Necesito dormir
Louise acaba de ser madre por tercera vez. Margery y Harriet, sus dos primeras hijas, son algo mayores, juegan juntas y se entretienen solas. Eso sí, son dos auténticos terremotos (para que luego digan que las niñas son más tranquilas). Sin embargo, el recién llegado Michael requiere toda la atención de Louise.
Es un bebé que pasa las noches en vela, llorando, y que no deja descansar a Louise. Y lo que es peor: tampoco deja dormir a Mark, el padre de familia, que no soporta que el pequeño le desvele con su llanto cada noche. Así, Louise acaba durmiendo en los rincones más recónditos de la casa para acallar al niño y tratar de que no despierte al resto de la familia. Esta es la premisa de partida de Las horas antes del amanecer, una novela excepcional de Celia Fremlin.
Un dinero extra
Ahora que son uno más, a la economía familiar no le vendría mal un ingreso extra. Por eso, cuando Vera Brandon acude un día a ver la habitación del ático y decide aceptarla sin apenas condiciones, todos están encantados. Vera afirma ser profesora, por lo que debe estar acostumbrada al ajetreo de los más jóvenes de la casa. Incluso podría hacer de niñera si surge un imprevisto. Louise siente que ve la luz al final del túnel.

Todo parece normal: un matrimonio joven con tres hijos al que se suma una inquilina seria y respetable. Sin embargo, la falta de sueño de Louise le hace ver fantasmas donde no los hay y empieza a preguntarse de dónde ha salido esta tal Vera Brandon y el porqué de algunos de sus extraños comportamientos.
«Daría cualquier cosa, cualquier cosa por una noche de sueño.»
Las horas antes del amanecer, página 7
Lo que esconde
Las horas antes del amanecer fue premiada en 1960 con el Premio Edgar a la mejor novela de misterio. A pesar de que con lo que os he contado nada parece darnos pistas sobre el enigma que esconde la obra, hay un halo de inquietud a lo largo del texto. Para que este recurso funcione, es fundamental la elección de una narradora dudosa que no está segura de lo que ve o escucha. Su instinto protector de madre la hará sospechar de todo y de todos.
Me encantaría contaros más, pero un elemento crucial del funcionamiento de esta obra reside en que hasta las últimas páginas ni siquiera se sospecha cuál es el golpe de efecto final.
Contexto histórico y social
No obstante, nada de eso es lo más relevante de este libro.
Tras la Segunda Guerra Mundial, se fomentó una campaña de acoso y derribo sobre las mujeres para que renunciasen a la vida laboral en favor de los hombres que regresaban del frente. Fueron muchas las que, una vez que conocieron lo que era tener el control de su propia economía, no quisieron renunciar a este privilegio. Muchas fueron despedidas, pero al resto las sometieron a unas condiciones laborales tan duras que, en multitud de casos, prefirieron rendirse.
A esto debemos sumarle una situación económica inestable, lo que propició la compra de viviendas en barrios residenciales con precios asequibles y unos costes en el sector automovilístico muy ventajosos. Y así, casi sin darnos cuenta, se favoreció el aislamiento social de las mujeres: las familias se mudaron a las afueras y ellas quedaron apartadas de la vida cultural de las grandes urbes. Con cuidar de sus hijos ya tenían bastante.

La parte positiva es que todo esto alimentó la segunda ola del feminismo (desde principios de los años 60 hasta finales de los 80). La parte negativa es que los avances sociales logrados a lo largo del siglo XX se vieron mermados en unos pocos años.
Si no conoces este contexto, vas a disfrutar de Las horas antes del amanecer igualmente, pero sabiendo de dónde surge esta historia todo resulta mucho más emocionante. Louise ha sido educada para no molestar, para no ser importante dentro de su familia. Es más urgente que su marido pueda descansar a que lo haga ella. Que su nueva inquilina no proteste por los berridos de su hijo. Que la vecina no llame a la policía porque tampoco es capaz de pegar ojo. Louise antepone las necesidades de todas las personas que la rodean a las suyas, porque es lo que se espera de una buena madre y una buena ama de casa.
La pared vacía
Ha habido un par de momentos en los que esta novela me ha recordado irremediablemente a La pared vacía de Elisabeth Sanxay Holding. Esa ausencia de un espacio propio, de una habitación propia, como reclamaba Virginia Woolf. Esos momentos en los que Louise necesita ausentarse de su casa para resolver un par de dudas que no la dejan vivir y en los que debe realizar todo tipo de malabarismos para lograrlo.
«Solo cuando hubo estado de acuerdo con la proposición y hubo colgado el aparato, empezó a enfrentarse a la cuestión de cómo podría salir de su casa a las cuatro de la tarde, sin tener a nadie que cuidara de los niños, sin tener el té listo y sin tener una idea de lo que iba a cocinar para la cena a su regreso.»
Las horas antes del amanecer, página 163
Ser prisionera de tus propias circunstancias. No tener tiempo ya no solo para ti, sino para solucionar cuestiones domésticas que involucran a toda la familia. Una situación de la que no cuesta imaginar que muchas mujeres tratasen de huir al poseer independencia económica y una vida social. Porque una cosa es ser madre, y otra no ser nada más que eso.

Denuncia social
Es curioso cómo este tipo de tramas casi nunca se consideran ejemplos de novela negra social. Una vez que se cruza el umbral de un hogar, los problemas pasan al ámbito privado, y airearlos resulta, incluso, de mal gusto.
«Hablar de los hijos propios no es permisible, socialmente hablando.»
Las horas antes del amanecer, página 35
Las mujeres debían encargarse de la economía familiar, hacer la compra, elegir y preparar la comida, lavar la ropa, planchar, limpiar la casa. Ser enfermeras, madres y esposas. Todo con una sonrisa. Sin demostrar cansancio ni quejarse. Mostrándose agradecidas. Sin tiempo para descansar ni para socializar. Durante años, solo trataban con sus hijos y con su marido. Y todo eso sin volverse locas.
Esta situación, que ha estado tan normalizada (por suerte, cada vez menos), rara vez se ha considerado un motivo de denuncia dentro de la literatura de género. Que todo el peso del hogar recaiga sobre las mujeres se percibe como algo natural, inherente a su sexo. A muchos hombres incluso les incomoda que estos temas se expongan de forma tan descarnada. Supongo que porque se sienten interpelados. Y nadie se siente interpelado por algo que no considera que gire en torno a él.
Calidad narrativa
A pesar de la cantidad de temas que aborda esta novela (uno de ellos fundamental, aunque no puedo mencionarlo sin caer en spoilers), lo que destaca por encima de todo es la calidad de la prosa de Fremlin. Aunque opta por una narración en tercera persona, en todo momento sientes que estás dentro de la mente de Louise. La comprendes, empatizas con ella. Incluso dan ganas de ir a darle un abrazo.
La construcción de personajes es excepcional, pero si algo sobresale es el retrato de las niñas. El momento en el que Louise dialoga con ellas para descubrir el juego del espionaje (un elemento clave de la trama) es soberbio. Refleja con brillantez tanto la forma de expresarse de las niñas como la habilidad de su madre para extraer de ellas la información que necesita.
En definitiva, Las horas antes del amanecer es una obra excepcional. El desarrollo de la trama, la elaboración de los personajes y el dominio del suspense son sublimes. La confusión que siente Louise en algunos momentos se traslada al lector con absoluta eficacia. Y el contexto social que se esconde tras esta historia es el broche de oro para considerarla una de las mejores novelas de género negro de los años 50.