las inclinaciones sexuales de las protagonistas. Dejando de momento las grandes dosis de carga erótica que hay entre las páginas de Curvas Peligrosas, creo que es fundamental alabar el trabajo de Susana Hernández a la hora de acercar una realidad tan cotidiana como son los problemas domésticos a la órbita homosexual. Son muchos los tabúes y los prejuicios que aún se tienen hoy en día acerca de estos temas, y uno de ellos es el hecho de que no abundan los protagonistas gays, al menos en cuanto a género negro se refiere.
¿No existen policías, investigadores, forenses, jueces o abogados gays? Pues sí, seguro que los hay. Sin embargo no es una realidad que se encuentre a menudo dentro de las novelas policíacas. Quizá como personajes secundarios, como alguien introducido premeditamente para cubrir un perfil que se acerque a ese cupo de lectores. Pero pocos son los protagonistas gays dentro de un género que tradicionalmente ha sido tan machista y donde los roles están muy asignados. Curvas peligrosas en ese sentido es una novela valiente por abordar de frente dos temas de los que por desgracia sigue costando hablar en este país: la homosexualidad y los problemas mentales.
Acerca de la carga erótica que os comento, desde mi punto de vista es incluso más alta que en otras novelas del género donde la tensión sexual entre los personajes suele ser algo habitual. Aquí nos encontramos con páginas y páginas de momentos subidos de tono, tratados con elegancia y estilo, y en los que cualquiera podemos vernos identificados:
«Y lo fue. El sexo ansioso de sus fantasías, dejó paso a una complicidad inesperada que sabiamente mezclada con el acicate de la novedad las llevó a descubrirse poco a poco, sin reservas ni urgencias. A buscarse con los ojos, con las manos, con los labios y los cuerpos, y encontrar en cada beso, en cada embestida, y en cada mirada, mucho más de lo que habían soñado recibir. Fue una experiencia tan intensa como extraña. Hacer el amor con Malena no se parecía a nada que hubiera vivido antes.»
A pesar de todo esto, en Curvas peligrosas encontramos algunos fallos. Hay un par de puntos donde la trama se atropella hasta el punto de obligarte a releer un par de párrafos, pero son partes de la historia muy breves. Por otro lado, al menos en mi edición que es la de bolsillo, hay un montón de erratas. No son de las más llamativas, apenas hay faltas de ortografía, pero hay muchos fallos de puntuación y alguno de concordancia. Quizá una lectura reposada antes de imprimirla podría haber evitado esta cuestión tan molesta para los lectores.
Sin embargo, el balance es muy positivo. Cuando llevas tanto tiempo queriendo leer a un autor a veces las expectativas suben demasiado y la lectura se resiente por ello. En mi caso no ha sucedido así. Esta primera novela solo ha provocado más ganas de seguir leyendo a la autora y descubrir qué sorpresas nos tiene preparadas para el futuro. Promete unas cuantas horas de lectura placentera.
Título: Curvas peligrosas. Autor: Susana Hernández. Editorial: Odisea Editorial (2010). ISBN: 9788415294306. Páginas: 280. Precio: 9,95€.
-
Harriet, de Elizabeth Jenkins (1934)

Esta es una de esas novelas a las que llego tarde, que ya todos conocéis, que ya todos habéis leído. Hacía varios meses que tenía ganas de leerla, y en la Feria del Libro de Madrid tuve la maravillosa suerte de charlar sobre ella con su editor gracias a que el susodicho no sabía cobrarme con tarjeta, un tipo peculiar y encantador. Sabía que estaba basada en hechos reales y suponía que había un asesinato. Pero el editor de Alba me dio algún dato más que hiciese que me la llevase sin dudar.
La novela está ambientada en 1877 en Londres. Harriet, la protagonista, es una mujer de 32 años. Está soltera, vive con su madre y el marido de esta. Y no está casada. Con 32 años en esa época era algo muy muy extraño, pero según avanzan las páginas descubrimos que Harriet es «tontita». No posee el nivel intelectual de los que la rodean, le cuesta expresarse tanto de forma oral como escrita, pero es un mujer pulcra y elegante. Su madre se ha ocupado siempre de ella, a través de su protección y de sus halagos. Sabe que su mente no funciona del todo bien, pero que puede llevar una vida normal.
La vida de Harriet, con estas premisas, es una vida ordenada. No le falta de nada, tiene un vestidor inmenso con preciosos vestidos y complementos, broches, tocados, calzado. Su fortuna es la envidia de sus conocidos. Y esa será la losa que acabe con su vida. En ocasiones visita a algunos parientes más pobres, pasando unos días en sus casas a cambio de pagarles una pequeña suma de dinero: ella es atendida por ellos, se relaciona socialmente con otras personas y los propietarios de la vivienda a la que acude obtienen un beneficio económico por ello. En una de esas visitas, conoce a Lewis Oman un joven apuesto pero muy pobre que descubre el filón que tiene delante.
Harriet, como decimos, es «tontita» y no percibe la realidad tal cual es. Por ello cuando Lewis comienza a cortejarla no sospecha nada extraño. Está acostumbrada a las atenciones de sus parientes, al cariño de su madre. ¿Por qué no va a despertar el cariño de un hombre también? Con esta conducta, Lewis le rompe el corazón a Alice, una muchacha enamorada de Lewis que aspiraba a casarse con él. Además, el hecho de que la hermana de Alice, Elisabeth, estuviese casada con el hermano de Lewis, Patrick, facilitaba mucho las cosas. Sin embargo, Lewis solo tiene ojos para la fortuna de Harriet.
Contra la aprobación de su madre, Harriet se fuga con Lewis y se casan. Desde ese preciso instante, la vida de Harriet dará un giro. Lewis será quien administre su fortuna y Harriet ahora tan solo es un estorbo para él. No está capacitada para ocuparse de sí misma y por lo tanto no logra ocuparse de la casa en la que viven. Tiene descuidos incomprensibles para una persona normal, como dejar los grifos abiertos y estropear con ello los muebles y alfombras de la casa. Pero es que Harriet no está completa, necesita una atención especial, una serie de atenciones que su marido no termina de comprender.
A día de hoy somos muchos los que no terminamos de entender cómo dirigirnos a una persona con algún tipo de enfermedad psicológica. Durante años he vivido muy de cerca lo que supone tener una enfermedad mental, hasta qué extremos puede llegar un ser humano por no ser tratado como es necesario, por no dar con la medicación adecuada que alivie sus dolencias internas. Y no es fácil. Si hoy en día, que la situación está bastante normalizada (aunque no lo suficiente) nos resulta complicado, no quiero ni imaginar lo que sucedía hace 150 años.
Cuando comienzas a leer Harriet toda la historia parece un folletín: relaciones amorosas, caprichos de muchachas por vestidos, ambición, egoísmo. De una forma sencilla, que no simple, y totalmente cotidiana, la autora desarrolla la historia de nuestros cinco protagonistas: Harriet, Lewis, Alice, Patrick y Elisabeth. Además de introducir tensión e intriga a la narración, creo que el punto fuerte de la historia es el terror. Ese terror de andar por casa, ese pánico a los pequeños maltratos psicológicos que sufrimos a lo largo de nuestra vida que son los que más nos perjudican.
No quiero mostraros aquí ningún ejemplo de lo que sucede en el libro por si queda algún rezagado más como yo que no se lo haya leído aún. Harriet es un libro cargado de horror que pone los pelos de punta, que avanza de una forma sosegada y tranquila a lo largo de la vida y la decadencia de nuestra protagonista. Lo más terrorífico suele suceder en aquellos fragmentos de la vida de nuestros protagonistas que no nos cuentan, aquello que dejan entrever, para que seas tú quien construya el resto de piezas en tu cabeza y seas consciente de hasta donde llega la maldad humana. Creo que la clave de la intriga está precisamente ahí, en todo lo que no te dice, pero que aún así sabes que sucede. Por alusiones, por consecuencias.
La novela nos aporta también un magnífico Epílogo en el que remarcan alguno de estos aspectos por si algún lector poco atento los pasa por alto. En él también destacan la magnífica prosa de la autora, que estaba convencida de que sus narraciones eran mejores cuando basaba sus historias en hechos que habían sucedido en la vida real. Y respecto a Harriet, por si nos quedasen dudas de hasta qué punto la historia es o no cierta, remarca cuánto de cierto hay en los acontecimientos que nos narra la novela. Una novela de esas que dejan huella, que te dejan mal cuerpo, de esas que sabes que recomendarás durante años, y de la que muchos detalles no se borrarán de tu mente. Y menos aún, sabiendo que sucedieron en una casita a las afueras de Londres.
Título: Harriet. Autor: Elizabeth Jenkins. Traductor: Catalina Martínez Muñoz Editorial: Alba. Colección Rara Avis (2013) Año de publicación: 1934. ISBN: 9788484288909 Páginas: 336 Precio: 19,50€ Ficha del libro en Alba: http://www.albaeditorial.es/php/sl.php?shop.showprod&nt=7455&ref=97884-84288909&fldr=0#.Vj5Kra4vd-U
-
Observada, de Renée Knight (2015)

El domestic noir ha llegado para quedarse. El éxito alcanzado en los últimos meses con novelas como Perdida (Gillian Flynn), La mujer de un solo hombre (A.S.A. Harrison) o La chica del tren (Paula Hawkings) lo corroboran. ¿Y qué tiene esta vertiente del género negro que atrae tanto?
Todas estas novelas tienen varios rasgos en común. El primero de ellos, es que son novelas escritas por mujeres pero que no están destinadas exclusivamente a mujeres. Aunque el componente femenino es muy grande consiguen enganchar a ambos géneros debido a que son thrillers de lo más atrayentes. De todos modos, debido a que las estadísticas afirman que hay más mujeres lectoras que hombres no es tan descabellado que las tramas se centren en personas del mismo sexo a quienes está dirigida esta novela. Por lo tanto como segundo componente tendríamos la elección de protagonistas femeninas con una fuerte personalidad: mujeres de éxito, triunfadoras, con una satisfactoria vida laboral que son más dadas a anteponer su vida a ese papel de madres que se nos asigna por nacimiento. En tercer lugar, y que de ahí le viene el nombre, que trata dramas domésticos. En estas novelas quedan atrás las enrevesadas tramas de mafia o corrupción que se escogían en los albores de la novela negra. Y es que si lo piensas fríamente da mucho más miedo lo que pueda suceder de puertas a dentro de tu casa que fuera.
Esta es la principal baza que juegan estas escritoras de nuevo cuño: el terror dentro del hogar. Discusiones de pareja, secretos mantenidos durante años, fachadas que ocultan una persona muy diferente en su interior. Nadie deja completamente la hipocresía en el felpudo de casa, atraviesa contigo el umbral, y aunque estos factores afecten a la persona en la que (supuestamente) más confías en el mundo, todos tenemos secretos que no nos gustaría que se destapasen.
Eso es precisamente lo que le sucede a nuestra protagonista, Catherine Ravenscroft. Acaba de mudarse a un piso más pequeño con su marido. Casi han obligado a su único hijo a que se independice, ya tiene edad para ello y le ayudará a dejar de cobijarse bajo las alas de sus progenitores. Con todo este follón de la mudanza Catherine no sabe muy bien de dónde ha salido un libro que comienza a leer, El perfecto desconocido. Y en esta novela todo le resulta demasiado conocido. La historia, el lugar, los personajes. No es para menos: es ella quien protagoniza el libro y en él se narra una historia de su pasado que creía que tan solo ella conocía.
¿Quién ha escrito el libro? ¿Cómo ha llegado a sus manos? ¿Cómo puede alguien conocer ese fragmento de su vida que nadie más conoce? La simple posibilidad de que su marido o su hijo lo puedan descubrir, le aterra. Y hasta ahí puedo leer. Poco más puedo contaros de la trama sin destrozaros la historia, es mejor que os adentréis en ella un tanto a ciegas.
De una forma adictiva y atrayente, los círculos que unen a ambas personas (Catherine y el escritor del libro) se irán estrechando y cerrando hasta que compongamos toda la realidad que les rodea. Aunque de entrada pueda parecer una trama más de secretos y mentiras, una historia simplona sobre lo que Catherine hizo ese verano a escondidas de su marido, os aseguro que no todo es lo que parece y que cuando creáis que la novela ya no puede sorprenderos, aún lo hará. Es increíble cómo la novela nos hace reflexionar sobre nuestra propia forma de percibir la realidad, de cómo sin querer nuestra mente escoge por nosotros y cómo aceptamos sin reservas lo que parece obvio sin llegar a cuestionarlo siquiera.
«Sus palabras, tiernas, cariñosas, chocan con la imagen que tiene en la cabeza: su cara, la que su marido está acariciando, destrozada e irreconocible sobre las vías del metro.»
Uno de los temas socialmente delicados que toca la novela es las prioridades que supuestamente te otorga la maternidad en la vida. Por tradición el lugar que la sociedad otorga a una madre es junto a sus hijos, pero quizá esa mujer prefiera no dedicar todo su tiempo y toda su vida a la maternidad. ¿Por qué es reprobable que una mujer escoja antes su trabajo pero no sucede lo mismo con los hombres? Cuando es él quien abandona el hogar familiar para traer el pan a casa nadie parece llevarse las manos a la cabeza. Un hombre es toda su vida un hombre, pero una mujer deja de serlo para convertirse en madre. Sus prioridades deben cambiar y toda su vida debe girar en torno a sus vástagos. Afortunadamente, esta realidad en algunos casos está cambiando, y son cada vez más las que se atreven a decir en voz alta que no quieren menos a sus hijos por anteponer sus necesidades en algunas ocasiones.
Tan solo le he encontrado un pequeño fallo a la novela: falta de riqueza narrativa. La elección de una narración en primera persona suele conseguir que el estilo sea directo y te metas en la piel del narrador más fácilmente. Por otro lado, eso te limita a la hora de expresarte, porque en primera persona no son tan bien recibidos los artificios de estilo. Suele quedar forzado. Aunque esta elección considero que es perfecta para el ritmo de la historia, me ha faltado un poco más de disfrute con el texto en sí. La trama me ha dejado tocada, pero no me ha sucedido lo mismo con la forma de contarlo. Quizá los orígenes como guionista de la autora hayan tenido algo que ver en esto. En un guión es preceptivo que se utilice la primera persona y el presente de indicativo, elección que ha escogido Knight para esta novela, dos elecciones que en un texto literario pueden resultar un tanto pobres. Ha sido valiente a la hora de escoger esta opción, pero quizá también un poco temeraria. De todos modos, no olvidemos que estamos ante una primera novela y sale más que airosa del paso, aunque espero que en futuras novelas aproveche ese tirón que tiene con las tramas puliendo un poco más su estilo.
Título: Observada (Disclaimer) Autor: Renée Knight. Traductor: Carlos Mayor Ortega. Editorial: Salamandra Black (2015). Año de publicación: 2015. ISBN: 978848415631040 Páginas: 320. Precio: 19€ Ficha del libro en Salamandra: http://salamandra.info/libro/observada
-
Una revelación brutal, de Louise Penny (2009)

He de confesarme: creo a pies juntillas en el trabajo de los editores. Soy una de esas románticas e ilusas que aún cree en el trabajo de estos profesionales y de los traductores, de los correctores… de todos y cada uno de esos granos de arena que hacen que finalmente tenga un libro en mis manos. Pero no un libro como objeto, una aglomeración de páginas cosidas o pegadas, una portada atrayente y un montón de letras unas junto a otras. No.
Estoy hablando del libro como el resultado de una criba, de una búsqueda, de decenas de lecturas descartadas para dar finalmente con una lectura que se adecue a las directrices de una línea editorial. Estoy hablando de la búsqueda de la calidad. Del amor por el trabajo bien hecho. Aunque soy romántica, no soy una ingenua y a esos valores hay que añadir los valores de mercado, que ese libro encaje en ese momento en el panorama de publicaciones de un país, que sea atractivo para el público.
Todo esto os lo digo porque es una de las razones por las que, con los ojos vendados, pienso leer todo lo que publique la colección de Salamandra Black. Quiero seguir sus pasos, descubrir lo que quieran enseñarme, deleitarme con sus selecciones y aprender de las obras que publiquen. De momento son solo 5 los títulos que llevan publicados, y con todos ellos he disfrutado. Hoy os traigo su última publicación: Una revelación brutal de Louise Penny.
Para que una editorial consiga que me lea una quinta entrega de una serie, tengo que confiar mucho en ella. Ya sabéis de sobra que soy una redomada maniática del orden de lectura de las series. Siempre estoy convencida de estar perdiéndome algo y me aterra la posibilidad de comerme algún spoiler enorme casi sin querer. Pero me aseguraron que se podía leer la quinta de la serie sin problemas (eso indica también que la autora respeta a sus lectores). Y encima estamos ante la autora canadiense más leída del mundo.
Viajamos a la Canadá más profunda, a la localidad de Three Pines, un lugar paradisíaco rodeado de bosques y vegetación, donde la lluvia forma parte de la vida de los quebequenses del lugar y donde llevar una vida tranquila y reposada parece que es un requisito para vivir allí. Al menos en apariencia.
«Alguien muy peligroso se paseaba entre ellos. Alguien que parecía feliz, atento, incluso amable. Pero todo era un engaño. Una máscara. Gamache sabía que cuando encontrase al asesino y le arrancara la máscara, la piel saldría también. La máscara se había convertido en el hombre. El engaño era total.»
Una mañana aparece un cadáver en el bistrot de Olivier y Gabri, una pareja gay que tiene encandilados a sus habitantes, unos propietarios que han conseguido crear un lugar a donde la gente acude por el ambiente que han conseguido más que por los alimentos o bebidas que allí pueden consumir. Lo curioso de esta extraña aparición es que nadie parece conocer al muerto. Y en un lugar donde todo el mundo se conoce, donde nadie cierra la puerta con llave, es cuanto menos extraño.
En un principio parece ser que se trata de un anciano vagabundo, sus ropas son viejas y su aspecto es de alguien cerca de los 70 años si no los sobrepasa. Pero un examen más exhaustivo del cuerpo les indica que este hombre desconocido no era tan mayor. Sus ropas son viejas pero están limpias, no tiene graves enfermedades y parece ser que se cuidaba. Aunque su apariencia sea la de un anciano, su salud no lo es. Esto nos da algunas pistas… pero seguimos desconociendo su identidad. Ni carnets, ni documentación.
Para hacer frente a esta investigación contaremos con el inspector Armand Gamache que acudirá desde Montreal con su equipo de la Sûreté du Québec. Interrogan a los vecinos, y como si fuesen proporcionadas por un cuentagotas irán descubriendo pistas de forma muy somera. Y es que no podía ser de otro modo. El ritmo narrativo tiene mucho que ver con el lugar en el que estamos: un lugar tranquilo, donde la gente se reúne una y otra vez ante una mesa para comer y charlar, donde no todos dicen lo que saben y consigue transmitirnos esa calma y ese discurrir del tiempo tan pausado.
«La cena iba llegando a su fin. Habían comido mazorcas de maíz con mantequilla dulce, hortalizas frescas del huerto de Peter y Clara, y un salmón entero a la barbacoa de carbón. Los invitados charlaban cordialmente mientras se iban pasando el pan recién hecho y se servían ensalada.»
«El exuberante arreglo floral de Myrna, hecho con malvarrosas, guisantes de olor y polemonios, ocupaba el centro de la mesa, de modo que tenían la sensación de cenar en un jardín.»
Una revelación brutal más que una novela negra es una novela en la que aparece un muerto. ¿Qué quiero decir con esto? Que la trama policíaca es prácticamente secundaria. Es el hilo conductor, sí. Pero el encanto de la novela reside en sus paisajes, en sus descripciones, en sus viviendas, en sus personajes, en el carácter de sus gentes. Artistas, gente extravagante, propietarios de caballos llamados Buttercup, dueños de spas… Es la ejemplificación perfecta de cómo transmitir una forma de pensar, una forma de vivir, una forma de mirar la vida, pero sin decirte nada de esto explícitamente. Conoceremos a los personajes por cómo hablan, por cómo se enfrentan a los problemas, por cómo se expresan, y gracias a esto la autora no introduce ni un párrafo descriptivo de más.
A los amantes de la novela de acción, de los thrillers policíacos, del hard-boiled, quizá esta novela inicialmente os parezca hasta aburrida. Pero si os dejáis llevar y escucháis el arrullo de las ramas de los árboles, el crujir de las hojas en los senderos, el crepitar del fuego de las chimeneas, el sonido de las ollas en las cocinas, esta novela os enamorará. No tanto por lo que os cuente sino por cómo os lo cuente. Una novela refugio, un oasis, un Walden. Una novela pausada, para degustar a mordisquitos, de esas cuya lectura se alarga durante días o quizá semanas, descubriendo un rincón del planeta en el que no te importaría perderte.
Título: Una revelación brutal (The Brutal Telling) Autor: Louise Penny. Traductor: Ana Herrera Ferrer. Editorial: Salamandra Black (2015) Año de publicación: 2009. ISBN: 9788416237043 Páginas: 480 Precio: 19€ Ficha del libro en SalamandraBlack: http://salamandra.info/libro/una-revelacion-brutal
-
Kinsey y yo, de Sue Grafton (1992)

Engancharte a una serie de novelas policíacas o detectivescas es de lo mejor que hay para los amantes del género. Poco a poco vas viendo la evolución del personaje, le vas viendo evolucionar y crecer. Eso si la serie es buena, claro. Y la serie de la detective Kinsey Millhone de Santa Teresa es una gran serie.
Recuerdo cuando siendo una niña descubrí estas novelas en la biblioteca de mi ciudad. Me pareció una idea muy original, un Alfabeto del crimen. En ese momento aún no sabía que Kinsey se convertiría en uno de esos personajes refugio a los que volver una y otra vez, ese tipo de personajes que te encandilan y que son perfectos tras una lectura dura o no demasiado satisfactoria.
El éxito de la serie creo que radica en dos factores. El primero, en el lenguaje cotidiano y cercano, con esa narración en primera persona con la que empatizas rápidamente, con una Kinsey metomentodo e irreverente, a la que no le gusta peinarse ni arreglarse y fanática de hacer footing por el paseo de la playa. El segundo, que a pesar de la de años que han transcurrido desde que empezó a escribir su Alfabeto del crimen, las novelas siguen inmutables y con un estilo prácticamente igual. El personaje crece y madura, pero el estilo de la autora parece haberse detenido en el tiempo. Creo que es dificilísimo mantener una estructura tan marcada y tan similar con una diferencia de 30 años entre los primeros y los últimos libros.
En este volumen encontramos algunas de las claves de todo esto que os comento. Nos encontramos ante una recopilación de relatos, unos de ellos protagonizados por mi querida Millhone y otros por el alter ego de la escritora Kit Blue, un personaje menos conocido y que fue creado para descargar toda la vorágine de sentimientos que le provocó a la escritora su madre en vida y después de su muerte.
Respecto a Kinsey, en la introducción Grafton nos comenta alguna de las decisiones que tomó cuando empezó la serie. Por ejemplo, que nuestra detective envejecería un año por cada dos libros y medio, ya que de ese modo permanecería en la treintena durante todas las novelas. También el hecho de ambientarlas en los años 80, con una menor tecnología disponible en la resolución de los crímenes en esos años, por lo que su sagacidad a la hora de solucionar los casos tiene más presencia que la parte científica en sí.
Tras esta introducción del personaje, encontramos 10 relatos al más puro estilo del Alfabeto del crimen, aparecidos en distintas publicaciones periódicas, y al igual que pasa con las novelas, perfectamente entendibles de forma aislada, no necesitas conocer al personaje y sus circunstancias para disfrutar de la trama.
Tras los relatos de Kinsey, tenemos un Intermedio con la introducción del personaje de Kit y los motivos que la llevaron a crearlo. En ellos vemos de dónde salen gran parte de los rasgos de la detective Millhone, y veremos la influencia que tuvo la vida real de Grafton en su personaje, escogiendo que se quedase huérfana a los 5 años de edad debido a que ella desde esa edad asumió que debería cuidarse sola debido al alcoholismo de sus padres. Sentimientos de rencor hacia su madre, basados en los años que se pasó alcoholizada y tirada en el sofá de su casa, tan solo fumando y con un libro abierto sobre su pecho. Ausente. Ida.
En Kinsey y yo, Sue Grafton se desnuda para nosotros. Aunque le quedan cosas en el tintero, los relatos ya hablan por sí solos. Los dos capítulos introductorios destinados a explicar los relatos del libro son tan cortos como gráficos. En unas solas páginas te ayuda a entender el cómo y el por qué del personaje, los miedos de la autora, el magnífico trabajo de documentación que realiza para los casos, el perfil que crea de su personaje y cómo lo hace. Creo que es un libro fabuloso para amantes de la detective californiana. Pero si aún no has leído nada suyo, a su vez también es perfecto para conocer al personaje y los entresijos de su forma de pensar.
Por si fuera poco, Sue Grafton asistirá este año a Barcelona Negra. Con lo que no tenéis excusa, a todos aquellos que os pille a mano, de asistir para acercaros a una autora que ha construido un personaje ya mítico, y con un formato de novelas que resultan magníficas como entretenimiento, pero también como algo más.
-
La versión de Nelly, de Eva Figes (1977)

No es este el primer ni el segundo libro que me topo en los últimos meses que aborda el tema de la identidad. Aunque este fue escrito originariamente en 1977, es ahora cuando nos llega por primera vez a España. Eva Figes es una autora relativamente desconocida en nuestro país. De momento solamente están traducidos al castellano el ensayo Actitudes patriarcales: Las mujeres en la sociedad (Alianza, 1973), y la novela Viaje a ninguna parte (2009, Edhasa). La autora llegó a escribir 13 novelas, 3 obras autobiográficas y varios libros de crítica feminista. Las obras autobiográficas pueden resultar especialmente interesantes porque el nazismo la obligó a huir de Alemania siendo una niña, dejando allí a sus abuelos que terminaron muriendo en el campo de concentración de Trawnki en Polonia, y ese sentimiento de culpa nunca abandonó a la autora.
En La versión de Nelly, nuestra protagonista acaba de llegar al hotel Black Swan con una maleta cargada de dinero y se registra en dicho hotel con un nombre falso. Para no levantar sospechas por registrarse sola (la novela está ambientada en los años 70), indica en recepción que su marido llegará en unos días. Ella es consciente de que está mintiendo. No existe el señor Dean y su auténtico nombre no es Nelly Dean. El problema está en que no sabe cuál es su auténtico nombre ni recuerda cómo ha llegado a ese hotel: todo lo que ha sucedido antes de cruzar el umbral del hotel no lo recuerda.
La novela está compuesta de dos partes, ambas narradas en primera persona por la propia Nelly en una especie de diario que utiliza a modo de reflexión. Cómo se siente, cómo vive cada experiencia, cómo se enfrenta al mundo sin un pasado. Parece ser que hay gente que la reconoce, que la recuerda, pero ella no sabe quiénes son esas personas. Incluso aparece un hombre que afirma ser su hijo y que trata a toda costa que se integre en la familia “de nuevo”. Pero Nelly de una forma completamente fría no siente ningún tipo de sentimiento hacia quienes la rodean.
La narración es magistral. En algunos momentos la nueva Nelly conversa con la antigua Nelly, esa que se supone que tiene un hijo y amistades, sin comprender del todo cómo era su forma de ser y de pensar, sin reconocer su reflejo en el espejo, sin comprender las ropas tan tristes y oscuras que tenía en la maleta, cómo debía ser esa mujer. Hay una reflexión que explica a la perfección el espíritu de nuestra protagonista: “Sospeché que durante toda su vida había sabido lo que no quería, pero no se había atrevido a expresar las objeciones en voz alta por no encontrar una alternativa.”
Porque seamos sinceros: ¿cuántas de las decisiones que tomamos cada día, cada uno de nuestros pensamientos, cada forma de expresarnos, están condicionados por quien la gente cree que somos? Está claro que nuestro bagaje es fundamental en nuestra forma de ser y de actuar, y a veces sería un alivio desprenderse de esa maleta que llevamos a cuestas y ser como de verdad querríamos ser, actuar acorde a cómo sentimos y no como se espera que actuemos. Debemos ser correctos, debemos mordernos la lengua y sonreír. Y tanta educación y corrección anula nuestra verdadera forma de ser.
La novela aborda un aspecto importante de las relaciones humanas: cómo las personas que más se supone que nos conocen en ocasiones son las que menos saben de nosotros. Nuestras parejas, nuestros hijos, nuestros parientes. No siempre son las personas a las que resulta más fácil abrirse, sino que buscamos conectar con amistades fuera de nuestra zona de confort, personas que no nos conocen tanto y por lo tanto no nos miran con lupa a cada paso que damos. Una vecina con la que compartimos valla del jardín, un desconocido que trata de seducirnos, una dependienta de una tienda que visitamos. El anonimato no es mal colchón de seguridad. También se plantea esa sensación de querer huir de nuestras propias vidas, desprendernos de las responsabilidades de la cotidianidad y dejar que la frialdad y el egoísmo nos invadan. El uso de esa amnesia como un mecanismo de defensa.
La edición de la novela es una maravilla, con un papel cuidado, una magnífica portada y una sobrecubierta más que agradable a la vista y al tacto. Y como viene siendo ya habitual en las ediciones de Jekyll & Jill, tenemos una sorpresa con el libro: un precioso recortable para construir el Black Swan Hotel donde se hospeda Nelly. Entre recortar las láminas y pegar las piezas pasaréis una tarde de lo más entretenida que os ayudará a desconectar de la rutina, como le sucede a la protagonista de la novela.
Título: La versión de Nelly. Autora: Eva Figes. Traductor: Jessica Aliaga Lavrijsen Editorial: Jekyll & Jill (2015) Año de publicación: 1977. ISBN: 9788494256523 Páginas: 261 Precio: 23€
-
La mujer de un solo hombre, de A.S.A. Harrison (2013)

Jodi y Todd son una pareja que vive en Chicago en un gran apartamento en la planta 27 con amplias vistas al lago Michigan. Llevan más de 20 años juntos y son una pareja idílica: ella es psicoterapeuta, con consulta en casa, un perro llamado Freud y aficionada al Pilates y a la confección de platos espectaculares para su marido Todd. Todd, por su lado, tiene una pequeña empresa constructora, conduce un porsche, y adora preparar las bebidas que toman con los exquisitos platos de Jodi. Como digo, una vida idílica. O no.
Como sucede con el mundo que nos rodea, la verdad no siempre es como se muestra a nuestros ojos. Generalmente lo que mostramos a los demás es el equivalente a lo que veríamos por la mirilla de una puerta: una parte diminuta y distorsionada de la realidad.
Jodi es una de esas mujeres acomodadas, que es feliz con la vida que lleva, todo encanto y perfección. Ahueca los cojines, coloca las cortinas, no deja la ropa tirada, no deja los platos en el fregadero y mira para otro lado cuando lo cree conveniente. Su casa y su vida son perfectas, nada desentona. Todd es un magnífico compañero, atento, que no escatima en halagos. Adora su vida con Jodi, esa magnífica vida que comparten, esas charlas sobre los clientes de terapia de Jodi. Pero claro, Todd es un hombre. Y a veces tiene necesidades. Le vuelve loco su secretaria, se deleita observándola durante horas y fantaseando con ella. Recurre a masajes y chicas de compañía cuando siente necesidad. E incluso tiene alguna amante esporádica.
Y como Todd es tan atento, y se deshace tanto en halagos, las mujeres que le rodean no pueden ser más afortunadas por disfrutar de su compañía. O así lo ve Todd. Y esa atención será la que haga que su aventura con Natasha se le escape de las manos.
La mujer de un solo hombre es una novela sobre la cotidianidad. De hecho, aterra el ver cómo nuestras vidas se pueden parecer a la de esta pareja: matrimonios que no se comunican, hundidos en la rutina y sobre todo con una espesa venda ante la realidad.
«No hay necesidad de mirar fijamente a los ojos a la realidad si existe una forma más amable de mirarla.»
Y pensaréis que si este libro lo edita Salamandra Black, ¿dónde está lo «black» de la novela? En realidad, está en el trasfondo, en esos pequeños detalles que colman la novela, pero por si fuera poco, en el segundo párrafo de la novela nos encontramos con esto:
«Con cuarenta y cinco años, Jodi todavía se considera una mujer joven. No piensa en el futuro, sino que vive el presente, concentrada en el día a día. Da por hecho, sin habérselo planteado siquiera, que las cosas continuarán así siempre, de forma imperfecta y, sin embargo, completamente aceptable. Dicho de otro modo: ignora que está en el mejor momento de la vida, que su juvenil capacidad de recuperación (que los veinte años de matrimonio con Todd Gilbert han ido erosionando poco a poco) se acerca a una etapa final de desintegración, y que sus conceptos de quién es y cómo debería comportarse son menos estables de lo que cree, dado que bastarán unos pocos meses para que se convierta en una asesina.»
La prosa de Harrison es espléndida. En capítulos alternos, uno narrado por ella y el siguiente por él, irá dando voz a los pensamientos y sentimientos de ambos, con voces muy marcadas y diferenciadas. El avance de la novela es muy reposado, se regodea en cómo se sienten los protagonistas a cada paso que dan, con una narrativa exquisita y muy bien perfilada. Durante toda la novela hay una tensión muy pausada, pero que consigue tenerte atrapado, que desees que los acontecimientos vayan más deprisa, saber cómo va a terminar todo. Pero la autora no te lo permite, haciendo que te deleites en cada una de las sensaciones de los personajes.
Veréis decenas de comparaciones de esta novela con Perdida (Gone Girl) de Gillian Flynn: las voces alternas de los protagonistas, el drama doméstico de los problemas maritales, la psicología de los personajes. Sí, tienen ciertas similitudes, pero a la vez son muy diferentes. Esta es mucho más tranquila, con más importancia en la psicología de los personajes que en las acciones que esa personalidad les lleva a cometer, con una tensión en calma, con una acción más apacible. Si eliminamos las premisas que os comento, solo tienen en común lo dura que puede ser la crueldad de tu propio entorno, cuán atroces pueden llegar a ser las personas que más nos aman. Pero poco más.
El caso de A.S.A. Harrison es una de esas tristes historias en que un autor no llega nunca a conocer el alcance de su éxito: Harrison murió unas semanas antes del lanzamiento de la novela. Quizá no os suene la autora ni el título. La autora, de origen canadiense, había publicado algunos libros de no ficción y escrito dos novelas que no llegaron a publicarse. Finalmente, y con la autora ya fallecida, A.S.A. Harrison ha llegado a convertirse en un fenómeno de ventas, con un millón de ejemplares vendidos en países de habla inglesa. Un éxito tardío y por desgracia no disfrutado por su creadora.
Título: La mujer de un solo hombre (The Silent Wife) Autor: A.S.A. Harrison. Traductor: Gemma Rovira Ortega. Editorial: Salamandra Black (2014) Año de publicación: 2013. ISBN: 9788416237029 Páginas: 320 Precio: 18€ Ficha del libro en Salamandra Black: http://salamandra.info/libro/mujer-un-solo-hombre