Sarah Keate, enfermera y detective

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Sarah Keate y Lance O’Leary.

Sarah Keate es una enfermera soltera, de mediana edad, que trabaja en hospitales o en los domicilios particulares de los pacientes. En las cuatro primeras entregas de la serie, Keate colabora mano a mano con Lance O’Leary, un policía que se nos describe así en Mientras dormía el paciente:

Era un joven esbelto, no muy alto, de facciones finas y correctas, cabeza bien formada, frente inteligente, ojos grises, claros y fríos, que veían mucho. Su pelo, castaño claro impecablemente peinado, y vestía elegantemente, siempre a la última moda. Supongo que gastaba en vestir más que ninguno de su profesión. Tenía preferencia por el color gris, y el corbatas y calcetines le gustaba alguna nota rojiza.

Mientras dormía el paciente, pág. 9.

Ya en la cuarta entrega, O’Leary aparece tan solo en las últimas 30 páginas, y diría que la novela funciona mejor así. Sobre la descripción de la apariencia de Sarah Keate sabemos menos, ya que es ella misma quien narra las historias en primera persona. La creadora de esta serie es la escritora Mignon G. Eberhart.

Mignon G. Eberhart

Lo mejor: la atmósfera.

Las novelas de Keate suelen ser intrigas de habitación cerrada, en el más estricto significado del término, o de espacio cerrado (que toda la trama acontece en un mismo espacio del que no pueden salir por un motivo u otro). Keate se traslada a una mansión donde transcurre toda la intriga en Mientras dormía el paciente (#SarahKeate2) y Lance O’Leary investiga (#SarahKeate3). En la primera, ella acude a trabajar recomendada por O’Leary y, tras suceder un crimen, el detective se presenta para tratar de aclararlo con la colaboración de Keate. En la segunda, una joven solicita la ayuda de O’Leary para tratar de resolver el asesinato de su padre, ocurrido cinco años atrás. Para ello, convoca a todos lo que estaban en la casa la noche del crimen, tratando así de reproducir las circunstancias en las que sucedió.

En La botella china de lapislázuli (#SarahKeate4), Keate acepta el cargo de enfermera superintendente del Hospital Melady Memorial, lugar donde transcurre toda la novela. Peter Melady, presidente de la Junta del Hospital, llega para ser operado por el doctor Harrigan. Y pocas horas después, se descubre el cadáver de Harrigan y que Melady ha desaparecido.

Las intrigas están bien desarrolladas y se mantiene el interés por la resolución hasta el último capítulo. Pero donde de verdad destaca Eberhart es a la hora de crear atmósferas opresivas. Un buen ejemplo de ello es Lance O’Leary investiga. Desde el principio sabemos que uno de los invitados a la mansión tiene que ser el asesino del padre de la protagonista. Sumado a ello, una tormenta de nieve les deja aislados y sin posibilidad de comunicarse con el exterior. Cuando todos se reúnen en el salón o durante las comidas, las miradas de sospecha son las protagonistas. Nadie parece confiar en nadie, y la obligatoriedad de compartir espacio resulta asfixiante. Pocas páginas después del comienzo, alguien es asesinado. Y no solo deben convivir con un homicida, sino también con un cadáver.

Fotograma de While the patient slept (1935) con sus dos protagonistas.

En La botella china de lapislázuli, esa atmósfera opresiva se logra a través del calor, del silencio y de la quietud. Elementos que bien empleados pueden ser tan angustiosos como un sonido inesperado o grandes dosis de acción. A medida que avanza la novela, la temperatura va en aumento. Los pacientes se encuentran agotados por el bochorno, las enfermeras del turno de noche no logran dormir durante el día, y todo lo que tocan (paredes, barandillas, sábanas) parece estar húmedo y pegajoso. La historia concluye con una tormenta, que simula a su vez la conclusión del caso y su cierre.

«Pensando sólo en lo extraña que era la desaparición de mi paciente me metí en el ascensor, busqué el botón del tercer piso y lo pulsé. Empezó a descender suave y silenciosamente. El calor era más sofocante en la cerrada caja larga y estrecha; el aire más caliente, pesado y mal ventilado.»

La botella china de lapislázuli, pag. 32.

Sarah Keate investigadora.

A pesar de contar con la presencia de Lance O’Leary en algunas de las obras, y de algún que otro policía, ella es quien nos aporta la investigación más exhaustiva. Su papel de enfermera le permite inmiscuirse en conversaciones y estancias que de otro modo tal vez le resultarían inalcanzables. Con el paso de las entregas de la serie, ella va cobrando mayor protagonismo, y O’Leary tan solo es el que une las piezas del puzzle que de manera previa Keate ha ido armando.

Algo que resulta destacable, es que O’Leary agradece de manera constante la inestimable ayuda de Sarah Keate. La considera observadora y meticulosa, y ella siempre parece ser capaz de descubrir información que a él se le escapa por uno u otro motivo. También valora su valía como enfermera, ya que Keate nunca deja de lado sus obligaciones como profesional de la medicina en detrimento de su labor como investigadora. En La botella china de lapislázuli podemos apreciar qué gran recurso es la elección de una enfermera para llevar el caso, ya que anotan minuto a minuto cada paciente que atienden o cada paso que dan.

Enfermeras en los años 30.

Todo ello resulta llamativo porque el personaje de O’Leary trata a Keate de igual a igual, de profesional a profesional. Incluso aunque él sea un policía y ella una enfermera. La valora y la respeta. Aunque Keate posee una ocupación como profesional, sigue siendo habitual en la época en la que se escribió que su trabajo como investigadora sea algo secundario y eventual. Un aspecto que refleja bastante bien el panorama social y laboral del momento, ya que la profesión de detective o de policía todavía estaba muy masculinizada.

Notas y escondites.

En las tres novelas que tenemos traducidas al castellano, la presencia de notas manuscritas escondidas en lugares pequeños suelen ser fundamentales a la hora de abordar la intriga. Una figura de jade con forma de elefante, una botellita de lapislázuli, notas dirigidas a los sospechosos, fórmulas magistrales y secretas. Al final cada uno de estos elementos se convierte en el Macguffin de cada una de las novelas.

Misterio clásico en EE.UU.

Puede que uno de los aspectos más llamativos sea descubrir que una escritora estadounidense estaba siguiendo los patrones de las obras clásicas de la Golden Age británica. Por supuesto que no fue la única, pero si un lector leyese a ciegas una de las novelas de Eberhart probablemente no pensaría que habían sido escritas por una autora norteamericana.

Sin embargo, sí que hay un elemento que corresponde más a la tradición estadounidense, y es el tratamiento del suspense. En algunos elementos, podríamos conectar estos libros de una forma rotunda con Elisabeth Sanxay Holding o Patricia Highsmith; escritoras que quizá no estaban preocupadas porque el enigma de la novela fuese impecable, pero sí por conseguir una ambientación asfixiante y opresora.

Fotograma de Mystery House (1938) con sus dos protagonistas.

Novelas de la serie Sarah Keate.

Sarah Keate en la gran pantalla.

La adaptaciones de las novelas de Keate suelen caer en los estereotipos del cine de la época: existe una atracción —o directamente una relación— entre O’Leary y Kate, algo que no ocurre en las novelas; ella suele ser más asustadiza y sumisa, mientras que en las novelas no teme ponerse al frente de los problemas; y en algunas de ellas el apuesto y elegante O’Leary se convierte en un detective con un terrible sentido del humor y un físico menos agraciado que en los libros.

  • While the Patient Slept (1935)
  • Murder by an Aristocrat (1936)
  • The Great Hospital Mystery (1937)
  • The Patient in Room 18 (1938)
  • Mystery House (1938)
  • From This Dark Stairway (1938)

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