La ciudad perdida, de Margarita Alexandre (1955)

Publicado el

Hasta la fecha, La ciudad perdida está considerada como la primera película de cine negro dirigida por una mujer en España, por la cineasta y productora Margarita Alexandre. Alexandre nació en León, pero casi de casualidad. Vivían en Madrid, pero su madre visitaba a su padre en León en verano. Por ello, el 3 de julio de 1923 nació aquí.

En 1941, en Madrid, consiguió su primer trabajo como actriz casi por casualidad gracias a sus rasgos exóticos, ya que por sus venas corría la sangre francesa de su padre. Era rubia y muy alta, algo que chocaba con el prototipo de mujer española de la época. Por todo ello, no tardaron en surgirle más papeles. Sin embargo, ella lo que quería era ponerse al otro lado de la cámara. Conocer y mirar el cine desde el objetivo. En aquel momento el aprendizaje pasaba por trabajar como script o como ayudante de dirección. Rafael María Torrecilla —su marido— fue fundamental en este proceso, que iniciaron juntos. Su nexo como pareja era atípico para aquel momento ya que eran compañeros y mantenían una relación de igual a igual (recordad que estamos en los años 40 en España, en plena dictadura).

Fundaron la productora Nervión Films y produjeron Cristo en 1953, una cinta con una intención profundamente artística, casi un documental de arte. Tras esta cinta, se embarcaron en La ciudad perdida, una coproducción con Italia que les trajo más de un dolor de cabeza.

Imagen de La ciudad perdida con Cosetta Greco y Fausto Tozzi como María y Rafael.
Cosetta Greco como María y Fausto Tozzi como Rafael

La historia está basada en la novela homónima de la falangista Mercedes Fórmica. Es el relato de un hombre, se sobreentiende que exiliado, que viene a España con un grupo en apariencia terrorista (la versión italiana se tituló Terroristi a Madrid). Así la describe la propia Alexandre:

«La película comienza con una escena nocturna en un coche. La policía le cierra el paso porque, se supone, ha habido un soplo, y se produce un tiroteo. Solo uno de ellos, el protagonista, consigue escapar. Tiene orden de huir, de regresar si se da algún inconveniente. Pero a él le tira su ciudad, a la que no ha vuelto a ver. En la carrera pierde la cartera y solo le queda la pistola. Sabe que le buscan, no tiene dinero y no sabe qué hacer pero, al deambular, va recordando su vida, su padre… «

«El cuerpo y la voz de Margarita Alexandre» de Sonia García López, página 37.

Poco después entra en escena María, una mujer adinerada que camina por el Retiro camino de un cóctel, y que Rafael decide secuestrar para buscar una salida a su situación. No obstante, ella no lleva dinero encima —para esas cosas están sus criados— y comienza un recorrido por la noche de Madrid tratando de encontrar una salida.

Los primeros informes de la censura ya pusieron objeciones de tipo moral. Alexandre estaba preocupada más por el contenido político, pero los censores pusieron el foco a la relación de amistad que se va forjando a lo largo de la historia entre María y Rafael. No podía ser que una señora de bien simpatizase con alguien así. Cerca del final, mientras ambos se refugian del frío en un vagón abandonado de tren, establecen una conversación y una intimidad intolerable para la censura. Tanto, que les obligaron a doblar de nuevo esta secuencia con un diálogo dado por los propios censores (la cinta se había rodado en italiano por lo que tan solo debían sustituir un doblaje por otro).

Imagen de La ciudad perdida con las sombras de los personajes de María y Rafael en las calles nocturnas de Madrid.
María y Rafael caminando por la noche de Madrid, con las típicas sombras características del cine negro.

La batalla burocrática por determinadas escenas fue tan encarnizada que el estreno se retrasó un año. Les obligaron a rodar planos con los criados —que no tenían ningún valor para lo que ellos querían narrar— para dejar claro que María era toda una señora, con servicio, coche y chófer. El resultado, como podéis imaginar, poco tuvo que ver con lo que Alexandre tenía en mente:

En fin, la película salió hecha una porquería, todo aquello fue un zafarrancho. Pero había que estrenar.
Mis recuerdos están frescos y recuerdo muchas cosas. A los censores casi no les faltaba más que comer hierba. No entendían nada.

«El cuerpo y la voz de Margarita Alexandre» de Sonia García López, página 40.

Si veis La ciudad perdida sin saber ninguno de estos datos os parecerá una cinta bastante floja que no sabe bien dónde tiene el norte. La parte inicial tiene muy poco diálogo, y a pesar del poder de las imágenes no te queda muy claro qué está pasando y qué te están contando. Por desgracia, el material es el que es, y conocer todos estos datos solo sirve para comprender que lo que vemos en pantalla no es lo que querían mostrarnos. Pero ayuda a poner en valor otro tipo de elementos: las sombras sobre las calles cuando Rafael y María caminan de noche, imágenes con Rafael en primerísimo plano cansado y María al fondo angustiada, los silencios y las miradas, el uso de la ciudad como un personaje más.

A pesar de que Alexandre buscaba crear una historia política le salió algo con una estética muy noir. Lástima que por culpa de la censura no podamos apreciarla como a sus creadores les habría gustado. Pero al menos podemos valorarla dentro de un contexto político y social en el que el único cine negro que se veía en este país era importado o manipulado para ejercer como propaganda de las fuerzas del orden nacionales.

Si a pesar de los contras que os he comentado seguís teniendo interés en verla, la tenéis disponible en FlixOlé, que nos regala un mes de prueba con el código «YOMEQUEDO».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *