Canción dulce, de Leila Slimani (2016)

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Myriam ha descubierto las mieles de la maternidad desde que ha traído a Mila al mundo. Le gusta cómo le hace sentir, disfruta del amor de su hija y de esta nueva clase de felicidad desconocida para ella. Tan feliz se siente que decide prolongar la experiencia teniendo otro hijo. Sin embargo, lo que fue un placer solo con Mila, con Adam su vida comienza a ir cuesta arriba. Descuida su aspecto, siempre está cansada, y cuidar y educar a sus dos hijos se convierte en una exigencia más que en un placer. Un buen día se topa con un antiguo compañero de estudios. Ese mismo día él se pone de nuevo en contacto con ella para pedirle que trabaje con él en su bufete de abogados. Myriam encuentra por fin una vía de escape y comprende cuánto necesita una vida que no se componga solo de pañales, mocos, fiebres y papillas.

A pesar de que su marido al principio no comprende este cambio de actitud, finalmente cederá para contratar a una niñera que se llevará casi el total de los ingresos de su esposa. No es fácil con dar con una persona seria, responsable, con experiencia, con buenas referencias, educada, limpia, atenta, cariñosa… y sin embargo una especie de Mary Poppins de carne y hueso llama a su puerta. Es tan perfecta que resulta fácil dejarse llevar, abrirle las puertas de su casa, darle la llave de sus vidas. Pero como bien decía el título de la película de Curtis Hanson La mano que mece la cuna es la mano que domina el mundo y no todo es tan idílico como parecía en un principio.

Este es a grandes rasgos el argumento de Canción dulce. Aunque bien es cierto que en el primer capítulo se nos desvelará parte del destino de nuestros cinco protagonistas he decidido no contar más y que seáis vosotros mismos quienes lo descubráis al adentraros en la novela, ya que Slimani arranca con un brutal golpe de efecto que nos podrá en aviso de lo que sucederá en las páginas que siguen a esas aterradoras cuatro primeras. Os recomiendo por tanto que no leáis demasiado acerca de este libro y os adentréis a ciegas en él.

Como sucede con las grandes novelas, este hilo conductor escogido por Leila Slimani es tan solo una excusa para adentrarse en los más oscuros recovecos del alma humana. Nuestras miserias, nuestros miedos, nuestras ambiciones y nuestro egoísmo. El personaje de Myriam es el arquetipo de la mujer del siglo XXI, ese tipo de mujer que tratan de vendernos como objetivo a cumplir, y que consiste en que somos capaces de hacer todo lo que nos propongamos: podemos ser madres, tener un trabajo que nos satisfaga con una alta competitividad laboral, ser amas de casa, ser esposas, ser amantes, estar en forma y mantenernos hermosas. Sea o no con ayuda. Pero detrás de este objetivo a alcanzar se encuentra la dura realidad en la que si quieres un puesto de responsabilidad en tu trabajo es probable que no llegues a tiempo de acostar cada noche a tus hijos; una realidad en la que el cansancio y el estrés harán que te duermas antes de que tu marido se meta en la cama contigo; un día a día que resultará agotador en gran parte por la autoexigencia de creer que somos capaces de conseguirlo todo, y cualquier signo de flaqueza en contra de ese objetivo será visto síntoma de debilidad, no de humanidad.

Louise, la niñera, es el reverso de la moneda: es la cuidadora perfecta, con grandes dotes culinarias, ordenada y limpia, ahorrativa, cariñosa… pero con una vida personal completamente desestructurada. Ambas son un claro ejemplo de lo que puede sucedernos si tratamos de tenerlo todo: es probable que si nuestra vida laboral es idílica, no lo sea la personal. Y viceversa. Es fundamental alcanzar un equilibrio y no terminar de este modo como ninguna de nuestras dos protagonistas.

Slimani aborda varios temas muy en boga hoy en día: la maternidad, la búsqueda de la propia identidad, el terror que puede conllevar la intimidad. Y el modo de hacerlo es absolutamente impecable. Con un ritmo pausado, mostrando en cada momento tan solo lo que quiere mostrar Slimani ha logrado crear una novela preciosista y delicada, con los tiempos perfectos, con los ritmos adecuados, algo que consigue tanto a través de la historia como de la propia forma de narrar. Frases cortas para cortos capítulos, un uso del lenguaje impecable, un estilo sin artificios innecesarios y un gran dominio de las elipsis hacen de Canción dulce una novela redonda en todos los sentidos.

Como he tenido decepciones mayúsculas en estos pasados meses, quiero destacar la magnífica traducción de Malika Embarek López y el mimo puesto en la edición de Cabaret Voltaire. Sus libros son pequeños por fuera, pero enormes por dentro, sin un solo punto fuera de lugar. Bien editado, bien maquetado, bien corregido. Algo como es un libro sin fallos de ningún tipo, que debería ser lo normal, cada vez es más excepcional. Y por ello es digno de ser reconocido y admirado.

Por si os faltaba algún motivo más para salir corriendo a por este libro, Canción dulce se alzó con el Premio Goncourt 2016. Tres han sido las novelas galardonadas con este premio que he leído a día de hoy (Calle de las tiendas oscuras y Nos vemos allá arriba) y está claro que seleccionan un tipo de novela que va muy acorde a mis gustos. Habrá que buscar más.

Título: Canción dulce (Chanson douce)
Autor: Leïla Slimani
Traductor: Malika Embarek López.
Editorial: Cabaret Voltaire (2017)
Año de publicación: 2016.
ISBN: 9788494443480
Páginas: 288.
Precio: 19,95€.
Ficha del libro en Cabaret Voltaire: http://cabaretvoltaire.es/index.php?id=274

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