The experiences of Loveday Brooke, Lady Detective, de Catherine Louisa Pirkis (1893)

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Loveday Brooke, Lady Detective.

Loveday Brooke es una detective de ficción creada en 1893, protagonista de siete historias cortas. Las seis primeras se publicaron de forma serializada en Ludgate Monthly, de febrero hasta julio de 1893. En marzo de 1894 fueron compiladas y publicadas como libro, y se añadió una séptima historia —Missing!—que se publicó ese mismo mes en Ludgate Monthly.

No fue la única surgida en aquellos años. En la década de los 90 del siglo XIX podemos encontrar una proliferación de publicaciones protagonizadas por lady detectives (unas 12 novelas entre 1890 y 1910). Sin embargo, la obra de Pirkis destaca sobre el resto por una serie de elementos:

  • Loveday Brooke es una detective profesional. No se dedica a la investigación de forma amateur (algo que será muy común durante gran parte del siglo XX).
  • Brooke no solo recibe un sueldo por su trabajo. A pesar de que encuentra una gran satisfacción en lo que hace y le apasiona, su principal motivación para llevarlo a cabo es que está remunerado.
  • Brooke es la única de las mujeres detectives de su época que no está casada. Y no solo eso: no hay indicios de que se plantee el matrimonio como una opción ni se aprecia ningún tipo de interés por los personajes masculinos de las historias que protagoniza.
  • Pese a que trabaja por necesidad, no se dedica a la investigación por casualidad ni como un deber de esposa (como algunas otras detectives del momento). Es una vocación escogida, un trabajo que le gusta y que se le da bien.

Un personaje para todos los públicos.

Otro factor que considero relevante es que las historias de Loveday Brooke no aparecieron en una revista destinada a público femenino. Ludgate Monthly se autodenominaba como «revista familiar ilustrada… adecuada para jóvenes y mayores». Sin embargo, a pesar de ser una publicación dirigida a todo tipo de lectores, a finales del siglo XIX los editores se dieron cuenta que existía un nicho de mercado importante entre las lectoras. Y orientaron el contenido de manera premeditada hacia ellas, algo que no había ocurrido con anterioridad.

La nueva mujer.

Loveday Brooke es una perfecta representante de lo vino en llamarse como «la nueva mujer’. Un ideal feminista que trataba de romper con la tradición patriarcal y situarlas así al mismo nivel que los hombres. Su profesión permite que se ponga en contacto con gentes de distintas clases sociales y de diferentes lugares. Viaja de modo constante e investiga por igual a sirvientes que a princesas.

Esto no deja de llamar la atención. En el relato The Redhill Sisterhood, nos encontraremos con Loveday Brooke recorriendo callejones cuando las campanas de la iglesia dan las doce de la noche. Parece querer poner en sobre la mesa los prejuicios que cualquiera en aquellos momentos tendría acerca de una mujer que recorre sola las calles de una ciudad. Porque las mujeres que ocupaban el espacio público solían ir asociadas a un determinado tipo de profesiones de mala reputación. Pirkis demuestra con estos pasajes que todas las personas deberían tener el mismo derecho a transitar por bulevares y avenidas en soledad.

The church clocks were sounding the midnight hour as Loveday made her way through the dark streets to her hotel outside the town. As she passed under the railway arch that ended in the open country road, the echo of not very distant footsteps caught her ear. When she stopped they stopped, when she went on they went on, and she knew that once more she was being followed and watched, although the darkness of the arch prevented her seeing even the shadow of the man who was thus dogging her steps.

The Redhill Sisterhood

Sin prejuicios.

Un elemento que resulta sorprendente es su ruptura con las corrientes de aquel momento que atribuían tipologías físicas a la criminalidad. A diferencia de sus contemporáneos, Brooke siempre se opone ante la idea de culpar del crimen a los ‘sospechosos habituales’: a los feos, a los pobres, a los extranjeros. En el último relato, Missing!, se puede percibir este detalle con especial claridad. Sus compañeros han tratado de intimidar a una doncella extranjera que se ha negado de manera rotunda a hablar debido a esa hostilidad. Esto hace que la consideren sospechosa, tanto por su extranjería como por su reticencia a dialogar con ellos.

Vida doméstica.

Como os comentaba en el análisis de Trifles, la mujer está asociada al ámbito doméstico. Y hay autoras, como Pirkis, que han sabido sacarle provecho. Esto será un punto a favor para Brooke. Debido a su condición de detective y de mujer no tendrá ningún problema a la hora de disfrazarse e infiltrarse para investigar. La invisibilidad que conllevaban los trabajos desempeñados por ellas la coloca en un lugar privilegiado llegado el momento de escuchar y observar sin ser vista.

Pirkis no desaprovecha la oportunidad de introducir elementos deductivos que casi con total seguridad un hombre pasaría por alto por simple desconocimiento. Por ejemplo, en Drawn Daggers, Brooke sospecha de la pulcritud de la habitación de una dama que afirman que no tiene criada. Eso tan solo puede suponer que quien la ocupa sabe mucho más sobre cómo limpiar y ordenar una estancia que alguien que no se dedica a ello.

The orderliness of that room was something remarkable. Now, there is the orderliness of a lady in the arrangement of her room, and the orderliness of a maid, and the two things, believe me, are widely different. A lady, who has no maid, and who has the gift of orderliness, will put things away when done with, and so leave her room a picture of neatness. I don’t think, however, it would for a moment occur to her to pull things so as to be conveniently ready for her to use the next time she dresses in that room. This would be what a maid, accustomed to arrange a room for her mistress’s use, would do mechanically.

Drawn Daggers

Claridad expositiva.

Todos estos elementos necesitan ir acompañados de una calidad narrativa. De otro modo la importancia del fondo se perdería por la forma. Pirkis sabía como construir buenos textos. Abundancia de diálogos para dar agilidad al texto, introducción de pistas a lo largo del texto para buscar complicidad con el lector, protagonistas bien dibujados. Y algo que considero innovador para la época es la presencia de conversaciones entre personajes femeninos gracias a la profusión de ellos. Pasaría sin ningún tipo de problema del test de Bechdel.

*Para la elaboración de este artículo ha sido impagable la información obtenida de:

  • Patnaik, P. L., & Kumar, P. A. S. (2017). ‘An Unsuitable Job for a Woman’? : Woman as Writer and Protagonist in Detective Fiction. SMART MOVES JOURNAL IJELLH, 4(4), 14. Retrieved from https://ijellh.com/OJS/index.php/OJS/article/view/1274
  • Miller, Elizabeth Carolyn. “Trouble with She-Dicks: Private Eyes and Public Women in ‘The Adventures of Loveday Brooke, Lady Detective.’” Victorian Literature and Culture, vol. 33, no. 1, Cambridge University Press, 2005, pp. 47–65, http://www.jstor.org/stable/25058695.
  • Burke, E.. (2016). Exploring the shifting dynamics of female victimhood and vocality in Poe and Pirkis. 17. 43-53.
  • Gracia, D. (2020). Back to bodies: female detectives and bodily tools and tells in Victorian detective fiction.

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