El falso rostro, de Vera Caspary (1954)

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Nina Redfield no tiene un buen día. Es un jueves lluvioso y tiene su coche desarmado en el garaje. A pesar de que pasa por allí antes de ir al trabajo, el mecánico le comunica que aún no está listo. Corre a tratar de coger el autobús a tiempo y lo consigue, pero este va lleno a reventar. El vehículo circula lento y, en un instante que permanece parado, Nina ve en el interior de un vehículo a Bushie Neal. ¿Será cierto lo que está viendo? Bushie está en búsqueda y captura por la policía, y no puede creer que circule por ahí tan tranquilo. Nina es una mujer responsable y que sabe que debe hacer lo correcto. Por ello, no se lo piensa dos veces y acude a las autoridades a confesarles lo que acaba de ver.

Hasta aquí todo parecería normal. Sin embargo, una vez puesta la denuncia, la policía le comunica a Nina que gracias a su colaboración puede disponer de los 5.000$ de la recompensa. Nina no entiende nada. ¿Qué recompensa? ¿De qué están hablando? Los periódicos se hacen eco de la noticia y Nina aparece en todas las portadas. Qué duda cabe de que nadie puede creer que hubiese alguien capaz de poner en riesgo su vida si no fuese a cambio de dinero. Al fin y al cabo, que un delincuente y todos sus colaboradores sepan quién es el culpable de esa detención, no te deja en una situación segura.

La puerta y el teléfono de Nina no dejan de sonar. Todos tienen ideas acerca de qué puede hacer con ese dinero, o quieren saber a qué lo va a destinar. Agobiada por la presión y queriendo demostrar que en realidad solo buscaba hacer justicia, renuncia a los 5.000$. Pero eso solo empeora las cosas: tras ese gesto, todos sospechan que ha sido sobornada con más dinero para confesar todo lo que sabe sobre Bushie. La policía la pone bajo vigilancia y, como se nos indica en la primera frase del libro, Nina desaparece la noche de Halloween.

Halloween, 1954

Una novela diferente.

En El falso rostro Vera Caspary teje una trama de intriga diferente, ya que una vez traspasada la primera mitad aún no tienes demasiado claro qué es lo que está pasando. Consigue mantener el interés del lector por ese arranque en el que desde el inicio sabemos que algo va a sucederle a Nina. Ha desaparecido, nadie sabe si sigue con vida, y nosotros desconocemos los motivos de esa ausencia, si ha sido voluntaria o provocada. Cada ciertos párrafos, Caspary nos recuerda ese suceso para que no lo perdamos de vista, para que mostremos atención a los detalles y, a pesar de ello, el factor sorpresa no se pierde debido al planteamiento de la historia.

No estamos ante la mejor obra de la autora, aunque desconozco si la traducción (mi edición es argentina de 1955) ha podido tener algo que ver. A pesar de ello, la estructura y las herramientas por las que logra atrapar al lector son más que remarcables. Como no podía ser de otra manera, Nina se suma a la colección de personajes femeninos destacables de Caspary. La protagonista debe enfrentarse a un montón de amenazas y acechadores, y aunque se asusta como podría pasarle a cualquiera, no se amedrenta ni se echa para atrás. Las protagonistas de Caspary siempre son mujeres fuertes e independientes, repletas de valor, que prefieren hacer las cosas por sí mismas antes que pedir ayuda.

Personajes complejos.

Diría que la elección de la profesión de la protagonista no es fortuita. Nina es maestra en un colegio, y como tal debe ser un ejemplo de buena conducta. Como contrapunto, Caspary muestra algunas contradicciones en el personaje propias de cualquier ser humano. Realiza un paralelismo gracias a esta desconexión de la persona y a lo que se dedica para mostrar los claroscuros de los delincuentes. Ni todos aquellos que cometen algún crimen tienen por qué ser necesariamente malos sujetos, ni todos aquellos que siguen las normas son buenos.

Salvatore Ingrassia, James Jacdson y James “One Arm” DeLucca

Caspary siempre mostró preocupación por crear personajes que traspasasen los arquetipos. Quería construir historias con profundidad, y que aquellos retratos que realizaba a través de sus palabras tuviesen un auténtico calado en el lector. Puede que sus tramas no fuesen perfectas, o que desconcertasen por novedosas. Pero es cierto que como dibujante de seres complejos no tuvo parangón.

Título: El falso rostro.
Autora: Vera Caspary.
Traductora: Raquel H. de Busto.
Editorial: Emecé Editores (Buenos Aires) (1955)
Año de publicación: 1954.
Número de páginas: 206.

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