Extraños en un tren, de Patricia Highsmith (1950)

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Bruno y Guy, Guy y Bruno.

Bruno y Guy coinciden en un tren. Guy está ensimismado, dándole vueltas a cómo solucionar su matrimonio fallido con Miriam; una mujer que se ha convertido en un verdadero incordio para él. No solo ha dejado claro que no le quiere, sino que además le está engañando con otro hombre. Mientras reflexiona sobre todas estas ideas Bruno se le acerca y, sin saber bien cómo, Guy termina cenando en la suite de Bruno.

Parece un poco extravagante, demasiado entrometido. No para de preguntarle a Guy por su vida y por su trabajo, hasta que consigue sonsacarle sus problemas con Miriam. Bruno le ofrece una solución, es algo en lo que lleva pensando desde hace mucho tiempo: un crimen perfecto. Quiere deshacerse de su padre, y Miriam es un problema que Guy no sabe cómo sortear. La solución es sencilla: le propone que se intercambien los crímenes. Él asesinará a Miriam por él y Guy se ocupará de su padre. Nadie sabe que se conocen, no podrán vincularles con sus víctimas, y ambos crímenes quedarán sin resolver.

El viaje en tren finaliza, cada uno regresa a su vida y todo queda en una especie de sueño, de noche extraña digna de ser olvidada. Hasta que un día la madre de Guy le comunica que han asesinado a Miriam. Guy no puede creer que sea cierto. ¿Habrá seguido Bruno con su disparatada idea? Y lo que le preocupa más aún, ¿espera que él asesine a su padre a cambio?

Imagen de la película "Extraños en un tren" de Alfred Hitchcock de 1951 con Guy y Bruno charlando en el tren.
Guy y Bruno

Novela vs Película

La premisa de Extraños en un tren es más que conocida, en parte gracias a la adaptación a la gran pantalla por parte de Alfred Hitchcock. Un crimen perfecto sin pruebas ni móviles que puedan vincular al criminal con la víctima. Sin embargo, Bruno no contaba con uno de los factores que resultan fundamentales para comprender esta obra: la culpa.

«A decir verdad, no sentía la menor ansiedad ante la eventualidad de que la Policía le atrapara, nunca la había sentido. Su ansiedad había sido en todo momento algo interior, una lucha consigo mismo tan atormentadora que tal vez hubiese recibido con gusto la intervención de la ley. La ley de la sociedad era benévola comparada con la de la conciencia. Tal vez acudiera a la ley y confesara, pero la confesión le parecía un detalle sin importancia, un simple gesto, incluso una salida fácil, un modo de evitar la verdad. Si la ley le ejecutaba, sería un simple gesto.»

Extraños en un tren, página 224.

Si eres de los que han visto la película antes de leer la novela, puede que te sorprendas de todas las diferencias que hay entre una y otra cuando te lances a leer el libro. Ni es el mismo formato, ni por supuesto el mismo ritmo. Lo que en cine necesitas contar en un máximo de 120 minutos, en un texto puedes alargarlo y recrearte sin la más mínima prisa. Por eso la versión en celuloide coge la idea central y poco más.

El foco.

La principal diferencia entre ambas es el final. No solo porque en la película es mucho más precipitado, sino porque es muy distinto. Pero no solo hay cambios en cuanto a argumento, sino sobre todo en cuanto a foco. Hitchcock, tal vez bajo la amenaza del Código Hays, tuvo que centrar el foco en un solo personaje. El escogido fue Guy, el héroe de la historia es su versión. Porque la censura en los años 50 lo dejaba bien claro: el bien debía imponerse al mal y no cabían medias tintas o posibles interpretaciones dudosas.

Highsmith alterna constantemente el foco entre Guy y Bruno. No hay buenos ni malos en su obra, todos son grises con miedos y dudas, y tan pronto podrían ser ángeles como demonios. Este cambio de enfoque le permite a la autora adentrarse en sus mentes y construir individuos con muchos más matices y complejidad. El proceso es lento, ya que otro de los elementos básicos de esta historia es el peso del paso del tiempo. Cada día se asemeja a la cuenta atrás de un condenado a muerte, y todas esas idas y venidas en el razonamiento de los personajes son fundamentales para conseguir una novela asfixiante y con una relación enfermiza entre los protagonistas. Se odian, no quieren saber nada del otro, pero como bien dice el refrán «mantén cerca a tus amigos pero aún más a tus enemigos.»

Imagen de la película "Extraños en un tren" de Alfred Hitchcock de 1951, con Bruno acechando a Miriam.
Bruno acechando a Miriam (interpretada por la hija de Alfred Hitchcock)

La tortuosa relación de Hitchcock y Chandler.

Una de las curiosidades más destacadas de la adaptación a la gran pantalla fue la escritura del guión. A Hitchcock le gustó la premisa del libro en cuanto lo leyó, pero convertirla a otro formato no fue tarea fácil. La primera versión surgió del mismo director y de Whitfield Cook. Sobre este texto, se le encargó a Raymond Chandler el guión definitivo (tras el éxito de su adaptación de Double Indemnity de James M. Cain), algo que quedó claro que fue una mala idea.

Tanto Hitchcock como Chandler poseían dos egos desmesurados, y a los dos les gustaba que se hiciesen las cosas a su manera. Hitchcock pretendía que Chandler escribiese el guión que él quería, pero Chandler se negaba a aceptar las órdenes del director porque iban contra su capacidad creativa. En una carta de 1951, Chandler escribe: «un escritor con un toque personal nunca debería trabajar para un director como Hitchcock, porque en una película de Hitchcock no debe haber nada que el mismo Hitchcock no haya podido escribir». Hitchcock pensaba no obstante que el problema era Chandler, incapaz de aceptar sugerencias ni directrices.

Retratos de Alfred Hitchcock y Raymond Chandler.
Hitchcock y Chandler

Cuenta la leyenda que el guión de Chandler acabó casi en la basura, y que fue Czenzi Ormonde quien reescribió el texto desechando gran parte de las ideas del novelista. A pesar de que quien aparezca en letra grande en los títulos de crédito sea él. En los diálogos intervinieron Alma Reville —esposa de Hitchcock— y Barbara Keon. El resultado no terminó de convencer ni al director ni a Highsmith. A él porque consideraba que los diálogos no eran lo suficientemente buenos y que no lograban caracterizar del todo a los personajes. A Highsmith porque cambió en exceso su novela, dejando relegada a un segundo plano la profundidad psicológica de la misma. Eso sí, años después ella acabó admitiendo que siempre le estaría agradecida a Hitchcock por haber decidido adaptar su obra porque el éxito obtenido con ella le permitió poder seguir escribiendo y vivir de ello.

Título: Extraños en un tren (Strangers on a train)
Autora: Patricia Highsmith.
Traductor: Jordi Beltrán.
Editorial: Anagrama (2015).
Año de publicación: 1950.
ISBN: 9788433920157.
Número de páginas: 356.
Ficha del libro en la web de Anagrama: 
https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/extranos-en-un-tren/9788433930279/PN_27

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